08 ARYA
Faltando un cuarto para las ocho de la noche, finalmente termino con todos los contratos que me dejó el señor Blake. Cuando me contrató, me pidió que lo llamara Liam, pero tras la frialdad de esta mañana, no me parece prudente.
Gracias a este volumen de trabajo, logré enterrar los fantasmas de Carter y la mala noche anterior bajo una montaña de cláusulas y porcentajes.
Bonnie desapareció hace rato. No tenía intención de esperar a mi jefe —él no me lo pidió—, pero un contrato en específico me preocupa, así que decido quedarme un poco más.
No sé si tenía intención real de que revisara este contrato, pero me pareció un poco más delicado que el resto. Y más porque hay una cláusula dudosa que me hizo pensar en Liam como en algo que no me atrevo a decir.
Me tomo la libertad de usar su baño privado, rogando que no le moleste.
Al entrar, el aire se siente denso, impregnado de un aroma masculino y magnético.
Es él . Encuentro una muestra de su loción en la repisa tras el espejo; la acerco a mi nariz y el olor es casi embriagante.
Cierro los ojos, permitiendo que mis sentidos se llenen de él antes de regresar a la oficina.
Finalmente, me canso de esperar y decido que es hora de irme. Mañana tendré una nueva oportunidad para tocar el tema de ese contrato. Tomo mis cosas y camino hacia la puerta, pero al tirar de la manija, me doy cuenta de que no cede ni un poco .
No recuerdo que Bonnie le hubiera puesto candado, ni siquiera se acercó a la puerta en todo el día.
Pongo atención cuando intento de nuevo y me doy cuenta de que la puerta no tiene una cerradura.
Imagino que BLAKE tiene un sistema de seguridad moderno que se bloquea automáticamente desde algún dispositivo o que está programado para bloquearse a cierta hora del día.
Vuelvo a intentar abrir la puerta, esta vez empujando hacia afuera. Es inútil.
—Me quedé encerrada en la oficina de mi jefe —susurro. La realidad de eso se instala en mi estómago como una piedra fría, provocándome náuseas.
No puede ser. Corro al teléfono para marcar cada extensión posible, pero nadie responde. Solo a mí se me ocurre querer ser la empleada del mes quedándome tiempo extra cuando nadie me lo ha pedido.
Mierda, no quiero pasar la noche aquí. Con los restos de mi última bebida aún tibia, camino hacia la pared de cristal. Las luces de Los Ángeles parecen estrellas caídas desde aquí.
Pienso en llamar a Su, pero mi teléfono murió hace horas. Estoy sola. Totalmente sola en el santuario de Liam Blake.
Recorro el espacio, observando los estantes llenos de libros de economía y los reconocimientos de Empresario del Año .
Imaginarlo en todo su esplendor en uno de esos eventos elegantes, siendo dominante y seguro de sí mismo, me provoca un escalofrío que no tiene nada que ver con el clima de la oficina.
—Oh por dios, tengo que detenerme —reprendo mis pensamientos—. Lo único que seré capaz de hacer con mi jefe, será soñar con su cara mientras me toco.
Pasan los minutos y el saber que no puedo salir de aquí, traiciona a mi cuerpo. De pronto siento mucho frío. Buscando en las paredes, encuentro un armario. Bingo . Dentro hay un traje de tres piezas negro, impecable. Supongo que Liam lo guarda para emergencias .
Descuelgo el saco y sin pensarlo, me lo pongo; sí, es atrevido de mi parte, siendo que este es solo mi primer día de trabajo, pero lo necesito.
Me queda enorme, me envuelve casi igual que un abrazo. El aroma a su loción es aún más fuerte aquí, atrapado en las fibras de la lana. Es delicioso. Podría vivir dentro de este saco.
Tras regresar al baño privado de la oficina, hacer un intento de lavarme los dientes con su pasta dental y mis dedos, y organizar un poco el librero para distraerme, el cansancio del primer día me vence.
No quiero pensar en que la puerta está cerrada. No quiero recordar que odio los espacios de los que no puedo escapar. Trato de mentirle a mi mente:
Estás aquí porque quieres, Arya. Es tu decisión.
Cerca de la medianoche, me quito los zapatos de mis pies ya hinchados y me acurruco en el sillón del fondo. Me hundo en las solapas del saco de Liam. Es pesado, como una armadura de lana que huele a poder y a peligro.
El pánico de estar encerrada empieza a retroceder, y a ser reemplazado por una calidez que se siente prohibida.
Cierro los ojos y, por un segundo, me permito imaginar que no es una prenda lo que me rodea, sino sus brazos.
Que el silencio de la oficina no es soledad, sino su respiración contenida sobre mi cuello.
Con ese pensamiento pecaminoso, finalmente me quedo dormida.
Sé que esto es un sueño, porque estoy bastante segura de que nuestro primer encuentro no fue así.
Camino de la mano de Liam hacia los baños del bar de Su. Con un gruñido saca a cada persona ahí dentro y cierra la puerta después de estrellar mi cuerpo en ella .
Entonces sin pedir permiso, sus labios se apoderan de los míos con una violencia necesitada, obligándome a arquear mi espalda y a tirar del cuello de su camisa para tenerlo más cerca.
No me deja dominar la situación, sostiene mis manos sobre mi cabeza con una sola de las suyas, mientras la otra ahueca mis pechos, arrancándome gemidos de puro placer.
Siento su erección, enorme y firme, presionando contra mi vientre. Liam baja sus labios a mi cuello y su lengua me eriza la piel de todo el cuerpo.
—Oh, Dios, Liam, ¡date prisa! —suplico.
Soy atrevida, soy una versión de mí que no conocía. Liam me levanta con una facilidad asombrosa y mis piernas lo rodean por instinto. Siento su miembro tan duro justo entre mis muslos; es una sensación más intensa que cualquier cosa que haya leído o visto en internet.
Me lleva en sus brazos hasta la encimera del lavabo. Sus manos recorren cada parte de mi cuerpo como si le perteneciera, y yo sabiendo que esto es un sueño, me atrevo a suplicar. Necesitando todo lo que tenga este hombre para darme.
—Liam, por favor, te necesito dentro. —Jadeo dejando besos por su cuello, sintiendo su pulso acelerado por mí y solo por mí.
—¿Quieres venirte conmigo dentro de ti, dulzura? —Su voz suena distante, distorsionada, como si viniera de otro plano.
—Sí, por favor... —susurro la súplica necesitada.
—Entonces tómame. Separa tus piernas para mí. Déjame llenarte como te mereces. —Decido que no estoy llevando ropa interior. Nada le impide entrar de un solo movimiento en mi cuerpo mojado, llorando por él y borrar cada toque que alguien pudiera haber dejado antes de esta noche.
Lo que siento es tan real, tan físico, que soy consciente de que mi cuerpo se convulsiona en el sillón de la oficina de mi jefe .
Liam me llena de una manera que solo puede compararse con el mismísimo cielo.
—Sé una buena chica y vente para mí —susurra con esa voz ronca contra mi oído. No quiero abrir los ojos.
No quiero despertar. Me entrego al orgasmo más profundo de mi vida, solo para sumergirme de nuevo en la oscuridad, convencida de que su aliento caliente aún roza mi piel.