Dulce No Venganza 19 ARYA
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19 ARYA

El lunes por la mañana no puede llegar demasiado rápido. No entiendo del todo los sentimientos que se mezclan dentro de mi cuerpo, y los pensamientos que se pelean en mi mente.

Me he puesto un conjunto de lencería rosa pálido que me hace sentir poderosa debajo de la ropa. Llevo una falda azul oscura por encima de la rodilla y una blusa amarilla anudada a la cintura. Me he dejado el cabello suelto, pero esta vez hay ondas suaves en las puntas.

El camino a BLAKE es un subidón de adrenalina, no puedo controlar el movimiento de mis manos y me obligo a conversar con el taxista del clima para ocupar mi mente en cualquier cosa que no sea yo diciéndole a Liam que sí.

Cuando por fin atravieso las puertas del edificio, no me pierdo las miradas que las chicas de recepción suelen lanzarme.

Hoy las ignoro. Hoy no me importan. Subo por el elevador solo para darme cuenta de que los nervios no disminuyen, al contrario, solo aumentan con cada número cambiando en la pantalla que me acerca al piso veintiséis.

Doy el primer paso fuera del ascensor y mis ojos vuelan al escritorio de Bonnie , Está vacío . Y no sé si es porque no ha llegado —cosa que no suele pasar—, o porque esta con Liam.

Ignoro mi primer autosabotaje del día y camino hacia el área de cocina para preparar el café de Liam; cuento mis respiraciones hasta que noto que están más estables y me doy la vuelta para enfrentar lo que sea que este del otro lado de la puerta.

Tomo una respiración profunda y empujo la puerta que esta entre abierta. Resulta que tenía razón y Bonnie no llegó tarde. Esta aquí dentro, demasiado cerca de Liam, con el rostro desencajado y sus puños a cada lado de su pequeña cintura. Liam no la mira, mantiene la vista fija en su computadora.

—Pero Liam... —dice ella en lo que parece un reclamo. Lo llama por su nombre, y no con algún tipo de título de respeto como jefe o señor. Eso me quema por dentro. Tanto que suelto un jadeo de sorpresa involuntario.

Entonces los ojos de Liam abandonan la pantalla frente a él y se clavan en los míos. Su mirada, intensa y dominante me atraviesa capa por capa, me desnuda, me deja sin aliento.

—Retírate, Bonnie —ordena él. Ella no se mueve—. Ahora.

Bonnie está en shock por algún tipo de conversación que acaban de tener, hace un sonido molesto con el tacón de sus zapatos, pero finalmente hace lo correcto y camina hacia la salida.

Pasa a mi lado, no pierde la oportunidad de lanzarme una mirada cargada de odio puro.

Trago saliva con fuerza, tratando de mantener la compostura.

Que ella no me quiera no me molesta. Lo que me molesta es que creo saber la razón de eso.

—Buenos días —digo en voz baja una vez que la puerta se ha cerrado detrás de mí. La mano que sostiene la taza de café me tiembla ligeramente.

—Dulzura —dice Liam con ese tono que se ha vuelto tan íntimo para mí—. Estaba contando los minutos para verte.

Se levanta de su silla, rodea su escritorio, me quita la taza de las manos y la deja en la primer superficie plana que encuentra.

Sus ojos me recorren de pies a cabeza con una suficiencia que me hace derretir.

Me pregunto qué fue lo que hice para gustarle de la manera en la que parece que lo hago. No parece que yo sea su tipo .

—¿Pasaste un buen fin de semana? —pregunta con un tono divertido y esa media sonrisa que me hace contener la respiración.

—Sí —respondo en un hilo de voz.

De repente, me atrae hacia él. Sus manos rodean mi parte más estrecha y me pega a la dureza de su frente.

Mis manos van a su pecho. El contraste de su traje oscuro contra mi blusa amarilla se mezcla en mi campo de visión provocándome un mareo.

Bueno, me digo a mí misma que es eso y no solo el hecho de tenerlo tan cerca de mí.

