Dulce No Venganza 12 ARYA
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12 ARYA

Tengo que dejar de imaginar a mi jefe cuando me doy este tipo de atenciones. No puedo volver a gritar su nombre cuando llego al clímax, a solas en mi habitación.

De todas formas, no es como si hubiera podido estar con un hombre real desde esa primera vez.

Lo intenté, hubo un chico lindo en la universidad, y otro un poco después, pero el pasado es una sombra persistente.

La traición de Carter, el sentirme utilizada.

.. Me llené de vergüenza y me bloqueé. Mi mente está convencida de que todos son iguales, que todos se acercan a mí con intenciones ocultas.

Me regaño frente al espejo del baño mientras pienso en la noche anterior.La cena en la casa familiar de Liam terminó de forma extraña. Se perdía en sus pensamientos, olvidando por momentos que yo estaba ahí. Puedo entender por lo que ha pasado al perder a sus padres.

Pero no puedo evitar que la decepción se instale en mi estómago. Estoy mal, lo sé, una voz interna me advierte que tenga cuidado. No debo mirar a mi jefe como lo hago ni pensar en él como lo pienso, sin embargo, una sola mirada suya, un gruñido ronco de su pecho, y todas mis barreras se desvanecen.

Estaré en serios problemas si no encuentro la manera de separar la realidad de nuestra relación laboral, de lo que mi mente sueña.

Llego temprano a BLAKE y me encuentro con un despliegue de mantenimiento. Están instalando una pared de cristal entre el despacho de Liam y el escritorio de Bonnie. Mi nueva área de trabajo, supongo.

Me encojo de hombros. Esto solo le ayuda a mi lucha interna. Es lo mejor. Pertenecer a este imperio es una oportunidad que no puedo desperdiciar, aunque saber que ya no estaré dentro de la oficina de Liam se siente como un piquete injustificado en el corazón.

Camino hacia su oficina para ponerme a la orden, toco la puerta, está cerrada, pero hay ruidos dentro. Nadie responde.

Miro por encima del hombro y me doy cuenta de que Bonnie tampoco está en su lugar. Entonces, un recuerdo del día que llegué aquí por primera vez, me salta a la mente. No quiero materializarlo, no quiero creer que ellos dos estén ahí dentro haciendo cosas que no son moralmente aceptables.

Trago saliva, me voy a dar la vuelta cuando la puerta delante de mí se abre, la imagen que me recibe es la misma de la que quería huir: Labial rojo corrido, blusa arrugada y cabello alborotado. Bonnie me recibe con una mirada de suficiencia. El estómago se me revuelve de puro asco.

—Si yo fuera tú, esperaría para entrar —me dice sin darme otra mirada mientras se pasa el pulgar por la comisura de sus labios y camina hacia el baño.

Mis manos van a mi estómago, si sigo pensando en lo que creo que significa, podría vomitar en este lugar. No tengo ningún derecho a sentirme así. Liam no es mío. Y lo que hace o deja de hacer con esa mujer que también es parte de su empresa como yo… no es mi problema.

Mierda, mi mente ya fue allí.

¿Acaso la compañía sexual es una cláusula de su contrato?

Trago el reflujo, con ganas de darme la vuelta y huir, pero la voz de Liam me detiene.

—¡Arya! —Es casi un grito.

Entro a la oficina en automático, rogando porque la bilis no regrese, y obligándome a borrar la imagen de ellos dos juntos que se formó en mi mente. El aire dentro se siente distinto. No me gusta.

—Buenos días, señor Blake. Estoy lista para revisar los contratos. —No lo estoy, pero eso es mejor que volver a la idea anterior.

—Siéntate —ordena sin levantar la cabeza de los papeles frente a él.

Ni siquiera nota que hoy llevo una falda que marca mis curvas en lugar de mis pantalones habituales, cosa que hice inconscientemente mientras me vestía.

No lo volveré a hacer —. Necesito redactar alternativas para estos contratos y matar a mi abogado por no ver estas inconsistencias.

—Por supuesto. —Me siento frente a él y el aire fresco entra por debajo de mi falda, dándome un merecido respiro.

—Antes de que lo olvide... —Levanta la vista un segundo, con una frialdad que no tiene nada que ver con la manera en la que me miraba la noche anterior.

