24 ARYA
Pueden pensar que estoy completamente loca, pero sentí la presencia de Liam mucho antes de que se me acercara por la espalda.
Odio que en tan poco tiempo mi cuerpo reaccione a su simple presencia de esta manera.
Odio lo que me dijo esta mañana, pero lo que más odio es que mi corazón se acelere al saber que vino por mí.
Maldito corazón.
—Arya... quieres esto tanto como yo. Déjame compensar mi ataque de celos de esta mañana. Déjame demostrarte que no soy ese hombre. Por favor —dice él.
¿Eso es lo que fue? ¿Un ataque de celos? No puede ser tan simple como eso. No puede tener esa reacción cuando solo nos conocemos de un par de semanas.
Sí. Yo he permitido todo lo que hemos hecho, pero eso no quiere decir que le deba algo. En estos tiempos hasta yo sé que un acostón solo es un acostón.
—Liam, no puedes…—Intento de nuevo.
—Déjame darte lo que tu cuerpo me pide. Sabes que también lo quieres. Sabes que solo yo despierto esa parte dentro de ti.
Un jadeo audible atraviesa el aire y, por mucho que desee que no sea mío, me temo que mi deseo por él, es más fuerte que yo. Lo ha sido desde la primera vez que puse mis ojos en él, desde que su imagen es la única que me hace llegar al orgasmo cuando estoy sola en mi cama.
Puedo actuar en consecuencia, y no tendría que significar nada. Los dos tenemos tención por el otro acumulada.
¿Qué es lo peor que podría pasar?
En este momento lo que más odio es que no quiero decir que no a esa invitación. La parte buena de mi mente me dice que corra y que nunca mire hacia atrás; la parte malvada me susurra que disfrute de esta última noche.
He renunciado, no puede hacer nada contra eso. Será una noche de sexo, lo sacaré de mi sistema y jamás lo volveré a ver.
«Honestamente, no creo que sea así de fácil», me dice la razón, pero ya me encargaré de ella después.
Liam sabe que lo haré, no creo que no lo mire escrito en toda mi cara. Se apresura a abrir la puerta del pasajero de su deportivo, me extiende su mano, pero no la tomo.
—Puedo subir sola. Gracias. —Estoy siendo infantil, lo sé, pero tengo derecho a serlo a si como él siempre es un idiota. Tal vez estoy destinada a solo atraer idiotas a mi vida.
Espero con todas mis fuerzas que no.
Liam sonríe, esa sonrisa de suficiencia que le sienta tan bien y que lo hace ver un poco más sexy, si es que eso es posible .
Mi vestido se sube lo suficiente como para mostrar más de lo que me gusta al sentarme.
Hoy quería sentirme bien. Mi amiga me escuchó por horas y su solución razonable fue salir a tomar y bailar.
Aunque creo que esa es su solución para todos los problemas del mundo.
Liam rodea el auto y, en cuanto se sienta en su lugar, su aroma penetra en mis fosas nasales.
Mis piernas se contraen y el fuego que provoca dentro de mí me empieza a consumir desde los pies hasta la cabeza.
Mis manos frotan mis piernas, la anticipación empieza a recorrer cada parte de mi cuerpo y mi mente empieza con la fiesta antes de saber dónde terminaremos esta noche .
—Hay un lugar que quiero mostrarte. ¿Me dejas? —pregunta con esa voz ronca que ha derretido mi ropa interior desde el primer día. Casi me río de que me esté pidiendo opinión de algo a estas alturas.
—Está bien. Al menos podemos divertirnos por última vez —le advierto sobre mi pensamiento para que no se haga ideas que no son.
No parece gustarle mi declaración, porque sus manos se aprietan alrededor del volante. Ya me preocuparé de eso después. Hoy solo quiero llegar hasta el final, saber lo que se siente estar con un hombre como él y seguir adelante.
Liam pisa el acelerador y debo estar completamente loca, porque la vibración del motor me está estimulando. ¿En qué momento caí tanto por este hombre? Ningún otro me ha provocado tanto.
—¿A dónde vamos? —pregunto intentando distraer a mi cuerpo. Hablar de cualquier cosa suele funcionar.
—A un club. Uno bueno.
—Ah, ¿sí? ¿Tienes ganas de bailar? —Enarco una ceja, intentando no parecer decepcionada.
—No precisamente —me responde y gira la cabeza para verme directo a los ojos, pero el impacto llega directo a mi centro palpitante. ¡Dios me ayude! Podría tener un orgasmo con su sola mirada—. Es un club muy especial —añade regresando la vista al frente.
—¿Lo frecuentas mucho? —Intento parecer relajada, aunque la verdad es que me causa mucha curiosidad.
—Nunca había deseado estar ahí más que ahora mismo, más que contigo. —No responde lo que yo esperaba, pero aun así me da una idea de lo que viene.
Estaciona en un nivel subterráneo donde el silencio hace que mi corazón lata más rápido; el lugar debe estar insonorizado. Rodea el capó y me abre la puerta. Con mucho cuidado de no hacer notar la humedad que se acumula entre mis piernas, me ayudo de su mano para salir.
