27 LIAM
Decir que me sorprendí cuando Arya llamó a mi mejor amigo justo enfrente de mí para pedirle ayuda se queda muy, pero muy corto. Primero que nada, ¿qué tipo de auxilio legal puede necesitar ella del idiota de mi abogado?
«Bueno, tal vez necesita a un abogado porque su ex jefe es un psicópata», interviene mi conciencia.
Eso no es lo que importa aquí. Importa que la rabia que me llenó el pecho al verla recurrir a otro hombre solo es comparable con ser quemado por las llamas del mismo infierno.
Una vez que terminó la llamada, una parte de mí se alegró de que fuera valiente y buscara ayuda para deshacerse de ese rubio idiota del club.
Tendré que averiguar su nombre; anoche no me molesté, mi urgencia por Arya era mayor, pero hoy me doy cuenta de que, si Arya necesita un muro legal para alejarlo, no sé nada de ella.
Sin embargo, la otra parte de mí se moría de celos. Me quemaba hasta los huesos que no me buscara a mí. Ya lo había corrido del club por ella la noche anterior, bien podría haber acudido a mi protección de nuevo.
«Claro, como esta mañana fuiste tan atento buscándola, llamándola o enviándole un mensaje, ¿verdad?».
El sarcasmo no te va bien, conciencia. Ella vendrá a mí, lo sé. Tengo un plan; solo déjalo en mis manos.
Aron sabe que Arya es mía. No necesita mi permiso para ayudarla legalmente, pero está loco si piensa que no estaré cerca para cuidarla. El solo hecho de verla me dará un poco de la paz que tanto necesito.
Por la tarde, termino yendo a BLAKE por asuntos triviales.
Mis pesadillas y recuerdos, por primera vez en diez años, pasaron a segundo plano cuando el nombre de Arya se pronunció en mi mente esta mañana.
Pero sin secretaria y sin asistente, la oficina es un caos de papeles sin importancia que se vuelven urgentes.
Para cuando bajo al estacionamiento, ya han pasado treinta minutos de la hora en que Aron citó a Arya.
El restaurante es nuestro favorito, uno donde él es el socio principal.
Me toma diez minutos llegar. No sé qué hare una vez que esté ahí, pero me encargaré de dejarle claro a esa mujer que, tarde o temprano, seré yo el único al que acudirá.
Para bien o para mal.
Entro al restaurante sin esperar a la anfitriona y me instalo en una mesa justo a la espalda de Arya. Aron no es tonto; sabía que yo aparecería en cuanto me mencionó la cita. No iba a dejar pasar la oportunidad de volver a verla.
«La viste hace menos de veinticuatro horas».
Parecieron años.
Mi pecho se relaja y levanto la mano para pedir un trago, pero la bajo de inmediato cuando veo que Aron se pone de pie y le extiende la mano a Arya. Ella la toma y se levanta también. Parece que llegué más tarde de lo que creía.
El fuego se enciende en mi sangre cuando Aron la atrae hacia su pecho para un abrazo. Ella no se resiste. Sé que mi amigo me está poniendo a prueba, provocándome. Solo espero que algún día él se obsesione con una mujer tanto como yo lo estoy con Arya, para poder devolverle el favor .
Me levanto y camino hacia ellos. No tenía claro qué iba a decir, pero ahora lo sé perfectamente.
—¿Disfrutaron de su cena? —pregunto con voz fría y baja.
Casi indiferente. El cuerpo de Arya se tensa al instante.
Como si de repente el contacto de Aron le quemara la piel, se aparta de un salto, buscándome con la mirada.
La sorpresa en sus ojos es más bien, una mezcla de resignación y pánico.
Sus mejillas se enrojecen y tengo que arreglármelas para no sonreír por eso.
—Liam... ¿qué haces aquí? —Su voz sale descuidada, agitada.
Solo quiero regresarle la mirada, solo quiero hacerle ver lo mucho que me afecta y lo loco que estoy por volver a tenerla. Por perderme en sus ojos mientras la hago mía una y otra vez, y reclamar cada uno de sus gritos cuando llega al maldito orgasmo.
Hoy debo ser fuerte. Debo demostrarle que lo que tanto me pidió —que me alejara— no es lo que realmente necesita. Si quiere que la olvide, eso es lo que le haré creer.
—Señorita Foster —La llamo por primera vez con su apellido; lo hago con una frialdad profesional y sin mirarla una sola vez a la cara.
Arya jadea, con toda la sorpresa de que la llamara así. Aun así, ese sonido hace que las marcas debajo de mi camisa ardan con el recuerdo de lo que hice por ella. Sus rasguños en mi piel me queman de una manera permanente.
Aferro mi vista al rostro de mi amigo. No soy tan fuerte así que termino con lo que vine a hacer. El rostro de Aron es un poema; me está gritando «maldito loco» con la mirada.
—Cuando termines con ella, —Esa parte tiene doble intención y creo que se da cuenta.
Arya baja su mirada y entiende que yo también he terminado con ella—, te espero del otro lado.
—Señalo mi mesa—. Necesito tu ayuda con la nueva plantilla para los puestos de mi piso.
BLAKE tiene que seguir adelante, a pesar de todo .
Dejo que esa última frase suene como una acusación directa. La mandíbula de Arya se desencaja. No sé si odio verla así o si me produce un placer retorcido.
«Te gusta hacerla sufrir, no lo niegues».
Sí, me gusta de una manera retorcida. Como cada parte de ella. Reprimo una sonrisa mientras sigo ignorándola.
—Yo... ya me iba —susurra Arya, con una timidez extraña en ella—. Gracias por todo, Aron. Estaremos en contacto.
