Dulce No Venganza 10 ARYA
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10 ARYA

Llego a mi departamento antes de las ocho de la mañana. Me siento como si una aplanadora me hubiera pasado por encima, pero con una extraña chispa de electricidad bajo la piel.

—¿Y ahora qué? —le pregunto a la nada.

«Un baño, desayunar —panqueques con tocino y mucha miel— y una siesta eterna».

Ese es el plan. Aunque el baño me toma más tiempo de lo habitual. Al deslizar el jabón por mis muslos, siento la piel sensible, casi palpitante.

El recuerdo de ese sueño es tan vívido que me hace cerrar los ojos por puro impulso y echarla cabeza hacia atrás. Se sintió tan real... Pero es imposible. Malditamente imposible.Liam Blake no parece ser de los hombres que te sirven, sino de los que se sirven de ti.

Ese pensamiento me provoca un escalofrío cuando ya estoy entrando a la cama para volver a dormir.

Despierto a las dos de la tarde con el corazón en la garganta.

—No envié el correo —chillo mi primer pensamiento después de la inconsciencia.

Conecto mi teléfono y espero segundos eternos hasta que enciende. Ignoro las notificaciones de mi padre y de Su; primero es Liam. Tecleo mi dirección y número de teléfono, presiono enviar y suelto un suspiro de alivio .

—Listo. —Me dejo caer de nuevo sobre la cama.

Apenas empiezo a revisar los mensajes de mi padre cuando el teléfono vibra en mi mano y la pantalla se llena con un número desconocido.El estómago da un salto nervioso; podría ser cualquiera, pero algo revolotea dentro de mí, son mariposas que yo prefiero llamar náuseas.

—¿Diga? —respondo al tercer tono.

—Estaba a punto de reportar tu nombre a la lista de personas desaparecidas. —Es él. Su voz ronca viaja por el auricular y me provoca un escalofrío que me recorre la columna y me hace cerrar los ojos de nuevo.

Mierda, soñar con él me tiene mal.

—Oh, lo siento. Olvidé cargar el móvil... ¿Necesita que regrese al trabajo, señor? —Casi me incorporo de la cama cuando su voz vuelve a paralizarme.

—Creí haberte dicho que tenías el privilegio de llamarme por mi nombre, Arya —dice en un tono más fuerte, casi como si le molestara que no lo hiciera.

Me aclaro la garganta. Siento calor en mis mejillas. Llamarlo Liam desde la intimidad de mi habitación se siente peligrosamente personal.

—Está bien... ¿necesitas algo, Liam? —Lo intento de nuevo.

—En realidad, no. Solo quería decirte que, pasaré por tu departamento alas ocho para cenar.

El aire se atasca en mis pulmones, las palabras inteligentes que siempre tengo para decir se amontonan en mi garganta y termino por no decir nada.

Hay un silencio demasiado pesado en la línea, solo es roto por su respiración, pero entonces, escucho algo más. Es un sonido sutil, un pequeño gemido ahogado que no proviene de él. Ese sonido solo puede venir de una mujer.

¿ Escuchas eso, corazón ? Tacha lo de la cena romántica que te estabas inventando. Esto es solo trabajo.

Me invade una oleada de vergüenza por haberme permitido pensar más allá con la mención de cenar con el empresario del año.No hay manera en el infierno de que Liam Blake esté disponible, y mucho menos para alguien como yo. Esto se trata de los informes que dejé en su escritorio y nada más.

Como puedo, me regresa la voz.

—Oh, lo siento, parece que está ocupado ahora mismo, no le quito más tiempo, señor —suelto con la voz tensa, con un nudo en la garganta que no puedo tragar al imaginar lo peor.

El recuerdo del labial corrido en la boca de Bonnie me atraviesa el cerebro y solo puedo sacudir la cabeza.

—¿Arya? —su voz suena extrañamente relajada.

—Tengo que irme... adiós. —Termino la llamada. Mierda.Le acabo de colgar al hombre más influyente de Los Ángeles. Soy una idiota, una total y completa tonta.

Arrojo mi teléfono lejos de mí, pero el nudo en mi garganta no desaparece. Ni el eco de ese sonido. Si estaba ocupado con alguien, ¿por qué demonios me llamó a mí?

