Dulce No Venganza 22 ARYA
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22 ARYA

No me considero una mujer celosa, nunca tuve razones. O eso creí hasta hoy. Pero díganle eso a mi cuerpo, que reacciona sin pensar cuando Camila se le acerca a Liam como una maldita perra en celo.

Esta mañana está siendo una mierda en comparación con lo que pasó la noche anterior. No quiero quedarme a escuchar como Camila está dispuesta a hacer todo por Liam, así que los paso de largo. Acabo de llegar y ya necesito un poco de aire fresco.

Mi conciencia intenta decirme algo, pero el latido de mi sangre en los oídos, no me deja escuchar. Así está mejor. No suele tener las mejores ideas.

Miro con alegría la luz de la mañana al final del vestíbulo, puedo escuchar el ruido del tráfico y el susurro de la naturaleza. Casi me siento mejor con solo eso. Pero entonces, no miro el último escalón y tropiezo en el último momento.

«Aquí vamos, el broche de oro para una mañana de mierda», Espero el impacto.

No llega.

Pasan uno, dos, tres latidos y sigo suspendida en el aire. Me arriesgo a abrir los ojos, me encuentro con un par de iris castaños con motas doradas. Cabello negro, rizado, y una sonrisa que podría detener el tráfico.

Aron.

Le devuelvo la sonrisa, infinitamente agradecida por haberme salvado de un par de moretones y de una humillación pública mayor. Es entonces cuando me doy cuenta de que mis manos están aferradas a sus enormes bíceps y que él me sostiene con firmeza por la cintura.

—Ho... Hola, Aron —tartamudeo un poco, trago saliva y de pronto me siento nerviosa—. Gracias por evitarme una caída desastrosa.

—No fue nada, bonita. Es un placer, te lo aseguro. —Su sonrisa se ensancha, lo que me hace sentir aún más nerviosa—. Parece que nuestros encuentros están destinados a ser así. Tu chocando conmigo.

Voy a decir algo cuando el grito de Liam corta el aire.

—¡Arya! ¿Qué mierdas estás haciendo? —Aron por fin me suelta y quedo de pie entre ellos dos.

Nunca había escuchado a Liam hablar de esa manera. Parece que cada día descubro algo nuevo de él que no me gusta. Bueno no es que solo no me guste, sino que todo dentro de mí me grita que no está bien.

—Hola a ti también, amigo. —Aron habla detrás de mí. No parece que le afecte el modo en el que Liam suele perder el control.

—Creí haberte dicho que vinieras a las doce —le responde a su amigo.

—Y me alegra mucho haber llegado antes —responde Aron, con una risita entre los labios.

«Soy yo, o ¿Aron está tratando de provocar a Liam?»

De ser así no quiero estar en medio de estos dos.

Liam se calla lo que estaba por decir, y mira por encima de su hombro. Después me toma del brazo con fuerza y me pega a su costado.

—En mi escritorio hay algo de lo que necesito que te encargues. —Liam le pide a Aron con un tono frio y seco que no identifico, pero su amigo sí, porque no pierde el tiempo y nos rodea a los dos para entrar al edificio.

Por su parte Liam no suelta el agarre en mi mano y me arrastra hacia la calle. Sus pasos son largos, violentos. No puedo seguirle el ritmo.

—¡Liam! Espera, no puedo... —No termino la frase.

Liam frena en seco y me arrincona contra la pared del edificio vecino.

El concreto frío choca contra mi espalda mientras su cuerpo, una muralla de músculos tensos, me aplasta.

Su mano se enreda en mi nuca, tirando de mi cabello con una urgencia que me quita el aliento.

Entonces me besa. No es un beso, es una invasión.

Es rudo, dominante, cargado de una desesperación que no comprendo.

Muerde mis labios, chupa mi lengua como si fuera el aire que necesita para no asfixiarse.

Por un instante, el ruido del tráfico desaparece.

Solo escucho nuestros corazones galopando y siento su erección clavada en mi vientre, recordándome la noche anterior.

Los recuerdos me golpean con fuerza, derribando cada una de mis defensas. .. hasta que él habla.

—Dime, Arya. —Su voz es un jadeo cargado de acusación—.

¿Qué mierda es eso de tus encuentros con Aron?

¿Acostumbras caer en los brazos de mi amigo cada vez que lo ves?

—Presiona su cuerpo contra el mío, casi lastimándome, su rostro está falto de color y su frente sudorosa—.

