Dulce No Venganza 33 ARYA
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33 ARYA

Despierto, envuelta en oscuridad. Me tomo unos largos minutos para analizar mi entorno.

La cama es, sencillamente, la más cómoda en la que he dormido en toda mi vida.

Extiendo mis brazos y disfruto del tacto frío de las sábanas de seda.

La luz de la luna se filtra por una rendija en la cortina y me permito recordar todo lo que ha pasado en los últimos días.

Si escribieran un libro en mi honor, sin duda sería una trágica comedia. Con mucho énfasis en lo trágico.

Me incorporo muy a mi pesar; mi vejiga está a punto de explotar.

Miro a mi alrededor en busca de un baño.

Ya con la vista adaptada a la penumbra, identifico dos puertas, además de la que da al pasillo.

Una de esas tiene que ser lo que busco. Pongo los pies en la suave alfombra y emito un pequeño gemido cuando mis dedos sienten esa textura deliciosa.

Agradezco que la primera puerta sea el baño.

Uno grande, a decir verdad: azulejos en color crema con accesorios dorados.

Moderno y elegante. Corro al retrete y vacío mi vejiga; no puedo creer que haya dormido tanto tiempo.

Al terminar, me detengo frente al lavabo.

Mientras me lavo las manos, miro mi reflejo en el espejo.

Creo que es la primera vez que me veo a mí misma en una semana o más.

Soy, sencillamente, un desastre. Mi cara está demacrada, con sombras oscuras bajo los ojos. Tengo los labios pálidos y resecos, mi cabello... ¡Dios !

«¿Cómo dejaste que Liam me viera así? ¿Cómo dejaste que cualquier persona me viera así?»

Me lavo la cara con agua fría y encuentro un cepillo de dientes nuevo en el primer cajón. Lo utilizo y pellizco mis mejillas para intentar recuperar algo de color.

En este preciso instante, mis tripas emiten un sonido brutal.

Están a punto de devorarse unas a otras.

Salgo del baño y camino hacia la puerta.

Me detengo con la mano en la manija. He tratado de no pensar demasiado en las cosas; si no les doy importancia a los acontecimientos, tal vez salga bien librada de aquí en un par de semanas.

Salgo de la habitación y noto que estoy en un segundo piso. La cocina debería estar en la planta baja, así que, mirando con cuidado hacia todos lados, bajo las escaleras. Abajo todo está iluminado, pero lo que realmente me guía es el aroma a comida. No sé qué es, pero huele delicioso.

Mis ojos se encuentran con los de Liam y, ¡maldición!, desearía que mi corazón no reaccionara de esta forma cada vez que lo veo. Él me sonríe. Y, mierda, mi corazón se salta un latido.

—Hola, bella durmiente. —Liam me mira con una sonrisa cálida, no es la provocadora ni la siniestra, quisiera que fuera una de esas y no esta que me da más de eso que no puedo permitirme tener—. Estaba a punto de ir a despertarte, necesitas comer algo.

De repente siento la boca seca. Intento tragar y me duele.

—¿Estás bien? —me pregunta cuando nota que me he quedado paralizada mirándolo. Sacudo la cabeza para centrarme.

—Sí, estoy bien, solo un poco confundida. Aún trato de comprender qué es lo que hago aquí. —Miro alrededor; el departamento es muy bonito, lleno de muebles lujosos, pero le falta carácter, nada de lo que hay aquí me dice algo de Liam.

—¿Te gusta? —pregunta él al notar que me he perdido de nuevo .

—Es muy bonito. —Me encojo de hombros—. Algo huele bien.

¿Qué es? —Mi estómago confirma el pensamiento con un rugido.

Liam camina hacia la estufa, abre el horno y saca un recipiente humeante que se mira exactamente igual a como huele.

Delicioso. Dejar de comer fue un castigo para el que no estaba lista.

—Hice lasaña. Es una de las pocas cosas que puedo cocinar sin terminar quemando la casa. —Eso me arranca una pequeña risita, hasta que un pensamiento paranoico me asalta.

«¿Y si nos envenena? ¿Y si esa es su forma de deshacerse de nosotras?».

No puedo decir nada sin delatarme y esto se está volviendo cada vez más extraño. Liam no ha mostrado interés en hacerme daño físico, al menos. Y verlo sacar el recipiente y maniobrar como un experto no me da oportunidad para pensar en nada más.

—Por favor, siéntate. Serviré dos platos —dice con el tono más amigable que le he escuchado, y mira que ya he escuchado muchos tonos distintos saliendo de su boca.

Me acerco a la barra y me siento en silencio, dejando que sirva las porciones. Me acerca un vaso de agua fresca y se sienta frente a mí.

