35 ARYA
Compré una prueba de embarazo. Sí, sé que suena estúpido... el médico y Liam me dicen que estoy esperando un hijo, pero yo no lo he confirmado y mucho menos lo he sentido. No es que no crea en sus palabras, es solo que necesito verlo con mis propios ojos para que se vuelva real.
Justo hoy tengo un par de días de retraso en mi periodo y la terapeuta me dijo que mi sentimiento era comprensible. Ella me motivó a hacerme la prueba; dijo que tal vez así pueda empezar a poner las cosas en orden dentro de mi cabeza.
Si tan solo supiera que hay cosas que jamás se podrán ordenar. Simplemente no hay manera. De un lado está Liam y todo lo bueno que me hace sentir, y la tonta idea de poder formar una familia con él... pero del otro lado está mi padre y el peso insoportable de sus errores.
No puedo tener a ambos. Miro mi celular, que con toda la intención había dejado apagado. No sé si mi padre me ha estado buscando y, sinceramente, espero que no. No estoy lista para tomar una decisión.
Camino hacia el baño de la que es, temporalmente, mi habitación.
Me siento en el sanitario y leo las instrucciones con una calma forzada.
En otras circunstancias, mis sentimientos serían distintos.
Me imaginaba una pareja estable, estar enamorados, tener un pequeño susto y. .. No lo sé. Algo más normal.
Sigo las indicaciones y le pongo la tapa. Dice que debo esperar cinco minutos. En ese tiempo me preparo para dormir, busco algo que usar de pijama y preparo mi ropa para mañana.
Al menos tengo una distracción nueva. Trabajar en BLAKE fue un sueño hecho realidad; allí me sentí útil, valorada... hasta que todo se derrumbó. Ya no trabajo ahí oficialmente, pero me gustaría ver qué está pasando con la empresa. Si puedo ayudar en algo, lo haré.
Después de todo, una mujer embarazada difícilmente encontrará un empleo nuevo. Y volver al bar de Su no es una opción.
Dejo pasar más de cinco minutos y, de la nada, unos nervios traicioneros me hacen temblar las manos. ¿Y si la prueba dice que no? ¿Y si todo ha sido un error y no estoy embarazada?
«Eso sería bueno, ¿Verdad?», cuestiona mi conciencia. Eso significaría que puedo seguir mi camino, que puedo dar un paso atrás y desaparecer.
«Y serías feliz con eso. Eso es lo que quieres, ¿verdad?».
Lo que quiero no lo puedo tener.
Camino al lavabo, tomo la prueba en mis manos, sin mirar el resultado y me enfrento al espejo.
Mi reflejo me muestra la realidad de lo que soy ahora.
Una chica atrapada en las consecuencias de actos criminales que no tienen perdón.
Una mujer nerviosa de enfrentarse con lo que quiere y lo que debería hacer.
Busco la respuesta definitiva en mis manos, la realidad me golpea el pecho como un mazo. En otras circunstancias, brincaría de alegría, buscaría una manera de darle la sorpresa al hombre que tendría mi corazón y seria feliz de lograr algo que ni siquiera llegué a soñar.
Esa no es mi realidad.
«Positivo. Estás oficialmente embarazada».
¿Ahora qué voy a hacer ?
«Tienes que decirle la verdad a Liam, decirle que sabes de sus intenciones de venganza. Solo así podrás seguir adelante con cualquier decisión».
—Tienes razón, tengo que hablar con él —digo en voz alta, tratando de darme valor.
—¿De qué tienes que hablarme? —Me sobre salto. Una mano llega a mi pecho cuando esa voz grave me susurra por la espalda. El susto hace que la prueba se me resbale de los dedos.
—¡Mierda, Liam! ¡Me asustaste! —Me giro y le grito con el corazón en la garganta. Él frunce el ceño, se agacha a mis pies y recoge la evidencia. La mira por largos segundos en silencio, en los que mi corazón se acelera con un tipo diferente de miedo.
Estoy siendo estúpida, lo sé. Pero nunca quise esto. Nunca quise conocerlo por esas razones. Nunca quise que me gustara, nunca quise enamorarme de él.
—Supongo que es positivo, ¿verdad? —pregunta sin levantar la vista.
—Sí, es positivo —susurro, dejando salir un suspiro pesado.