—Te prometo que esta será una noche que no olvidarás, dulzura. —Promete. Ya tuve una de esas. Deseo con todas mis fuerzas que esta sea realmente diferente.
Me tiemblan las piernas y no sé si es de miedo o de anticipación. Tal vez solo sea por escuchar su voz tan cerca. Caminamos unos metros hasta llegar a la entrada de un lugar que se siente bastante exclusivo.
El hombre de la puerta levanta una ceja al verme y por un momento me siento cohibida, pero la mano de Liam rodea mi cintura y me atrae a su cuerpo.
—¿Se te perdió algo? —le gruñe al tipo de la cadena.
—Nada, señor Blake. Bienvenido —responde el hombre, evitando volver a mirarme. Lo conocen. Eso quiere decir que sí lo frecuenta. Trago saliva. Una con sabor a celos.
En cuanto cruzamos la entrada entiendo por qué será una noche inolvidable. Creí que estos lugares solo existían en las películas, pero no, justo delante de mí, hay un mundo real donde todas tus malditas fantasías pueden ser realidad.
El lugar huele a cuero y a un tipo de velas. El salón principal simula un bar normal, pero los sillones son cómodos y esparcidos. Una barra atendida por expertos con muy poca ropa. Hay dos jaulas al fondo del escenario con personas dentro que están... trago saliva.
«Bailando». Sí, bailando y otras cuantas cosas más. Siento el calor subir hasta llenar mi cara. También hay un tubo en el centro iluminado desde el suelo.
—¿Qué... qué hacemos aquí, Liam? —tengo la boca seca.
—¿Te gusta?
—Ya veo que no te gusta responder a mis preguntas —le digo soltándome de su agarre. Doy una vuelta de 360 grados para admirar cada detalle del lugar. No soy una mojigata. Me gusta el placer y veo porno más de lo que me gusta admitir.
Aun así, no sé si seré capaz de regresar a este lugar por mi propia cuenta, así que me lleno de este mundo nuevo.
Cuando casi regreso mi vista a las jaulas, me parece reconocer a alguien. Un hombre que me parece demasiado familiar.
Es imposible; escuché que se había ido al extranjero después de la graduación. Sería una locura encontrar al responsable de mis traumas la misma noche que decido volverme loca.
Mis manos rodean mi cintura y la valentía que sentí todo este tiempo, desaparece. La seguridad que me costó años recuperar se esfuma y solo queda la Arya asustada y utilizada.
—Oye, ¿qué pasa? ¿No te gusta? —Liam pregunta con el ceño fruncido después de mirar en la misma dirección que yo—. Desde que te conocí me imaginé trayéndote a este lugar...
No respondo. Sigue el trayecto de mi visión y gruñe. Es ligero y silencioso, pero me hace estremecer. Recordándome que estoy aquí con él y no con…
—¿Quién es? —pregunta en un tono más duro.
—No sé de qué estás hablando —digo apretando el agarre de mis manos en mi cintura.
—Dime por qué ese hombre te mira con una sonrisa, como si acabara de reencontrarse con la mejor cosa de su puta vida.
Levanto la mirada y es verdad: el tipo me está viendo con una sonrisa de puro placer. Es él. Carter Miller . El recuerdo de esa noche llega como una película con sensaciones reales y vívidas. Mi cuerpo empieza a temblar. Mis manos se sienten pesadas y mi frente se siente fría y mojada.
—Es él, ¿verdad? El hombre con el que no salieron bien las cosas. —Me sorprende que recuerde mis palabras .
Liam no espera mi respuesta. Llama a un hombre que no había notado hasta ahora. Dejo de escuchar cuando dice la palabra «quiero». Mis oídos zumban y el aire no llega a mis pulmones.
Me pierdo en esa ola de mi miseria hasta que la mano de Liam acaricia mi espalda baja.
Esta vez me estremezco por una cosa distinta.
El toque de Liam se siente como lo único seguro que conozco.
No debería de ser así después de todo lo que lo he visto hacer y sus maneras curiosas de reaccionar.
Pero mi cuerpo es el que manda ahora. Y lo ha elegido a él.
—Ya lo arreglé. No te preocupes más por ese tipo.
¿De verdad puede Liam arreglar algo en mí?
Debo haberlo dicho en voz alta porque los ojos de Liam pasan del enojo a la ira del infierno.
—Arreglaré todo de ti, Arya. Cada defecto que crees que tienes. Cada pensamiento negativo sobre ti misma. Cada maldita cosa. —No son promesas que alguien haga a la ligera, pero sí son cosas que se suelen decir en el calor del momento. Sin embargo, sus ojos no suelen mentir.
Asiento incapaz de formular respuesta a eso.
—Ven conmigo. —Me toma de la mano—. Tenía planeado algo diferente para nuestra primera vez aquí, pero ahora necesito hacerte entender lo malditamente hermosa que eres.
Me guía por un pasillo largo con puertas y marcos distintivos. Llegamos a una de madera roja, como la sangre. Liam pasa una tarjeta y entramos a una habitación iluminada por una luz tenue, el ruido del exterior se silencia en cuanto cierra la puerta.
