Dulce No Venganza 40 LIAM
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40 LIAM

Despierto con una sensación rara en el estómago, fue la primera noche que Arya no durmió en mi departamento desde que la traje del hospital.

Sí, sé que son pocos días, pero me acostumbré tanto a ella que su ausencia provoca un caos dentro de mí.

Necesidad de control en primer lugar. Pero también anhelo.

Después de enviarle la foto de mi torso desnudo con los restos de mi semen, espere un tiempo por una respuesta que no llegó. Tal vez fue demasiado para ella, espero que no, porque no mentí, no he terminado con ella y mi dulce Arya todavía no conoce todas mis facetas y lo que tengo para ofrecerle.

Lo último que había visto en sus ojos en medio de esa cena, fue desprecio y tal vez cometí un error al enviarle ese mensaje; no lo pensé, pero solo tuve que cerrar los ojos, imaginarla a mi lado, sobre mi cuerpo, debajo de mí, en cuatro con su trasero expuesto, para que me viniera como un adolescente.

Esta mañana decido que le daré un poco más de tiempo para asimilar lo que tenemos; eso no quiere decir que no estaré cerca. Tomo mi celular y le escribo a su amiga loca.

Yo: ¿cómo está Arya?

Espero solo un minuto cuando llega su respuesta .

Loca: Buenos días para ti también.

Pongo los ojos en blanco y tecleo una respuesta.

Yo: Buenos días, serías tan amable de decirme, ¿cómo se encuentra Arya esta mañana?

Loca: ¿Ves? qué diferencia cuando eres educado, solo por eso te voy a dar la respuesta. Arya salió muy temprano, dijo algo de tener que hablar con su papá.

Yo: ¿La dejaste ir sola?

Loca: Oye, lamento mucho lo que pasó, pero es su padre, no es como que le vaya a hacer daño a ella. ¿verdad?

¡Dios! ¿Qué hago perdiendo el tiempo con esta mujer?

Yo: No es solo por eso, Dame la dirección.

Loca: No, no lo haré.

Esto ya es demasiado. Presiono su contacto y hago la llamada. Espero tres largos timbres hasta que contesta y no la dejo decir nada, soy yo el que habla primero.

—¿Por qué la dejaste sola? ¿no se supone que eres su amiga? —le grito por el teléfono.

— Primero que nada, bájale tres rayitas a tu tono, me ofrecí a acompañarla, pero ella no quiso, es una adulta, no la iba a obligar. Además, como ya te lo dije, no creo que le haga daño, es su hija. —No se me escapa el tono de duda al final de esa frase. Supongo que ya sabe toda la verdad.

—Aun así, ese hombre no es él mismo en estos momentos. —Intento ya sin paciencia. Parece que la única capaz de lograr algo en ese o cualquier otro aspecto de mi persona, es Arya. Mi dulce Arya.

—¿Cómo lo sabes? ¿Y qué quieres decir con que no es él mismo? —Me llevo la mano a la cabeza y tiro de mi cabello.

—No tengo tiempo para esto. Dame la maldita dirección —grito. La escucho maldecir del otro lado de la línea.

—Maldita sea, hombre. No me hagas que me arrepienta de esto. —Escucho la dirección, ya estoy tomando las llaves de mi auto nuevo, cuando sin decir nada más, termino la llamada. Ya cumplí con mi ración de educación del día.

Me toma casi treinta minutos llegar al vecindario donde Arya pasó su infancia.

A cinco calles de la privada hay una estación de taxis.

Supongo que es aquí donde la encontraré cuando termine con su padre.

No tengo el valor suficiente de acercarme más.

Con todo lo que ha pasado en las últimas veinticuatro horas, no sé si tenga el control de mí mismo que necesito.

Me estaciono en un callejón, esperando. No soy un acosador, solo quiero asegurarme de que esté bien, si la primera vez que habló con su padre terminó encerrada en su cuarto sin comida ni agua sumida en una depresión, no voy a permitir que algo como eso se repita.