—¿Tenías dudas? —Su tono es suave, pero de cierta forma me hace sentir incómoda. Me cruzo de brazos y separo mis pies en el suelo, tomando una posición de defensa.
—No me has dicho a qué has venido. —No respondo su pregunta—. Creí que en esta habitación tenía privacidad.
Liam deja la prueba en la encimera del lavabo y me mira sin mirarme realmente. Sus ojos no llegan a los míos y me pregunto que puede estar pasando por su mente ahora mismo.
—Sí, tienes razón. Solo vine a traerte el cargador para tu celular —suelta sin ganas, retrocede para darme algo de espacio. Juro que no lo entiendo.
—Déjalo en la cama, por favor. —Le pido, tomándome un momento para pensar con claridad antes de salir .
Cuando lo hago, Liam está sentado en el borde del colchón, apoyado sobre sus palmas hacia atrás.
No voy a mentir: la vista es malditamente sexy.
Su mirada promete todo y mucho más, pero he tomado una decisión.
Hasta que no aclare cada maldita cosa que hay entre nosotros, no volveré a su cama.
Eso quiere decir que tal vez nunca lo haga.
—¿Qué es eso que no deja tu cabeza, dulzura? —pregunta regresando a ese modo preocupación.
—Solo pienso en mañana, en la oficina. —Miento—. La última vez que estuve ahí no la pasé muy bien. —Eso es verdad, aunque no sea lo que realmente ocupa mi mente.
Liam se incorpora en la cama y abre la boca para decir algo, pero lo detengo antes de que se disculpe otra vez. No es su disculpa lo que quiero. Ni lo que necesito.
—No digas nada, por favor. Vamos a dar vuelta a la página y partir de ahí —pido con una súplica cansada. Liam se levanta y se planta frente a mí.
—Tienes razón, dulzura. Empecemos de nuevo. —Levanta ambas manos y me peina el cabello con delicadeza, coloca dos mechones detrás de mis orejas. Se inclina y me besa la frente. Es un beso tan cálido y real que no entiendo cómo se puede fingir.
—Descansa, te veré por la mañana —dice antes de besar mis párpados y mi nariz. Entonces retrocede un paso a la vez hasta salir de la habitación.
Mis labios cosquillean de necesidad. También esperaban recibir un beso así. Pero sacudo la cabeza y me concentro en otra cosa. Conecto mi teléfono al cargador y me meto en la cama, esperando que la batería se alimente lo suficiente para saber de qué me he perdido.
Cuando logro encenderlo treinta minutos después, casi deseo apagarlo de nuevo. En dos semanas se han acumulado más de cien mensajes. La lista es larga. Paso de largo los mensajes viejos de Su y busco los recientes .
Su: No me gusta que tu teléfono siga apagado. Se supone que yo iría por ti al hospital.
Su: ¿Ahora me entero de que te vas a mudar? Sí, tu departamento es una mierda, de hecho, ya no es tuyo, pero pudiste habérmelo dicho.
Su: Al menos sé que estás bien. No sé si Liam no te dio el celular o eres tú la que no quiere hablar conmigo. Espero que sea lo segundo, aunque me duele.
Este último es de hoy:
Su: ¿Cuándo pensabas decirme que estás embarazada? Mierda, ahora todo tiene sentido. Entiendo que estás pasando por mucho, pero quiero que sepas que estoy feliz por ti. Como hijas únicas, yo seré la tía. ¡Espero que sea niña!
Primero me molesto porque Liam se lo contó, pero luego la idea de Su me hace sonreír. Tener una niña... eso sería bonito. Niego con la cabeza. Es pronto y quién sabe, tal vez Liam me pida abortar cuando hablemos de verdad.
«Yo apuesto a que no será así».
Cierro los ojos y, por primera vez, bajo la mano para tocar mi vientre. Nunca ha sido plano, pero hasta hace una hora lo sentía vacío. Ahora que he visto la verdad... No lo sé. Siento que, por primera vez, no estoy sola .
Sigo revisando. Hay mensajes de Aron y de Liam antes del hospital. Aron me confirma que la orden de restricción contra Carter ya fue emitida. Me alegra, aunque ese idiota ya parece un recuerdo lejano.
El resto son disculpas de Aron por haberle contado a Su lo del embarazo. Así que fue él. Niego con la cabeza; no quiero saber qué se traen esos dos.