Me concentro en un espejo gigante en el techo.
La cama de seda roja emana una vibra de lujuria primitiva.
La pared izquierda está llena de instrumentos para amantes del dolor.
Abro mucho los ojos. No soy ajena a lo que significa esto, pero en mi mente nunca pude imaginar que pudiera llegar a experimentar algo como esto .
—No iremos ahí hoy, dulzura. —Adivina mi pensamiento—. Hoy solo quiero hacerte sentir bien. Déjame hacerlo —suplica, y algo en su tono me hace ceder.
Asiento. Liam no pierde el tiempo; es como si le hubiera dado permiso de entrar al cielo y no solo de tomar mi cuerpo.
como un cazador acechando a su presa, se acerca y levanta lentamente mi vestido corto, pasándolo por mis brazos.
No lo detengo, y no siento vergüenza alguna de no estar usando sujetador.
Mis pechos rebotan por la gravedad, Liam los mira con hambre primitiva, una que no suelo tener puesta en mi cuerpo.
Su mirada consume cualquier otra, cualquier otro pensamiento; su deseo por mí, me repara de adentro hacia afuera.
Me olvido por completo del mundo que hay afuera de esta habitación roja.
Me levanta de la parte más grande de mi cuerpo, me hace rodearlo con las piernas y estoy segura de que puede sentir mi humedad en su estómago. Mi espalda cae en el colchón suave demasiado pronto; quería más de esa sensación de ser sostenida por él.
Pero al mismo tiempo también quiero saber hasta dónde llegaremos esta noche. Nuestra última noche .
Liam se desviste rápido: camisa, pantalón, todo con la misma prisa que veo en sus ojos. Está duro, realmente duro y es por mí. La cabeza de su miembro brilla con líquido preseminal. Por puro instinto me paso la lengua por los labios. Recordando lo bueno que fue probarlo.
—Estoy enojado contigo —suelta de pronto y me apoyo en los codos para verlo mejor.
—¿Tú, conmigo? —Frunzo el ceño. Yo soy la que está molesta, quiero recordarle lo que me dijo esta mañana, pero mi boca está seca cuando empieza a acariciarse el mismo.
—Sí. Primero por haberte ido de ese modo en la mañana.
—Pongo los ojos en blanco. Ya no quiero llorar cuando pienso en eso, pero si quiero golpearlo de nuevo—.
Segundo por ese estúpido correo de renuncia.
—Abro la boca, pero su cuerpo empieza a subir a la cama de esa forma depredadora y de nuevo me silencia—.
Y tercero por usar este vestido y dejar que un idiota te hiciera agachar la cabeza.
Se refiere a Carter. No tengo nada que decir al respecto.
—Un día me dirás qué fue lo que te hizo ese idiota, pero ahora solo me importa una cosa. —Se cierne sobre mí, su cuerpo pesado se detiene sobre el mio y empieza a separar mis piernas con las suyas —. Ahora quiero hacerte pagar por hacerme enojar —gruñe, entonces baja su boca y me muerde un pezón.
Es fuerte, una mordida real, me arranca un grito de dolor. Empieza a chupar hasta que el escozor se convierte en placer y hace exactamente lo mismo con el otro.
—¡Liam! —quiero tocarlo. No me deja. Toma mis manos con una sola de las suyas y las lleva por encima de mi cabeza.
—Shh, si eres una buena chica te dejaré tener un orgasmo. —Su tono es duro. Castigante. Pero lo único que hace es provocarme más.
—¡Por favor! —La necesidad me está matando. Necesito hacer cualquier cosa. Tocarlo, tocarme a mí misma, lo que sea. Mis caderas se mueven encontrando su erección. Ese simple roce me hace gemir y echar la cabeza hacia atrás.
—¿Tan rápido suplicando? La noche es joven, dulce Arya.
—Te necesito dentro... ¡ahora! —exijo. En realidad, no sé si estoy lista, pero mi cuerpo es el que habla ahora. Liam baja la mano por mis pechos y abdomen, acariciando mis piernas y burlándose de mi centro. Me está torturando.
—Te quiero dentro de mí ahora, o me iré, seguro alguien aquí estará interesado. —No mido mis palabras hasta que ya es demasiado tarde .
Sus ojos se transforman en llamas. No sé de dónde saco esa valentía, no podría irme con otro, pero la necesidad de borrar cada rastro que aún sigue en mi cuerpo, es más grande que la razón.
—Nunca —Liam pega su nariz a la mía—. Escúchalo bien, Arya, nunca vuelvas a decir que te irás con otro hombre, no si no quieres sus muertes en tu conciencia.
Voy a decir algo más, pero mis palabras quedan en el limbo cuando por fin se alinea entre mis piernas y sin pedir permiso, sin tantear el camino, me penetra hasta la empuñadura de un solo movimiento.
Estaba lista para esto, estaba tan mojada que creí que sería fácil. No lo es. Mis paredes internas se extienden, entendiendo que no solo se miraba grande, ahora lo estoy sintiendo todo. El dolor, el placer, el sentirme llena de una manera real. Por fin.
«Santa mierda. No saldremos caminando de aquí».