Dulce No Venganza 09 LIAM
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09 LIAM

Conduzco lo más rápido que puedo por las calles de Los Ángeles. A esta hora de la madrugada, la ciudad es mía; no hay tráfico que pueda detenerme.

Después de la cena con Aron, pasamos a otro tipo de diversión.

Salí de un club nocturno donde le pagué a dos mujeres para que me vaciaran, ahora siento que la satisfacción fue momentánea, efímera.

Porque al llegar a mi departamento en la zona más lujosa de la ciudad, y revisar las alertas de seguridad acumuladas en mi teléfono, me encontré con las grabaciones de mi oficina en BLAKE y a mi maldita asistente, atrapada dentro, como un pájaro en una jaula de cristal.

Olvidé que le ordené quedarse.

Olvidé que cerré las puertas en cuanto decidí no volver.

Malditamente me olvidé de ella.

«Niña tonta». Pienso mientras el ascensor me lleva al último piso de mi edificio. No sé qué voy a encontrar cuando desbloqueo la puerta y me adentro a la oscuridad que es mi despacho ahora. Voy a encender la luz, pero antes de que pueda hacerlo, un sonido me detiene.

No es un simple sonido, es un gemido, bajo y necesitado que flota en el aire. Voy al origen de ese gemido, me muevo en silencio, acechando y me pongo de rodillas frente al sillón de miles de dólares donde Arya decidió dormir.

Está dormida, pero se retuerce de una manera que me hace contener la respiración. En cambio, la de ella, es acelerada, inquieta al igual que sus piernas buscando fricción entre ellas.

Está teniendo un puto sueño húmedo. Casi me río. Voy a despertarla para mandarla a su casa cuando separa esos labios gordos y lo suelta:

—Liam, por favor, te necesito dentro... —Maldita sea, esta mujer, no solo está teniendo un sueño caliente, sino que lo está teniendo conmigo.

El ego de saber eso me da un golpe de adrenalina que pone mi sangre en punto de ebullición en un segundo. Me inclino sobre ella, demasiado cerca para sentir su aliento en mi cara.

Entonces le susurro al oído, usando sus propias fantasías como arma:

—¿Quieres venirte conmigo dentro de ti, dulzura? —mi voz sale cargada y ronca. Incluso yo siento la excitación de este momento subir por mi cuerpo.

Miro cómo se le eriza la piel. Huele a deseo puro, a mujer excitada. Y a la mierda si eso no le hace reacción a mi cuerpo.

—Sí, por favor, quiero... —Esa voz... suena mil veces mejor cuando suplica.

—Entonces tómame. Separa tus piernas para mí. Déjame llenarte como te mereces.

Es fascinante lo que sigue. Porque no solo separa sus piernas dentro de su sueño; también las abre para mí, aquí en la realidad. Su pantalón de vestir me estorba, pero la tela en su entrepierna está empapada.

Mi mano encuentra rápidamente su centro y sin pensarlo demasiado, hago presión ahí. La humedad de su excitación atraviesa el tejido, empapando mis dedos. Está caliente. Tanto que me llena de ideas deliciosas.

Empiezo a frotarla con un ritmo constante, disfrutando de cómo arquea la espalda contra el sofá. La tensión en su cuerpo escala hasta que está a punto de romperse.

—Sé una buena chica y vente para mí —le ordeno.

Es tan malditamente obediente que lo hace.

Sus manos se aferran al sillón y su cabeza se echa hacia atrás mientras deja escapar un sonido meramente hipnótico, el canto de un orgasmo que me pone el miembro tan duro que me duele.

Siento su vientre contraerse bajo mi palma, enviando una nueva oleada de calor a mis dedos.

Cuando baja de las nubes con mi maldito nombre entre sus labios, sonríe, y por fin se sumerge en una inconsciencia profunda.

Me levanto del suelo, con una urgencia visceral de también tener mi propio orgasmo.

No me toma mucho tiempo una vez que llego al baño.

