37 ARYA
No puedo más con la presión en mi pecho, ni con los pensamientos que se agolpan en mi mente. Si no lo digo ahora, siento que voy a estallar.
— Sé por qué me contrataste. Sé de tus instrucciones a Bonnie para que me tratara mal.
Sé que todo empezó como una venganza para ti.
—Mi voz me traiciona y el nudo que se me forma en la garganta dificulta que pueda tragar.
No sé de dónde saqué la fuerza para empezar, pero ahora tengo que terminar—.
Mi padre me dijo lo que te hizo hace diez años.
Esa noche, cuando salí del restaurante..
. el día que decidiste ignorarme como parte de tu castigo.
.. ese día supe la verdad detrás de tu repentino interés en mí. Y no sé cómo continuar después de esto.
Ya está. Lo dije. El peso que me ha aplastado desde que Sali de la casa de mi papá, por fin me ha dejado, o eso quiero creer. Que por fin podremos hablar de frente y llegar al único acuerdo posible.
«¿Y eso sería?» .
Que todo lo que sigue haciendo por mí, todas esas promesas y las palabras diciendo te quiero de esta mañana, son parte de su actuación y que ahora que lo sé, podemos dejar de jugar a la casita y dar la vuelta para nunca más volver a vernos.
Mis ojos se mantienen cerrados; no me atrevo a ver su reacción. Mi corazón late con tanta fuerza que siento la sangre agolparse en mis oídos. Mis manos tiemblan.
No hay respuesta. Nada. Por mi mente pasan todos esos momentos, desde aquella primera mirada en el bar.
Mi cuerpo se dejó llevar por su presencia, sus brazos fuertes, sus ojos dominantes.
Lo eligió como la única imagen mental para darse placer, y quién lo iba a decir: no solo en mi imaginación fue bueno.
En la vida real, me arruinó de todas las maneras posibles.
Llego a esta mañana, a cuando me dijo que me quiere, y a lo mucho que mi corazón quiere creerle, pero ¿cómo convencer a mi mente de que un hombre tan herido como él puede querer algo real con la hija de su peor enemigo?
Liam lo supo todo este tiempo y me utilizó. Eso debería hacerme odiarlo, debería darme las razones suficientes para alejarme, pero no puedo. Quiero ayudarlo. Quiero que su empresa prospere. Quiero que logre todo lo que se ha propuesto. Y me maldigo por eso.
Abro los ojos, de pronto el silencio se hace insoportable.
Liam ha retrocedido hasta su escritorio, sus manos están apoyadas en la madera del borde; no me mira, parece concentrado en la fuerza que necesita para sostenerse, sus nudillos están blancos.
Tiene el ceño fruncido y no creo haber visto un rostro con tanto dolor en mi vida.
Mi pecho se aprieta. Solo me atrevo a dar un paso cerca de él.
—Lo siento —susurro sabiendo que no cambiará nada.
Sus ojos suben a los míos, se convierten en dos espejos que me dejan ver lo más profundo de su soledad y de sus miedos.
—¿Así que lo sabes? —murmura con la voz apagada—.
¿Él lo confesó? Tu padre, quiero decir. —Asiento.
No tiene caso seguir jugando al escondite.
Suelta una risita amarga—. ¿Sabes? Siempre supe que era el culpable.
Lo vi en su mirada aquel día en el juzgado.
Pero que lo reconozca con su propia voz.
.. me causa un dolor diferente. Es físicamente insoportable.
—Sé que no servirá de nada, pero quiero decirte que lo siento, no tenía idea hasta hace un par de semanas —suelto con un dolor en mi pecho que me quema—. Nadie merece pasar por ese tipo de pérdida.
Liam asiente, pero su mente está en otro lugar.
¿Todavía busca venganza? No lo sé.
¿Podré perdonar a mi padre? Tampoco lo sé.
