Dulce No Venganza 39 ARYA
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39 ARYA

Mis manos están sudorosas, tiemblan cuando me acerco al vecindario que fue mi hogar por veinte años.

Si tan solo mi madre todavía estuviera aquí...

Niego con la cabeza. No. Es mejor que no esté aquí, esto la habría matado. Un escalofrío me recorre el cuerpo haciéndome estremecer. Me tomo un segundo para tranquilizarme, necesitaré toda la calma de mundo para enfrentar a mi padre.

Llego a la entrada, y solo puedo pensar que esta es la puerta que crucé miles de veces creyendo que era mía. Que era mi hogar, que era la parte más segura para mí dentro del planeta. La realidad es que no tenía ni idea de con quien estaba compartiendo mis días.

Trago el sentimiento de náuseas y por fin toco a la puerta. Podría usar mi llave, pero desde esa noche hace tres semanas, ya no siento que pertenezca a este lugar. Nunca más podre llamarlo hogar y no será aquí a donde corra cuando sienta que necesito escapar.

Ignoro a donde se va mi mente con ese pensamiento, porque tampoco estoy lista para volver con Liam.

Escucho una voz cansada del otro lado.

—¿Quién es? —pregunta mi padre, noto el miedo en su timbre de voz. No creo haberlo visto siquiera cerca de tenerle miedo a algo en toda mi vida.

—Soy yo, Arya —digo. No me abre de inmediato, primero escucho el sonido de muchos cerrojos de seguridad abrirse antes de que la puerta se abra por completo. Ahora entiendo que mi copia de la llave tampoco hubiera sido suficiente para entrar.

—Hija, eres tú, qué gusto me da verte. —Mi papá me arrastra hacia él y me abraza. Mi cuerpo se tensa, no puedo evitarlo. Solo avanzo un par de pasos dentro, los suficientes para que él regrese a poner los cerrojos detrás de mí.

—¿Qué es todo esto, Papá? El miedo en tus ojos, las cerraduras en la puerta, ¿qué está pasando? —le pregunto, aunque ya me doy una idea de su respuesta. Y de nuevo ese algo se retuerce dentro de mi pecho.

Es la lucha dentro de mí. La parte que quiere ser razonable, contra la que no puede dejar de sentir afecto por Liam.

—¿No fue suficiente la nota que te envié ayer por la noche para que me creas? Ese hombre quiere matarme —grita.

No estoy segura de que ese sea el plan final de Liam, aunque, no sé cuál es su plan en lo absoluto; ni lo que yo sería capaz de hacer si estuviera en su lugar.

—Papá. —Sueno cansada. Lo estoy. Tomo un momento para controlar mi respiración. Voy a decir algo, pero él me interrumpe.

—No estoy loco, Arya. Y no estoy exagerando.

Esperó tantos años. No sé con qué propósito, pero ahora está atacándome, primero el robo en la oficina, no pude comprobar nada.

Las cámaras fueron desconectadas. El seguro no me respondió.

Perdí todo el equipo de cómputo, todas las impresoras, todo mi equipo de oficina y ahora, de buenas a primeras dicen que hubo un corto eléctrico y el edificio, que me costó tantos años levantar, ha quedado reducido a cenizas.

La sensación de náuseas regresa con más fuerza. Pero esta vez es por la mirada oscura en el hombre que recién descubro, no conozco.

«Tengo miedo»

Yo también .

—¿Y adivina qué? El seguro tampoco se hará responsable. —se lleva las manos a la cabeza y jala mechones de su cabello con desesperación.

—Tranquilízate, Papá. —le pido con una mano extendida en su dirección que no llega tocarlo. No puedo—. No te ves bien, ¿dormiste algo? —Empiezo a desviar la conversación hacia otro lado que no me siga mostrando ese rostro transformado.

—No puedo dormir, tengo que estar alerta, ya no me queda nada. —Su tono baja, sus ojos van a las paredes a nuestro alrededor—. Solo me queda esta casa, y solo te tengo a ti.

Trago con dificultad, nunca había visto a mi papá tan afectado. Incluso con la muerte de Mamá, su comportamiento fue otro muy distinto. Claro, había tristeza y dolor, pero esto… es completo terror.

No sé de dónde saco el valor, pero cuando me doy cuenta la pregunta ya ha salido de mis labios.

—Papá, ¿has pensado en... ¿has pensado en ir a la policía y entregarte?

Como en cámara lenta, los ojos de mi padre se encuentran con los míos y ya no reflejan el pánico de antes, Ahora están llenos de decepción y se me oprime el pecho. Sus palabras no coinciden con su mirada.

—¿Qué has dicho? —pregunta con los ojos en una rendija y una voz estrangulada.

«Corre.»

—Lo siento, Papá. Sé que es lo último que quieres oír de mí, pero tal vez deberías pensar en hacer lo correcto.

