Dulce No Venganza 23 LIAM
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23 LIAM

—¡Eres un idiota! —me grita, y el empujón que me da, aunque débil, me sacude más que su cachetada—. No soy una puta... No soy tu puta.

Dejo de escuchar después de eso . ¿En qué momento llegué a esto? ¿Soy consciente de las palabras que escupí hace un segundo?

No. Lo único que sé es que la imagen de ella en los brazos de Aron, mi mejor amigo, me quemó los cables de la cabeza. La ira me cegó y la cagué de forma monumental.

—Debí saber que serías de ese tipo —dice ella, tragándose un nudo de llanto que me duele físicamente—. Tienes a medio edificio rogando por tu atención. Vete con ellas, con Bonnie, con Camila... haz lo que sabes hacer tan bien. ¡Pero a mí déjame en paz!

Su voz tiembla y, por primera vez, mi instinto de posesión lucha contra una culpa asfixiante.

Tengo que dejarla ir. Necesito entender qué demonios acabo de hacer.

La llamé puta. A ella. A la mujer a la que me acerque con intenciones de venganza, pero que también es la primera en mucho tiempo que me ha hecho sentir algo parecido a la paz.

Me llevo la mano a la nuca, incapaz de ordenar el caos en mi cabeza. La veo irse. La veo regresar a BLAKE. Por un momento siento alivio de que no esté yendo en otra dirección, pero al mismo tiempo siento un miedo nuevo dentro de mí. Mi mejilla arde, pero también lo hace mi pecho.

Manteniendo una distancia prudente, camino de regreso a mi edificio, al imperio que tanto me ha costado levantar.

En pocas semanas he perdido todo el enfoque y todo es por culpa de Arya Foster.

Bien, es mi culpa, por no contar con que ella sería el tipo de mujer que me hiciera sentir de la manera en la que lo hace.

Subo por el elevador clamándole a alguien en quien no creo, que Bonnie se haya largado y Arya se haya tranquilizado. Cuando las puertas se abren, el silencio es lo que rebota en mis oídos.

Hasta que la veo.

Mi chica tiene la cara enterrada en el pecho de Aron.

Sus sollozos son silenciosos, pero su cuerpo tiembla bajo las manos del hombre que se supone es mi hermano.

La furia de antes vuelve, ciega y letal.

Le doy esa mirada que él sabe, significa lo último de mi paciencia.

Se atreve a sostenerme el desafío con su propia mirada.

Niega con la cabeza en lo que entiendo como la última advertencia.

Decido que no vale la pena en este momento y hago lo único que evitará un asesinato hoy, paso de largo la escena romántica entre mi asistente y mi mejor amigo, y me encierro en mi oficina después de casi romper la puerta al cerrarla.

No quiero saber lo que ella le dijo. No quiero imaginar lo que él le pudo responder.

No quiero imaginar que Aron de verdad se interese en ella y pueda ser el hombre que la aleje de mí.

El que no odie a su padre por ser asesino, el que no haya planeado romperla como venganza.

El que le dé un matrimonio tradicional y una vida de paz. Todo lo que yo no puedo darle.

El sonido del ascensor me saca de mis pensamientos. Estoy seguro de que Arya se ha ido ahora. En un arrebato de rabia, barro con todo lo que hay en mi escritorio. Papeles, carpetas y cristales vuelan por el aire, dejando mi oficina igual que mi cabeza. Un completo desastre.

—¿Qué mierda fue todo eso? —La voz de Aron corta el aire—. ¿Esto es por tu secretaria? Cuando subí, la encontré enojada, me amenazó... Liam, ¿quieres explicarme qué demonios te pasa ?

—¿Qué hay entre Arya y tú? —Nada de lo que dijo antes me importa. Mis puños están cerrados.

—¿Qué?

—¡No me hagas repetirlo! —grito, golpeando el escritorio—. ¡Te dije que ella es mía! —Aron se lleva las manos a la cara, incrédulo.

—¡Dime que no lo hiciste! Dime que no está rota porque le montaste una escena de celos... Dios, Liam, te conozco desde siempre y nunca te había visto actuar como un animal así. —Mi amigo se acerca, se quita el saco y empieza a juntar el desastre que hay delante de él.

—La llamé puta —suelto con la mandíbula apretada. Repetirlo en voz alta se siente mucho peor.

—¡Mierda! ¡Liam! —Aron niega con la cabeza, asqueado.

Se sienta en la silla frente a mí, pero no antes de acercar la botella de bourbon y dos vasos de cristal—.

Has perdido a tus dos empleadas más cercanas antes de las diez de la mañana.

—Sacude la cabeza, me mira mientras se lleva el primer vaso lleno—.

No me lo dijo, pero prepárate para recibir su renuncia y tal vez una demanda esta misma tarde.

Mi pecho se contrae. Mi estómago se retuerce.

No la culpo. Soy muchas cosas, pero lo que fui hoy.

.. eso no tiene nombre. Aron no me deja solo.

Se va hasta que se asegura de que estoy lo suficientemente bien para salir el día.

No me dice nada más y no vuelve a mencionar a Arya.

Cosa que agradezco. Porque no sé si estoy listo para afrontar las consecuencias de lo que hice.

***

Aron no mintió. La notificación de la renuncia de Arya brilla en mi pantalla horas después.

«Renuncia denegada», respondo con los dedos torpes por el alcohol .

