41 ARYA
—Arya, no quiero esto a corto plazo. Te quiero desde ahora y para siempre. ¿Considerarías, algún día, convertirte en mi esposa?
El aire se queda atascado en mis pulmones. Mi corazón da un salto tan violento que me marea. Estoy segura de que no acabo de escuchar una propuesta de matrimonio... ¿verdad?
«A mí me pareció una», sentencia mi conciencia.
Santa mierda.
— ¿Qué? —Intento articular palabra, pero mi boca solo se abre y se cierra sin emitir sonido. Liam se muerde el labio inferior y una gota de sudor le recorre la frente. Está nervioso. El gran Liam Blake está temblando frente a mí. Por mí.
—No tienes que responder ahora. —Se apresura tras mi silencio—. De hecho, no puedo hacerte una propuesta oficial porque no tengo un anillo para darte.
Parece nervioso, me parece increíble lo que está pasando a solo una hora de haber visto a mi padre.
Bajo la mirada a mi mano desnuda. Solo de imaginar una joya allí, las palmas me sudan.
—Soy un idiota, está claro que no lo pensé bien. Por favor perdóname. Lo hare mejor. —Las palabras se atascan en su garganta. Niega con la cabeza e intenta salir del auto.
No lo dejo. Mi mano alcanza la suya, regresa y pone sus ojos en los míos.
—No eres un idiota, Liam. —Logro confesar con voz temblorosa sin apartar la mirada de la suya. Me atrapa con su intensidad y también con lo vulnerable que parece justo ahora—. Es solo que... No esperaba esto.
Asiente.
—No me respondas ahora. Solo quiero que sepas que eso es lo que busco contigo. Nada menos. Lo quiero todo: una boda, hijos... un hogar.
Asiento, incapaz de decir más. Mi corazón ya tiene la respuesta, pero mi mente aún está procesando el peso de sus palabras.
«Te quiere»
Se siente bien. Algo cálido se derrama en mi corazón. Y me doy cuenta de que quiero todo lo que me dijo antes, y lo quiero con él.
Liam rodea el Mercedes para abrirme la puerta; todavía no proceso que vendiera su deportivo solo por mi comodidad. Se siente malditamente bien ser cuidada así.
Entramos al departamento y el silencio es denso, pero no incómodo. También me doy cuenta de que extrañé estar aquí.
—Sube a descansar, haré unas llamadas y prepararé la cena —me dice, dejando un beso protector en mi frente.
Me da una última mirada antes de soltar mi mano.
Sus ojos se detienen en el top rojo que Susan me prestó para usar hoy.
Sé que es demasiado revelador, y siento esa ola de posesión en su mirada.
No dice nada, parece que él también tiene muchas cosas que procesar.
Subo las escaleras y me detengo antes de poder girar a la izquierda.
He estado aquí por semanas y no sé por qué hoy se siente diferente.
Se siente como algo real. Mi mirada se desvía a la derecha a donde está la habitación de Liam .
Un pensamiento inoportuno me hace sentir calor en las mejillas. Lo ignoro porque es imposible que mi mente vaya ahí justo ahora.
«A quien engañas, estás imaginando a Liam en esa habitación tomando la fotografía que te envió, ¿no es así?»
El calor entre mis piernas me da la respuesta. Lo más seguro es que me haya vuelto loca. Porque después de lo que acaba de pasar en las últimas horas, mi cuerpo me está pidiendo una liberación.
«Tal vez son las hormonas del embarazo»
Sí eso debe ser.
Entro en mi habitación y me doy cuenta de lo familiar que la siento. Me dejo caer en la cama y alcanzo mi celular. No se estropeo después de que lo dejara caer al suelo.
Tengo mensajes de Su.
Su: ¿Estás bien? ¿Cómo te fue con tu papá? ¿Regresarás conmigo?
Yo: Estoy bien. Con mi papá no fue como esperaba, pero ya estoy con Liam en su departamento.