¿O es que también te gusta él? ¿Es eso? ¿Acaso también vas a decirle que vaya despacio contigo solo para después invitarlo a tu departamento para fingir que no sabes hacer una mamada? ¿Así es como eres realmente, Arya?

El aire se escapa de mis pulmones. No puedo formular palabra, mi corazón se rompe dolorosamente en miles de pedazos. No soy una puta. Entonces, ¿por qué Liam, el hombre que anoche me hizo sentir como una mujer por primera vez en mi vida, ahora me está tratando como a una?

La reacción llega desde lo más profundo de mi orgullo. Lo empujo con todas mis fuerzas, logrando separarlo unos centímetros. Entonces mi palma llega a su mejilla antes de que pueda pensarlo mejor.

—¡Eres un idiota! —grito. Mis ojos arden con lágrimas que no quiero derramar y mi palma con el calor del golpe que le acabo de dar—. No soy una puta. Y mucho menos soy tu puta. No somos nada, Liam. No tienes ningún derecho sobre mí.

Siento el pecho en carne viva, pero no me detengo.

—Debí saber que serías de este tipo. Tienes a medio edificio rogando por tu atención. Vete con ellas, con Bonnie, con Camila... haz lo que sabes hacer tan bien. ¡Pero a mí déjame en paz! —Mi voz se quiebra en la última palabra. No puedo seguir aquí. No en su espacio y tampoco en el mismo edificio.

Termino de poner distancia y corro de regreso al edificio de BLAKE, ignorando las lágrimas que finalmente nublan mi visión. Solo necesito tomar mi bolso, después, podre desaparecer.

Subo por el elevador ignorando todo. Mis manos tiemblan.

Mi cuerpo también lo hace. Cuando las puertas por fin se abren en el último piso, intento tomar una respiración profunda, pero el nudo en mi garganta es demasiado grande para que pueda hacerlo, me conformo con pequeñas respiraciones hasta que pueda salir.

Aron está ahí. Es lo primero que veo cuando pongo un pie fuera del ascensor. No sé qué tan mal me veo, pero en cuanto pone sus ojos en mí, sé que es peor de lo que creía.

—Bonita... ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? —Aron se acerca con solo tres pasos, su rostro es pura preocupación.

No puedo más. El ultimo muro se derrumba dentro de mí y empiezo a llorar. Él me rodea con sus brazos, atrayendo mi cabeza hacia su pecho. El choque de la tela suave y su aroma masculino no me ayudan.

—Shhh, tranquila. Todo está bien —susurra, acariciando mi cabello. No funciona porque solo termino llorando más fuerte .

Me han tratado mal antes. Me han insultado por mi peso y la forma de mi cuerpo; Carter me utilizó de formas que aún me duelen, pero lo que Liam me dijo.

.. que Liam use lo que hicimos anoche para insultarme, es por mucho lo peor que he sentido.

Liam no es un chico tonto del instituto, Liam es un hombre con una empresa exitosa, no se supone que haga cosas como esas.

El bing del elevador resuena en el pasillo. La tensión se vuelve eléctrica, pesada, casi asfixiante. Solo puede ser él. Aron me sujeta con más fuerza, protegiéndome con su cuerpo de algo que él debe de conocer mejor que yo.

Contengo la respiración, todo se queda en silencio, y son los pasos de Liam: fuertes, pesados, cargados de una oscuridad, lo que envuelven todo. No se detiene, nos pasa de largo sin decir una palabra. Lo cual agradezco. El sonido de su puerta cerrándose con violencia es lo último que escucho.

Aron suspira y lo siento negar con la cabeza.

—Vete a casa, bonita. Yo me encargaré de todo —dice con tanta calma que logro tranquilizarme—. Mañana todo se verá diferente. —Quiero creerle.

—Gracias, Aron —hipeo cada palabra—. De verdad... gracias. —levanto mi mirada solo para verlo asentir con una sonrisa compasiva.

Tomo mi bolso de la estación de café con manos temblorosas. Al entrar al ascensor para salir de aquí, no puedo evitar mirar hacia la oficina de Liam, no hay nada que pueda ver. Solo cristales fríos y una puerta cerrada.

Demasiado bueno para ser verdad, me digo mientras las puertas se cierran.

Se acabó, Liam Blake estará recibiendo mi renuncia por correo electrónico esta misma tarde.