—No es bonito imaginar a tu papá en la cárcel, y tampoco tendríamos que llegar a eso, pero no encuentro otra solución igual de equilibrada para todos los involucrados—.

Cometiste un crimen, es justo que pagues por él.

—¿Quieres que me entregue, que confiese para que me muera en prisión... eso es lo que quieres, hija? —Su voz está bañada en dolor y en amargura .

Da un paso hacia mí que me hace retroceder y levantar las manos frente a mi pecho.

—Por supuesto que no, Papá. ¿Tú crees que yo quiero ver a mi única familia tras las rejas?

O peor aún, ¿tú crees que yo quería que mi papá fuera un asesino.

..? —grito, estoy desesperada por encontrar una maldita manera de cambiar las cosas.

Me duele en el alma decirlo, pero si no lo afronto hoy, quizás mañana sea tarde.

Mi papá niega con la cabeza. Deja de mirarme y se concentra en otro punto detrás de mí.

—Ya he pagado por lo que hice, perdí a tu madre, perdí la paz, ahora perdí la razón de todo lo que hice.

—Sus ojos me encuentran de nuevo y no puedo leer lo que hay en su mirada—.

Y tal parece que también te perdí a ti, ¿acaso ese hombre te ha lavado el cerebro?

¿Te ha puesto en mi contra? ¿Sigues trabajando para él?

Si tan solo supiera todo lo que está pasando, que hasta hace poco vivía en su departamento, había regresado a su empresa, y también que estoy cargando a su bebé en mi vientre.

—Piénsalo, Papá. No puedes vivir con miedo de saber cuál es el próximo golpe.

Tienes que afrontar las consecuencias de tus actos, siempre vas a ser mi papá, pase lo que pase, y te voy a respetar pase lo que pase, pero…

—Sacudo la cabeza, también miro este lugar, se siente como a una despedida—.

No todo en la vida es tener dinero, Papá.

Vale más la integridad, la seguridad, el amor.

Nos quitaste mucho a Mamá y a mí cuando tomaste esa decisión y no podemos cambiar el pasado, pero sí podemos afrontar el futuro.

Esas palabras también son para mí. No puedo cambiar el pasado, no puedo hacer que los padres de Liam regresen y que mi padre tome las decisiones correctas. Tampoco puedo evitar que Liam me haya mentido, pero hay algo en el presente, y eso es que él me quiere y que yo lo quiero a él.

Independientemente del cómo, la verdad es que a su lado me siento segura de verdad, nunca lo he sacado de mi cabeza desde el día en que lo conocí, se metió tan profundo que penetró mi alma, y dudo que alguna vez sea capaz de salir.

Cierro los ojos y suspiro profundamente. Esto va a ser difícil porque mi padre siempre será mi padre, y mi hijo siempre tendrá a Liam por padre. Ahora lo entiendo.

—No tengo nada que pensar. No le voy a dar el gusto a ese hombre, él no tuvo que tomar decisiones difíciles para tener lo que tiene. Nació en una cuna de oro. —Las amargas palabras de mi papá, me hacen salir de mi pensamiento.

De todas las opciones de respuesta que imaginé esa no era una de ellas. Se me rompe el corazón de que piense que su vida vale más que la de los demás.

—No, Papá, no es por él, es por ti, por mí, por nuestro futuro, por nuestra familia.

—Mi mano, inconscientemente, llega a mi vientre, pero soy incapaz de decírselo en este momento.

Sus ojos están inyectados en sangre por el desvelo y por el miedo, no está pensando coherentemente, así que decirle que estoy embarazada del hombre que ha intentado matarlo, no es lo correcto de decir en este momento.

O nunca.

—No quiero pasar los últimos años de mi vida en la cárcel, ya es suficiente la soledad que tengo aquí, sin ti, sin tu madre y ahora sin un solo peso en mis cuentas bancarias. —Siento que de pronto estoy hablando con una pared.

—Ya te dije que no me perderás, Papá, siempre seré tu hija. Tal vez puedas pedirle perdón a Liam.

—¿A Liam? ¿Lo llamas por su nombre? —Cierro los ojos y aprieto los párpados. Este ya no es un momento correcto para hablar.

—Papá, vine aquí para ver que estás bien, y lo estás, pero no estás en condiciones para aceptar la realidad.

Así que me voy a ir, ya escuchaste lo que pienso y sabes lo qué puedes hacer.

Piénsalo y cuando estés listo, háblame. —No espero a que responda, tampoco me acerco a despedirme solo camino hacia atrás y salgo por la misma puerta por la que entré.

El aire es diferente en cuanto cruzo por esa puerta, no sabía que contenía el aire en mis pulmones hasta que estando fuera los sentí liberarse.

Empiezo a caminar por la banqueta, a solo unas cuadras está una estación de taxis.