Su: …
Yo: Carter me abordó en la calle, intentó golpearme. Liam llegó justo a tiempo.
Su: Bastardo de mierda. ¿Y la orden ?
Yo: No le importó. Pero ya no es un problema; Liam lo dejó inconsciente.
Su: Guau, eso debió ser un espectáculo digno de ver. Liam es amargado y gruñón, pero está más bueno que el pecado. Y es tuyo. Todo tuyo.
Le sonrío a la pantalla. Mío . Qué bien suena.
Su: ¿Estás ahí o te fuiste a su cama?
Yo: Cállate. Que tú no me has dicho lo que está pasando entre Aron y tú.
Su: Eso es porque no está pasando nada. Tengo que irme. Hablamos luego.
« Sospechoso »
Agradezco la distracción, un rato después me preparo un baño de tina, es enorme y me ha llamado a hacerlo desde que me quedé aquí por primera vez. Encuentro productos nuevos, que me hacen preguntarme si Liam ha traído a más mujeres a su departamento; no tuvo problemas con dejarme quedar aquí.
El pensamiento despierta a un monstruo verde dentro de mí
« Celos, se llaman celos, querida»
Sí, lo admito, es imposible no celar a un hombre como Liam. Pero todos los productos son nuevos. Todos con aromas dulces que parecen comprados pensando en mi piel.
« Como tú, dulzura »
Sonrío con un mundo de mariposas volando en mi estómago. Liam de verdad se está esforzando y no sé qué fue lo que hice para ganarlo.
No me retiro hasta que el agua se ha vuelto completamente fría y los dedos de mis pies y manos están arrugados.
Me tomo mi tiempo para preparar mi piel.
Al salir, elijo de entre las cosas que pude recuperar, un vestido de seda rosa pastel, corto y vaporoso.
Decido no usar ropa interior; me siento atrevida, eléctrica.
Me gusta la mujer que me devuelve el espejo.
Bajo a la cocina y encuentro a Liam concentrado en el fuego de la estufa. Me detengo a su lado y tomando una tabla empiezo a picar las verduras para lo que parece una ensalada césar.
De pronto, siento la mirada de Liam clavada en mi costado, no me detengo a pesar de que su respiración ha cambiado.
Cuando no lo tolero más y me giro para encontrarlo, lo atrapo mirándome con la boca abierta. Quiero sonreír, pero lo que termino haciendo es soltar una respiración entrecortada con los labios temblorosos.
—¿Liam, estas bien?
—No lo estoy —murmura con voz ronca—. Creo que morí y llegué al cielo. —Voy a sonreír, pero me atrapa contra la encimera en un movimiento posesivo. El hambre de comida desaparece, sustituida por una lujuria que nos consume.
—¿Eso que huelo es tu excitación, dulzura? —susurra contra mi cuello. No puedo negar que lo sea, ya que cada segundo de sentir su mirada sobre mí, fue sentir justo eso. Como mi excitación se convertía en gotas de deseo.
—¿Por qué no lo averiguas?
Me sube a su cintura con esa fuerza que solo él tiene y me lleva a su habitación. Es la primera vez que estoy aquí y quiero apreciarlo todo. Las paredes azul oscuro son elegantes, masculinas, y su aroma está impregnado en cada hilo de las sábanas .
Me deja en la cama y mi vestido se acumula en mi cintura, al notar que no llevo nada debajo, su control se hace pedazos.
—Te necesito, Liam. Esa foto que me enviaste... —Sonríe y se tumba sobre mi cuerpo. Su ropa a medio quitar.
—¿Te gustó? —Jadea—. ¿Te tocaste pensando en mí? —pregunta con sus manos subiendo a mis pezones sensibles—Dime Arya ¿Qué fue lo que hiciste con la foto de mi semen?
—Tuve dos orgasmos pensando en ti —confieso, entregándole todo mi poder. Sus manos llegan al borde de mi vestido y lo pasa por mi cabeza.
