Dulce No Venganza ARYA
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ARYA

Confiaba en que ese momento no llegara tan pronto, o que, para cuando ocurriera, ella estuviera tan enamorada de mí que no quisiera dejarme nunca. No estaba preparado para su confesión.

«Más bien, te empeñaste en ignorar al elefante en la habitación».

«Otra vez estás ignorando la realidad».

—¿Tú lo hiciste? —Una imagen de un edificio en llamas brilla en la pantalla frente a mí.

No tiene caso mentir. El siguiente golpe era justo ese. La semana pasada vaciamos sus instalaciones y el seguro no respondió. Ahora iba por todo. Él me quitó a mis padres; yo le quitaría hasta el último centavo. El dinero fue lo que inició su ambición, y el dinero también sería su tumba.

—¿Cómo pudiste, Liam? Es mi papá —grita Arya regresándome al presente.

Veo la angustia en sus ojos y no sé cómo reaccionar. Tenía algo perfecto planeado para nosotros esta noche, pero acaba de irse a la mierda. Por el rabillo del ojo veo a Aron; ambos sabemos lo qué está pasando en este preciso momento.

—Arya, amiga, tranquilízate. —La voz de Susan me sorprende. Intenta tomar su mano, pero mi Arya no es ella misma justo ahora.

«¿En qué mundo creíste que podías destruir a su padre y que ella te recibiría con una sonrisa?».

Arya acepta el consuelo de su amiga. Parece que solo Susan tiene el poder de llegar a ella, en este momento.

—Esto no tiene nada que ver contigo, Arya —digo, intentando alcanzarla, pero ella me aparta de un manotazo. Me mira con odio, pero lo ignoro; sé que está en shock.

—¡Es mi papá, Liam! —me grita con los dientes apretados. No lo pienso. Las palabras estallan antes de que pueda frenarlas.

—¡Y es un asesino! —gruño—. ¡Él mató a mis padres!

Me arrepiento en cuanto lo suelto. No porque sea mentira, sino porque Arya me importa. Susan se lleva una mano a la boca y Aron arruga el gesto. La he cagado.

«Te lo dije».

Cierro los ojos y me cubro la cara. No sé por dónde empezar a ordenar este caos.

—Justo por eso te dije que esto no llegaría a ningún lado. —La silla de Arya cae al suelo mientras ella retrocede—. ¡Lo sabía! ¡Maldita sea, lo sabía! —Niega con la cabeza—. Me voy .

Me levanto de golpe. Está loca si cree que la dejaré irse sola. Aron me pone una mano en el antebrazo. Entiendo su mensaje silencioso: «Déjala ir».

Jamás.

—Te irás conmigo —le dice Susan, siendo la única voz de la razón en este momento. Arya deja de quemarme con la mirada, toma la mano de su amiga y ambas salen del restaurante sin que tenga tiempo de hacer o decir nada más.

«Mierda, volvemos al principio». No le quito la vista de encima hasta que desaparece por la puerta. Solo entonces la bruma se disipa. Aun así, no me gusta la forma en la que se está alejando de mí.

—¿Qué pasó? —pregunta Aron.

—El bastardo de su padre le envió un mensaje con la nota del incendio. Me culpó directamente.

—¿Él sabe de ustedes dos?

—No lo sé. Creí que Arya no estaba en buenos términos con él, pero ahora, no sé qué pensar. Si ella elige un bando, yo saldré perdiendo. Aun no me quiere lo suficiente para elegirme. Elegirnos. —Cada palabra me sabe amarga.

—Es su padre, Liam. Entiéndela.

—Y es un asesino. Le confesó lo que hizo y ni siquiera ha intentado entregarse. ¿Qué clase de hombre hace eso? —Sacudo la cabeza. No he querido mezclar a Arya con ese hombre desde que decidimos intentarlo, pero lo de esta noche…

—Esto está muy jodido, amigo.

—No me digas —suelto con sarcasmo.

—¿Qué vas a hacer?

—A la mierda si lo sé .

ARYA

Siento la voz de Susan distante, como si estuviera sumergida bajo el agua. No puedo dejar de ver la imagen de la empresa de mi papá en llamas. Liam lo hizo.

—Amiga, dime que estás bien. No creo que lo que está pasando le haga bien al bebé. —Condujo hasta su departamento y ni siquiera me di cuenta. Mi mente sigue abrumada; la sangre bombea en mis oídos. No reacciono hasta que atravesamos la puerta de entrada. Sacudo la cabeza.

—No estoy bien. No sé a quién trataba de engañar.