—Si de algo sirve, me arrepiento de haber pensado que podía utilizarte para lastimarlo.
Yo... Nunca quise esto, —Nos señala—, pero te metiste aquí.
—Ahora señala su cabeza—. Y aquí. —Señala su corazón—.
Nunca me arrepentiré de haberte encontrado, de haber conocido a la mujer más inteligente, recia e independiente que eres.
Ojalá dejara de decirme esas cosas; solo logran calentar mi corazón cuando necesito frío para pensar.
—Ahora que sé la verdad de tus planes, ¿qué harás conmigo? ¿Me dejarás marchar? ¿Me dejarás buscar la paz lejos de esta parte del mundo? —Ni siquiera puedo parpadear cuando se abalanza sobre mí. Toma mis mejillas antes de que pueda retroceder y me mira con puro terror.
—¡Nunca! dulce Arya. —Promete, aunque para mi parece más como a una amenaza—.
Tú dejaste de ser el objeto de mi plan mucho antes de que yo me diera cuenta.
—Pasa las yemas de sus dedos por mis mejillas, baja a mis labios, estira el inferior con el pulgar.
Su tacto despierta una corriente eléctrica que no puedo controlar—.
¿Es que no lo ves? No puedo vivir sin ti.
Sus ojos brillan con lágrimas no derramadas. Me duele, mi corazón se desangra por él, pero la lógica me grita que esto simplemente no puede funcionar.
—No puedo, Liam. No sabiendo lo que mi padre hizo. ¿Qué pasará mañana cuando el dolor regrese? ¿Cuándo quieras sentirte libre y estés atado a la misma sangre que tanto te hizo daño?
—Sí puedes, porque lo miro en tus ojos, también me quieres, aunque no estes lista para reconocerlo. Somos los únicos dueños de nuestro destino. Te juro que nunca he sentido esto por nadie. Lo resolveremos en el camino.
Quiero preguntarle si será capaz de perdonar a mi padre, esa respuesta debería darme la verdad, pero no me atrevo. No ahora. Sus palabras calan en mi pecho. Se graban en mi mente como una condena perpetua. Aun así, me las arreglo para responder de la manera más sensata posible.
No puede ser así de fácil ¿o sí?
—Necesito tiempo, Liam. Por favor. Necesito ordenar mis sentimientos. Todo ha pasado tan rápido que… no he tenido tiempo de procesar nada. Y ahora también está esto...
Bajo la mano a mi vientre. Liam cubre mi mano con la suya. Se siente tan correcto que aumenta mi miedo a perderlo. Podría estar mintiendo con todo, pero no hay manera de que mi cuerpo o mi corazón se den cuenta de eso.
—Vivamos un día a la vez, Arya. Solamente tú y yo. Por favor —suplica. Asiento porque no hay más que pueda hacer en este momento, le hago caso a mi corazón.
Solo espero que la caída no sea mortal.
—Pídeme todo lo que necesites, Arya. —Dibuja una sonrisa diferente. Una sincera y me atrevería a decir que llena de esperanza.
—Quiero trabajar. Quiero regresar a BLAKE. Quiero ser útil, estar ocupada, vivir la vida que siempre quise.
—Ya lo tienes, bebé.
—Así no, Liam. —Doy un paso atrás—. Aquí no quiero ser la madre de tu hijo, ni la hija del hombre que arruinó tu vida. Solo quiero ser Arya: la economista, la trabajadora. Quiero ser yo misma.
Él me mira con sorpresa y luego sonríe de verdad.
—No dejas de sorprenderme ni un solo día. Si eso es lo que quieres, eso tendrás. Bienvenida a BLAKE. De nuevo. —Extiende su mano para que la estreche. Me gusta que me crea fuerte. Estrecho su mano y el gesto se siente como un nuevo comienzo.
***
Parece que han pasado semanas, pero solo han sido unos cuantos días. Camila no es tan mala una vez que la conoces, aunque su coqueteo constante para con Liam me revuelva el estómago.
