Dulce No Venganza 26 ARYA
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26 ARYA

No sé qué me decepciona más: haber tenido la mejor noche de sexo de mi vida sabiendo que no volveré a repetirla porque renuncié a mi empleo y a todo relacionado con el apellido Blake, o que el hombre que me sanó de tantas cosas sin siquiera darse cuenta, no se haya molestado en buscarme hoy.

«Recuerda que su comportamiento tóxico fue lo que nos hizo salir corriendo en primer lugar. No queremos un hombre así en nuestra vida»,

Lo sé, lo sé. Pero haber tenido esa explosión sensorial y que luego haya un silencio absoluto por su parte... duele. Un poco.

«¿Acaso esperabas que te enviara flores a la oficina donde ya no trabajas, o que te declarara su amor eterno?».

¿Sabes qué? Olvídalo. Contigo no se puede hablar.

Me levanto de la cama con movimientos torpes, sintiéndome adolorida en todas las partes correctas.

Cada músculo de mis muslos protesta y el roce de las sábanas me provoca un eco del delicioso dolor entre mis piernas.

Al menos ahora tengo un recurso mental de alta definición para utilizar por el resto de mi vida cuando esté sola.

«Hablas como si nunca fueras a encontrar a un hombre bueno para casarte».

Me encojo de hombros frente al espejo. Tal vez no encuentre a uno tan bueno para el pecado como mi ex jefe, pero alguno decente debe haber por ahí.

Esperando por una Arya segura de sí misma y completamente lista para ir más allá. Decido ignorar a mi conciencia por el resto del día; ya ha hablado demasiado por hoy.

Una serie de sonidos telefónicos interrumpen mis pensamientos. Busco mi móvil y me doy cuenta de que no lo he tocado en más de doce horas, desde que salí del bar de Su. Esto de ser desempleada me está convirtiendo en una mujer peligrosamente distraída.

Encuentro el celular bajo una almohada. Veo al menos diez mensajes, la mayoría de Su, que han pasado de la curiosidad al pánico en cuestión de horas:

Su: Te vas a ir con él, lo sé.

Su: ¿Segura de que no se pondrá como loco otra vez?

Su: ¿Estás bien? ¿Estás cogiendo con tu ex jefe en este momento?

Su: Por favor, ahora solo me conformo con saber que estás viva.

Su: Rastreé tu celular, ¿qué haces en un club exclusivo? ¿No me digas que es de esos? Quiero detalles.

Su: Buenos días, bella durmiente. ¿Sigues adolorida? Si no respondes, iré a buscarte. Más vale que estés sola cuando lo haga .

Pongo los ojos en blanco. No tengo intención de contarle que Liam me llevó al paraíso y luego me dejó en la puerta de mi departamento como si no fuera nada. No soy nada.

Yo: Estoy bien. En casa. Almorcemos, pero tú pagas. Ahora que soy desempleada, el ahorro es mi nueva religión.

Sigo revisando. Hay un mensaje de mi padre diciendo que quiere verme pronto, nada fuera de lo común. Estoy a punto de bloquear la pantalla cuando entra una nueva notificación de un número desconocido. Mi corazón da un salto extraño antes de abrirlo.

Desconocido: Hola, Aryboo. Anoche no me dejaron saludarte. Encontré tu número en internet. ¿Cómo estás? No me respondas... Se nota que estás muuuuy bien. ¿Tienes ganas de recordar viejos tiempos? Escríbeme. Besos.

¡Mierda!

El móvil se me resbala de las manos y cae sobre la alfombra con un sonido sordo. Siento un vacío frio en el estómago. Mis manos tiemblan de coraje y mi frente se llena de sudor frio. No estoy bien.

No puede ser. ¿Cómo me encontró? Liam cumplió su promesa de hacerme olvidar el mundo por completo con su cuerpo dentro del mío, pero ahora que él no está, la realidad me golpea con la cara de Carter Miller.

Maldita sea. Mi pasado acaba de saltarse todas las nuevas cerraduras que había instalado .

Bloqueo el número de inmediato, pero el temblor en mis manos delata mi pánico.

Me siento vulnerable, pequeña, arruinada.

No puedo decírselo a mi padre; me moriría de vergüenza si supiera lo que Carter me hizo hace tantos años.

Su me dirá que lo enfrente, o se ofrecerá a hacerlo ella misma, yo solo quiero desaparecer.

«Tengo una idea», interviene mi conciencia, con algo útil.

