Dulce No Venganza 36 LIAM
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36 LIAM

No mentí cuando le dije que la quiero, porque lo hago. La quiero para mí y la quiero conservar cada puto día de mi vida.

«¿No crees que estás yendo muy lejos con esto? Sí, la mujer tendrá un hijo tuyo, pero tú estás intentando destruir al abuelo de ese bebé. ¿Qué le dirá eso de ti a Arya? Por más palabras de afecto que digas, tus acciones son las que hablan de verdad».

Pongo los ojos en blanco.

¿Desde cuándo te volviste tan insoportable?

Le recrimino a mi conciencia. Arya no dice nada en el camino a la empresa. No ha soltado una palabra desde mi declaración en la cocina. No sé si es porque fue demasiado para ella o porque duda de mí. Dije lo que sentía. No puede molestarse porque le diga la verdad.

«No toda la verdad».

¡Maldita sea, ya cállate! Reprendo a mi voz interna cuando estamos a pocas calles de llegar a BLAKE.

—¿Estás bien? —le pregunto al notar cómo se retuerce los dedos nerviosamente.

—Sí —responde cortante—. Por favor, deja de preguntarme eso cada cinco minutos. Estoy bien.

—Bien, lo siento.

No sé qué hice para ponerla de malas; tal vez sean sus hormonas trabajando de más esta mañana. No importa, porque estoy decidido a que nada arruine este día, ni mi plan de hacerla volver. La ayudo a salir del auto y un pensamiento me hace querer darme un golpe en la cara. Soy un idiota.

«Aquí no desmentimos a nadie».

Mi deportivo es demasiado bajo. Arya tiene que hacer un esfuerzo visible para salir de él. Necesito otro auto. Uno más...

«Familiar».

Sí, eso. Familiar. Sonrío como estúpido, evadiendo al gran elefante que llena la habitación. Entramos al edificio y noto cómo Arya desvía la mirada hacia la recepción. Donde antes estaba Camila, ahora hay un guardia de seguridad que hace doble turno con un monitor sobre el mostrador.

—Buenos días, señor Blake —me saluda levantando su gorra—. Señorita. —Le sonríe a Arya y ella le devuelve el gesto. No me doy cuenta del gruñido que sale de mi pecho hasta que siento el codo de Arya golpeando mis costillas. Cuando la miro, pone los ojos en blanco.

—Buenos días, Ricky —mascullo y sigo hacia el ascensor. Me maldigo por no haber estacionado en el subterráneo, me hubiera ahorrado la primera molestia del día. No entiendo como Arya sigue volviéndome tan irracional, pero tengo que hacer algo, ya que mi comportamiento de antes, fue el que la alejó.

Una vez dentro del ascensor, Arya se cruza de brazos y aprieta los labios. No sé qué se está callando, pero no pienso darle motivos para discutir. Finjo que no ha pasado nada. Las puertas se abren en mi piso y Camila me recibe con una sonrisa exageradamente brillante y mi café en la mano.

—Buenos días, señor B, tengo listo su café. —Sí, ahora es Camila la que suple a Bonnie en lo que encuentro un mejor reemplazo. Empiezo a creer que no lo pensé bien. Considerando que esperaba que tarde o temprano. Arya volviera aquí.

Abro la boca para agradecerle, pero un sonido, uno parecido a un gruñido molesto me distrae.

Es Arya, con los puños apretados, murmurando algo parecido a zorra .

No me detengo a disfrutar de sus celos; quiero hacerlo, pero me contengo por el bien de todos.

De hecho, dudo que sea consciente de lo que acaba de hacer con eso.

—No tomaré café. Sal a buscar un plato con fruta, el más grande que tengan. Con yogur griego, miel de abeja y frutos secos. Tráela a la oficina junto con dos batidos de plátano con nuez. Con hielo y extra de nuez, por favor.

Camila me mira paralizada en su lugar, con ojos muy abiertos y me atrevería a decir que en estado de Shock. Casi tan sorprendida como la dulzura a mi lado.

—Toma nota si no tienes cerebro para memorizarlo —le gruño la orden, dejándola con la boca abierta.

Tomo la mano de Arya y caminamos hasta mi oficina. Se siente tan bien tenerla de vuelta. Conmigo. Como si todo pudiera salir bien solo porque ella está aquí.