—Dime, Arya... ¿pensaste en mí? —pregunta, siento la provocación.

No puedo articular palabra. Mi cuello se calienta por el rubor, y mi cuerpo ya le está dando la respuesta que mis labios callan.

Suelta mi cintura para tomar mi barbilla entre sus dedos—.

Porque yo, dulzura, no hice otra cosa que pensar en ti.

Entonces sus labios chocan con los míos sin previo aviso. Me besa con una intensidad que me hace desear que el tiempo se detenga. Imaginarlo por las noches ha empezado a ser insuficiente; mi cuerpo pide a gritos algo más, algo real.

—Liam, por favor, espera... —suplico, con la lucha interna entre dejarlo seguir o detenerlo.

Mis manos toman la decisión correcta al presionar en su pecho y alejarlo ligeramente.

Si me sigue nublando los sentidos como lo hace con solo poner sus labios sobre los míos, no podré poner orden en mis pensamientos—.

Esto va demasiado rápido, ademas, estamos en el trabajo. No es correcto.

Liam me mira con una mezcla de hambre y respeto, aflojando ligeramente el agarre en mis caderas.

—Entonces déjame pasar tiempo contigo fuera de estas paredes —pide, con un nuevo animo subiendo su mano a mi rostro para acariciar mis mejillas—. ¿Cenamos esta noche?

—Sí... una cena estará bien. —Asiento con una sonrisa, una que dura muy poco porque mi mirada se desvía involuntariamente hacia la puerta. Se me revuelve el estómago .

—Ella nunca significó nada para mí, Arya —dice, leyéndome el pensamiento—. Se lo acabo de decir esta mañana. No quiero que nada ni nadie se interponga entre nosotros. Tu eres lo único que quiero. —Jadeo. Tengo que dar un paso hacia atrás para buscar mi propio oxígeno.

—¿Qué le dijiste? —La pregunta completa se me queda atorada en la garganta, junto con todas las demás que me vienen ahora sobre su pasado y de su historial de relaciones. No debería pensar en eso, acabo de llegar a su vida hace apenas nada.

—Puedo despedirla si es lo que quieres. —Ofrece con una frialdad que me asusta. No puedo creer que piense en deshacerse de alguien que forma parte de su empresa así de fácil. Me llevo una mano al pecho.

Tantas cosas están mal en esto que estoy haciendo. Ojalá tuviera el valor para detenerme. Ojalá no estuviera tan deslumbrada por este hombre y por lo que me hace sentir para poder volver por donde llegué y fingir que nunca lo conocí.

—No, por favor, no lo hagas. No soportaré ser la responsable de que alguien pierda su empleo. Ella no tiene la culpa de… —me quedo callada sin saber cómo terminar la oración.

Liam sonríe de lado, no se está burlando de mí, es como si de verdad me entendiera. Cierra de nuevo la distancia entre nosotros, no puedo moverme cuando sus ojos me tienen atrapada.

—Entonces créeme cuando te digo que, desde hoy, no existe otra mujer para mí. —Sus ojos azules brillan con una intensidad que me hace sentir valiente, protegida y, por primera vez en mucho tiempo, deseada. Dios me ayude... porque le creo cada palabra .

LIAM

He pasado todo el día buscando pretextos ridículos para llamar a Arya a mi oficina. No he encontrado ni uno solo que sea válido, pero eso no me detiene.

—¿Me has llamado? —pregunta, por tercera vez desde que me trajo el café esta mañana. Una sonrisa burlona juega en sus labios perfectos. Sabe que lo hago a proposito.

La primera vez fue un supuesto contrato que necesitaba redactar , uno que ni siquiera existe pero que inventé sobre la marcha solo para verla. Tenerla cerca se está convirtiendo en una necesidad biológica, como el oxígeno.

La segunda vez, la mandé a buscar información en mis libros de economía. No necesitaba los datos, pero la imagen de ella estirándose frente a mi librero, con la falda subiéndose apenas unos centímetros, fue el combustible de mis fantasías durante la hora siguiente.