Me instalaron un área de trabajo más grande y privada; Liam asegura que haría lo mismo por cualquier empleada embarazada. Pongo los ojos en blanco, porque los dos sabemos que es mentira. Pero no discuto.
Acordamos no tocar temas de oficina fuera del horario laboral, ni temas personales en la empresa.
Un día a la vez.
Me quedo en su departamento por ahora, aunque me preocupa qué pasará cuando el tema de mi padre vuelva a surgir.
Nunca lo justificaré, pero es mi padre, y no imagino una vida en donde tenga que elegir entre mi sangre y mi corazón.
Dejo ese pensamiento para después. Un poco cobarde de mi parte, pero es lo que hay.
Hoy me esmeré con mi atuendo porque saldremos a cenar con Su y Aron. Por primera vez desde este nuevo acuerdo de convivencia.
—Estás lista —Liam me mira con hambre en sus ojos desde la puerta de su oficina.
Ya pasan de las ocho. Me pongo de pie y se acerca para tomarme de la mano y atraerme hasta su pecho, entierra la nariz en mi cuello y me dejo llevar por la sensación que sigue despertando con solo una mirada. Eso es algo que no ha cambiado.
No parece que sea algo que vaya a perder interés dentro de mí, al contrario, cada día siento más por él. El miedo de que salgan las palabras de mi boca, así como salieron las suyas, me mantienen despierta la mayor parte del tiempo .
—Tu aroma me vuelve loco, Arya. Es dulce y adictivo.
—Liam, nos están esperando... —le digo, aunque mi cuerpo se amolda al suyo.
—Por mí, pueden seguir esperando.
—Tú no tienes prisa, pero aquí hay alguien que empieza a sentir mucha hambre. —Me burlo, señalando mi vientre.
Desde que acepté que el hijo de Liam está dentro de mí, todo ha sido mejor. Me atrevo a decir que incluso despertó una ilusión que no conocía dentro de mí.
—Mmm, tendré que esperar a llegar a casa para probar tu dulzura —me susurra al oído. Sacudo la cabeza, ignorando que ahora solo estaré pensando en ese momento de por fin llegar a casa.
Salimos del edificio y nos acercamos al restaurante que los hombres eligieron para esta cita doble. Es comida tailandesa. El ambiente es relajado y comemos sin mucha conversación hasta que decido interrogar a mis amigos.
—¿Qué está pasando entre ustedes? —Me río sin apartar la vista de sus reacciones.
Su y Aron se miran y responden al mismo tiempo.
—Nada.
Sospechoso.
Entrecierro los ojos, Liam tiene su mano en mi muslo, dándome una seguridad que me hace creer que esto entre nosotros puede funcionar. Estoy por dar el último bocado a mi plato y dispuesta a pasar la noche interrogando a mi mejor amiga, cuando mi teléfono vibra frenéticamente.
Saco el móvil del bolso. Veo una imagen tras otra. La nota de un incendio. Es un lugar que conozco perfectamente. He estado ahí incontables veces. Me estremezco cuando el primer texto de mi papá aparece en la pantalla .
Papá: Mira lo que hizo ese hombre. No se detendrá nunca. Si muero, ya sabes a quién culpar.
Mi respiración se atasca en mis pulmones, de pronto el miedo por la vida de mi padre se transforma en una ira volcánica hacia el hombre que tengo al lado. Mis dientes se tensan dentro de mi boca.
—¿Qué pasa, dulzura? —pregunta Liam, preocupado.
Lo fulmino con la mirada. Siento una impotencia que me quema la garganta. La comprensión llega a su cara antes de que yo hable, y eso me duele más que cualquier otra cosa. No controlo mis palabras ni la rabia con la que salen de mi boca.
—¿Fuiste tú? —le grito, mostrándole la pantalla—. ¿Estás intentando matar a mi padre?