25 LIAM
—Nunca —gruño con mi nariz pegada a la suya—. Escúchalo bien, Arya: nunca vuelvas a decir que te irás con otro hombre, no si no quieres sus muertes en tu conciencia.
Arya separa sus labios para decir algo, el rubor nuevo en sus mejillas me dice que no le molestan del todo mis amenazas, aun así, estoy decidido a no dejarla decir una palabra más.
En este momento espero por todo lo santo que Arya no sea virgen, porque mierda, no habrá nada en el mundo que me haga ir despacio.
Me alineo en su entrada, siento el calor y la humedad en cada parte de mi entrepierna. El aroma dulce de su excitación me ha estado mareando desde que se subió a mi auto, y ya se volvió demasiado.
Tenía algo bueno preparado para ella. Quería que viera lo que me gusta y hacer que le guste a ella también, pero ese maldito rubio... la arruinó. En el pasado y también ahora.
No tuve más remedio que saltarme el espectáculo de dolor e ir directo al clímax. La llevaré a la cima del placer; le demostraré que, después de mí, no necesitará a ningún otro hombre en su vida.
Me hundo en lo apretado de su centro de un solo movimiento. Está tan caliente que me quema. Mierda . Su boca se abre en una gran «O» , y baja la mirada entre nuestros cuerpos para ver nuestra unión.
Sonríe echando su cabeza hacia atrás. Cierra los ojos y casi puedo sentir que solloza por algún tipo de sensación liberadora.
Gracias al cielo que no es virgen, no hubiera podido detenerme o hacerlo de otra manera después de cómo me ha provocado esta noche.
Aunque el gesto de dolor en su cara me dice que tiene años sin ser tratada de esta forma.
Esperaba por mí.
«Si tú lo dices», bufa mi conciencia.
¡Cállate, maldita sea!
—Oh, Liam... Eres tan grande... ¡Dios! —gime con los ojos cerrados. Sus pechos rebotan con cada embestida superficial que le doy y sus manos se clavan en la mano que las sostiene sobre su cabeza. Esa es mi chica.
—Tú sí sabes cómo halagar a un hombre en la cama, dulzura. —Me río bajando para encontrar su boca—. ¿Estás lista? —Asiente y se muerde el labio inferior. Me estiro para tomarlo con mis dientes No quiero que se contenga. Quiero que el club entero sepa que es mía.
—No te contengas, ¿Me oyes? Quiero oírte gritar mi maldito nombre cuando te haga venir —gruño sin aliento. No recuerdo cuando fue la última vez que cogí de esta manera. De frente, viendo los ojos de mi presa.
Empiezo a creer que no lo he hecho nunca.
Se sonroja. Mi dulce Arya se sonroja y, por un segundo, la vista de ella tomándome por completo, pone un pensamiento por demás peligroso en mi mente: creo que tengo sentimientos por ella.
«¿Qué dijiste?», Salta mi conciencia de inmediato.
Sacudo la cabeza. No puede ser eso. Lo que está pasando es que me gusta mucho que se sonroje, que siga teniendo esa parte inocente detrás de ese fuego que sabe cómo exigir lo que quiere. Disfruto lo que le hace a mi cuerpo y lo que yo le hago al suyo. Eso es todo.
Mi necesidad no puede esperar más. La embisto con más fuerza, tanta como puedo sin romperla.
Sus ojos se ponen en blanco y no puedo creer que ya esté a punto de venirse por primera vez; sus paredes me aprietan aún más y no creía que fuera posible; ya se siente como realmente una estrangulación de pene.
Haré que la noche sea larga. Porque la he esperado por mucho tiempo y solo sé que una vez dentro de ella no será suficiente.
Bajo mi mano para buscar su clítoris. Decido que quiero darle su primer orgasmo de la noche ahora mismo.
—Oh, oh, Liam. Estoy tan cerca... —Su cuerpo se retuerce debajo del mío, buscando más. Mas fricción. Mas fuerza. Más de mí.
—Lo sé, dulzura. Lo siento en cada parte de mi cuerpo. ¡Vente ahora por mí! —le ordeno con mi aliento entrando por su boca.
Arya es tan buena chica que obedece. Cierra los ojos, su cuerpo se contrae en un espasmo delicioso y sus paredes internas me succionan con una fuerza que me hace gritar.
Mierda, podría hacerme venir a mí también solo con eso. Me contengo, apenas. Mi dulce chica provocadora se viene con un pellizco en el clítoris y una embestida profunda.
—¡Ohhh Liam! ¡Ahhh! —Por fin grita mi nombre.
Grita mi maldito nombre y no se siente como a nada que haya escuchado antes. Es un grito necesitado y a la vez tan liberador que me hace algo por dentro. Esto se siente mejor que la puta gloria.
Quiero oírla gritar así por el resto de mi vida. No disminuyo la velocidad; al contrario, acelero el ritmo para alargar su orgasmo lo más que pueda.