Cuando siento que ya no puedo esperar más, salgo de mi oficina sabiendo exactamente a donde tengo que ir.

El camino al departamento de Arya no lo recuerdo, lo que sí recuerdo es estar tocando sin sentido sin que nadie abra la puerta.

Golpeo mi frente contra la madera tratando de adivinar donde mierdas está.

No creo que existan muchas opciones, pero las recorreré todas de ser necesario. La primera parada es el bar de su amiga. Está abierto al público todos los malditos días de la semana.

En cuanto pongo un pie dentro del lugar, percibo un rastro de ese aroma dulce.

Sonrío cuando la encuentro en medio de la gente, con el vestido rojo más corto y pecaminoso que he visto en alguien con sus atributos.

Sonríe y echa su cabeza hacia atrás, bailando con esa amiga rubia y mala influencia que tiene.

Sin embargo, noto que su sonrisa, por más brillante que parezca, no llega a sus ojos. Porque sus ojos están apagados. Tristes. Dolidos.

«Tú le hiciste eso», me recuerda mi conciencia.

Yo me he quitado la corbata, tengo el cabello revuelto y el traje de tres piezas solo tiene una pieza ademas de mi camisa arrugada.

No es un bonito contraste comparado con lo bien que se mira ella ahora mismo, pero no me importa.

Me abro paso entre la multitud de niños ricos, ignorando cualquier toque que no sea ella.

Hasta que siente mi presencia. Lo sé por la forma en la que se tensa y deja de bailar de repente.

Me detengo a pocos centímetros detrás de ella, Arya no se molesta en reconocer mi presencia, pero la he afectado. Tanto como ella me afecta a mí.

—Puedes correr, pero no esconderte —le susurro al oído, pegando mi cuerpo al suyo. Mis manos encuentran sus caderas y mi entrepierna despierta con una violencia dolorosa. Arya se gira, dándome una mirada fría por encima de su hombro .

—Señor Blake. Quite sus manos de mi cuerpo o recibirá una demanda por acoso en la mañana. —Mi gatita tiene garras. Me encanta. La suelto para darle la ilusión de control.

—Tenemos que hablar —pido con el tono más pacífico que tengo.

—Yo creo que no. Váyase con dignidad, si es que la conoce y aún le queda algo.

—Sigue con ese tono. Ya no queda nada de la Arya que lloraba en los brazos de mi amigo.

Ahora no solo parece fuerte. Creo que en realidad se ha forzado a llenarse de esa fuerza que la ha mantenido de pie después de toda la mierda que le ha tocado soportar.

—No hemos terminado, Arya.

—Mi renuncia dice que sí. Gracias por enseñarme que el apellido no lo es todo.

Ni todo el dinero y poder del mundo tampoco.

Cuando no hay corazón y cuando menos un poco de sentimientos humanos, no se tiene nada.

—Truena y me hace tragar saliva—. Que tenga éxito, señor.

Que todo lo que es, le sea suficiente para el resto de su vida.

—Intenta alejarse, pero la tomo por la muñeca.

Entonces la rubia se interpone.

—Déjala en paz, acosador de mierda, o llamaré a la policía.

—No te metas. Esto es entre Arya y yo. —le gruño con una voz que haría retroceder a cualquiera. A ella no. Maldita mierda con estas mujeres. Me dirijo a Arya—. Y tú, dulzura, vendrás conmigo. Me escucharás y retirarás esa renuncia.

—¿O si no qué? —Su petulante arrogancia me tiene empalmado. ¿Cómo es eso posible?

—Te juro que no quieres saberlo.

El desafío brilla en sus ojos verdes. Un idiota choca contra ella, empujándola contra mi pecho, y aprovecho el movimiento para rodearla con mis brazos.

No la voy a soltar esta vez. Mira la verdad en mis ojos, entiende que de ella depende salir de aquí por su propio pie o en mis malditos brazos.

Su respiración se acelera, busca algo en mis ojos. Se lo daré. Todo.

—Cinco minutos afuera. Vamos. —Accede inteligentemente.

No pierdo mi tiempo, la guio hacia la salida hasta que el aire fresco de Los Ángeles nos golpea a los dos y enfría un poco la tensión. Arya se frota los brazos, tiritando por el vestido que lleva.

—Sube al auto. Daremos una vuelta.

—No.

—Arya... quieres esto tanto como yo. Déjame compensar mi ataque de celos de esta mañana. Déjame demostrarte que no soy ese hombre. Por favor.

No dice nada. Empieza a maquinar cosas en su mente, lo sé. Me tomo un segundo para volver a apreciar lo que tengo delante de mí. Lo que ella está dispuesta a darme por alguna retorcida razón después de que solo he sido un completo imbécil con ella.

—Liam, no puedes…

—Déjame darte lo que tu cuerpo me pide. Sabes que también lo quieres. Sabes que solo yo despierto esa parte dentro de ti.

Sus ojos me encuentran. El entendimiento de lo que le estoy proponiendo brilla en su mirada. Lo quiere. Tanto como yo lo quiero.

En este momento, mientras la veo bajo las luces neones del bar, tomo la decisión que cambiará mi vida. Para siempre.

A la mierda con mi plan. Arya Foster queda fuera de mi venganza. La quiero para mí. No solo su cuerpo; quiero su alma, su voluntad y su corazón.

Lo voy a tomar todo.