Dulce No Venganza 07 LIAM
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07 LIAM

Esperaba no tener que molestarme con Arya por llegar tarde de nuevo.

Para mi sorpresa, ya está parada afuera de mi oficina cuando llego a las ocho de la mañana.

Viste unos pantalones negros simples y una blusa ajustada azul cielo.

Lo que llama mi atención no es lo profesional de su postura, sino la tristeza en su mirada.

No es la misma Arya del día anterior. Y mucho menos la que estaba en ese bar la otra noche. Algo le pasa a esta mujer; algo que debe ser realmente malo.

Debería sentirme satisfecho al verla así de miserable, pero hoy, por alguna razón, me irrita. No soy el tipo de hombre que se interesa en la vida ajena y mucho menos en la de mis empleados, a menos que sea para usar la información a mi favor.

La vida de Arya me interesa, pero solo porque es el blanco de mi venganza, pero hoy no tengo tiempo para cosas tan insignificantes como estas.

—¿Pasa algo, Arya? ¿O crees que puedas informarle a tu cara que estás aquí para trabajar? —Sueno como un maldito, lo sé.

Lo soy.

Como si recién se diera cuenta de mi presencia, Arya endereza aún más su postura y busca mi cara, no mis ojos, cualquier parte menos esa.

—Me disculpo, señor Blake —responde con una naturalidad que me sorprende, dibuja un intento de sonrisa en sus labios, pero le tiembla la comisura, es la sonrisa más falsa que he visto en mi vida.

Lástima que ya sé cómo se miran sus sonrisas reales .

No podrá engañarme, aunque lo intente—. ¿Qué necesita de mí? ¿Ha desayunado ya?

Empieza a hablar atropelladamente para desviar la atención de lo que sea que le pase. Bien, porque no me importa.

—Café. Dos de azúcar. Sin leche.

—Por supuesto —dice, y da un paso para dejarme entrar en mi oficina, ella camina hacia el puesto de café del otro lado del piso.

Mierda, una parte de mí quiere obligarla a regresar hasta que me dé una buena explicación de por qué está así, como si la hubiera aplastado un maldito camión de basura, pero en cambio, termino de entrar en mi oficina y me instalo detrás de mi escritorio para empezar con el trabajo real.

Cuando Arya regresa y deja una taza de café caliente en mi escritorio, junto a una galleta de Mantequilla, su sonrisa fingida sigue ahí, un poco más estable, pero es inútil. No llega a sus ojos.

Lástima.

—¿Quiere que me encargue de su agenda? —pregunta inmediatamente después.

—No, ese es el trabajo de Bonnie. Tú... —Señalo la silla frente a mí—. Siéntate ahí, necesito que, como primera prueba, revises estos contratos. —Le dejo una pila de proyectos frente a ella, y sin chistar, se pone a trabajar.

No pasa mucho tiempo para que yo me sienta asfixiado por su aroma dulce, por su sola presencia. Tengo que salir de aquí, y eso hago. Sin decir nada, la dejo leyendo esa pila de contratos y salgo en busca de algo que me regrese a mi estado natural.

—Bonnie. —Solo necesito gruñir su nombre para que salga de su escritorio y me siga al baño como la perrita obediente que es.

Veinte minutos más tarde, y después de haber vaciado mi tensión en la boca de mi secretaria, regreso a mi oficina. Arya sigue ahí, sumergida en la torre de papeles .

Su rostro de concentración me gusta mucho más que esa máscara falsa de hace un rato.

—¿Encontraste algo? —le pregunto, dejándome caer más relajado en mi silla giratoria y sabiendo bien que no encontrará nada.

—Debo reconocer que todo está muy bien redactado. —Lo sabía casi me río de ella—, pero...

—¿Pero? —Enarco una ceja y mi estómago se tensa.

—Hay deficiencias. —Se inclina hacia adelante, hacia mí, yo hago lo mismo, necesito que hable ahora—.

El porcentaje de ganancias que ofrece Saint Claire es irreal.

Si consideramos la oferta y demanda actual, este porcentaje promete más de lo que es posible cumplir.