«Recuerdo esa vez que dijiste que nunca se trataba de ellas». Me recuerda esa voz molesta. Solo puedo reír en respuesta.
Por fin suelto sus manos de mi agarre, Arya se apresura a tocar mi piel, buscando tocarme por todas partes. Siempre fui de los que odian el contacto físico innecesario. Pero Arya hace que sentir sus manos sobre mi cuerpo sea una necesidad de vida .
Solo puedo respirar con normalidad después de ser tocado por ella. Me gusta tanto la manera en la que sus manos recorren mi cuello, mi mandíbula, incluso mi rostro, que empiezo a imaginar más.
Mas de esos toques.
Mas de esas manos.
Toca mi pecho con tanta delicadeza que me hace estremecer. Es como una caricia suave destinada a adorar un cuerpo. Solo que el mio es uno que no se merece nada. Ella no lo sabe.
No me doy cuenta de en qué momento mis embestidas se hacen lentas y profundas, sin dejar de ser eróticas y calientes como la mierda, pero también se sienten como algo nuevo. Una manera distinta de poseerla.
—¡Liam! Por favor... Quiero más —me pide entre jadeos. Sonrío, porque estoy listo para darle más.
La idea de tenerla a toda ella sobre mi cuerpo, montándome, marcando el ritmo, lleva mi mente a lugares más altos.
La abrazo por la cintura y me pego por completo a su cuerpo para girarnos sin salir de ella.
Mi espalda termina sobre las sábanas de seda roja.
Arya abre mucho los ojos, cuando se da cuenta de lo que hago. Confundida.
—¿Qué haces? Yo no quiero...
—Quiero que me montes, dulzura.
—Pero... yo... no sé hacerlo —susurra con una vergüenza que me rompe algo por dentro—. Además... —Se calla y entiendo que su peso aún es un complejo para ella. Ojalá supiera que puedo con su peso multiplicado por diez y aun así no sería un maldito problema.
—Me encanta la idea de ser el primer hombre en ser montado por ti... Exprime hasta la última gota de mi semen, Arya. Hazme tuyo —le ruego. De verdad lo hago.
La necesidad de ser el primero en tomar algo de ella, me está consumiendo. Me está volviendo loco, convirtiéndome en alguien que nunca fui .
La ayudo llevando sus manos a mi pecho, tomo sus grandes caderas y la penetro desde abajo.
Arya gime, echa la cabeza hacia atrás y grita por el nuevo placer.
No me detengo, le doy con fuerza hasta que ella toma confianza y sigue mis movimientos, toma el control rápidamente y es mi turno de disfrutar con la vista desde abajo.
Sus pechos llenos rebotan sin vergüenza, mi boca se hace agua con la necesidad de morderlos, pero me conformo con alcanzarlos con mis manos.
Otro orgasmo se construye dentro de ella; lo siento en la forma en que su centro se contrae rítmicamente. En como su respiración se acelera y en cómo sus movimientos se hacen más valientes e irregulares. Está persiguiendo su propio placer. Conmigo.
—¡Oh, Liam, esto es mejor que soñar contigo! —confiesa con los ojos cerrados. Sonrío, regresando una mano a su cadera para guiarla. Para que vea que siempre se puede sentir más. Me gusta que sueñe conmigo. Quiero ser lo único que llene sus sueños.
—Eso espero, dulzura. —Le daré todo el placer que quiera. Sus orgasmos me pertenecen. Ella ya es mía.
—¡Oh, Liam... yo... voy...! —grita con los ojos en blanco—. ¡Me vengo! ¡Ahhh! —Sus uñas se clavan en mi pecho, tan profundo que me causan un dolor palpitante que me arrastra con ella.
Su orgasmo me exprime. Mi hombría exige su propia liberación y exploto llenándola por completo. Me estremezco, tenso cada músculo de mi cuerpo mientras corrientes de mi leche entran dentro de ella. Nunca se ha sentido mejor.
—¡¡¡Ahhh!!! —Gruño. Grito. Jadeo. Mis ojos se cierran por la intensidad—. Eres mía, Arya. Tú, malditamente eres mía.
Empiezo a creer que yo también soy suyo.
** *
Despierto agitado y con el tiempo revuelto en mi cabeza. Hace mucho que un sueño no me perturba tanto. El recuerdo de esa noche siempre causa estragos en mi sistema. Hoy será otro día sin ir a la oficina. Han pasado diez años y sigue sin ser suficiente tiempo para sanar.
—Escúchame bien, hijo. Algo no me gusta de este contrato. La venta de un edificio a tan bajo costo solo puede significar problemas. —Mi padre me explicaba aquella mañana antes de salir.
Yo con veintidós, no me interesaba mucho en los negocios, lo único que quería era terminar la escuela.
—Recuerdas la combinación de la caja fuerte, ¿verdad? —Sentí que estaba siendo un poco exagerado, no era la primera vez que tenían problemas con alguna constructora, la verdad siempre salía a la luz y mis padres terminaban ganando.
