32 LIAM
No era así como quería que Arya se enterara del embarazo, de hecho, estaba esperando que la posibilidad se quedara en eso, en solo una posibilidad. Esta confirmación también es un choque para mí.
No son las mejores circunstancias y, ciertamente, nunca antes lo había hecho sin protección.
Arya está haciendo algo conmigo y ni siquiera me estoy dando cuenta.
Tampoco es como que pueda detenerlo. Además, en su condición mental o sentimental actual, no sé si saber lo del embarazo pueda ser contraproducente.
Espero que no empeore su cuadro depresivo.
El silencio y la tensión se extienden en la habitación del hospital. Arya no puede procesarlo, su mirada esta clavada en la nada, no estoy seguro de que pueda hablar ahora mismo.
—Muchas gracias, doctor, me encargaré personalmente de que mi prometida esté a salvo y segura. Acudiremos a la terapia. —Confirmo—. Ahora, si nos disculpa, me gustaría llevar a mi mujer a casa.
¡Mi mujer! ¡Mía! ¡Qué bien se siente!
Al doctor no le queda más remedio que asentir, me entrega el alta y nos deja solos.
Esta podrá ser una institución comprometida, pero todos sabemos que el dinero es lo que mueve al mundo.
Así que me aseguré de que Aron dejara una muy buena donación en mi nombre.
Eso fue suficiente para dejar de hacer preguntas.
Arya sigue perdida en sus pensamientos. Lentamente regreso mi mano a su espalda para traerla de vuelta .
—¿Quieres cambiarte? traje algo de ropa que compré de camino, solo en lo que averiguo si podemos recuperar tus cosas.
No sé qué pasa por la mente de Arya, pero asiente y eso ya se siente como una victoria. Le extiendo la bolsa de ropa y la toma. Baja de la cama, ha recuperado gran parte de su fuerza, sería demasiado si intento seguirla al cuarto de baño, así que la dejo ir por su propio pie.
No dejo de ver el reloj hasta que sale de ahí. Pasan quince minutos desde que el agua de la ducha se enciende. No creí que tuviera fuerza para tomar un baño, pero me equivoqué. Y son los mismos quince minutos en los que lucho conmigo mismo para no entrar ahí y asegurarme de que esté bien.
Cuando sale, su mirada sigue extraviada en algún lugar lejano de aquí. Dijo que hablará con su amiga para pedirle hospedaje, no la dejare hacerlo. Menos ahora que… las consecuencias son para los dos.
—Vamos, te llevare a casa, dulzura. —Mi apodo para ella parece sacarla del trance. Su cabeza gira en mi dirección y sus ojos llenos de un brillo diferente me paralizan en mi lugar.
—Perdón —dice en apenas un susurro. Su mirada dura poco en la mía. De pronto me evita e intenta llegar a la salida.
«¿Se está disculpando? ¿Por qué?». No lo sé.
Me adelanto antes de que pueda salir por su cuenta. Abro la puerta para ella y tomo su mano. Me deja hacerlo, pero no se me escapa lo tenso que se pone su cuerpo en cuanto lo hago. Es como si me tuviera miedo.
Quiero hablar, pero en este momento solo pienso en que se recupere; Y vaya que los temas son realmente muchos.
La razón de su depresión, la maldita orden que puso para ese tal Carter, la pérdida de su departamento. La cuestión de quién es su padre y, ahora, también un hijo nuestro.
Es mucho, incluso para mí .
Atravesamos el hospital con las manos entrelazadas. Ninguno dice nada durante el lento trayecto. Una vez fuera, parece que el aire fresco la hace entrar en razón porque me suelta la mano como si le quemara. Se aleja y reconozco que su fuerza ha regresado. O al menos finge que lo ha hecho.
—Gracias por ayudarme a salir, ya has hecho mucho por mí. Espero algún día poder pagarte. —Palabras frías es lo que escucho de sus labios. No me gusta—. Esperaré a Susan, debes estar ocupado. No te quito más tu tiempo —suelta con ese tono que me dice que ha terminado.
