31 ARYA
Me dolía tanto la cabeza, que fue el pretexto perfecto para que me dejaran hasta el día siguiente.
No tuve que actuar mucho, la verdad es que me siento vacía.
Mi cuerpo tiembla y siento un frío que me cala los huesos.
Me hago un ovillo en la cama de hospital, asimilando que no han dado señales de querer dejarme salir pronto.
Susan no se ha separado de mi lado en todo el día. Me hicieron nuevos análisis e hizo lo imposible para que la dejaran entrar conmigo. Dice que no me dejará sola, nunca más. Para siempre es mucho tiempo, pero en este momento no tengo ánimos para discutirle nada.
—Habla conmigo, Ary. —Me pide Su por cuarta vez en el día.
—No tengo nada que decir. Estoy bien. —Mi amiga me mira con ojos tiernos, casi dolorosos. Si tan solo supiera...
—Sigues diciendo lo mismo. Arya, tienes que hablar. El doctor... —Su voltea para todos lados, vigilando que nadie escuche, antes de seguir—. No me gusta cómo te mira. Temo que pueda pensar que eres un peligro para la sociedad o para ti misma. ¿Y si se le ocurre mandarte a una institución mental?
Frunzo el ceño, confundida y un poco asustada, porque veo que mi pensamiento de antes, no es solo mío. Su también lo piensa.
—Sé que suena exagerado, pero lo del cuadro de depresión... —Niega con la cabeza—. No es bueno, amiga. Este es un hospital privado y creo que se van a tomar muy en serio tu caso.
—¿Hospital privado? Pero yo tengo seguro, ¿cómo es que...?
Liam.
«¿Acaso hay otro?», se burla mi conciencia. Me temo que no. No hay nadie más. Para bien o para mal, Liam me tiene atrapada. Mental y emocionalmente.
—Se lo pagaré. Algún día —susurro. Hay tanto que le debemos...—. Pero ahora tienes que ayudarme a salir de aquí.
—Eso intento baby, pero no me dan ningún tipo de información. Puedo llamar a Liam; él firmó como responsable. —lleva su mano hacia atrás para buscar su teléfono.
—¡Espera! —Quiero gritar que no, que no lo necesito, pero la realidad me golpea: él me trajo aquí, y creo que, por ahora, solo él tiene el poder para sacarme de este lugar.
—¿Me prestas tu teléfono? Tengo que hacer una llamada. —Extiendo la mano, pero de pronto recuerdo que no me sé su número y me llevo la mano a la cara con frustración—. Olvídalo, no tengo su número.
Susan traga saliva, inquieta.
—Yo... tengo el número de Aron. ¿Tal vez podría llamarle?
—Suena nerviosa; ella nunca lo está, por nada ni por nadie.
¿Por qué siento que me estoy perdiendo de algo?
Será tema para otra ocasión. Ahora lo que necesito es que me saquen de este lugar.
No estoy loca y no dejaré que piensen lo contrario.
Susan se levanta para hacer la llamada. La observo dar vueltas, moviendo su peso de un pie a otro. Cuando le responde, su voz se vuelve extraña: nerviosa y sexy a la vez. Niego con la cabeza, sorprendida. Tarda solo unos segundos, pero cuando regresa hacia mí, tiene la cara enrojecida de vergüenza.
—Después me contarás todo lo que está pasando, ¿de acuerdo? —digo solo para que sepa que lo he notado.
—Lo prometo. —Asiente y suspira—. Aron dice que Liam no está disponible por el resto del día, pero que mañana por la mañana pasará a verte. Y que, si el doctor lo considera conveniente, él mismo exigirá tu alta.
Lo primero que procesa mi cerebro es que Liam no está disponible. Ayer estaba aquí, hoy no está disponible . ¿Qué puede ser tan importante? Quiero convencerme de que no me importa, pero sería mentira. Y ya no puedo con tantas mentiras en mi vida.
—Oh. —Es lo único que logro decir. Desvío la vista de mi amiga al plato de comida que trajeron hace un rato. Si antes de la llamada no tenía apetito, ahora lo he perdido por completo.
—Eso no. Ni se te ocurra. —Me amenaza Susan acercándose y tomando el plato en sus manos para ella misma alimentarme—. Si no te acabas el contenido de este plato, te las verás conmigo, y te aseguro que las medidas del doctor no serán tan fuertes como las mías.
Sé que tiene razón. Si quiero salir de aquí, tengo que demostrar que estoy sana y que lo que pasó esta última semana no se repetirá.
