16 ARYA
Abro mi boca para decir cualquier cosa, al menos dos veces, pero no logro que salga un solo sonido de mi garganta. Las palabras se quedan atascadas en mi pecho, asfixiadas por la humillación.
¿Que si me es difícil creer que Liam Blake se interese en mí? ¡Dios! Por supuesto que me es difícil, pero no es su culpa, es toda mía y de mis traumas.
¿Que si su beso fue malo para mí? ¡No! Fue el mejor beso de toda mi patética existencia. Tan bueno que no pude dormir un solo minuto en toda la noche por estarlo recordando, por estar recorriendo mis labios con mi lengua hasta que su sabor se desvaneció.
Yo también me creía diferente; me creía capaz de recibir elogios, de aceptar invitaciones a cenar de hombres guapos, pero ahora veo que no puedo. finjo que no, pero lo que Carter me hizo, me sigue afectando aun después de tanto tiempo.
Ya entendió que no soy mujer para él. Que estoy defectuosa... Ese pensamiento me consuela y me frustra al mismo tiempo. Entre más rápido lo entendamos los dos, mejor será para todos. Él quiere que olvide que alguna vez me invitó a salir, y eso es justo lo que pienso hacer.
Sin poder decir nada, salgo de su oficina. Dice que no me necesita, dice que puedo ir a casa así que me preparo para hacerlo.
Tal vez a la que sí necesita es a Bonnie. Sacudo la cabeza para desechar esa imagen; no necesito visualizar a mi jefe con su secretaria en una posición comprometida para sentirme peor de lo que ya me siento.
«Tal vez nada te haga olvidarte de él» Susurra mi conciencia.
¡Tú, cállate! Le grito internamente. Tomo mis cosas y camino directo al ascensor; bajo los veintiséis pisos admirando el atardecer de Los Ángeles a través del cristal.
Es hermoso, siempre me ha gustado aquí, aunque hoy se siente distante. Como algo lejano a lo que tampoco tengo derecho, como tampoco tengo derecho de gustarle a un hombre como Liam Blake.
Al salir del ascensor, empiezo a creer que tengo una maldición del tipo retorcida, porque vuelvo a estrellarme contra una pared de músculos, pero esta vez no es Liam. Esta vez es Aron, su abogado. Y, gracias al cielo, esta vez no estoy en ropa de dormir.
—Hola, bonita. Yo también te extrañé —dice con una sonrisa amplia mientras sus brazos me estabilizan.
Hay algo en su rostro que transmite una confianza inmediata. Supongo que, como abogado, domina el arte del convencimiento; tiene esa chispa que te hace sentir cómoda en segundos.
—Ah, hola, lo siento —me disculpo, dando un paso hacia atrás—. No te vi.
—¿Te vas a casa temprano? —me pregunta confundido, revisa su reloj antes de volver a clavar sus ojos marrones en los míos.
—Sí. Liam dijo que no me necesita por el resto del día. —Me encojo de hombros con una sonrisa forzada. Decirlo en voz alta duele.
—¿En serio? qué casualidad tan grande, yo tampoco tengo nada que hacer y resulta que hoy es viernes. ¿Qué tal si te invito un trago? —Mueve las cejas de arriba abajo, logrando que suelte una risita real. Aron es realmente gracioso.
—No lo sé... es que ya quedé con una amiga —miento, aunque tengo toda la intención de escribirle a Su en cuanto salga de aquí .
Aron entrecierra los ojos, hace un puchero con sus labios, como si de verdad estuviera decepcionado.
—Es una pena, bonita. Imagino que querrás divertirte en serio, considerando el ambiente de manicomio que hay aquí dentro. —Se ríe, y su risa es tan contagiosa que termino riendo con él.
—No es tan malo —digo tras aclarar mi garganta.
—Si tú lo dices... —Suspira—. Al menos prométeme que un día de estos me aceptarás, aunque sea un café. Hay una cafetería irlandesa aquí cerca que es... ¡espectacular! —Hace el gesto italiano de besarse los dedos—. Mamma mia .