—Lo siento, creo que tengo un problema con el ordenador —le suelto, fingiendo una inocencia que no poseo. Abanico mis pestañas con cinismo—. Pensé que tal vez tú podrías ayudarme.

Ruedo mi silla hacia atrás, invitándola a pasar al espacio privado de mi escritorio.

Ella me mira con los ojos entrecerrados, cargados de una acusación silenciosa.

Sin embargo, hace lo que espero: camina hasta quedar frente a mí, me da la espalda y se inclina ligeramente para presionar el botón de encendido.

No va a funcionar. Me aseguré personalmente de eso.

Desde mi posición, no veo otra cosa que la curva de su abultado trasero y la suavidad de sus mejillas. Me queman las palmas de las manos por tocarla, la boca por morderla y la entrepierna por reclamarla como mía de una vez por todas. Solo tendría que estirar la mano y...

—¡¡Liam!! —chilla mi nombre, sacándome de mi trance.

—Dime, dulzura...

—¿Qué es esto? —pregunta, inclinándose aún más. La tensión en mis pantalones está empezando a molestarme de verdad.

—¿Qué es qué? —Mi voz sale ronca, por el deseo contenido.

Decido que no me hará daño probar un poco.

Estiro la mano y acaricio la piel desnuda de su pierna, justo donde termina el dobladillo de su falda.

Es la piel más suave que he tocado jamás.

Un escalofrío le recorre la piel bajo mis dedos y esa reacción es como una droga para mí; quiero más.

Quiero devorar cada centímetro de esa porcelana.

Un manotazo de su parte me obliga a retroceder. Me encuentro con su mirada intensa: está sonrojada por mi toque, pero tiene el ceño fruncido por lo que le hice al ordenador.

—Esto. —Me reclama, mostrando el cable de corriente que yo mismo desconecté.

—No sé cómo ha podido pasar. —Me justifico, levantando las manos en señal de rendición.

—¡Liam! No puedes... —Empieza a regañarme, pero la interrumpo.

—Lo siento... solo quería verte. —Me levanto de la silla con lentitud depredadora. La aprisiono contra el borde de mi escritorio, rodeándola con mis brazos. Mis manos rozan sus curvas antes de apoyarse en la madera—. No puedes culparme por eso, ¿o sí?

Mi boca está tan cerca de la suya que puedo oler su aliento a menta. Solo necesito inclinarme un par de centímetros para saborearla de nuevo. Las manos de Arya suben a mi pecho, aun sujetando el cable.

—Liam... es la tercera vez que me haces venir sin razón alguna. —Se queja con la respiración entrecortada. Completamente afectada por mí y por lo que le hago. Me gusta que sea tan transparente. Si algo le gusta, lo demuestra. Aunque al mismo tiempo también quiere salir corriendo todo el tiempo.

—Vuelve a decir mi nombre, dulce Arya. Me encanta cómo sale de tus labios cuando estas excitada. —Deja escapar un jadeo delicado que confirma mis palabras. Su pecho sube y baja tan rápido que puedo escucharlo.

—¡Liam! —Advierte, pero su tono carece de verdadera fuerza—. No me dejas trabajar.

—Lo siento, pero fuiste tú la que me hizo extrañarte todo el fin de semana. —Le doy un beso rápido en la punta de la nariz—. Ahora, si eres tú la que inicia un beso de verdad, prometo que podré aguantar las tres horas que faltan para llevarte a cenar.

Creo que miento, porque a estas alturas no creo que un beso sea suficiente para llenarme de ella. Arya niega con la cabeza, intentando ocultar una sonrisa que la delata.

—Sabes... nunca te imaginé siendo así cuando te conocí en el bar.

—Se inclina y roza mis labios. Es un beso casto, uno que estaba listo para intensificar, pero sus palabras caen sobre mí como un balde de agua helada.

