18 ARYA
No sé qué fuerza me impulsa a decirle que sí, pero estoy cansada de huir. No quiero resistirme a él; Liam me llena mucho más de lo que nadie lo ha hecho antes. Él y solo él es el objeto de mis deseos más carnales, de todo lo que siempre quise sentir. Tengo miedo, sí, pero también quiero vivir.
Le he dicho sí a conocerlo. Sí a Liam Blake.
Parece sorprendido cuando menciono que mi única relación terminó mal. Por un segundo, creo ver un destello de protección en sus ojos, como si quisiera salvarme del mundo, pero me digo que estoy exagerando. Es demasiado pronto para hablar de algo que vaya más allá de lo físico.
Su mano sube a mi nuca, hasta que siento que lo enorme de su sombra me cubre por completo. Sé que me está dando una salida, una opción de retroceder, de irme y demostrar lo que quiero cuando digo ir despacio, pero la valentía que aún me queda en el cuerpo por el alcohol, me obliga a quedarme.
Liam me besa.
No es como el beso de la otra noche en medio de mi cocina.
Este es lento, reverente, casi de reconocimiento.
Un gemido se escapa de mi garganta y Liam se aferra a mis labios con más fuerza.
Le doy entrada y él la aprovecha, recorriendo mi lengua con la suya con una destreza que hace que mi sangre circule a mil por hora por cada vena de mi cuerpo.
Mis manos suben a su cuello por puro instinto y por la necesidad de sentir otro tipo de soporte a la realidad.
La piel de su cuello se eriza bajo mi toque.
Quiero sonreír porque soy yo la que le está dando placer a Liam Blake. La sensación dura poco, porque la imagen de Bonnie saliendo de su oficina con el labial corrido, me llega como un balde de agua fría.
El pensamiento de que ellos han llegado a más, me mata por dentro. Mata la ilusión que fervientemente estaba creciendo dentro de mí pecho. Me aparto bruscamente, empujándolo para poner distancia.
—Dulzura, ¿qué pasa? Creí que querías esto. —Él da un paso adelante y yo retrocedo—. Arya, ¿qué está pasando? ¿Te arrepientes? —Frunce el ceño y trata de cerrar el espacio. Lo detengo una vez más.
—Espera... —suplico. —Liam levanta las manos en señal de rendición. Cierra los ojos y maldice por lo bajo.
—Está bien. Despacio —repite, dando un paso atrás—. ¿Podemos vernos mañana?
—Preferiría que no. Tengo cosas que hacer. Te veré en la oficina el lunes por la mañana. Buenas noches. —Me doy la vuelta tan rápido como puedo y desaparezco por la puerta de mi edificio antes de que Liam pueda hacer o decir algo que me convenza de lo contrario.
Sé que soy infantil, que él quiere a una mujer completa, no a alguien que no tiene ese tipo de confianza en ella misma. Quizá el fin de semana lo haga cambiar de opinión y el lunes todo vuelva a ser estrictamente profesional.
«Miéntete todo lo que quieras». Se burla mi conciencia.
Al entrar en mi habitación, mi teléfono vibra y me saca de la miseria mental. No estoy segura de haber tomado las mejores decisiones esta noche.
O esta semana .
O esta vida.
LIAM: Descansa, mi dulce Arya. Estaré pensando en ti. De día y de noche.
Trago saliva. Ese es el maldito problema. Yo también pienso mucho en él, No se lo diré.
También hay un mensaje de Su:
SU: ¿Ese era tu jefe guapo? Wow, diviértete por las dos. ¡Me lo cuentas todo en el desayuno del domingo! ;)
Pongo los ojos en blanco. Finalmente, veo las llamadas perdidas y un mensaje de mi padre:
PAPÁ: ¿Dónde has estado, Ary? Extraño a mi hija. Te espero en casa si aún recuerdas que tienes una.
Tan dramático como siempre. Sonrío a la pantalla y me preparo para dormir. Al menos hoy no tengo que castigarme por imaginar el toque de Liam sobre mi cuerpo o el sabor de sus labios sobre los míos.
***
—Yo también te he extrañado, papá. No tienes que ser tan dramático —le digo a mi padre mientras dejo que me envuelva en un abrazo fuerte el sábado por la mañana .
—Desde que eres una adulta independiente y has dejado de visitar a tu viejo... ¿qué más puedo hacer para llamar tu atención? —Se justifica encogiéndose de hombros antes de besar mi mejilla.
—Aquí estoy, ¿o no? —Me siento junto a él en la barra de la cocina, disfrutando del olor a café recién hecho—. Ahora cuéntame, ¿cómo va todo por la empresa?
—¿Por qué tanto interés? ¿Me vas a dar la sorpresa de que quieres unirte a mí? —Mi obstinado padre nunca pierde la oportunidad de intentar reclutarme en su inmobiliaria.