«Pero, ¿es verdad? ¿No se repetirá?», me pregunta mi sombra. Eso espero.
Termino el puré y el pollo a la plancha. Me siento tan llena después de matarme de hambre que mi estómago amenaza con regresar todo. Me llevo la mano a la boca, tomando respiraciones profundas para calmar las náuseas.
—Oye, ¿qué pasa? —Susan pasa su mano por mi espalda, ayudando un poco con la sensación.
—Ya estoy bien. Creo que fue por no haber comido en días. —Arrugo el rostro, odiando haberlo confesado en voz alta. Susan se tensa a mi lado.
—Si no quieres decirme lo que pasó, todavía... —Hace hincapié en esa palabra—. Está bien. Lo harás cuando estés lista. Pero tienes que tener una versión de los hechos, una que pueda ser del dominio público y que te ayude a salir de este lugar .
Tiene razón, pero no encuentro una excusa creíble y justificable para lo que hice.
¿Quiero morir? Absolutamente no.
¿Me siento culpable por lo que hizo mi padre? Absolutamente sí.
¿Estoy enamorada del hombre que tiene todos los motivos para destruirme? Desgraciadamente, también es un rotundo sí.
«No es como si pudieras controlar de quién enamorarte», Lo sé, y esa es la peor parte.
***
Mi segunda mañana en este lugar de miedo, convenzo a Susan para que vaya a bañarse a su casa y me consiga un poco de ropa.
Espero que mi departamento siga siendo mío; recuerdo vagamente que tumbaron la puerta y el casero no estará nada contento con eso.
De hecho, creo que esa es razón suficiente para sacarme de ahí.
Tantas cosas están mal en mi maldita vida. Me pregunto si mi error fue nacer.
He estado jugando con mi fruta de desayuno un buen rato, no quiero arriesgarme a que me regañen, así que devoro la papaya ignorando el aroma desagradable. Solía gustarme; no entiendo por qué hoy me causa tanta repulsión.
No me doy cuenta de que la puerta se abre hasta que ese peculiar aroma, fuerte, amaderado y varonil, que reconocen cada uno de mis sentidos, llena mis pulmones con la siguiente respiración.
Levanto la cabeza y ahí está. Poco más de una semana sin verlo, excepto en mis pesadillas, en las que viene por mí para terminar lo que empezó.
Luce aún más grande y fuerte que antes. ¿Es eso posible? Lo que no es posible es la reacción de mi estúpido cuerpo que quiere desesperadamente correr a sus brazos, que me cubra con ellos y no me suelte jamás .
Trago el bocado de fruta con demasiada fuerza y se me atora en la garganta. Me olvidé de masticar en el momento en que mis ojos lo vieron así, tan perfecto entre lo formal y lo casual. Su cabello rebelde, un poco más largo... Dios, voy a morir.
Empiezo a toser y Liam se acerca con solo tres pasos largos. Me da golpes suaves en la espalda y sopla en mi cara. Lo único que me faltaba .
—Respira, dulzura, respira —me ordena.
No puedo morir delante de él. Embriagarme de su aliento sería una buena forma de irme al otro mundo, pero no sé si estoy lista para hacerlo. Me doy un golpe en el pecho y el bocado finalmente baja por mi garganta.
—Eso es, buena chica. —Me estremezco, y no es por el casi ahogamiento, sino por esas dos palabras que suenan pecaminosamente calientes en su voz.
—Gracias —digo recuperando el aliento. Paso la mano por mi pecho, Liam mantiene su mano en mi espalda. Su calor se filtra a través de la bata y poco a poco me consume—. Por todo. Susan me contó lo que pasó.
—Debí saber que algo andaba mal cuando no respondías mis mensajes —dice tranquilo, sin el rastro de odio que esperaba.
—¿Me buscaste? —Mis ojos van a los suyos, tan azules que temo ahogarme de nuevo.
«Ay, niña, estás perdida».
—Sí, hubo una cuestión en la oficina y quería pedirte ayuda.
—Ah, sí, claro... —Maldito corazón, que siempre espera más. No se puede esperar más, talvez… solo dolor—. Espero que lo resuelvas.
—Y yo espero que podamos resolverlo juntos. En equipo. —sigue con ese tono entre suave y autoritario. Eso me confunde. ¿Por qué me querría cerca? Yo soy la hija del asesino de sus padres. Maldita sea, yo no podría soportarlo de estar en su lugar .
