Dulce No Venganza 34 LIAM
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Que Arya esté tanto tiempo en silencio no me gusta para nada. Han pasado tres días con sus noches y ni una sola vez ha mencionado el embarazo, ni cualquier otra cosa, para el caso.

Después de su primera noche en mi departamento, esa donde nos dejamos llevar por la necesidad y fuimos consumidos por el deseo... eligió pensar que nada pasó entre nosotros. Se está volviendo demasiado para mí.

Hoy tenemos la primera cita con la terapeuta, así que estoy llegando temprano de la oficina para llevarla. Voy a su habitación, la encuentro en el mismo lugar, en la misma posición, y mi corazón se contrae de la misma manera que el día anterior.

—¿Estás lista? —pregunto conteniendo la frustración que me provoca verla tan mal. Arya se incorpora en la cama. Toma un baño todos los días y come todo lo que le pongo enfrente; incluso empezó a preparar cosas para ella misma. Pero su boca sigue sellada.

—¿Hablaste con Susan? Puede pasar a verte cuando gustes. No eres una prisionera, vives aquí. Ahora también es tu departamento. —Intento de nuevo. Se limita a encogerse de hombros.

—¿Necesitas ayuda? —pregunto, acercándome al borde de la cama, necesito una reacción, la que sea. Niega con la cabeza. No sé cuánto tiempo más pueda soportar este maldito silencio.

—Muy bien, te espero afuera. Nos vamos en cinco minutos.

Mis pies no suenan sobre la alfombra, pero siento que castigo al suelo con cada paso que doy hasta salir de su habitación.

Me acerco a la cocina y me sirvo una copa de vino.

Necesito cualquier cosa que me relaje. No quiero asustarla, pero tampoco sé cuánto tiempo voy a soportar no saber lo que le pasa, o su silencio.

Escucho sus pasos lentos bajando las escaleras. Me apresuro con la copa y la arrojo al lava vajillas. corro en dirección de la puerta, tomo las llaves de mi deportivo y hago todo lo que creo que ella necesita de mí. Soy un completo caballero en el trayecto por el ascensor y el estacionamiento.

Arya mantiene las manos entrelazadas al frente, la mirada fija en algún punto frente a ella.

Su cara de resignación me está matando. Me pregunto si hice bien en traerla aquí.

No la forcé, ella aceptó, y podría salir si quisiera.

Es justo eso lo que no entiendo: ¿qué fue lo que le pasó esa noche al salir del restaurante que la hizo perderse a sí misma?

El maldito investigador no me dice mucho. No hay mucho.

Llegamos a mi auto, sube de buena gana. Su aroma natural a dulce me llena los pulmones y mi entrepierna reacciona.

«Ahora no, muchacho».

Intento abrocharle el cinturón de seguridad, pero ella se adelanta con un gruñido.

—No soy una discapacitada, ¡maldita sea! —grita.

«Ahí está tu reacción».

—Tranquila, está bien. Lo siento. —Me disculpo y enciendo el motor a distancia. Rodeo el capó y me siento en mi lugar, no sin antes soltar un suspiro al aire esperando que sea suficiente para seguir intentándolo con ella. —¿Quieres aire?

Tal vez hoy tenga suerte. Extraño incluso el sonido de su voz; no me importa si la usa para llamarme idiota o maldito bastardo. Solo quiero escucharla. Ella se encoge de hombros y cruza los brazos. Parece que no tendré tanta suerte .

«Intenta con algo en lo que se sienta cómoda ». ¿Cómo no lo pensé antes? Dejo que pase un momento de silencio antes de hacer mi jugada.

—Quisiera hacerte una consulta, es acerca de uno de tus reportes —empiezo con tono lento, con un toque de falsa preocupación, pero me detengo en seco—. ¿Sabes qué? Olvídalo. No quiero abrumarte con mis problemas.

Mantengo la vista en el tráfico de Los Ángeles. Siento cómo lentamente, mueve su cabeza hasta que siento su mirada fija en mi costado. Su garganta emite un sonido y finjo no escucharlo. Frunzo el ceño mientras acelero para rebasar a un par de autos.