—Adelante —dice. Se me hace agua la boca; la lasaña se ve increíble; corto un pedazo con el tenedor sin llevármelo a la boca.

No quiero mirarlo a los ojos por temor a que me descubra. Entonces, Liam se lleva un gran bocado a la suya. Verlo comer es como aire puro entrando a mis pulmones.

Me llevo el primer bocado a la boca y me pierdo. No reacciono hasta que he terminado todo el plato. Incluso paso un dedo para recoger el resto de la salsa y comérmelo. No conozco la vergüenza en este momento.

—Puedo darte una porción extra. —Me sobresalto. De verdad me había olvidado de Liam. Niego con la cabeza rápidamente.

—No, no es necesario. Estoy satisfecha .

Nos miramos a los ojos por lo que parecen horas. Veo las preguntas acumulándose en su mirada, pero no salen de su boca, igual que sucede conmigo. Finalmente, suelto un suspiro y me levanto.

—Bueno, creo que regresaré a la habitación.

—Espera. —Su mano toca la mía y siento un escalofrío recorriéndome desde esa parte que toca hasta la columna vertebral—. Tengo algo para ti, sígueme.

Rodea la barra y camina hacia la sala de estar. No protesto y lo sigo. Se detiene frente a la mesa de centro, donde hay varias bolsas. Las toma y me las extiende.

—Estas son algunas de tus pertenencias que pudo recuperar tu amiga. Tu teléfono está ahí. —Asiento, aliviada—. También me tomé la libertad de comprar vitaminas prenatales y todo lo que me ofrecieron en la farmacia.

Ah, sí... Ese detalle.

«Parece que no vas a poder olvidarte de eso». Trago saliva; he intentado no pensar en esa parte de mi vida, todavía no se siente real. Tomo las bolsas.

—Gracias.

«¿Solo eso le dirás?». ¿Qué más puedo hacer? Estoy atrapada con él y le daré un hijo al hombre que odia a mi familia. Con una razón justa, pero aun así... No veo cómo terminará todo esto.

Liam asiente con las manos en los bolsillos. Ojalá no se viera tan condenadamente atractivo. Empiezo a caminar hacia las escaleras, pero su voz me detiene de nuevo.

—Cuando estés lista para hablar de lo que pasó, estaré aquí. Solo quiero ayudarte. —Me duele que sus palabras suenen tan sinceras. No tengo esperanzas en esto, pero no puedo evitar sentirlas.

No sé si algún día estaré lista, pienso para mis adentros. Al subir, veo una luz encendida por debajo de una puerta al otro lado del pasillo. Debe de ser su habitación. Y no puedo evitar que algo se caliente dentro de mi cuerpo.

—Esa es mi habitación —La voz de Liam, justo detrás de mí, hace que se me erice la piel. Me sobresalto y dejo caer las bolsas—. Deja que te ayude. —Se agacha al mismo tiempo que yo y chocamos nuestras cabezas con fuerza.

—¡Ah! —grito por el impacto. Me levanto frotándome la frente y nos miramos, ambos con la mano en el lugar del golpe. De pronto, nos reímos. Creo que nos afectó el golpe.

—Vamos —me dice, extendiéndome la mano. No tengo fuerzas para resistirme; Liam me provoca algo que no puedo descifrar, Me gusta más de lo que lo odio.

En realidad, no lo odio en lo más mínimo. Ese es el problema principal.

Tomo su mano y caminamos hasta mi habitación. No me suelta cuando deja las bolsas en la alfombra, ni cuando avanzamos hasta que mis piernas tocan el borde de la cama. Mi respiración se acelera y humedezco mis labios con la lengua. La mirada de Liam es tan intensa que me obliga a retener el aliento.

Levanta una mano y acaricia el lugar del golpe.

—¿Te duele? —susurra. Bebo de su aliento. Sacudo la cabeza.

—Quiero besarte, Arya —dice. Siento que mi ropa interior se humedece al instante. Yo quiero que me bese—. ¿Puedo besarte, dulce Arya? —me pide permiso y eso, de alguna manera, me enciende más—. Por favor —suplica.

Si alguien me hubiera dicho que el hombre más deseado de la ciudad se interesaría en mí, lo habría tomado por loco. No sé qué nos depara el destino, pero sé que, si no lo beso ahora, podría morir de una combustión espontánea.

Me pongo de puntillas, rodeo su cuello con mis manos y le doy la respuesta cuando mis labios se pegan a los suyos. Dejo todo lo que soy en este beso. Mi aliento entrecortado, mis deseos, mis sueños y lo mucho que me hace necesitarlo.