Yo también la tengo. Corro a la mesita de noche y revuelvo el cajón hasta que la encuentro: La tarjeta de Aron Brown. Él es abogado. Él es la única conexión con el mundo de Liam que no me hace querer salir corriendo y, además, es el único que conozco que puede ayudarme con una orden de alejamiento.

En un arranque de valentía, lo llamo, contengo la respiración por los segundos que tarda en responder. No son más de cinco.

—¿Hola? —Suena confundido, es lógico, nunca le di mi número de teléfono. Tampoco es como que haya tenido oportunidad.

—¿Aron? Soy Arya.

—¿Arya? Hola. ¿Estás bien? Te escucho nerviosa —Empieza a hacer preguntas y su tono protector ya está haciendo mucho para ayudarme. Mi respiración es más estable y mis pensamientos más claros. Me hace querer llorar de alivio.

—Estoy... bien, pero necesito ayuda con algo legal —digo y me empiezo a preguntar si es demasiado. —Dijiste que llamara si necesitaba algo. —Le recuerdo. De verdad necesito que me ayude con esto.

—Dilo, bonita. Lo que sea que necesites, lo tendrás.

—Hay un hombre, un chico de mi pasado que… bueno, apareció de repente. No quiero tener nada que ver con él. No quiero volver a verlo nunca. —Las palabras salen atropelladas.

—Entiendo. Escucha, cenemos esta noche. Me contarás todo y lo resolveremos legalmente. ¿Te parece bien?

Eso es lo único que quiero .

—¿De verdad? Bueno, gracias. Te prometo que buscaré un nuevo empleo y te pagaré cada centavo.

—Nunca vuelvas a mencionar el dinero conmigo, Arya. Lo haré con gusto. —Esta vez su tono tiene un tinte más serio. Decido que no insistiré en eso por ahora.

Termino la llamada sintiendo que puedo respirar de nuevo. Aron es un buen hombre. Al menos alguien en el círculo de Liam Blake tiene cordura.

***

—¿Entonces...? —pregunta Su, mirándome fijamente mientras devoro mi segundo sándwich. La ansiedad siempre me abre el apetito.

—No pasó nada —respondo con la boca medio llena. No sé qué parte de todo sería lo peor de contar. Y claro que confío en ella, pero si empiezo ahora. Recordaré cada cosa, las buenas, las mejores y también las malas. Y no quiero hacerlo. No hasta resolverlo.

—Pareces agotada, Arya. Creí que ya no querías nada con tu jefe. —Mi amiga de toda la vida se cruza de brazos y me lanza una mirada entrecerrada y retadora.

—Ex jefe —corrijo—. Y es verdad. No volveré a verlo. Solo... tenía que sacármelo del sistema.

—¡Lo que quieres decir es que tuviste sexo de despedida con él! —grita Su. Siento las miradas de las personas dentro de la cafetería clavarse en mi espalda.

—¡Cállate, Susan! —muelo entre dientes.

—Por favor dime que valió la pena —me suplica con las manos juntas al frente, ignorando el espectáculo que ella misma les está regalando a todos aquí.

No iba a hablar de esto… pero a la mierda. Aquí vamos .

—Sí, valió toda la pena. Ahora puedo seguir con mi vida —lo digo con firmeza, tratando de convencerme a mí misma de que de verdad podre darle vuelta a la página.

Su me mira con más curiosidad. Hasta ella sabe que no puede ser así de simple olvidar a alguien como Liam, banderas rojas incluidas. Antes de que me pida detalles que no quiero compartir en este lugar, le digo el final de todo.

—En fin. Eso no es lo único que pasó —suelto, apartando mi plato hacia otro lado. Las náuseas regresan al recordar el mensaje de esta mañana. Me sacudo involuntariamente con el escalofrío—. Carter estaba en ese club de anoche.

—¿Que Carter? —Su frunce el ceño, y luego sus ojos se abren de par en par—. ¿Ese Carter? —Está enojada y aterrorizada al mismo tiempo.

Le cuento cómo me paralicé y cómo Liam, con esa aura oscura que lo caracteriza, se encargó de sacarlo del lugar antes de que pudiera acercarse a mí. También le cuento sobre el mensaje de hoy.

—Ese maldito idiota. —Su golpea la mesa con el puño—. ¿Qué vamos a hacer? Solo tienes que pedirlo y lo sabes.

—Llamé a Aron, el amigo de Liam. Es abogado y me ayudará a poner una orden de restricción.