En solo un par de meses, perderán tanto ellos como usted.

Me quedo en silencio un minuto demasiado largo, procesando sus palabras y arrebatándole de la mano ese contrato en específico. Ella tiene razón, y no puedo creer que yo lo pasé por alto. Que yo no me di cuenta de algo tan básico a estas alturas de mi vida.

Extiendo la mano y presiono el intercomunicador.

—¿Señor? —responde Bonnie.

—Llama a Saint Claire. Cítalo en la sala de conferencias a las dos de la tarde. También llama a mi maldito abogado; lo quiero aquí a las doce. —Suelto el botón sin esperar respuesta.

No puedo seguir sentado después de que Arya encontrara esa falla, salgo de mi silla y camino hacia el ventanal del fondo. El sol hace brillar la ciudad de Los Ángeles, mi único hogar, pero no es suficiente para calmar mi miedo.

Esto es por lo que he luchado, se supone que estoy preparado, más que capacitado. Estudie cada maestría necesaria para esto. Tengo el mejor edificio y los mejores contratos.

Al parecer no ha sido suficiente.

Escucho pasos a mi espalda. Es Arya caminando lentamente hasta mí. Hasta que siento su susurro en mi espalda .

—¿Señor? ¿Le pasa algo? —Escucho su preocupación.

—Nada que no pueda resolverse —respondo sin tener el valor de voltear a verla—. Quiero un resumen de cada contrato que tienes ahí para el final del día. —Pido.

—Por supuesto. —Siempre esa voz tan complaciente. Me irrita, pero por alguna razón se siente como música suave a comparación del ruido que me provoca Bonnie.

—¿Desayunaste antes de venir? —le pregunto de pronto.

—No se preocupe, estoy bien. —Intenta darse la vuelta para volver a su lugar en mi escritorio, pero entonces me doy la vuelta y la tomo del brazo. No con demasiada fuerza, pero sí para demostrarle que no la voy a dejar ir. Sus ojos por fin encuentran los míos por primera vez en el día.

—Es una respuesta de sí o no, Arya —Aprieto los dientes. No entiendo por qué me afecta tanto esta mujer. Bueno, sí lo sé.

—No —responde, obligada y con las mejillas encendidas. No la suelto, me acerco un poco más y respiro su aroma dulce antes de volver a hablar.

—Usa mi teléfono, marca la extensión 17 y pide lo que quieras a la hora que quieras. Estaré con mi abogado el resto del día. Subiré antes de irme para revisar tu informe.

—Gracias, señor. —Algo me molesta en la forma en que me da las gracias. No logro entender que es.

—A ti —digo antes de empujarla levemente con mi cuerpo para pasar a su lado completamente enfurecido conmigo mismo, tomar mi saco de la silla y por fin salir de este lugar.

***

—¿Se puede saber cómo fuiste tan idiota? —Aron, mi abogado y mejor amigo, lee el descubrimiento de Arya en la sala de juntas .

—¿De dónde sacaste esto? —pregunta, asombrado.

—Mi nueva asistente lo encontró en menos de quince minutos —suelto, enojado. Porque el error fue mío y eso me está volviendo loco. Aron evalúa las cifras.

—El error fue no revisar los valores en base al mercado actual. —Justifica el muy idiota.

—¡No me digas! Imbécil. Tienes una hora para encontrar la forma de romper este contrato —gruño entre dientes.

—Lo haré, confía en mí —asegura.

—Lo hice con esto y mira lo que pasó.

—Oye, yo no soy economista. En todo caso... —Aron se detiene y me mira con los ojos entrecerrados—. Espera, te conozco lo suficiente como para saber que no estás así solo por el contrato.

Tiene razón, ni yo mismo sé lo que me pasa. Y aunque lo supiera, sé que no se lo diría.

—Cállate y trabaja.

Para las seis de la tarde, el contrato con Saint Claire es historia. Salgo con Aron a cenar fuera, y para cuando se mete el sol, decido que no tengo razón para regresar a la oficina.

Por un segundo, siento que olvido algo... pero tengo el control de la empresa en mi móvil. No puede ser nada importante. ¿O sí?