Dulce No Venganza 13 LIAM
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La ignoré toda la mañana. A Arya, quiero decir. Simplemente no tengo la capacidad mental para lidiar con ella y con lo que me hace sentir. Tengo un imperio que proteger y demandas que redactar para triturar esos malditos contratos.

Aron, por el contrario, está de un humor insoportablemente bueno. Cada palabra positiva que sale de su boca me tensa un músculo diferente.

—Ya te lo digo, hermano, te has ganado la lotería con esta chica —dice, sin haber leído siquiera las correcciones, pero ya fascinado por la capacidad mental de Arya.

—Sí, sí, lo que digas —respondo poniendo los ojos en blanco.

Él no sabe de quién es hija, ni tiene puta idea de mi plan.

Ha sido solitario cargar con esta venganza, pero no puedo arriesgarme, ni siquiera con mi mejor amigo.

Tal vez un día. Una vez que todo termine, no habrá más secretos. Y yo podré descansar.

—Estoy listo para conocerla. Llámala ahora y terminemos con esta mierda. —Se frota las manos al frente y truena de un lado a otro su cuello. Imbécil.

Dudo por un segundo. Pienso en cómo salí de la oficina esta mañana cuando no podía soportar un minuto más de verla o de respirar su aroma. Para este momento ya debe estar instalada en el ridículo cubículo que pedí para ella, pero elijo llamar a mi secretaria.

—Dile a Arya que venga a la sala de juntas —ordeno y cuelgo antes de escuchar cualquiera de sus sonidos. Esta mañana no fue suficiente lo que le hice para dejar de pensar. Para borrar el recuerdo de Arya y sus ojos o el rubor de sus mejillas cuando le hice preguntas incómodas durante la cena.

Aron me mira con una ceja alzada y una sonrisa de suficiencia, siempre está así. A veces lo odio.

—¿Todavía te acuestas con tu secretaria? ¿No te cansas de ser un pervertido? —Se cruza de brazos y recarga su espalda en su silla.

—No sé de qué mierda hablas —bromeo, esa parte de mi vida sí la sabe.También me dejo caer sobre el respaldo de mi silla. Me duele la cabeza. Desde esta mañana que desperté de ese sueño, nada me da paz. Al contrario, me siento cada vez peor.

Y ahora, acabo de llamar a la mismísima causa de mi molestia.

—Solo te diré una cosa, Liam —continúa Aron—.

Cuando llegue la mujer que te haga volar la cabeza de verdad, tendrás que deshacerte de esas costumbres.

—Se ríe el muy idiota. No tiene ni idea de lo que habla—.

Te lo digo hermano, llegará un tiempo en el que solo querrás una vagina para el resto de tu vida.

Es mi turno de reírme.

—No hay una sola en la tierra, Aron. No para mí. Deja de decir estupideces. Tampoco creo que lo haya para ti, no por nada somos amigos. —Levanto una ceja y sonrío de lado.Hemos pasado demasiados buenos ratos.

—Tal vez... pero no lo sabré si no lo intento, hermano. —Estira sus brazos hacia atrás de su cabeza—. Lo que sí sé es que cuando la encuentre, no habrá nada que me detenga para tenerla.

Sacudo la cabeza, pobre tonto. Voy a recordarle nuestra última aventura en el club, cuando alguien toca la puerta.

Ese alguien solo puede ser Arya.

—¡Pasa, Arya! —grito.

La puerta se abre muy despacio, cuando termina de entrar, sus ojos recorren la sala con una mezcla de confusión y precaución.

Sé que mi trato de esta mañana, comparado con el de la noche anterior, la tiene descolocada, pero cuando su mirada se cruza con la de Aron, veo una chispa que me molesta, porque se parece mucho a como brillaron sus ojos cuando me miró por primera vez en el bar de su amiga.

Voy a hablar, me aclaro la garganta incluso, pero antes de que pueda articular palabra, Aron se levanta de su silla y se apresura como un depredador que ve una presa exquisita.

—¡Oh, por Dios! Liam, no me dijiste que tu nueva chica era tan.

.. —Arya tensa los hombros y agacha la cabeza, cierra los ojos, supongo que preparándose para la crítica a la que seguramente está acostumbrada.

Ojalá pensar en que mi amigo podría burlarse de ella me hiciera sentir mejor, pero no lo hace.

Entonces Aron termina la frase con pura adoración—. Hermosa. ¡por dios!

Arya toma una inspiración profunda con sorpresa. Lentamente levanta la vista, encontrándose con la sonrisa deslumbrante de mi estúpido amigo.

—¡Soy Aron, preciosa! Encantado de conocerte. —Usa su tono seductor y solo pienso en lo que me dijo hace un momento—. ¿Eres soltera? ¡Por favor, dime que sí!

Pedazo de mierda. Aron extiende su mano y Arya hace lo mismo para estrecharla, pero Aron no es un tipo de apretones de manos comunes. Es un maldito idiota digno de historias románticas. Se inclina y le besa los nudillos con una galantería que no usa todos los días.

Y aquí es cuando la sangre me hierve. Arya se sonroja y se ríe con él, no es una sonrisa falsa como la que me da casi todos los días. Es una risa que solo he escuchado una vez dirigida a mí.