***

Tengo suficientes horas para tranquilizarme y enfocar toda mi mente en mi nuevo trabajo. Hasta ahora va bien contemplando que me quedé encerrada en una oficina donde tuve que pasar la noche y ahora toca salir a cenar después del horario laboral.

«Excelente primer día».

Aún faltan quince minutos para las ocho cuando ya estoy en la banqueta de mi edificio. No tuve que pensar mucho en qué ropa usar, tengo mucha de la misma.

Llevo unos jeans cómodos, una blusa de seda rosa que deja un poco de piel al descubierto en la zona de mi espalda y zapatos de piso. Con el cabello corto, solo puedo usarlo suelto y me gusta así. Menos trabajo.

A las ocho con dos minutos, siento que algo pesado y cálido me rodea los hombros. Un abrigo negro. El aroma a la loción cara de Liam me golpea antes de que pueda girarme.

—Hola, dulzura. —La voz de Liam me sorprende. Miro por encima del hombro y ahí está, detrás de mí, con una sonrisa coqueta que derretiría los glaciares de la Antártida.

Voy a mi nota mental: es solo tu jefe, esto es trabajo.

Pero cuando me toma de la mano y tira de ella para guiarme hacia su auto, mi resolución se desintegra. Se adelanta un poco para abrir la puerta del pasajero, la abre para mí y me ayuda a entrar, y no solo eso; también se inclina sobre mí para abrocharme el cinturón de seguridad.

Termina tan cerca de mí que puedo contar sus pestañas. Inhalo profundamente, llenándome de su peculiar aroma. Entonces Liam sonríe como si supiera exactamente lo que estoy haciendo. Me dedica una mirada de esas que derriten la ropa interior y rodea el auto para subir al asiento del conductor.

Mierda, no puedo tener un enamoramiento por mi jefe, Dios, solo lo he visto unas cuantas veces.

«Una vez suele ser suficiente» me dice una voz dentro de mí cabeza que intento ignorar. Tengo que hacer algo, por el bien de mí misma y de todo el mundo.

—¿Revisaste mis notas? —pregunto cambiando mi voz a una profesional—. Había un contrato en especial que me causó conflicto, las cláusulas de parte de BLAKE no eran precisamente claras y pienso que tal vez sería bueno…

Liam acelera de pronto. Noto que tiene el ceño fruncido y que algo ha pasado, porque sus nudillos están blancos de solo rodear el volante.Acelera un poco más y solo puedo bajar mis manos al asiento para sentir un poco más de seguridad.

—Si tengo algo que decir sobre tus reportes, lo haré en horario de oficina, Arya —su voz es un gruñido molesto—. Creí que entendías que esta noche se trataba de nosotros.

Espera, ¿qué? Me quedo sin aliento. Por más que quiero hacer que mi mente y mi cuerpo se sincronicen con el pensamiento de que esto es solo trabajo, lo que sale de la boca de este hombre, no ayuda en lo absoluto.

—Perdona... ¿Has dicho: nosotros? ¿cómo una cita o algo así?

Liam tensa la mandíbula, pero mantiene la vista al frente. Yo también quiero ver hacia otro lado, pero mi mente no puede procesar sus palabras por sí solas y necesito el contacto visual.

—Necesito conocer a mi asistente, ¿no crees? Pasaremos mucho tiempo juntos y quiero estar involucrado en la vida del mejor nuevo elemento de mi compañía —explica con tono más neutral, sin dejar de parecer que coquetea conmigo.

Su respuesta me confunde. ¿Es una cita o es una evaluación de personal con nombre elegante? Decido que es muy pronto para exigir respuestas así que guardo silencio.El paisaje urbano de Los Ángeles empieza a desaparecer mientras nos alejamos de todo.

Solo cuando cruzamos una enorme entrada privada, me doy cuenta de que no vamos a ningún restaurante de moda en el centro de la ciudad.

—Liam... Esta no es la ciudad.

—No —responde con calma mientras detiene el auto frente a una estructura imponente, apaga el motor y me mira por primera vez desde que subimos a su auto—. Es mi casa.