—Haz tu pregunta. —Tres simples palabras. Dios, siento que me embriago con el puro sonido de su voz.

—¿Estás segura? Tal vez sea una tontería. —Sigo, sin desviar la mirada del camino, no digo nada más, pero siento calor por lo intenso de su mirada, está esperando que hable.

—¡Liam! —Su tono es de advertencia y mi puto cuerpo reacciona. ¡Dios! ¿En qué momento me enamoré tanto de esta mujer?

«¿Lo dijiste?»

La realidad me golpea tan fuerte que pierdo el control del auto por un micro segundo. El auto se sacude.

—Liam, ¿qué haces? —chilla—. ¿Acaso quieres matarnos?

Ha dicho más palabras en cinco minutos que en las últimas setenta y dos horas. Y solo fue necesario que pronunciara mi nombre para reconocer que estoy perdido por ella.

—Lo siento, algo se atravesó y... —Niego con la cabeza—. Lo siento tanto, bebé. —Me disculpo y llevo una mano a su muslo. Su piel se amolda a mi toque. Siento que he ganado cuando no intenta apartarse.

—No te preocupes —responde con esa voz dulce y tierna que me acelera el pulso—. Sobre la oficina, ¿qué es lo que te molesta ?

Aprovecho que hemos llegado al edificio de la terapeuta para jugar mi carta final.

—Hemos llegado. —Giro la cabeza para verla a los ojos, me tomo un minuto entero para admirar sus facciones, esos labios regordetes que me besan con rabia y deseo.

Esos ojos que me volvieron loco desde la primera vez.

Esas mejillas rosadas que poco a poco recuperan su tamaño.

Cuando separa sus labios y se le escapa un suspiro, termino—.

¿Qué te parece si mañana me acompañas a la oficina y te lo muestro?

Veo un brillo nuevo en sus ojos. Estoy a punto de conseguir algo importante.

—Está bien, Liam. Iré contigo mañana. —Me sonríe por primera vez en días y siento que he vuelto a nacer—. Ahora llévame con esa terapeuta para que podamos volver a.… a tu departamento.

—Lo que ordenes, bebé. —Sonrío y salgo para ayudarla a bajar. Deja su mano un segundo de más sobre la mía y decido que no hay nada que no haría por ella.

—Ahora estoy lista.

***

Arya tarda una hora dentro de esas cuatro paredes. Aprovecho el tiempo para hablar con mi mejor amigo.

Yo: Logré que me hablara.

Aron: Eso es bueno, ¿no? ¿Qué te dijo?

Yo: Básicamente que soy un idiota, ja. Pero se me ocurrió algo y la convencí de ir a la oficina por la mañana .

Aron: Ahí estaré. Susan está preocupada porque su teléfono sigue apagado.

Eso es extraño. Creía que ya se había comunicado con ella.

Yo: No tenía idea de que no está usando su móvil. Lo averiguaré esta noche. Pero hay algo que necesito de ti.

Aron: Lo que sea.

Yo: Necesito que generes un problema en alguna inversión o contrato. Necesito tener ocupada a Arya, enfocada en algo más. O sus pensamientos la llevarán de nuevo al puto hoyo.

Aron: Pensaré en algo.

Yo: Hay algo más. No te lo había dicho porque es pronto, pero me estoy preocupando y necesito decírselo a alguien.

Aron: Soy tu chico.

Yo: Arya está embarazada. Es demasiado pronto, pero el doctor aseguró que era así.

Aron: Santa, maldita mierda. ¿Cómo me dices esto por mensaje? No sé qué decir... ¿felicidades?

Yo: El día que salimos del hospital, Arya creyó que me debía una disculpa por eso. Intentó decir algo sobre «solucionar el problema».

Aron: No puede ser. ¿Lo harán? Mira que yo no te juzgo, hermano.