Su actitud me hace querer inclinarla y azotarla. En el club no le mostré nada de lo que tenía planeado, porque lo único que quería era demostrarle lo mucho que la deseaba.
—¿Qué demonios estás haciendo? —gruño. No quiero que suene así; de hecho, era un diálogo interno, pero, en serio, ¿qué demonios está tratando de hacer? Sacudo la cabeza.
No dice nada, se encoje de hombros como si no importara nada de lo que nos está pasando.
—Arya, háblame —le pido, me acerco hasta que no le queda más remedio que enfrentarme y mirarme a la cara. Lo hace como si no supiera ni por dónde empezar.
«Dale tiempo».
—Vamos, te llevaré a casa. —Intento de nuevo. Esta vez le extiendo la mano.
—Creí entender que perdí mi departamento —susurra con voz cansada.
—Es verdad —digo con el tono más calmado que tengo—. Te llevaré a mi departamento. —Sus ojos se abren tanto que me muestra ese tono dorado en el centro de sus iris—. ¿Qué? —pregunto cuando de nuevo se queda sin palabras .
—No puedo ir contigo. Ya me he disculpado, lo arreglaré. No tienes que preocuparte de que te exija nada. —Ese maldito tono no me gusta. Mierda. Lo odio en ella.
¿Lo arreglará?
«No se está refiriendo a.…». Un frio me recorre el cuerpo desde los pies hasta la cabeza. Lo que Arya quiere arreglar es malditamente mío también.
La opresión llega directo a mi estómago. La bilis se acumula en mi garganta. No puede estar pensando en eso, ¿o sí? Claro, es su cuerpo, pero el error fue de los dos. Deberíamos, al menos, tomar la decisión juntos.
—No te entiendo, Arya, pero entre más pronto me expliques, más pronto podremos salir de este lugar. —Miento queriendo asegurarme de mi pensamiento. Se me está agotando la paciencia.
—Hablo del embarazo —susurra con labios temblorosos—. Lo arreglaré. —Trago saliva y bilis. Mis pies se sienten pesados. Tengo que mantener el control, aun no estamos lo suficiente lejos del hospital de mierda en el que caímos.
—¿No lo quieres? —pregunto en un hilo, cerrando la distancia nuevamente y obligándola a verme a los ojos. Mi mano sube a su barbilla, no la soltaré hasta encontrar la respuesta en sus ojos. No solo la respuesta, quiero la verdad.
—Tú... ¿Tú sí? —Me estremezco. No sé la respuesta a eso. Significa un cambio grande. Ademas, está toda la cuestión de su padre y lo que estoy haciendo para verlo caer.
No dejaré de hacerlo; en algún momento Arya se dará cuenta. ¿Qué hará cuando sepa la verdad? ¿Qué haré yo?
Me pierdo en toda esta mierda y los ojos de Arya brillan con lágrimas contenidas. Que Dios me ayude, porque lo que voy a decir va a cambiar nuestras vidas para siempre.
—Sí, Arya. Es nuestro. Lo quiero. Y te quiero a ti de vuelta. —Su jadeo me toma por sorpresa. Una lágrima rueda por su mejilla. Quiero tanto de ella que acerco mi cara a la suya y recojo la lágrima con un beso tierno—. Lo quiero si es contigo.
La mirada que me da es pura confusión. No sé qué está pasando por su cabeza, pero si me da la oportunidad, lo resolveré todo. Niega con la cabeza.
—No lo entiendo —dice, y su corazón se acelera; lo siento en el movimiento de su pecho—. Tú me dejaste y me olvidaste. —susurra con dolor palpable. Entiendo que lo que hice fue suficiente para desencadenar su comportamiento. Dios, no encuentro por dónde empezar a corregir tanto.
—Lo sé y lo siento. —Sigo acariciando su mejilla—. Déjame compensarlo —le pido.