—Eso sería un poco complicado, ya que ya tengo un empleo, papá. —Sonrío del otro lado de mi taza. Esto es lo único que mantiene una sonrisa en mi boca las veinticuatro horas del día.
—Ary, cariño, lo siento, pero servirles tragos a chicos de tu edad no es el futuro que yo soñé para ti —dice con un toque de decepción. Tiene razón. Sé que ese bar era solo un refugio temporal, pero ahora las cosas han cambiado drásticamente.
—Ya no trabajo en el bar —respondo, intentando contener una sonrisa de orgullo, pero fallo.
—Ah, ¿no? ¿Y dónde estás trabajando entonces? —pregunta con una ceja levantada. Muerdo mi labio inferior. Todavía me cuesta procesar que mi vida ha dado este cambio.
—Es la empresa con la que solo podía soñar, papá. —Suspiro. El empleo me encanta, me siento útil y, además, está mi jefe. Liam.
—Dilo ya, Ary. Para ir a buscar la sidra espumosa —insiste mi padre con los ojos muy abiertos.
—Hace una semana empecé a formar parte de BLAKE —anuncio, agitando los brazos en el aire. No esperaba una fiesta, pero tampoco estaba preparada para la reacción tan apática de mi padre. Su rostro se drena de color y se vuelve más serio de lo que lo he visto en toda mi vida.
—Así que BLAKE, ¿eh? —pregunta con voz fría .
—Sí, papá. Estoy muy contenta. He resuelto un par de contratos que afectaban a la empresa y, por primera vez en mucho tiempo, siento que mi carrera despega.
—Si eres feliz, yo soy feliz, hija —dice tras un largo silencio—.
Pero dime una cosa... ¿cómo supiste de esa vacante?
¿Conociste al dueño antes de entrar? —Hay algo en su tono que me pone alerta.
Un recelo que no parece tener que ver conmigo, sino con el hombre.
No tenía idea de que supiera de Liam, pero creo que entre negocios las personas se conocen.
Aun así, siento que hay una pieza en todo este rompecabezas que mi padre mantiene oculta.
—Envié mi solicitud hace semanas. Me llamaron de Recursos Humanos, pasé los filtros y me quedé con el puesto. —Miento. La farsa me fluye con una facilidad que me asusta—. Y sí, conocí al dueño en mi primer día. ¿Pasa algo, papá?
—No, hija. Nada. Te felicito —dice, aunque su sonrisa no llega a sus ojos. Se aclara la garganta—. Quiero que nunca olvides que siempre tendrás un lugar a mi lado en la empresa familiar.
Dejamos el tema ahí, pero el ambiente se queda cargado de algo que no me deja descansar.
Desayunamos juntos, pero mi mente sigue repasando su extraña reacción a mi nuevo empleo.
No me gusta ocultarle cosas, pero hasta que no descubra qué problema tiene con BLAKE, prefiero mantener mis cartas cerca del pecho.
***
—¡Cuéntamelo todo! No he podido pegar un ojo desde que te vi salir del antro colgada de la cintura de ese hombre. —Susan es una exagerada, pero su entusiasmo me distrae—. ¿Te estás acostando con tu jefe?
—¡Susan Mary Douglas! —La llamo por su nombre completo, como siempre que cruza la línea—. No digas tonterías .
La sola idea de hacer realidad todas mis fantasías con Liam, me hace sentir como una hipócrita. No me estoy acostando con él... pero desearía estar haciéndolo ahora mismo.
Creo que me sonrojo, Susan nota algo.
—¡AJÁ! —grita en medio del restaurante—. Lo sabía. Ni siquiera tú podrías haberte resistido a ese monumento de hombre. —Se echa hacia atrás, se cruza de brazos esperando mi confesión.
—Solo nos estamos conociendo —le aclaro, aunque por dentro me muero por llamarlo mío. Si tan solo no me asustara tanto la intimidad real...
«Tal vez él sea quien te haga olvidar el pasado», susurra mi conciencia. «El que te haga sentir plena de nuevo».
—¿Ya te besó? —pregunta Su, mordiéndose el labio con morbo, pone los ojos en blanco, extasiada—. ¡No lo digas! Lo tienes escrito en la frente. ¡Arya Foster está saliendo con su jefe buenote.
—¿Podrías dejar de gritar? —le chillo entre dientes después de sentir las miradas de las personas al rededor.
—He perdido el apetito por completo, esto hay que festejarlo de otra forma. ¡Vamos a la tienda de lencería! —grita emocionada y sé que nada la hará cambiar de opinión. Tampoco es que quiera hacerlo.
Dos horas después, salgo de la tienda con dos bolsas llenas de encaje y seda.
«Una nunca sabe cuándo tendrá un buen encuentro, hay que estar preparada», es el lema de Su. Y, aunque me aterra, las prendas son preciosas.
¿Las usaré?
Dios, espero que sí.