—Espera... ¿El amigo por el que Liam casi quema la oficina por celos? —Su se cruza de brazos—. Arya, ¿no crees que tu exjefe psicópata querrá pegarle un tiro a su propio amigo si se entera de que le pediste ayuda al ratón y no a al dueño del circo?

—Estás exagerando. Le dejé claro a Liam que lo de anoche era sexo de una sola vez. No tiene ningún derecho sobre mí. Además, no me ha llamado ni me ha escrito en todo el día. Eso quiere decir que estuvo de acuerdo. —Intento no sonar decepcionada por obtener lo que yo misma pedí.

—Ahora dilo sin parecer decepcionada. —Su se burla de mí. No lo logro. Ambas estallamos en carcajadas. Por un momento, el peso de pasado con Carter y la sombra del presente con Liam desaparecen. Y se siente bien. Me permito disfrutarlo sabiendo que no suele durar mucho.

Llego tarde al restaurante. De nuevo, no sé qué me está pasando últimamente, pero mi puntualidad ha muerto junto con mi contrato laboral. Entro apresurada al lujoso local del centro y la anfitriona me barre con la mirada.

—Disculpe, busco al señor Aron Brown. Tengo una cita con él. —Espero que siga aquí. Espero que no crea que lo he descartado así de fácil.

La actitud de la mujer cambia al instante. El nombre de Aron parece abrir puertas bañadas en oro.

—El señor Brown la espera. Sígame, por favor.

Me sacudo el vestido amarillo —mi color de la suerte— y trato de recuperar el aliento. Aron está en una mesa apartada, íntima y elegante. Se levanta en cuanto me ve y me dedica una sonrisa de esas que te hacen flaquear.

—Te ves increíblemente hermosa, Arya —me dice, dándome un beso en la mejilla antes de ayudarme con la silla—. Gracias por venir. —Mi suspiro de agradecimiento habla primero que mi boca.

—Gracias a ti, Aron. Y perdón por la tardanza.

—No hay problema, bonita. Soy tuyo por el resto de la noche. —Bromea, haciéndome sentir extrañamente cómoda. Algo en su forma coqueta, siempre me dice que es solo es parte de su personaje. Y de alguna manera, me siento bien con eso. Eso me dice mucho de su buen trabajo como abogado.

Pedimos la cena y Aron toma mi mano sobre la mesa. Su tacto es suave, nada parecido a la garra posesiva de Liam. Tengo que dejar de comparar todo lo que me pasa con el contraste de Liam.

—¿Estás bien? ¿Ese tipo volvió a molestarte? —pregunta preocupado y me empiezo a cuestionar tantas cosas. ¿y si actué demasiado pronto ?

—Tal vez no es para tanto. Tal vez yo debería de… —Me encojo de hombros, buscando una salida a mi propia ansiedad.

—Arya, basta. No dejes que el miedo te domine.

Si ese tipo te lastimó y lo quieres lejos, eso es lo que tendrás.

Yo me encargaré de que así sea. —Me corta antes de que pueda intentar auto sabotearme a mí misma—.

Ahora, necesito los detalles para el trámite.

Nadie más sabrá de esto, eres mi cliente y te voy a proteger.

Escucharlo es suficiente para tomar el valor que necesitaba. Le cuento lo necesario, omitiendo los detalles más escabrosos de mi pasado, pero Aron escucha con una seriedad profesional que me tranquiliza. Al terminar la cena, me siento mucho más ligera. Casi como quitarme una tonelada de encima.

—Me alegra tanto haberte conocido, Aron. Mi tiempo en BLAKE fue un desastre, pero al menos saqué una amistad de ahí. —Espero no estarme apresurando. Pero de verdad deseo que podamos seguir en contacto.

—El placer fue todo mío. —Se levanta y me ofrece la mano—.

Vamos, te acompaño a tomar un taxi. —Acepto su mano y me atrae hacia un abrazo de despedida.

Es un gesto tierno, protector, pero en cuanto mi rostro roza su pecho, una sensación eléctrica me recorre la nuca.

Es esa presión en el aire, ese peso invisible que solo una persona en el mundo me hace sentir.

«Yo no apostaría por tu suerte hoy, dulzura»,

Mierda.

—¿Disfrutaron su cena? —La voz cala como un látigo de cuero tras nosotros. Esa voz ronca, cargada de una furia fría que hace que los vellos de mis brazos se ericen.

Me separo de Aron y me giro lentamente. Solo para comprobar que efectivamente ahí está él, envuelto en un traje negro, con los ojos inyectados en una rabia que promete cenizas.

Qué triste suerte la mía. Liam Blake ha llegado.