Es todo lo que soporto.He terminado con estos dos. Mi silla cruje contra el suelo cuando me pongo de pie, rodeo la mesa y con pasos largos camino hasta quedar en medio de ellos, forzando a Aron a soltarla.

Un gruñido sale de mi garganta, uno que no puedo contener mientras rodeo la cintura de Arya con mi brazo, y la atraigo hacia mí. Mi mano se hunde en su espalda baja, justo donde nace la curva de su trasero.

Se tensa, como una roca bajo mi toque.

—Deja de coquetear con mi personal. —Le gruño a mi amigo. Pero no conforme con eso, clavo mis uñas en la piel suave de Arya y la hago mirarme cuando las palabras que tengo para ella, salen de mi boca—. Arya, te llamé para trabajar, no para que coquetees con mi abogado.

Mi tono es duro, incluso más de lo que pretendía y en sus ojos verdes y dorados miro lo que le hago.

—No seas imbécil, Liam —interviene Aron con una sonrisa burlona y regresando a la mesa—. En todo caso, soy yo el que molesta a la señorita... Eres señorita, ¿verdad? —Vuelve a insistir y Arya tensa aún más su cuerpo, me obligo a soltarla y a llevarla de la mano a la mesa de juntas.

—El estado sentimental de mis empleados no es de tu incumbencia —respondo cuando todos hemos ocupado una silla. Arya en la que está a mi lado, por su puesto—. Deja de humillarte, Aron. Tenemos mucho que resolver.

Para mi desgracia él se sienta frente a ella, y no puede quitarle los ojos de encima, ni a lo que hoy lleva puesto. Que, por cierto, no es un pantalón de vestir como las últimas veces, sino una falda demasiado corta para el gusto de cualquiera.

—Muy bien, jefe, pero fuera del horario de trabajo no puedes controlarla. Ni a ella, ni a lo que yo haga ahora que la conozco. — Voy a levantarme para darle un puñetazo cuando Arya se aclara la garganta.

—Yo... —empieza con una suavidad que me desarma—.

No quiero problemas en el trabajo. ¿Podemos seguir con la reunión?

—Me mira y siento un triunfo momentáneo, además de que, de alguna manera, mi dolor de cabeza ha desaparecido.

Solo hasta que añade una última frase quitando los ojos de los míos y pasando a los de Aron—.

Y solo para terminar las presentaciones. .. Sí, soy soltera.

—Es maravilloso saberlo, bonita. —Le guiña un ojo, como si no tuviera ya suficiente de este idiota.

—Eso no significa que Arya esté interesada, amigo. —Es mi turno de hablar y de ponerle fin a su maldito coqueteo.

Dos horas después, tras soportar las miradas coquetas de Aron y los sonrojos de Arya, por fin terminamos de revisar cada contrato y de encontrarles solución.No podría haber soportado un minuto más dentro de esta habitación.

—Bueno... —Aron empieza, se levanta de su silla y busca algo en la bolsa interna de su elegante traje—.

Señorita Arya, ha sido un verdadero placer conocerte.

—Extiende la tarjeta exponiendo los músculos de su brazo en el camino—.

Esto es para ti, es mi número personal. Donde siempre, siempre podrás encontrarme. Profesional y personalmente hablando.

Desliza la tarjeta por la mesa hasta tocar los dedos de Arya. Pienso que la rechazará, pero me sorprendo cuando la toma sin pensarlo.

—Muchas gracias, Aron. Siempre es bueno tener a un abogado en la lista de contactos. —Bromea ella—. Nunca se sabe cuándo necesitarás esconder un crimen. — No puedo creer que ya esté bromeando con él. Aron se ríe, por supuesto.

—Lo que necesites, bonita, cuando lo necesites. —Termina con una última mirada a ella antes de verme a mí, por fin—. Liam... nos vemos. — Es todo lo que dice antes de caminar hacia la puerta. Maldito imbécil, ya me las pagará. Ahora tengo a una asistente a quien molestar.

Me detengo cuando la tensión en el aire cambia en cuanto Aron desaparece. Arya tensa su espalda y juro que no entiendo que es lo que estoy haciendo mal con esta mujer.

—Si ya no me necesita... —Arya también se levanta, aferrando la tarjeta de Aron entre sus manos. Suelto un suspiro cansado.

—Ve por tus cosas. Te llevaré a tu departamento. —Me levanto de la silla y tomo mi saco del respaldo.

—No es necesario, señor… —dice y entonces, la cuerda se rompe.

—¡Soy Liam, maldita sea! ¡LIAM! —grito sin poder contener mi enojo.

No me doy cuenta de lo que eso le hace a ella hasta que Arya retrocede dos pasos, se rodea el cuerpo con los brazos, como si esperara un golpe. Sus ojos verdes se apagan y se llenan de un miedo que me atraviesa el pecho.

—Yo... —Le tiembla la voz—. Lo siento mucho.

No me da tiempo de reaccionar o de corregirme, sale disparada de la sala de juntas, dejándome solo con el eco de mi propia rabia y el sabor amargo de mi error.

Que me lleve la mierda.