Me mira como si fuera un extraño cuando me apresuro a quitar una de las sillas rígidas frente a mi escritorio y la reemplazo con uno de los sofás de la librería.

—Te necesito cerca de mí, y quiero que estés cómoda. —Es mi explicación. Valga para ella o no, es la verdad.

«Un verdadero contraste con el cómo la trataste al principio, ¿no crees?» Es lo que hay ahora.

Lo que sea que pase por su mente no es la reacción que esperaba. Cada cosa que hago por ella, parece hacerla sentirse culpable en lugar de simplemente aceptar lo que tengo para darle. Lo que quiero darle.

—¿Por qué pediste toda esa comida? —pregunta, una vez que toma asiento en el sillón.

—Lo pedí para ti. ¿No has visto cómo te queda de grande esa ropa? —No me doy cuenta de mi error hasta que las palabras salen de mi boca .

—¿Disculpa? ¿Qué has dicho? —Planta los puños en sus caderas, se levanta de nuevo del sofá y se inclina hacia mí.

«Todos sabemos que cuando una mujer te pide que repitas lo que acabas de decir, en realidad te está dando la oportunidad de cambiar tu respuesta, ¿verdad?».

Abro la boca para buscar otra forma de decirle que quiero que recupere su peso, pero Arya sacude una mano frente a mi cara.

—Nadie, aparte de mí, puede decidir u opinar sobre si subo o bajo de peso. Tú no puedes juzgarme de esa manera, Liam. ¿Quién te crees que eres? ¿Acaso estás loco?

Su tono se vuelve más agudo y sus mejillas se encienden de un rojo encantador. Me acerco intentando calmarla, no sé exactamente cuál es mi error cuando lo único que quiero es cuidarla. A ella y a lo que lleva en su vientre.

Sí, antes no era así, pero ahora lo es. Antes no la quería. Ahora lo hago. Antes era solo un medio para un fin y ahora el único fin que quiero es ese donde ella me quiere.

—Bebé...

—Soy Arya, maldita sea, llámame por mi nombre y deja de comportarte de esa manera. Todos sabemos que este no eres tú. —Señala mi cuerpo con sus manos.

—¿Y quién soy entonces? —Doy un paso hacia ella.

—Eres el arrogante y presumido jefe. El que truena los dedos y obtiene todo lo que quiere. —Su pecho sube y baja con rapidez. Doy otro paso, quedando a milímetros de su rostro—. ¿Sabes qué? Esto es inútil, no va a funcionar. Me voy.

Intenta dar media vuelta, pero mi mano llegando a la suya la detiene, regresa impulsada y termina contra mi pecho. Sus pupilas están dilatadas. Su agitación me pone duro. Sonrío de lado. hay cosas que nunca podré cambiar cuando se trate de ella. Una es esta.

—¿Quieres que sea ese hombre que siempre consigue lo que quiere? —susurro sobre sus labios, robándole cada gramo de aliento. Hay deseo y rabia en su mirada. No me importa su enojo, o su odio, mientras me desee, puedo trabajar con todo.

Me trago su gemido cuando estrello mis labios contra los suyos. No es un beso tierno. No soy el hombre que le besó la frente la noche anterior deseando que pronto estuviera lista para enfrentar lo maldito que fue el destino con nosotros, ni el que le susurró palabras dulces esta mañana.

Soy un hombre hambriento y desesperado. Con mi legua separo sus labios y la tomo como rehén. Su lengua pelea con la mía por el domino. Soy capaz de hacer todo por ella. Pero ceder en este momento no es algo que vaya a conseguir tan fácilmente.

La pego a mi cuerpo y bajando mis manos para tomar su trasero, la guio hasta mi erección. Quiero hacer tantas cosas con ella, quiero tomarla sobre este escritorio hasta que deje de pensar, llenarla de mí hasta que no quede espacio para las dudas.

Siento la batalla en su interior; algo le impide ceder por completo y me estoy cansando de esperar. Estoy a punto de empezar a desvestirla cuando un carraspeo rompe el hechizo. Arya jadea y me empuja con tanta fuerza que me golpeo contra el borde del escritorio.

—¡Mierda! —Me quejo. La risita detrás de mí me dice quién es el idiota que me ha interrumpido. Es el cabrón de mi mejor amigo.