La mención de nuestro primer encuentro, me recuerda la única razón por la que está aquí.

Mi cuerpo se tensa de un segundo a otro y soy yo el que me alejo de ella.

¿Qué me estás haciendo, dulce Arya Foster? No debería sentirme así.

Las últimas tres horas de trabajo pasaron en un borrón de ansiedad. En cuanto Arya salió de mi oficina, me obligué a recordar la misión. Mi dulce venganza . Me pidió ir despacio, pero si sigo así, me perderé en ella. Tal vez deba apresurar los eventos antes de que mi propia trampa me atrape a mí.

—Liam, ¿pasa algo? Desde que salimos de la oficina te noto un poco serio —Su voz me devuelve al presente. Estamos en el auto, moviéndonos por el tráfico nocturno .

Recuerdo la última vez que cenamos juntos. El peso de haberla llevado a la casa de mis padres todavía me oprime el pecho; no he vuelto a pisar ese lugar desde aquella noche. Hoy tiene que ser diferente. No puede haber fantasmas.

—Estoy perfectamente bien, dulzura. ¿Te gusta la comida japonesa? —le pregunto cuando pasamos frente a un restaurante nuevo de lujo.

—Mmm... —La siento dudar—. ¿Qué opinas de una pizza? —Me mira con una sonrisa de esas que hacen que sea imposible negarle nada. Niego con la cabeza internamente.

—Pizza será. —Cedo, odiándome un poco porque sé que en este momento le daría el mundo si me lo pidiera. Y eso no es lo que está en mis planes.

Llegamos a Settebello, mi lugar favorito de pizza. El ambiente es acogedor, hogareño, lejos de la pretensión de mis círculos habituales.

—¿Has estado aquí antes? —le pregunto mientras la ayudo a bajar del auto.

—No, pero se ve encantador. Espero que no te burles de mis gustos, Su siempre lo hace. —Se ríe, pero me doy cuenta de que esa tontería es algo que realmente le preocupa.

—No creo que sean más raros que los míos —le aseguro, guiándola al interior con una mano posesiva en su espalda baja.

—Nada es más raro que la pizza de piña con jalapeño —admite con una risita nerviosa. Casi jadeo.

—A menos que sea pizza de piña con jalapeño... y tocino.

Ella me mira con los ojos muy abiertos y estalla en una carcajada limpia y dulce. Se ríe tanto que termina escondiendo el rostro en mi pecho para recuperar el aire. Yo me río con ella, sintiendo una calidez peligrosa en el pecho.

—Es raro encontrar a alguien con gustos tan refinados, dulzura. Ya decía que por algo me gustas tanto. —Le beso la frente de forma impulsiva y, de inmediato, la culpa me golpea. Me siento demasiado bien a su lado. Y no puedo permitírmelo.

«Disfruta del camino», susurra mi conciencia oscura. «Al final solo habrá un resultado y de eso no habrá retorno, así que aprovecha el tiempo que la tengas»

La idea suena como algo poco convincente, pero por esta ocasión decido que la tomaré.

—Gracias por la cena, me he divertido mucho. —Arya se pone de puntillas frente a su edificio y me da un beso corto e inocente. Si tan solo supiera que no hay nada inocente en lo que quiero hacer con ella—. ¿Nos vemos mañana?

—Sí, mañana —respondo, intentando sonar casual cuando mi sangre arde por más. Solo un poco más de piel, un poco más de su sabor, un poco más de ella.

—A menos... —Sus pupilas se dilatan y sus mejillas se encienden. Reconozco esa mirada; es la necesidad de liberación, la misma hambre que me consume a mí—. A menos que quieras pasar unos minutos a mi departamento.

Me condeno en ese mismo instante. Sé que un hombre con valores diferentes a los míos, se daría la vuelta, pero yo dejé de ser ese tipo de hombre hace mucho tiempo. Al diablo con todo.

—Vamos, dulzura. Subiré contigo y te haré sentir tan bien...