Maldito, no se conformó con matar a mis padres, ahora también está haciendo miserable la vida de su hija. Si fuera lo suficientemente valiente, acabaría con él con mis propias manos .

«Sabes que eso no es lo que realmente quieres».

Mierda, no sé qué es lo que realmente quiero, solo sé que necesito que pague.

«¿A costa de la mujer que amas?».

No.

Cierro los ojos. Recargo mi cabeza en el asiento cómodo de mi nuevo mercedes. Siento que no sé por dónde continuar. Hemos llegado a un punto en el que cada decisión, cada palabra, cada movimiento, puede marcar el destino, para bien o para mal. Puede destruir o puede unir.

No sé cuánto tiempo me pierdo en mis pensamientos cuando mi teléfono empieza a vibrar. Es fin de semana, así que de la oficina no puede ser. Mi corazón se salta un latido cuando miro el nombre de Arya parpadeando en la pantalla. Solo dejo pasar un timbre antes de responder.

—¿Arya, estás bien? —pregunto, pero no hay respuesta. Enciendo mi auto y salgo del callejón. Miro para ambos lados buscando. No la encuentro por ningún lado.

—Adónde, con tanta prisa, Aryboo. —Una voz masculina se escucha por el otro lado. ¿Está con un hombre? ¿Me llamó estando con otro hombre?

«Solo espera...».

—Arya ¿estás ahí? —le grito al teléfono, no hay respuesta.

—Carter, qué es lo que quieres. —Esa es la voz de mi Arya. Y Carter es el nombre del imbécil a quien Arya le puso una orden de restricción. ¿Qué mierda está haciendo con ella?

—¿Qué no es obvio? Quiero hablar. Esa tonta orden de restricción que me pusiste... ¿Qué pasó? Creí que nos habíamos divertido en la noche de la graduación. —La está molestando. Mis nudillos se aprietan alrededor del teléfono. Mi respiración cambia y malditamente empiezo a ver rojo .

Necesito encontrarla. Empiezo a conducir hacia la dirección del padre de Arya, se me revuelve el estómago nada más de pensar en estar cerca de ese hombre, pero algo no está bien. Arya me necesita.

—El único que se divirtió esa noche, fuiste tú, imbécil, jugaste conmigo, me engañaste, apostaste que te acostarías conmigo y ganaste. Ahora dime, ¿qué mierdas quieres? —Así que eso fue lo que hizo ese imbécil, lo voy a matar, no tendré tanta consideración esta vez.

Mis manos se aferran alrededor del volante. Acelero. Por fin la encuentro, está sobre la banqueta a solo dos calles a la izquierda. Ver a Arya con ese idiota, y ver la ropa que seguro su amiga le prestó… No son una buena combinación.

No veo su teléfono por ningún lado, así que lo único que pienso es que ese idiota se lo quito antes de que pudiera pedirme ayuda. Mierda, porque eso es lo que estaba haciendo ¿verdad? Acudiendo a mí.

—Ah sí, lo recuerdo bien. Estabas tan apretada que hiciste que me viniera demasiado rápido. —¡Imbécil! ¿Cómo se atreve a hablarle así a mi mujer? Le voy a cortar el palo y se lo daré de tragar—. Qué tal si lo repetimos. Te prometo que esta vez te gustará más.

—¡Sobre mi cadáver, idiota! —le grito al teléfono, aunque sé que no pueden oírme.

—¿Qué te pasa, perra? No me digas que te doy asco. ¿Qué no te has visto en un espejo? Deberías darme las gracias de que aun tenga ganas de cogerte. —No se atrevió a decirlo, ¿o sí?

Una niebla roja es lo que cubre mis ojos, rojo sangre, rojo muerte. Será lo último que diga ese imbécil, me encargaré de eso. Nunca más, nunca... nadie, le hablará de esa manera a mi mujer.

—¿Sabes de qué es de lo que estoy agradecida?

—La voz de mi Arya suena firme, controlada, tan fuerte, que es justo eso lo que me da miedo—.

Agradezco que tuvieras el pene tan pequeño.

Agradezco que no me hicieras sentir nada esa noche.