Entonces por fin sus labios se estrellan con los míos y me devora. Gimo en sus labios, con el sabor de su lengua y con lo mucho que me gusta la forma en que me posee.
Empieza en mi boca, pero no se conforma con eso. Yo tampoco. Su lengua nunca deja de moverse y cuando sale de mi boca, empieza a bajar por mi cuello. Sus manos toman las mías y las lleva sobre mi cabeza.
Se apodera de mis pechos y con la misma intensidad, me hace gritar de dolor y placer cuando tira de mis pezones con sus dientes. Sigue con aun más fuerza y no tengo el valor para detenerlo. No quiero hacerlo, creo que mi dolor lo excita, creo que no conozco ni la punta de todo lo que es Liam Blake.
Suelta mis manos para seguir bajando. Pasa por mi ombligo y se detiene solo un segundo para besar mi vientre bajo. No tengo tiempo de pensar en lo que me hace sentir eso, porque su boca sigue bajando hasta el inicio de mi sexo.
Lame por todo lo largo recolectando con gusto todo lo que se ha acumulado ahí. Me posee, me hace perder la cordura de placer.
Nunca, ni en mis más locos sueños llegue a imaginar que sería así de bueno.
Liam esta sanando algo que no rompió .
No sé cuánto tiempo estamos aquí, llenándonos y vaciándonos de nuevo. Me hace suya con una urgencia que me hace perder el sentido del tiempo y el espacio.
El orgasmo me golpea tan fuerte que el mundo desaparece por unos instantes.
Pero estoy segura de que ninguno de los dos hemos terminado, tomo el mando.
Lo obligo a ponerse de espaldas y es mi turno de recorrer su cuerpo con mis labios.
No se resiste, al contrario, me deja hacer lo que quiero con él.
Lo muerdo en el cuello, marcándolo como mío, no se queja fuera de esa risita baja que me dice que sabe lo que estoy haciendo. Bajo por su abdomen, también muerdo ahí, pero mi meta es otra parte de su cuerpo.
Y así como él me dio tanto con su boca, quiero hacer lo mismo por él con la mía. Lo tomo entre mis labios, disfrutando de sus gemidos roncos y de cómo sus puños se entierran en las sábanas. Yo le hago esto a Liam Blake. Él hombre que quiere darme el mundo.
—Me voy a venir, Arya... —advierte, con la voz ronca.
Chupo con fuerza, sintiendo cómo su esencia explota en mi boca. Me lo trago todo sin dejar de mirarlo.
—Mierda, bebé, por favor nunca te detengas. —Es una promesa que estoy dispuesta a cumplir.
Liam no es de los hombres que pierden su dureza después de un orgasmo o dos; y como parece que yo tampoco puedo llenarme de él después de un orgasmo con su boca y otro con su miembro llegando al fondo de mi cuerpo, lo monto.
Bajo hasta la empuñadura con un gemido de satisfacción. Nuestros cuerpos hablan mejor que nuestras palabras y por el momento es suficiente.
Duramos juntos hasta el amanecer, explorando cada rincón de nuestros cuerpos. Hasta que el cansancio me vence y me quedo dormida entre sus brazos. En su habitación, en su cama. Escuchando susurros de promesas en el oído .
Yo solo siento la sonrisa en los labios. Y me digo con mi último pensamiento que la quiero permanente.
El sol está en su punto más alto cuando un grito me arranca del sueño. Pero no es la voz de un amante volviendo al juego, es la de un hombre que esta aterrorizado.
—¡Oh, no, maldita mierda!
Abro los ojos de golpe. Liam está sentado a mi lado, mirando las sábanas con horror, tirándose del cabello.
—Mierda, mierda... ¡MIERDA!
Entonces lo veo. Sangre. Mucha sangre fresca, brillante y espesa entre mis piernas, empapando el vestido rosa y las sábanas de seda.
El pánico me golpea el pecho como nada antes.
El bebé.
No, por favor.
Nuestro bebé.