El aroma de su excitación sigue en mis dedos, literalmente es como si se hubiera metido debajo de mi piel.

Y el ligero aroma dulce que flota en el aire, me hacen venirme con más fuerza de la que había experimentado horas antes.

Maldita mujer deliciosa es la que voy a romper.

Me paso el resto de la madrugada detrás de mi escritorio, revisando sus reportes. He sido un total imbécil. Arya ha ordenado en una sola noche lo que mis analistas no pudieron en meses.

Es brillante.

¿Cómo es posible que un asesino haya engendrado una mente como esa? Usaré su mente para mi beneficio y su cuerpo para mi placer. Esa será la verdadera justicia.

Poco antes de las seis de la mañana, los primeros rayos del sol iluminan el sillón en el que Arya tuvo un orgasmo pensando en mí y lentamente se despierta. Su cabello es un desastre cuando por fin logra orientarse y sentarse.

—Buenos días, Arya. —Saludo con algo de cansancio en mi voz. No pude dormir, tampoco la desperté y me pasé horas clasificando por orden de urgencia todos los cambios que tengo que hacer ahora que Arya encontró todas las fallas en mi cartera.

Ella ahoga un grito, asustada .

—Señor... yo... ¿Qué hora es? —Su voz sale ronca por el sueño. Sus ojos van a todas partes mientras se le llena la cara de vergüenza.

—Son las seis de la mañana Arya. Llegué hace un rato. Estabas tan profundamente dormida y con una sonrisa de satisfacción en los labios que no quise ser yo el que interrumpiera tus dulces sueños. —Jadea y se lleva una mano a la boca—. Y aquí estoy, revisando tus informes en silencio.

Finjo que apenas voy a mirarla, levanto mi cabeza lentamente, recorriendo desde sus pies descalzos hasta mi saco que cubre la mitad de su cuerpo, para terminar en sus ojos, abiertos, tan hermosamente expresivos.

—Lo siento mucho... —dice después de levantarse y empezar a caminar hacia mí. Se detiene a medio camino, cuando un sonido extraño viene de su ropa. Supongo que aún está mojada por su orgasmo. Pone una pierna frente a la otra y la tensa con fuerza—. Iré a casa a cambiarme y volveré de inmediato.

Retrocede para tomar sus zapatos y para evitar que yo escuche el desastre que hay dentro de su ropa interior.

«Mierda, ¿que usara debajo de esa ropa? ¿Será encaje, o algodón? Quizás… ¿nada?»

—No. Vete a casa y descansa. No vuelvas por el resto del día.

—Pero, señor… —Arya intenta alegar, me mira asustada y creo que piensa que se metió en problemas.

—Soy tu jefe, Arya. Obedece. Has hecho trabajo suficiente para toda la semana. —Señalo los montones de papeles que tengo entre las manos.

Ella empieza a quitarse mi saco, pero la detengo de nuevo.

—Deja eso ahí. Bonnie se encargará de llevarlo a lavar. Ahora, por favor solo vete. —Parece que la estoy echando. Ella piensa que lo hago. Sus ojos bajan hasta el suelo—. Pero antes, envíame un correo con tu dirección. Esta noche pasaré por ti; vamos a cenar.

—¿Perdón? —Se queda congelada de camino a la puerta. Su rostro se gira a buscarme, sin embargo, yo sólo puedo concentrarme en esos labios gordos que se separan con sorpresa.

—No me gusta repetirme, Arya. —gruño sintiéndome molesto de pronto—. Espero ese correo. Retírate.

Arya asiente y sigue su camino hasta salir de mi oficina. La sigo por las paredes de cristal hasta que sube al ascensor.Se ve asustada, vulnerable y confundida. No tiene idea de que su sueño conmigo pasó al plano terrenal.

Una vez que las puertas del ascensor se cierran, llamo a Aron. Tengo mucha mierda que limpiar y una venganza que cocinar a fuego lento.