Arya niega con la cabeza. Tiene una batalla interna, quisiera conocer sus cargas para llevarlas por ella.
«Eso es tierno de tu parte y se parece mucho al amor».
—No puedo —dice con el ceño fruncido. No dijo que no quiere, dice que no puede. Podría entender lo primero, ¿pero lo segundo?
—Pero vamos a tener un hijo —le recuerdo—. Además, tengo que encargarme de llevarte a las sesiones. —Intento pensar en más excusas que la hagan aceptarme. No se me ocurren más.
Cuando no hace nada por responder y desvía su mirada la tomo del mentón para obligarla a verme de nuevo.
—De ninguna manera, Arya —le advierto—. Si no me aceptas como hombre, puedo aceptarlo.
De momento —le aclaro—. Pero soy tan responsable de esto como tú.
Y me haré cargo. Tengo un departamento y tú no.
Tengo un trabajo y dinero y tú... —Me detengo antes de seguir con el hilo de eso—.
Bueno, el trabajo en BLAKE es tuyo si decides volver.
Honestamente, espero que lo hagas; unas semanas sin ti y todo es un completo caos.
Sonrío amargamente. No es una mentira del todo. Yo soy puro caos sin ella .
—Te necesito, Arya. Al menos piénsalo. —Parece considerarlo y en sus ojos veo que sigue empeñada en negarse—. Déjame cuidarte. Unos meses, cuando menos. Estás pasando por muchos cambios. Me necesitas —agrego en una súplica—. Y quiero hacerlo. Por ti y por nuestro hijo.
No sé qué tanto pasa por su cabeza ahora mismo, pero después de tragar el nudo en su garganta, por fin se rinde y asiente.
—Solo por unos meses. —Condiciona.
—El tiempo que necesites. — O el que necesite yo para convencerte de quedarte. Eso no tiene que saberlo. Extiendo mi mano y ahora sí la toma.
Sus ojos cansados se cierran en cuanto entra al auto y se pone el cinturón. Se ve tan dulce cuando duerme que no quiero despertarla.
Cuando por fin llegamos a mi departamento, rodeo el auto y abro la puerta del pasajero para tomarla en mis brazos. Su cabeza se entierra en mi cuello y la escucho susurrar algo inteligible. Subo por el ascensor y me las arreglo para entrar sin soltarla ni una sola vez.
Cierro la puerta con una patada silenciosa y subo al segundo piso. Me detengo a pensar si debería llevarla a mi habitación.
«Tal vez eso la asuste». Sí, tienes razón. Al final voy a la habitación de huéspedes. En cuanto cruzo la puerta, se despierta; los hermosos ojos de Arya me buscan; y entonces sonríe con una mescla de amargura.
—¡Oh! Esto de verdad está pasando —dice resignada, como si esperara que todo fuera una mala broma.
—Lo siento, dulzura, esto es muy real —le aseguro con una sonrisa burlona—. Estamos en esto juntos, para bien o para mal.
—Sí, eso es lo que pensaba —susurra antes de cerrar los ojos de nuevo. La acuesto en el centro de la cama y la cubro con la colcha mullida .
—Duerme, bebé. —Le doy un beso en la frente. Admiro su rostro y mi corazón se agita al verla así, tan vulnerable y perdida. Tengo que salir antes de hacer una locura, apago la luz y la dejo descansar.
Cuando regreso a la sala, un mensaje hace vibrar mi celular. Es el que estaba esperando.
Aron: Ya se enteró del robo, el seguro no lo cubrió. Perdió miles, si no es que millones.
Le sonrío a la pantalla. El contraste de sentimientos me hace estremecer un poco. Por un lado, está el miedo de Arya y por otro, la adrenalina de por fin hacer algo de justicia.
—Y solo es el primer golpe. Te quitaré todo. Incluyendo a tu hija. Sin quererlo, también tu descendencia será mía —juro en voz alta—. Y será tu hija la que voluntariamente se quede conmigo.