—Claro que sí, bonita. Ya tienes mi número personal —responde Aron, divirtiéndose a mi costa. Puedo ver cómo contrae la comisura de los labios para no soltar una carcajada frente a mi evidente ataque de celos contenido.
Tengo los puños apretados dentro de los bolsillos. Doy un paso atrás para dejarle espacio para pasar. Su aroma dulce me golpea, me enloquece; quiero enterrar mi cara en su cuello ahora mismo, pero resisto.
Hago una inclinación de cabeza educada y distante. Arya pasa frente a mí y siento que se detiene un segundo, como si esperara que dijera algo más, pero sacude la cabeza y endereza la postura.
—Buenas noches —dice con una fuerza que no puede sostener. La he afectado. Mi plan ha funcionado. No quiero esperar por el momento en el que reconozca que me desea tanto como yo a ella.
—¿Qué mierdas te pasa? —Aron me golpea el pecho con el dorso de la mano en cuanto Arya desaparece—. Creí que te ofrecerías a llevarla a su casa o algo por el estilo; no que la ibas a ignorar. ¿Viste su cara? No le quedarán ganas de volver a verte nunca.
—Es todo lo opuesto, amigo mío. Con esa reacción me acaba de demostrar que no quiere que me aleje, a pesar de las veces en las que insistió que seriamos cosa de una sola vez.
—Y lo de la nueva plantilla ¿Al menos es real? —Se cruza de brazos delante de mí. Sin entender mi plan en lo más mínimo.
—No. Pediré que transfieran a alguien de otro piso para cosas simples. Tenemos junta ejecutiva en dos semanas y, para entonces, Arya habrá vuelto al trabajo.
Y a mi vida. Pero eso me lo guardo para mí.
ARYA
No, no lo dijo... Pero mierda, si lo hizo. Me llamó Señorita Foster.
«Sí, sí lo hizo», confirma mi conciencia pareciendo tan enojada como yo.
Me trató como si no me hubiera poseído en cuerpo y alma hace menos de veinticuatro horas. Todavía puedo sentir la presión de sus manos en mi piel, el calor de su cuerpo... Y ahora ¿soy una completa extraña?
«Deberías alegrarte, ganaste, Arya. Le dijiste que solo querías sexo. Eso es lo que hizo. Todo está como querías ¿verdad?»
Casi puedo regresar al restaurante y gritarle lo imbécil que es. De hecho, mis pies dan media vuelta por puro instinto, pero mi móvil vibra y me devuelve la cordura.
Gracias al cielo . Me alejo del restaurante y reviso la pantalla. Es mi padre. Su segunda llamada. Había olvidado su mensaje urgente de esta mañana.
—Hola, papá, no es un buen momento —respondo mientras busco un taxi. Entre más rápido me aleje de este lugar, más rápido podré ignorar el dolor en mi pecho.
—Hija, te dije que era urgente. ¿En qué has estado metida todo el día? —Su tono preocupado me pone alerta. ¿Y si enfermó?
—Sabes que tengo trabajo, papá. ¿Dónde más iba a estar? —Miento mientras subo al taxi. No le diré que pasé de tener el empleo de mi vida a acostarme con mi jefe tóxico ya dejar el empleo en cuestión de semanas.
—Necesito hablar contigo. Ahora mismo. ¿Vienes a casa o voy a tu departamento? No hay otra opción. —Nunca lo había escuchado hablar con esa urgencia.
—Está bien, voy para allá.
Me toma veinticinco minutos llegar a la casa de mi padre. Siempre me he sentido desconectada de este lugar, buscando un hogar que no termino de encontrar ni en mi propio departamento. Suspiro y el movimiento me recuerda el dolor dulce que aún llevo conmigo del encuentro con Liam.
La ropa roza cada parte que él tocó y duele de una manera diferente. Sin embargo, ese dolor empieza a desvanecerse, llevándose consigo cualquier ilusión de algo real.
Abro la casa de mi padre con mi llave de repuesto. Lo encuentro en la barra de la cocina, con un vaso de licor y la mirada perdida. Él no suele beber. Y no suele parecer que no se ha dado un baño en días.
—Papá, estoy aquí. ¿Qué pasa? ¿Estás bien? —Esta vez mi preocupación es real. Algo me dice que las cosas no están bien.
—No lo estaré hasta que me asegures que dejarás de trabajar para ese hombre en BLAKE. —Su mandíbula está tan apretada que las venas de su cuello resaltan.
—¿Qué? No entiendo nada papá, ¿Qué tiene que ver mi empleo con tu estado actual? —Me cruzo de brazos y me detengo del otro lado de la barra frente a él.
—Lo tiene todo que ver, Arya. —Se lleva una mano a la cara—, porque su dueño, Liam Blake, es... es.. .
—¿Qué pasa con Liam, papá? —pregunto con el ceño fruncido, mi corazón empieza a latir con fuerza, avisándome que algo está a punto de romperme.
—Él quiere matarme —suelta de repente y con palabras torpes. Lo que dice no termina de encajar en mi cerebro—. Te lo explicaré todo, pero por favor huye de él. y sobre todas las cosas... perdóname. Lo que hice no tiene perdón, pero necesito que tú me perdones.
¿Perdonarlo? Mi pecho empieza a arder. Siento que voy a vomitar la cena. Nada, absolutamente nada, pudo haberme preparado para lo que sigue.
—Te está utilizando, Arya. Se está vengando de mí a través de ti... por la muerte de sus padres.
«No puede ser verdad... ¿o sí?».
De pronto, el aire de todo el lugar desaparece. El rostro de Liam, sus promesas silenciosas y su tacto se vuelven cenizas. Todo se vuelve negro y el suelo desaparece bajo mis pies.