—Lo que Liam dijo de tu padre... no es verdad, ¿o sí? —Estoy sentada en la sala de su departamento. Me entrega una taza de chocolate caliente con la pregunta más difícil de mi vida.

¿A quién le gusta admitir que su padre es un monstruo? ¿Que dejó huérfano a alguien por pura ambición?

«Hablando de eso... ¿no fuiste un poco dura con Liam?».

Esto estaba destinado al fracaso. Pero Liam no es de los que se rinden.

—Es verdad —respondo, sin mirar a Su a los ojos—. Lo que dijo Liam es verdad, pero no puedo hablar de eso ahora. —Siento cómo el cuerpo de mi amiga se pone rígido a mi lado. Sus manos tiemblan sobre la taza.

—Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras, Arya. Somos hermanas. —Sé que sí, y sé que me apoyará pase lo que pase, yo haría lo mismo por ella. Pero la idea de quedarme aquí no me llena del todo. Sabiendo que hay otro departamento que empezaba a sentirse como un hogar .

—Gracias. Lo necesito.

La abrazo por lo que parecen horas hasta que estoy lo suficientemente agotada para cerrar los ojos y dejar de pensar.

Lavo mi taza y trato de dejar que el chocolate haga su efecto. Agradezco que Susan no presione más, por ahora.

—Estoy lista para dormir. —Me despido y camino arrastrando mis pies hasta la habitación de invitados.

Mi cuerpo se queja; quiere estar en otro lugar, con otra persona, y me duele reconocerlo. Me despojo de la ropa hasta quedar en ropa interior. Susan me trae una camiseta enorme. Mis pechos han empezado a molestarme tanto que no soporto el sujetador.

—Gracias por no rechazarme, Su. Por estar aquí.

—Siempre estaré aquí, pase lo que pase con Liam.

Susan tiene planes de estudiar moda fuera del país, no puedo permitir que se quede solo por mí. Saldré de esto. Solo necesito tiempo.

«¿Tiempo o afrontar la verdad? Tienes nueve meses para decidir el futuro con Liam, pero tu padre es el incendio de hoy».

Mañana buscaré a mi papá. Tengo que enfrentarlo de una vez por todas. No puedo dejar que intente manipularme con el miedo de lo que Liam pueda hacerle.

Me dejo caer en la cama en cuanto Susan me deja sola. Cierro los ojos, pero mi mente viaja a Liam. Al beso de esta tarde. A las promesas destinadas a esta noche. Me maldigo porque sé exactamente qué me pide mi cuerpo.

El deseo es un pulso intenso y hambriento. Culpo a las hormonas del embarazo mientras mis manos suben a mis pechos. Gimo al rozar mis pezones, imaginando que es la boca de Liam la que me recorre.

—Mmm... —Me muerdo los labios. Casi puedo oler su aroma almizclado en el aire. Bajo la mano al interior de mi ropa; la humedad es un río. Mis dedos se deslizan con facilidad, buscándolo a él en mi propia piel .

El orgasmo estalla rápido, violento. Pellizco mi clítoris y me vengo con fuerza, gritando su nombre en la soledad del cuarto.

«No hay otro». Mierda. No lo hay. Para bien o para mal. Liam se ha llevado una parte de mí que nunca podré recuperar.

Ya no es solo físico. Tal vez nunca lo fue. Reconozco que lo de esta noche me dolió, pero más que por miedo, fue porque mi corazón ya no puede seguir negando lo que siento.

Lo quiero .

Cuando el pulso se calma, mi teléfono vibra. El corazón me da un salto al ver su nombre. Liam me está llamando. Siento un alivio que me asusta, pero no contesto. Necesito las palabras correctas, y esas vendrán después de hablar con mi padre.

Le escribo a mi papá:

Yo: Tenemos que hablar.

Solo tres palabras. Estoy por dejar el móvil a mi lado cuando llega otro mensaje. No es mi padre. Es una foto.

El torso de Liam, su entrepierna erecta y su semen esparcido sobre su piel. Se me seca la boca. Mi respiración se corta. ¿Cómo…?

Liam: No es como lo planeé, pero lo hice pensando en ti. Te dije que no te dejaré ir. Eres mía. Todo lo demás es discutible, pero estamos juntos en el mismo barco.

Debería estar furiosa. Debería odiarlo por ser tan posesivo, tan directo. Pero estoy loca, porque leer sus palabras solo hace que mis dedos vuelvan a bajar, buscando desesperadamente otro orgasmo con su imagen grabada en mis pupilas.