—Sí, papá no te preocupes. —Lo descarté concentrado en mi tesis. No sabía que esa era la última vez que podría verlo a los ojos.
—Tu madre vendrá conmigo, quiere ir de compras por nuestro aniversario. Si algo sale mal... sabes lo que tienes que hacer. El negocio, la casa... todo es tuyo.
—Siempre es la misma rutina papá, ya lo sé, estoy seguro de que los vere antes de la cena. —Me despedí de ellos con un simple saludo. Tenía una práctica después de terminar con lo que estaba haciendo, así que no me detuve a verlos. Pude haber hecho todo tan diferente.
Ya es tarde. El maldito estafador sigue vivo, sigue con su negocio y solo una advertencia sobre su cabeza. La muerte de mis padres fue catalogada como un accidente, pero yo sé la maldita verdad. Estuve en las sombras mucho tiempo investigando, memorizando patrones. Ya es hora de salir a la luz .
Tomo mi teléfono y le escribo un mensaje a la única persona en la que confiaría mi vida. Bueno, espero que después del espectáculo de ayer, aún lo sea.
Yo: ¿Podemos vernos? Tengo algo importante que confesar.
Aron: No te muevas de donde estás, yo llevo la pala y la bolsa para el cadáver.
Yo: Gracias. Estoy en mi departamento.
Me dirijo al baño y miro mi reflejo. Algo llama mi atención: marcas rojas de tinta simulando rasguños que atraviesan mi pecho. Había olvidado lo que hice anoche después de dejar a una Arya casi inconsciente de placer en la puerta de su departamento.
«¿Y cómo te olvidas de haber entrado en un centro de tatuajes nocturno? —Antes de que sus marcas se borren, quiero los rasguños de su orgasmo permanentes en mi cuerpo— Esas fueron tus palabras»
Me recuerda mi conciencia.
Le sonrío a mi reflejo. Todavía puedo sentir el cuerpo de Arya apretándome y provocándome el mejor orgasmo de mi vida; la sonrisa se desvanece rápido. Trago saliva.
«Sí, muy lindo todo, pero... ¿Cómo la vas a dejar fuera del daño que le quieres hacer a su padre?»
No lo sé. Trazo las líneas rojas en mi pecho y es como si tuviera sus uñas clavadas en mí de nuevo. Entro en la ducha y me acaricio, pero nada se compara con ella. Arya me ha arruinado para cualquier otra mujer .
Treinta minutos después, Aron entra a mi departamento. Tiene la contraseña. Es el único en quien confío; excepto cuando se trata de Arya. Ayer quería matarlo.
—Bueno, con esa cara, mejor dime a quién tenemos que matar —dice en broma con una media sonrisa. Este es el momento.
—Al asesino de mis padres —respondo con los dientes apretados, mi cara llena de emociones confusas y mi pecho ardiendo por la única mujer en el mundo que no debería querer tener cerca.
Aron frunce el ceño, analiza mis palabras y decide ir a la cocina para servirse un café.
—Cuéntamelo todo. —Pide después de sentarse frente a mí en mi sala de estar. Típico de él. Reconozco que es bueno en lo que hace.
—Su nombre es Franco Foster... y es el maldito padre de Arya.
Tres horas después, entre cafeína y whiskey, he llegado a un acuerdo conmigo mismo. Aron procesa la información en silencio profesional.
—No somos asesinos, Liam. Si encontramos pruebas, podrías encerrarlo por el resto de su vida. —Su modo abogado es el que habla.
—No hubo pruebas hace diez años, no las habrá ahora.
Lo único que funcionaria sería una confesión de su parte y créeme que eso es lo último que espero de ese hombre.
—Sacudo mi estrés llevando mi cuello de un lado a otro—.
Eres abogado, sabes que no se puede confiar en la justicia.
Ademas, no te busqué como mi abogado, te busqué como mi mejor amigo.
Aron asiente con la cabeza.
—¿Qué pasará con Arya? ¿Seguirá siendo parte de tu venganza? —El silencio es mi única respuesta—. Liam...
—La quiero para mí. —Decirlo en voz alta duele. Quema, pero también me da algo más. Algo cálido que no quiero perder .
—Eso está claro, hombre, pero ¿podrás vivir sabiendo que es la hija del responsable? El día que él pague, ¿podrás verla llorar y no decirle que fuiste tú el que cobró venganza por su propia mano?
Hace las preguntas correctas, pero la verdad es que no tengo las respuestas.
—Y lo que es más importante —añade Aron—, ¿Ella te quiere a ti? Una noche de sexo no significa nada. Además, renunció a BLAKE, ¿no? —Me recuerda.
—Ella volverá. —Le aseguro con una media sonrisa.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque yo haré que vuelva. —Aún no sé cómo lo haré, pero se lo dije en serio.
Arya es mía.