Hay mensajes de mi ex casero que decido ignorar. No volveré allí de todas formas.
Y finalmente, lo que tanto evitaba: los mensajes de mi papá. No quiero leerlos. Necesito arreglar mi propia vida antes de volver a escucharlo. Con un suspiro, me acomodo de lado y me quedo profundamente dormida.
Despierto sobresaltada, bañada en sudor y con el corazón a punto de salir de mi pecho. Miro a mi alrededor y recuerdo todo lo que ha pasado en los últimos días.
Estoy a salvo. Al menos por ahora.
Solo fue una pesadilla. El sol empieza a filtrarse por la ventana. Tomo el móvil; anoche olvidé responderle a Su.
Yo: Lo siento mucho. Por todo. Estoy bien. Solo dame un poco de tiempo y te lo contaré todo.
También paso al contacto de mi padre. Leo rápido sus peticiones de perdón. No me doy tiempo de sentir remordimiento, ni mucho menos el mismo sentimiento que me hizo querer morir.
Yo: Necesito tiempo. Me estoy quedando con una amiga. Entregué el departamento. Por favor, no me busques. Yo lo haré cuando esté lista .
Bloqueo el teléfono y me meto a la ducha.
Ojalá el agua caliente pudiera llevarse mis pensamientos.
Me tomo mi tiempo para alistarme: pantalones marrones, blusa blanca y zapatos a juego.
Dejo mi cabello corto suelto y aplico un poco de corrector, rímel y gloss.
Salgo de la habitación solo con el móvil en la mano.
El aroma a café me termina de despertar.
En la cocina, Liam prepara pan tostado con queso crema y mermelada.
—Buenos días. —Saludo. Él me dedica una sonrisa radiante que me desarma. Parece que tuvo lindos sueños mientras los míos fueron una mierda.
—Buenos días, dulzura. ¿Dormiste bien? —Asiento, esperando que mi rostro no me delate—. Estoy haciendo el desayuno. Compré café descafeinado por si quieres una taza. —Me mira fijamente con esos pozos azules—, pero solo puedes tomar una al día.
Un nudo se forma en mi garganta. ¿Por qué se preocuparía por saber lo que puedo o no puedo hacer en mi nuevo estado, si no sintiera algo real por mí? Quiero entender, pero cada cosa que hace o dice, o cada mirada con deseo y algo más, lo hacen difícil.
«¿Por qué no se lo preguntas?».
—¿Por qué haces todo esto, Liam? —susurro, apenas.
—Leí en internet que las embarazadas solo pueden tomar una taza al día y tiene que ser descafeinado, así que salí muy temprano para comprarlo —explica, y mi corazón se aprieta.
Trago un nudo en la garganta—. Hay mucho que tengo que aprender.
Tenme paciencia si me equivoco. — No puedo. No puede ser real ¿o sí?
—Liam, por favor, basta —lo interrumpo, cierro los ojos, no puedo procesar cada cosa que hace sabiendo lo que hay detrás .
Siento que se acerca, su aroma perfecto se hace más fuerte. Llega hasta mí del otro lado de la barra y me toma las mejillas, obligándome a mirarlo.
—¿Qué pasa, dulce Arya? —pregunta con una ternura que me quema por dentro—. Puedes decírmelo. Confía en mí.
Siento la humedad detrás de mis ojos.
—¿Por qué te comportas así conmigo? —Su sonrisa llega antes que sus palabras. Entiendo que lo que dirá me va a destrozar y a reconstruir al mismo tiempo.
—Desde que te vi por primera vez en ese bar, mi vida no volvió a ser la misma. Me aferré a algo que empezó a perder el sentido; lo único que tiene sentido para mí ahora, somos tú y yo.
Quiero negar con la cabeza, su agarre en mis mejillas no me deja. Mis rodillas empiezan a fallar cuando sus labios se acercan peligrosamente a los míos. Algo tibio se forma en mi pecho y empieza a expandirse des de ahí hasta cada parte de mi cuerpo.
Sus manos sostienen mi cabeza como si fuera algo frágil. No siento el suelo bajo mis pies. Tengo tanto miedo de que la verdad nos alcance.
—Hago esto porque te quiero. Tal vez no lo aceptes todavía, pero tú eres mía. Y yo siempre voy a cuidar lo que es mío.