Vuelvo a reír por la incoherencia que acaba de decir. Es refrescante estar cerca de él.
—Lo prometo —suelto con un suspiro. Realmente es agradable y parece del tipo que siempre te hace reír, así que, lo digo en serio. Después de todo, tengo que olvidarme de cierta invitación para siempre.
—Ya lo has dicho. Soy abogado, te obligaré a cumplir.
—Se burla guiñándome un ojo mientras entra al elevador—.
Ten una buena tarde, Arya. —Se despide y no me muevo hasta que las puertas se cierran detrás de él.
Solo entonces suelto todo el aire de mis pulmones, es una sensación de cansancio y de alivio al mismo tiempo.
No espero más y tomo un taxi hacia mi departamento.
***
—Sí, ajá... te lo contaré todo —le digo a Su por teléfono—. ¿Dónde te veo? Estaré ahí a las once.—Termino la llamada, decidida. Hoy será una noche para olvidar.
Ya perdí la cuenta de las veces que he dicho lo mismo desde que Su me encontró llorando esa noche. Al parecer eso que tengo que olvidar no ha salido después de todo.
Me concentro en esta noche, en lo fácil que puedo pasar de ser la chica tensa y nerviosa frente a mi jefe, a la chica que no le importa nada más que bailar, sudar y reír. Su es experta en eso y ahora la necesito para lograr ese tipo de desahogo.
Mi reflejo en el espejo me da el visto bueno.
Me veo atrevida, y lo necesito para reconstruir mis murallas.
Llevo botas negras hasta las rodillas, un pantalón corto de piel, un top negro sin mangas; ademas de un vestido de malla transparente encima de todo que me llega hasta la mitad de los muslos.
Me siento segura, decidida. Veo a la Arya que era antes de todo y la que quiero volver a ser.
Tomo mi bolso y, en el último momento, decido dejar el móvil sobre la cama. Sin teléfono, no hay riesgos de llamadas o mensajes bajo la influencia del alcohol.
El taxi me deja frente al Avalon Hollywood. La música ya vibra en el suelo debajo de mis pies. Hago fila para entrar y cuando lo logro, corro a la barra. Sé que es ahí en donde encontrare a mi amiga. Su cabello rubio brilla bajo las luces de colores como un faro; sería imposible no reconocerla.
—¡Hola, tú! —La saludo con una sonrisa. De inmediato me siento mejor. Ese poder tiene ella.
—¡Hola, tuuu! —responde, ya con un trago en la mano—. ¡Estás hermosa! —Me hace la señal de «ok» con la mano.
—Mírate tú. Ese color te queda impresionante... —sigo. Me pone los ojos en blanco. Ella sabe que es hermosa, pero no le gusta que se lo digan.
—Basta de halagos. ¡Es hora de bailar! Pero primero... —levanta la mano hacia el barman—. ¡Dos de lo más fuerte que tengas! —grita.
Dos rondas de tragos de colores después, la sangre es la que baila por mis venas. Tomo a Su de la mano y la guío hacia la abarrotada pista de baile.
—No me dijiste cómo estuvo tu semana, baby. Con ese jefe caliente me imagino que te lo pasas de maravilla —grita por encima de la música.
Tan ingenua mi amiga. Si tan solo supiera que en solo unos días tuve más ocasión de salir corriendo que de quedarme.
—Aún me estoy adaptando. No se parece en nada al bar, ni a mi antigua oficina. —No le digo más, no vine para hablar de eso. Así que me concentro en el movimiento de mi cuerpo.
—¡Por supuesto que no! Estás en el maldito BLAKE —Se ríe y no insiste más. Sonrío, por un buen rato dejo que sea la música y el sudor de mi cuerpo lo único que me envuelva.
No sé cuánto tiempo pasa y no me importa, pero empiezo a notar una presencia detrás de mí. Hay cientos de cuerpos en el lugar, pero esta sensación es distinta. Un escalofrío me recorre la nuca justo antes de que unas manos se posen en mi cintura. Me sobresalto.