Necesito con urgencia regresar al departamento de Su, recostarme en su cama y tal vez perderme por un par de días.

Con cada paso que doy, me siento más ligera de la presión. Sé que estamos lejos de llegar al final de esto, pero espero que la conversación que tuve con papá, le importe lo suficiente para hacer la diferencia.

Estoy a unas cuantas calles de llegar a la parada cuando mi teléfono vibra en mi bolsillo trasero. Son pocas las posibilidades, tal vez es Liam, tal vez es mi amiga. O incluso puede que sea Aron o mi padre. Pienso cuando saco el teléfono y miro la pantalla.

Pero me congelo en mi lugar porque no es ninguno de los que antes mencioné.

Número desconocido: Te ves muy bien con ese Top rojo, me hace recordar a nuestra primera noche, Aryboo. Cuando sangraste por mí.

El aire se atasca en mis pulmones. Mis pies no pueden responderme... Carter está aquí. Levanto mi cabeza y la giro a ambos lados, no lo miro. Pero los vellos de mi nuca me avisan que está cerca y me paralizo por completo.

Dios no, por favor, no en este momento.

Como puedo, me obligo a caminar, solo necesito avanzar un poco más y estaré a salvo. Es una ironía que un hombre me tenga así de paralizada, cuando lo único que hizo fue romper mi corazón por primera vez. Se ha roto dos veces más después de eso. Y aun así es Carter el que me afecta de esta manera.

Mis manos tiemblan en el teléfono.

«Tienes que llamar a alguien. Pedir ayuda»

Mi mente y mi corazón saben a quién acudir.

En otro momento me castigaré por eso, pero en este momento necesito a Liam, presiono llamar en su contacto y me llevo la mano a la oreja.

Escucho el primer timbre y después nada porque alguien tira de mi cabello por detrás, y mi teléfono cae al piso. Mierda.

—A dónde vas con tanta prisa, Aryboo. —Esa voz, esa maldita voz. Me encuentro con su cara en el peor de los momentos.

Ahora pienso que no sé cómo pude fijarme en alguien como él. Está claro que no es más que un imbécil, un don nadie que no llegó a nada en su vida.

—Carter, ¿qué es lo que quieres? —pregunto con una fuerza que nace del centro de mi pecho, su cara me repugna, su toque en mi piel me llena de asco, no me hizo daño físicamente, sin embargo, el daño emocional fue suficiente para traumatizarme por años.

Hoy todo parece tan lejano e insignificante que me doy cuenta de que puedo darle la cara y por fin dejarlo atrás.

—¿Qué no es obvio? Quiero hablar. Esa tonta orden de restricción que me pusiste.

.. ¿Qué pasó? Creí que nos habíamos divertido en la noche de la graduación.

—Sonríe, petulante. Ahora que lo tengo frente a mí, ya no le tengo miedo.

he pasado por cosas peores a lo que él me hizo y también salí adelante.

Niego con la cabeza, también sonrío, pero es una sonrisa de libertad.

—El único que se divirtió esa noche, fuiste tú, imbécil, jugaste conmigo, me engañaste, apostaste que te acostarías conmigo y ganaste. Ahora dime ¿qué mierdas quieres? —Siento el pulso en mis oídos. La sangre me bombea tan rápido que se me está subiendo a la cabeza. Es la adrenalina .

—Ah sí, lo recuerdo bien. Estabas tan apretada que me hiciste venir demasiado rápido. —Carter se pasa la lengua por el labio superior y sé que sus siguientes palabras me van a dar asco porque sus ojos me están diciendo cosas peores—. Qué tal si lo repetimos. Te prometo que esta vez te gustará más.

En efecto, sus palabras me dan tanto asco que me provocan una arcada.

—¿Qué te pasa, perra? No me digas que te doy asco. ¿Qué no te has visto en un espejo? —me grita, pero lo único que siento es vergüenza por él—. Deberías darme las gracias de que aun tenga ganas de cogerte.

—¿Sabes de qué te doy las gracias? —pregunto con una valentía que no conocía en mí—. Agradezco que tuvieras el pene tan pequeño. Agradezco que no me hicieras sentir nada esa noche. Porque así el próximo hombre que me tomó, fue lo que yo guardé como mi primera y la mejor noche de sexo de mi vida.

La cara de Carter se pone roja, sus ojos se entrecierran y sus labios son una línea fina. Levanta la comisura de sus labios y todo ocurre como en cámara lenta.

—Maldita perra, te voy a enseñar... —Levanta la mano para golpearme.

Por instinto cierro los ojos y me llevo una mano a mi cara para cubrirla y con la otra protejo mi vientre.

Estoy sola y he provocado al lobo. No me arrepiento, solo espero que termine rápido para por fin salir de esto ahora que sé que puedo continuar.

Espero el golpe…

Pero nunca llega.