No queda rastro del Liam vulnerable y un poco seductor que me hizo sonrojar—.

En un par de horas estará listo tu lugar de trabajo.

Tendrás línea directa a mi celular y tu propia extensión.

Por favor, instala tus cosas en cuanto terminen. Necesito mi oficina despejada.

Sus palabras son meramente profesionales, pero me duelen como una bofetada.Porque mis cosas solo son una tasa, un par de bolígrafos y…

—¿Arya? Te necesito enfocada —espeta, mis ojos regresan a los suyos. Me mira con los ojos entrecerrados y una ceja enarcada.

—¡Por supuesto, jefe! —Asiento con una sonrisa educada. La misma profesional que siempre viene cuando no puedo sonreír de verdad. No puede adivinar que me estoy rompiendo por dentro.

Liam me observa con intensidad mientras reúno mis cosas en el suelo, listas para sacarlas de aquí en cuanto mi cubículo fuera de esta oficina esté listo y me pongo a trabajar en lo que me pidió.

Noto cómo su cuerpo se tensa y de reojo veo sus nudillos apretarse contra el borde del escritorio. No sé lo que le pasa, pero tampoco voy a ser tan estúpida como para volver a preguntar.

De repente, Liam se levanta de su silla sin decir una sola palabra en mi dirección, sale de la oficina a pasos agigantados. La puerta se cierra con un golpe sordo que me hace temblar en mi silla, mi corazón empieza a latir aceleradamente, en una mezcla de miedo y curiosidad que no puedo entender.

Un par de horas después, cuando ya estoy instalada en mi pecera de cristal. Con un escritorio demasiado pequeño y una silla de talla infantil, Bonnie se acerca haciendo sonar sus tacones contra el suelo.

—Foster, el señor Blake te necesita en la sala de juntas. Date prisa, ya sabes que no le gusta esperar para conseguir lo que quiere. —Me está molestando, pero en realidad estoy agradecida de poder salir de este espacio por unos minutos.

Le sonrío y dejo que se vaya a su lugar antes de tomar mis notas. Suelto un sonido de alivio cuando me levanto de la silla y puedo estirar mis piernas.

Voy al ascensor y bajo hasta el piso de la sala de juntas. Reviso mi ropa en caso de que algo no esté en su lugar. Salgo y por fin llego a las puertas dobles de madera. Toco.

—Pasa, Arya. —La voz de Liam suena un poco más relajada, y solo por eso ya me siento un poco mejor.

Al entrar, veo a un hombre alto, moreno, con músculos por todo su cuerpo, pero lo que más me llama la atención, es esa sonrisa en sus labios que ilumina toda la habitación. Inconscientemente me hace sonreír también.

—¡Oh, por Dios! Amigo, no me dijiste que tu nueva chica era tan... —Me paralizo, mi cuerpo se prepara para recibir lo de siempre—. ¡Hermosa! ¡por dios! —exclama con un chillido en la última palabra .

Mi parálisis tiene un corto circuito. No esperaba un cumplido, y mucho menos uno tan directo y sin vergüenza.

—Soy Aron, ¡preciosa! Estoy encantado de conocerte. —el hombre rodea la gran mesa y se detiene delante de mí—. ¿Eres soltera? ¡Dime que sí! Por favor.

Aron toma mi mano y, con un gesto que solo he visto en las series de televisión, besa mis nudillos. Es divertido, es guapo y me provoca la primera risa sincera del día.

Pero el momento dura poco. El sonido de una silla arrastrándose corta el aire. Antes de que pueda reaccionar, Liam aparta mi mano de la de Aron con un movimiento brusco. Con una mano tira de todo mi cuerpo y me pega a su costado.

Es cuando escucho el gruñido que sale de su pecho. un gruñido posesivo mientras coloca su mano pesada en la parte baja de mi espalda, justo donde comienza la curva de mi trasero.

Me estremezco. Mi mente empieza a trabajar como loca en lo que acaba de pasar, hasta que la voz áspera de Liam me recuerda algo que no me gusta.

—Deja de coquetear con mi personal.

Esa sola frase tiene tantas cosas escondidas, que el estremecimiento se vuelve como estar en una pesadilla.