05 LIAM
Son las diez de la mañana en punto cuando me libero por primera vez en el día, y lo hago dentro de la boca de Bonnie, mi maldita... secretaria buena para chupar . Mientras observo el reloj de pared al fondo de mi oficina, otro rostro invade mi mente. Uno que no debería estar ahí.
No esperaba tener que ser yo quien llamara a recepción para preguntar si Arya Foster se había dignado a aparecer. Esa noche en el bar me pareció una chica inteligente; no la creí tan estúpida como para desperdiciar la oportunidad de su maldita vida.
Enojado, regreso todo a su lugar, dentro de mi ropa.
—Límpiate y vete —le gruño a Bonnie antes de tomar el teléfono de mi escritorio y llevármelo a la oreja.
Molesto es poco a lo que empieza a gestarse en mi interior. Mi plan completo depende de esto y no tengo la menor intención de fallar. El timbre suena una sola vez antes de que Camila, el rostro impecable de BLAKE, responda desde la recepción del primer piso.
—Cami, estoy esperando a una chica de nombre Arya Foster. ¿Se ha presentado? —pregunto impaciente.
—Sí, señor, está frente a mí. —Noto la apatía característica en su voz.
—¿Acaba de llegar? —pregunto, fingiendo molestia cuando en realidad estoy aliviado.
—Sí. Algo tarde, me parece. —Suspiro.
—Bien, por esta ocasión la dejaré pasar. Que suba de inmediato. —Cuelgo. A pesar de que no tolero la falta de compromiso, una corriente de adrenalina recorre mi columna y me hace enderezarme.
Está aquí. Mi venganza realmente empieza ahora.
Reviso mi ropa y cabello. También me aseguro de esconder el expediente de investigación de la pequeña gran Foster . El viernes conoció mi lado bueno; hoy conocerá al dueño de BLAKE. Un maldito lobo sin corazón con intenciones tan perturbadoras que la harían temblar si pudiera leerme la mente.
Hoy saldrá con un empleo de este lugar, pero al final de todo... deseará no haberme conocido nunca.
A través de las paredes de cristal, veo cómo sale del ascensor y choca de frente con Bonnie. Sonrío, disfrutando de la actitud despectiva de mi secretaria; estoy seguro de que todas mis empleadas comparten esa característica. Por algo se dice que todo se parece a su dueño ¿no?
Me aseguré de tener solo lo mejor, no solo por estética, sino por control. Y por supuesto que la pequeña Arya no encaja en este lugar; en este molde de plástico que he creado.
No escucho lo que dicen, pero Arya parece haber hecho enojar a Bonnie. La comisura de mi boca se levanta aún más. Parece que la hija de Franco tiene agallas. Ya tendrá tiempo de mostrármelas... y yo de quitárselas junto con todo lo que tenga.
Por fin entran a mi oficina y me preparo para actuar indiferente, no es muy difícil, una parte de tenerla aquí, en mi mundo, realmente me molesta. No tiene derecho a pisar este piso, no tiene derecho a respirar lo que levanté de las cenizas de mis padres.
—Señor Blake, aquí la... señorita. —Bonnie dice la última palabra con un veneno que me cuesta no aplaudir—. Dice que tiene una cita con usted .
—Arya, mi nombre es Arya. —Interrumpe ella, dando un paso al frente.
—Como sea —suelta Bonnie, blanqueando los ojos.
Me obligo a intervenir antes de que cualquiera de las dos se lance encima de la otra.
—Gracias, Bonnie. Regresa a tu puesto —digo regresando mi vista al montón de papeles que tengo frente a mí sobre el escritorio.
Son contratos que tengo que revisar, pero justo ahora las letras se mezclan entre sí porque no puedo con lo que siento de saber que por fin tengo a Arya aquí. A mi entera disposición y para hacer lo que quiera con ella.
La puerta de mi oficina se cierra y el eco de los tacones de Bonnie se aleja, es todo lo que se escucha en mi piso. Me gusta el silencio.
Dejo que Arya hable primero, el silencio también es otra clase de tortura, te obliga a sobre pensar.
—Señor Blake, le agradezco la oportunidad… —Aquí vamos.
—Llegas tarde —suelto, con tono duro. Incluso más de lo que planeé—.
Si has oído de BLAKE, lo cual supongo que sí, sabes que no se construyó en un día.