Yo: ¡¡Dios, no!! Le dije que me haría responsable. Pero el problema es que ella actúa como si ese bebé no existiera. No sé si sea por su estado o si lo que le pasó de verdad la ha traumatizado. Pero si soy honesto... tengo miedo.

Aron: La verdad es que todo se está poniendo difícil. En unos días es el siguiente golpe a su padre. ¿Qué pasará cuando se entere?

Yo: Me lo pregunto todos los días.

Guardo el teléfono y encuentro a Arya parada a dos metros de mí, con una ceja levantada.

—No quería interrumpir tu... —Señala mi mano.

—¿Has terminado? —pregunto, poniéndome de pie. Su mirada me sigue mientras me acerco. Hay un destello de luz en sus ojos .

—Sí. Y necesito pedirte un favor.

—Lo que necesites, dulzura.

—¿Podemos ir a una farmacia? —pregunta con un toque de vergüenza. Decido no hacer preguntas.

—Al fin del mundo te llevaría si me lo pidieras —digo medio en broma. Ella me sorprende con una media sonrisa y toma mi mano.

Ella. Toma. Mi. Maldita. Mano . Es como si necesitara mi toque para mantenerse firme. No quiero que termine, que ella me necesite es… No se describe con nada.

«Recuerda que yo te lo advertí. Tendrás que tomar una decisión importante más pronto de lo que te imaginas».

Llegamos a la farmacia pocos minutos después.

—¿Necesitas que entre contigo?

—No, necesito hacerlo sola. —Trago saliva. No creo que sea algo malo para su salud... tengo que confiar.

—¿Necesitas dinero?

—Estoy bien —responde saliendo del auto por su cuenta.

La sigo con la mirada todo el camino. Está nerviosa. No es la misma Arya de hace semanas, pero sé que sigue ahí dentro. Regresa más rápido de lo que pensaba; eso sí, con la respiración algo agitada.

—¿Todo bien? —pregunto una vez regresa a mi lado. Asiente.

«Oh, no. Volvemos al silencio».

—¿Hay algo en especial que te gustaría para cenar? —Eso capta su atención—. ¿Qué tal pizza con piña? —Sus ojos encuentran los míos y el brillo me dice que acerté otra vez.

—Eso sería... estupendo —dice—. Pero si no te molesta, la quiero para comer en el departamento. No tengo ánimos de estar en público.

—Entonces así será .

Recogemos las pizzas. Ella pide piña y jalapeño; yo, piña, jalapeño y tocino. Hacer esto con ella se siente como ir por el camino correcto. Cenamos en la barra; ella con agua y yo con refresco. Acabo de decidir que dejaré el alcohol en consideración a ella.

—¿Le ha pasado algo a tu móvil? —pregunto—. Aron me dijo que Susan no ha podido localizarte. Está preocupada.

Arya suelta un suspiro pesado.

—¿Me prestas tu cargador?

—Claro, no sabía que necesitabas uno. Te daré el de repuesto.

Me lo agradece con una sonrisa forzada. Siento que en ese teléfono hay algo que no quiere ver. No la forzaré.

—Lavaré los platos y me iré a acostar —me informa. Debería decirle que yo lo hago, pero soy un idiota que quiere tenerla cerca unos segundos más.

Arya va al fregadero mientras yo guardo las sobras. Terminamos al mismo tiempo y quedamos frente a frente. La tomo por la cadera y la acerco a mi pecho.

—Somos un buen equipo, ¿no crees? —susurro cerca de su cara con una sonrisa coqueta.

«Cálmate, no lo arruines».

Arya se pierde en el azul de mis ojos, mientras yo me hundo en el verde explosivo de los suyos. Como en cámara lenta, ella cierra los ojos y se pone de puntillas. Me besa. Es solo un toque, un roce rápido, pero para mí es el mejor beso de mi maldita vida.

—Buenas noches, Liam. —Se despide.

Me quedo congelado mientras escucho sus pasos en la escalera y el cierre de su puerta. Solo entonces me permito bajar del cielo. Lamo mis labios, buscando su sabor.

Dios, estoy verdaderamente arruinado.