Arya lo mira llena de vergüenza y corre hacia mi baño privado, cerrando la puerta con un golpe seco.

—¡Maldito inoportuno! ¿No te enseñaron a tocar? —le grito a Aron, quien luce una sonrisa burlona.

—Créeme, lo hice. —Intenta tapar su sonrisa. Suspiro, tratando de que la adrenalina baje. Este día tiende a empeorar.

—¿Encontraste algo bueno? Lo voy a necesitar. Arya está muy rara hoy. Siento que, si no estoy alerta, la perderé de nuevo.

«¿Cuándo ha sido tuya?» Susurra mi mente. La ignoro .

La puerta del baño se abre minutos después. Sale una Arya seria, fingiendo que nada ha pasado. Le hago una seña a Aron y él entra en papel.

—Mira, hay un problema. —Comienza con tono grave—. Esto no es un error de contrato común. Es un fallo que podría costarte toda la empresa.

Trago saliva. Si no supiera que es falso, me alarmaría la idea de perder todo por lo que he trabajado. BLAKE es el legado de mis padres; es todo lo que tengo. Arya se acerca a mi lado y pone una mano en mi brazo, intenta consolarme. Después, se gira hacia Aron.

—Perdona que no te saludara antes. No pude evitar escuchar... quisiera saber más —pide ella.

Nos sentamos. Arya en el sofá nuevo, Aron en el borde del escritorio y yo en mi silla. Una hora después, ella ha terminado su batido y, sin darse cuenta, ha devorado toda la fruta. Sonrío por no haberme perdido ningún momento de eso.

—Esto es serio —continúa Aron—. Hay que revisar la constitución de la empresa desde sus orígenes.

—Eso tomaría meses —intervengo, empezando a creer que ya no se trata solo de un truco para atraer a Arya.—. Sin contar que no tengo a nadie de confianza para esto.

—Yo puedo ayudarte —suelta por fin, Arya. Se nota que le pesa, pero lo repite—: Yo puedo ayudarte, si confías profesionalmente en mí, por supuesto. No quiero que pierdas lo que has construido. Firmaré lo que sea necesario.

—No hace falta, Arya. Confío en ti. —Le aseguro, estirando mi mano por el escritorio y tomando su mano. Me deja hacerlo.

Ella traga saliva, me doy cuenta de que hay un pero atorado en su garganta. Sus ojos también me lo gritan.

—Lo haré, pero antes tengo que hablar contigo. Ya no puedo cargar con esto. Necesito decirte lo que sé, lo que pienso y cómo me está afectando .

Aron se levanta de inmediato.

—Los dejaré solos. Llámame cuando estén listos. —Me guiña un ojo, le da un beso en la mejilla a Arya, lo que me saca un gruñido nuevo y se va.

—Arya, ¿qué pasa? Me estás asustando. —Es la verdad, nunca había visto esa mirada en ella.

Bueno, la tenía esa vez en el hospital cuando me pedía perdón por algo que no logré entender.

Y creo que eso me asusta más. Porque lo que sea que tenga para decir, tiene que ver con lo que la llevó a ese estado.

Arya se levanta del sillón y empieza a dar vueltas por la oficina. Se lleva las manos a la cabeza. Suspira. Me mira un segundo y vuelve a girarse. No puedo más. Me levanto, rodeo mi escritorio y la alcanzo cerca del ventanal. Tomo sus hombros y la obligo a quedarse quieta.

—Arya, por favor. Dime qué es eso que te tiene así, por favor.

Mis palabras duras rompen la presa. Sus ojos se clavan en los míos, cargados de una mezcla de terror, coraje y vergüenza. La esperanza de mi futuro se desmorona con su siguiente frase.

—Sé por qué me contrataste. Sé de tus instrucciones a Bonnie para que me tratara mal.

Sé que todo empezó como una venganza para ti.

—Mis manos resbalan de sus brazos y mi pecho se vacía de pronto—.

Mi padre me dijo lo que te hizo hace diez años.

Esa noche, cuando salí del restaurante..

. el día que decidiste ignorarme como parte de tu castigo.

.. ese día supe la verdad detrás de tu repentino interés en mí. Y no sé cómo continuar después de esto.