—Hola, linda. Qué rico te mueves. Baila conmigo —dice un tipo a mi espalda. Me giro, con el corazón acelerado, es común que en estos lugares pasen cosas así, personas ligando y todo eso. Conmigo no es tan común, pero aun así suele haber sus excepciones.
Trago saliva. El hombre es alto, de hombros anchos, pero su sonrisa torcida me causa una repulsión inmediata.
—Lo siento, estoy con mi ami... —Estiro la mano para tomar la de Su, pero me doy cuenta de que ella ya está enredada con un chico a tres metros de distancia. Mierda . Ya se había tardado en encontrar a alguien para jugar esta noche.
—Parece que tu amiga ya empezó a divertirse —dice el tipo con una risita, rodea mi cintura de nuevo y me pega a su cuerpo. Jadeo, está duro de la entrepierna y me dan náuseas—. Podemos hacer lo mismo.
Su toque me da asco, su perfume demasiado fuerte me da escalofríos. Me doy cuenta de lo arruinada que estoy; no necesito un abuso físico para sentirme dañada, la traición de Carter fue suficiente para que mi cuerpo rechace a cualquiera que no sea.. .
«No pienses en él».
—Lo siento, no estoy interesada. —Lo empujo, mis manos se presionan en su pecho, pero mi fuerza no es suficiente, él tipo no se mueve ni un solo centímetro. Su sonrisa se ensancha, como si mi negativa fuera un juego para él.
—No te preocupes, linda. Te aseguro que puedo con todo eso que tienes —dice, bajando una mano hacia mi trasero. Me estremezco. La bilis me sube a la garganta.
—No me interesas ¡tú! —le grito, empujando un poco más para mirarlo a los ojos, tiene que saber que no estoy jugando—. Y la próxima vez que quieras hablar del cuerpo de alguien, asegúrate de no parecer un idiota en el proceso.
El hombre suelta una carcajada y, en un movimiento brusco, me tira del cabello detrás de la nuca. El dolor es agudo y cierro los ojos, esperando lo peor.
—Deberías darme las gracias, gordita. ¿Qué no vez que me fijé en ti...? —Ahí está, el recordatorio de mi vida. El tirón desaparece de golpe. No hay otro insulto, solo el sonido sordo de un impacto y chillidos a mi alrededor.
Cuando abro los ojos, el tipo está en el suelo, con la nariz rota, el rostro lleno de sangre y casi inconsciente.
—¿Qué parte de que no está interesada no escuchaste, imbécil? —Esa voz.Un escalofrío completamente distinto al de antes me recorre la piel. Estoy mal. Estoy tan malditamente mal.
—No te atrevas a tocarla de nuevo pedazo de mierda, o me encargaré de que estés a dos metros bajo tierra antes de que puedas parpadear —Liam gruñe, lanza otro golpe antes de soltar al tipo y levantarse en toda su altura. Grande e imponente.
Se gira hacia mí. Sus ojos siguen fríos, llenos de adrenalina, pero para mí son puro fuego y furia. Un incendio que me ataca y me consume. Me tiemblan las piernas violentamente.
—Ho... ¡Hola, Liam! —Mi voz es un hilo e influenciada por el alcohol, no creo poder controlar lo que salga de mi boca—. Qué sorpresa encontrarte aquí. —Mi nerviosismo es el que habla ahora.
Sus ojos se estrechan, recorriéndome desde las botas hasta el cabello despeinado. Su mandíbula está tan tensa que parece que va a romperse.
Debería darme la vuelta. Debería recordar que me pidió olvidar cada contacto que hemos tenido. Debería recordar que él piensa que soy una mujer a la que le gusta hacerse la difícil y jugar con los hombres.
—Tú... —gruñe, y el sonido me penetra en los huesos más que la música elevada—. Vendrás conmigo. Ahora.