Porque así el próximo hombre que me tomó, fue lo que yo guardé como mi primera y la mejor noche de sexo de mi vida.

Sonrío para mis adentros, ya después compensaré a mi chica por defenderse así de ese imbécil.

Me estaciono detrás de ellos y sin apagar el auto, me bajo dejando el celular encendido, no lo necesito para lo que estoy a punto de hacer.

Veo claramente cómo la cara de Carter se pone roja, sus ojos se entrecierran.

Levanta la comisura de sus labios. Entonces entiendo lo que está a punto de hacer, lo que no sabe es con qué clase de mujer se acaba de meter. La que es mía.

—Maldita perra, te voy a enseñar... —Levanta la mano para golpear la cara de Arya, como en cámara lenta veo cómo Arya cierra los ojos y se cubre el vientre.

Si tenía alguna duda de que Arya no quería a nuestro bebé, hoy se han despejado todas.

También lo quiere y así como intenta cuidarlo ahora, yo me encargaré de cuidar de los dos por el resto de mi miserable vida.

Voy a compensar cada lágrima que ha derramado por mi culpa. Me encargaré de ella. La cuidaré, la protegeré y la amaré...

Porque sí, mierda, amo a esta mujer.

El golpe no llega al cuerpo de Arya porque mi puño se estrella primero en la cara de ese imbécil, ninguno de los dos me vio llegar y lo tomé como ventaja.

No digo nada, simplemente lo tiro al suelo y lo empiezo a golpear una y otra vez.

Recuerdo sus palabras ofensivas, recuerdo lo que le hizo a la Arya adolescente, lo que intentó volver a hacerle ahora que es mía y es todo lo que necesito.

Carter queda inconsciente después de tres golpes. Su cuerpo está flácido, tendido en la banqueta, no me importa porque no he terminado con él.

Escucho el jadeo de Arya detrás de mí. Y por más que quiero girarme, tomarla en mis brazos, besarla, abrazarla, y no soltarla jamás, mi cuerpo no puede dejar de golpear a este bastardo .

—Liam, está inconsciente, por favor, es suficiente. Suéltalo. —Niego con la cabeza, sigo golpeando su cara en el pavimento, no es suficiente, nunca será suficiente.

Siento el cuerpo de Arya demasiado cerca, su perfume dulce y embriagante me llena los pulmones.

—Liam, por favor, tengo miedo. —El quiebre de su voz, por fin me hace detenerme, mis manos están ensangrentadas. La busco por encima del hombro, sé que no soy yo en este momento. Y no quiero que me mire así.

—Vete, dulzura, yo me encargaré —le pido con voz ronca.

—No, Liam. No me iré sin ti. Llévanos a casa, por favor.

«¿Acaba de decir lo que acaba de decir?» Sí lo dijo, dijo: llévanos a casa, y eso es justo lo que voy a hacer.

Me incorporo, no sin antes, darle el último golpe en la cara al idiota que se creyó lo suficiente como para meterse con lo que es mío. No tiene idea, pero la mujer a la que lastimó hace tanto tiempo, es la misma que lo está salvando ahora.

Me limpio la sangre en la tela de mis pantalones, no desaparece por completo, pero al menos he quitado la mayoría. Me acerco a Arya con tanta adrenalina en mi cuerpo, que tengo miedo de que intente escapar de mí. No lo hace.

—Vendrás a casa conmigo. —No es una petición, es una orden ronca y cargada.

Arya asiente con lágrimas en los ojos. Es ella la que termina de cerrar la distancia entre nosotros.

Entonces la envuelvo entre mis brazos con fuerza.

Mi corazón acelerado siente el suyo igual de acelerado y la aprieto más fuerte contra mi pecho.

Arya se quiebra con su cara enterrada en mi cuello, empieza a sollozar y mi corazón se duele por ella.

—Shh. Tranquila, bebé, todo va a estar bien. Estoy aquí. —Después de unas cuantas respiraciones por fin levanta la cabeza y encuentra mis ojos. Dios, ¿qué me hizo esta mujer ?

—¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo me encontraste? —me pregunta entre lágrimas. Sonrío.

—Siempre voy a encontrarte, Arya. Puedes huir de mí, puedes odiarme, puedes incluso tomar espacio de mí, pero siempre te voy a encontrar y siempre voy a cuidar de ti. —Baja una mano a su vientre, sonrío más grande—. Y a nuestro hijo también. No estás sola y no volverás a estarlo jamás.

El brillo de sus ojos me dice que me cree, que quiere esto tanto como yo; por primera vez siento una esperanza real. Me voy a aferrar a ella y voy a luchar por esto con uñas y dientes.

—¿Estás lista? —le pregunto sin importar que los vecinos empiezan a acercarse. Arya asiente limpiándose las lágrimas de los ojos, me sonríe, sé lo que quiere antes de que haga el primer movimiento, me adelanto, le rodeo la nuca y estrello mis labios con los de ella. Esto es… amor.

No dura mucho, pero lo suficiente para soportar hasta salir de aquí. Recupero su celular del suelo, se lo entrego y la llevo de la mano a mi auto.

—¿Y este auto? —me pregunta—. ¿Dónde está tu deportivo?

—Fui a la agencia y lo cambié por este.

—¿Por qué? El otro era muy lindo. —Frunce el ceño. Le sonrío y beso su frente.

—No era adecuado para transportar a mi mujer embarazada. —Mi Arya se sonroja—. Amo cuando te sonrojas, ¿te lo había dicho? —Acaricio su mejilla. No le importa la sangre en mis manos. Mucho menos me importará a mí.

—¿Lo hiciste por mí? —pregunta, y sé que lo que voy a decir a continuación me va a costar muchas decisiones en el futuro, La única verdad es que ya no me importa.

—Voy a hacerlo todo por ti. —Veo los engranajes de su cabeza trabajar, y no es difícil adivinar en qué. No mentí. Si ella me lo pide, lo haré .

Se sube en el asiento del pasajero y abrocha su cinturón. Cuando doy la vuelta y subo en mi asiento, miro que su vista se desvía hacia el cuerpo inconsciente de Carter. Traga saliva antes de preguntar

—¿Está muerto? —Niego con la cabeza.

—No lo está, pero será suficiente para que entienda que no debe meterse con mi mujer.

—Arya me mira con la pregunta en los ojos.

No lo hemos hecho formal, ni siquiera hemos hablado del futuro, ni de qué somos ni de qué seremos, pero para mí ya es un hecho.

Solo tengo que esperar a que ella lo acepte.

Arranco mi Mercedes y conduzco hasta mi departamento. Durante todo el trayecto, medito en la mejor manera de decirlo, no encuentro otra. No puedo pedirle ser mi novia porque eso no sería suficiente para lo que somos.

Estaciono el auto, ninguno de los dos intentamos salir.

Tomo la mano de Arya y ella me mira, con ojos expectantes, sus labios acolchados, entreabiertos, haciéndome una invitación.

Me inclino hacia ella, ella hace lo mismo.

Termino de cerrar la distancia y la beso.

Es caliente, húmedo, es electrizante. No tengo ninguna duda, es ella para siempre.

Mi mano sigue en su nuca, y mi frente pegada a su frente, respiramos el mismo aliento.

—Arya, no sé cuándo, no sé cómo, solo sé que eres tú.

Sé que no empezamos de la mejor manera y que hay muchas situaciones complejas entre nosotros, muchas cosas que arreglar y perdonar, pero no tengo dudas.

Estoy enamorado de ti. —Una respiración entrecortada sale de sus labios.

No puede sorprenderse tanto, tengo días diciéndole que la quiero y sabe que la deseo más que nada en el mundo—.

Tal vez tú no me ames, pero sé que ya sientes algo por mí, y eso es suficiente para mí por ahora.

Lleno de aire mis pulmones para hacer la pregunta.

—Arya, no quiero esto a corto plazo. Te quiero desde ahora y para siempre. ¿Considerarías, algún día, convertirte en mi esposa?