Liam rodea mi nuca y me atrae cerca de él.

su beso es hambriento, desesperado. Gruñe cuando nuestras lenguas se encuentran.

Yo jadeo por más hasta que muerde mi labio inferior y pierdo toda capacidad de cordura.

Siento su sabor recorrerme, embriagarme, hasta que todo lo que conozco empieza y termina con Liam Blake.

Sus manos bajan por mi cintura hasta mi trasero y lo aprieta con fuerza, arrancándome otro gemido. No puedo parar ahora. Mi cuerpo se llena de un deseo que nunca antes había sentido. No quiero pensar en el mañana, solo quiero este presente.

—Liam, te necesito —jadeo contra su boca. Él me levanta por los muslos y rodeo su cintura con mis piernas. El calor es un incendio que me consume—. Siento que me quemo.

—Entonces ardamos juntos, dulzura.

Nos arrancamos la ropa y caemos presos de la lujuria. Liam se cierne sobre mí y, por primera vez, me siento protegida en medio de esta locura. Separo mis piernas para él.

—Estás empapada... puedo oler tu excitación. —gruñe contra mi boca, es puro deseo lo que sale de él. deseo por mí—. Quiero probarte —dice más como un hecho que como una pregunta. No espera mi aprobación, empieza a bajar por mi cuerpo, disfruto cada roce mientras lo hace.

Entonces llega a la fuente de mi calor y hace lo que quiere conmigo. Me besa los pliegues, me lame, chupa, y también muerde. Se alimenta de mí y me hace olvidar mi maldito nombre, mi pasado y el desenlace tan doloroso que nos espera.

Dejo que Liam me posea con su lengua, llego al clímax dos veces antes de que se canse de mí y regrese a mis labios con el rastro de mi propio placer brillando en su boca .

—¿Me quieres dentro de ti? —pregunta, necesitado. Asiento frenéticamente. Si solo tengo este momento, lo voy a tomar con las dos manos.

Busco con mi mirada ese momento, en el que me penetra y me llena igual que la primera vez. Es una envestida larga y profunda que me hace doblar la espalda y echar la cabeza hacia atrás. Las estrellas aparecen detrás de mis párpados.

Grito, gimo su nombre. Liam Blake me toma hasta dejarme sin sentido. Sus embestidas cada vez más duras, cada vez más profundas, consumen cada parte viva o muerta de mí alma. Para con el siguiente movimiento, reconstruirme por completo.

—Mírame bebé —jadea. Mis ojos lo encuentran, con labios separados, sudor recorriendo su frente, pura adoración en sus ojos y el tercer orgasmo me golpea como nunca en mi vida.

Maldice antes de tomar mi boca con la suya y liberarse dentro de mí. Con ese beso mi alma y la suya se fusionan y no sé cómo mierdas voy a poder salir de eso.

No deja de besarme cuando termina, su cuerpo se relaja sobre el mio, sus manos a cada lado de mi cabeza, pasa de los besos intensos y a los suabes a los que llevan sentimientos hasta que nuestras respiraciones se estabilizan.

Cuando por fin sale de mi cuerpo, pienso que se irá, exactamente igual que la última vez.

No lo hace. Sale de la cama y me sorprende cuando regresa del cuarto de baño con una toalla humedecida con agua caliente.

Separa mis piernas con delicadeza para limpiar mi piel sensible con un cuidado que me vuelve a desarmar.

¿Cómo el hombre que me odia, puede tratarme así de bien?

—¿Qué pasa, dulzura? —pregunta al ver mi expresión de pánico silencioso—. ¿Fue demasiado?

Su preocupación derriba mi última barrera .

Sacudo la cabeza, me levanto de la cama y me siento en el borde, tomando la cobija y cubriéndome con ella.

—No podemos seguir haciendo esto, Liam. Yo no estoy bien y tú... —Me detengo con el nudo de la verdad en la garganta—. Hay demasiadas cosas entre nosotros. No soy buena para ti, ni tú para mí. No te conozco. —Concluyo con los hombros hundidos.

Liam me toma de la barbilla, obligándome a sostenerle la mirada. Su intensidad es abrumadora. Un hombre tan fuerte que ha pasado por tanto y que ahora está atado a la mujer menos indicada.

—Lo resolveremos. Todo. Cada maldita cosa. Juntos. —Parece una promesa. Quiero creerle. Mi maldito corazón lo hace.

—No tenemos tiempo, Liam —susurro, derrotada mentalmente. Él sonríe y sus palabras terminan de volarme los sesos:

—Solo tenemos el resto de nuestras vidas, dulce Arya.