«Tal vez se enamoró de ti, o tal vez no ha terminado con su venganza, eso sería triste»
—Lo segundo es lo más seguro —suelto, respondiéndole a mi conciencia en voz alta. Cierro los ojos al darme cuenta del error.
Cuando los abro, Liam tiene el ceño fruncido y una sonrisa torcida en sus labios que me hace olvidar la razón por la que se acercó a mí. Es tan hermoso que olvido todo cuando está cerca.
—Lo siento, no era para ti.
—¿También hablas con tu conciencia a menudo? —pregunta. Abro la boca sorprendida, su mano llega a mi mentón para regresarla a su lugar. El toque es suave. Perfecto.
Me encojo de hombros y miro hacia la puerta. Tal vez solo busca confirmar que estoy realmente loca para internarme en un centro psiquiátrico. No se lo permitiré.
—Yo lo hago, ¿sabes? —confiesa—. Es muy molesta y a veces quisiera ahogarla en un río, pero otras veces sabe exactamente lo que necesito escuchar.
Pienso exactamente lo mismo de la mía; no se lo digo.
Sus manos desaparecen demasiado pronto de donde seguía tocándome. Siento que se me agota el tiempo. Hay tanto que quiero preguntar, pero primero necesito salir de aquí.
—No estoy loca, Liam. Lo que me pasó fue una estupidez, reconozco mi error. Iré a terapia, pero te pido que me ayudes a salir.
Sus ojos me examinan, buscando la verdad en mi rostro.
—Yo no creo que estés loca, Arya. Escuché tu petición y ya solicité tu alta. Solo tenemos un pequeño problema.
—¿Qué problema?
—Tu departamento esta clausurado. Fui a revisar esta mañana y el casero tomó medidas después de que yo destrozara la puerta para buscarte .
Entierro mi cara entre mis palmas. Sabía que esto pasaría.
—Pero... ¡No puede ser! Mis cosas, mis muebles...
—No me disculparé por lo que hice Arya. —Esta vez su voz es más firme—. De no haberlo hecho, mierda, no quiero pensar en lo qué habría pasado.
Tiene razón. Estoy siendo infantil con algo que yo misma provoqué.
—Olvídalo, son solo cosas materiales. Le pediré a Susan que me deje quedarme con ella. Solo tengo que encontrar empleo y un nuevo lugar.
Liam sonríe, pero veo tensión en su rostro. Parece querer decir algo, pero la puerta de la habitación por fin se abre. No es Susan como esperaba. Es el mismo médico que piensa que estoy mal de la cabeza.
—Señorita, entiendo que ha solicitado su alta. —Se detiene al borde de mi cama. Liam no se aparta de mi lado, al contrario, siento que se acerca un poco más—. Su prometido ha firmado un documento donde se compromete legalmente a llevarla a terapia semanal por el próximo mes.
Dejo de escuchar después de la palabra prometido. Liam se pone rígido, entrelazando sus manos a su espalda. Algo me dice que la única forma de salir de aquí es aceptando su versión.
—Disculpe, ¿qué ha dicho? —pregunto regresando de mi mente.
—El señor Blake dice ser su prometido. ¿Es eso cierto? ¿O es un buen momento para llamar a la policía? —Mierda. Trago saliva. No desvío la mirada del doctor que está tratando de sacar una verdad dolorosa para hacer todo más difícil.
Siento como el cuerpo de Liam se tensa a mi lado, no lo miro, simplemente actúo. Lo que sea menos la policía .
—Disculpe, doctor, me refiero a la parte de la terapia, no me quedó claro. —Finjo inocencia. No parece funcionar .
Está claro que el doctor no nos cree. Ni a mí, ni a Liam. Entonces hago lo único que puedo: tomo la mano de Liam, tiro de él hasta que se inclina y su cara termina delante de la mía, no lo pienso, lo beso.
Pego mis labios a los suyos sin saber que esperar. Hasta que siento su mano en mi nuca para profundizar. Liam me besa como si yo fuera la dueña de su próximo aliento y eso es algo imposible de fingir. Lo que me hace pensar que de verdad me he vuelto loca.
—Gracias por todo, mi amor —susurro al separarnos—. Te prometo estar bien para ti y para mí.
—También sería bueno que lo hiciera por el hijo que crece en su vientre —remata el médico dejándome sin aliento—. Aún es pronto, pero no hay duda. La hormona está presente. Usted está embarazada.
¡Embarazada!
¿Embarazada? ¡Oh mi maldito Dios!
¡Embarazada!