—Por fin levanto la mirada y me encuentro con la suya.
No parece asustada, más bien acostumbrada—.
Soy un hombre que ha luchado mucho por este imperio, y si algo tengo claro es que sin compromiso no se llega a ninguna parte.
El silencio que sigue dentro de este lugar, es tan denso y espeso que casi puedo tocarlo.
—Entiendo. Y tiene toda la razón, señor.
—Arya responde bajando ligeramente la mirada, espero que se rinda, que suplique una oportunidad al menos, pero demasiado rápido, levanta la cabeza, con nueva fuerza que me paraliza un segundo—.
Entonces déjeme preguntarle... ¿Por qué permitió que subiera si ya tiene un juicio sobre mí, basado solamente en mi impuntualidad ?
«¡Guau! Alguien acaba de sacar sus garras».
—Porque me gustas. —Mierda, decir esto no estaba en el guion.
Arya se congela en su lugar. Con sus ojos verdes clavados en los míos—.
Me gusta tu determinación. —Me corrijo llevando una mano a mi corbata para aflojarla un poco.
De pronto siento que no me llega suficiente aire a los pulmones—.
Algo me dice que, debajo de lo que dejas ver, hay algo mucho más valioso.
Termino en un tono más amable y mirándola solo por encima, fingiendo volver a mis documentos.
Escucho un suspiro contenido que viene de ella.
—En ese caso, permítame terminar esta entrevista para confirmar que su perspectiva sobre mí es correcta.
Si no se ha dado por vencido conmigo, por supuesto.
—El ánimo en su voz me dice que realmente quiere este trabajo, pero al mismo tiempo me doy cuenta de que no hice bien mi investigación.
Porque no tenía idea de que fuera así de fuerte mentalmente.
¿Cuántas mujeres escondes ahí dentro, Arya Foster?
—Tome asiento, señorita Foster. —Le indico la silla frente a mí con la mano y también acerco mi silla al escritorio. Haremos esto de manera formal.
Entonces ocurre. En el momento en que su trasero toca el asiento de la silla, el botón de su camisa blanca —ese que luchaba por contener sus enormes y pesados pechos— sale disparado. Vuela por el aire y, por un azar del bendito destino, aterriza en mi mano.
—¡Oh, Dios! —exclama ella, levanta una mano para cubrirse el nuevo escote, dejando que su cara se pinte de un rojo perfecto. Rojo vergüenza.
—Creo que esto es tuyo —digo en tono burlón y cierro el puño sobre el botón y me lo llevo al bolsillo de mi saco.
—Lo siento tanto... —tartamudea, poniéndose de pie—. Será mejor que me retire, esto es un completo desastre. —No suena tan fuerte ahora mismo .
Intenta irse.
—Arya, solo te lo voy a decir una vez —gruño sintiendo que ya he perdido demasiado tiempo con ella, y ni siquiera hemos empezado la puta entrevista—. ¡Siéntate!
Mis ojos quieren ir a como su pecho sube y baja con cada respiración acelerada, pero me obligo a mantener la vista en sus ojos. Ella obedece, con las manos ligeramente temblorosas.
—Escúchame bien... Arya. Si yo hubiera dejado que cada situación ajena a mi control me distrajera de mi meta, créeme que BLAKE no sería lo que es ahora. —Eso es verdad. No dejé que nada ni nadie me distrajera de mi meta.
—Lo siento mucho, señor. Lección aprendida —dice y me sorprende esa chispa en su voz.
La confianza ha regresado, ignora por completo lo que pasó con su blusa y endereza su postura, entrelaza sus manos al frente, sobre su pantalón y cuando vuelve hablar no hay un solo rastro de vulnerabilidad—.
Me gustaría continuar con la entrevista, señor Blake.
Toda una caja de sorpresas es esta mujer. Me gusta, me gusta que sepa nadar contra la corriente. Me sirve para el negocio. Después de todo, tengo que contratarla para poder destruirla.
—¿Estás lista para empezar mañana mismo?
—El choque de sorpresa en su rostro es absoluto, ojalá no me mirara de esa manera cada pocos segundos.
Sus ojos son algo que sencillamente no puedo ignorar—.
No tienes experiencia y necesitas aprender cómo funciona este mundo desde la raíz, pero creo en tu potencial.
¿Qué dices, Arya? ¿Quieres pertenecer a BLAKE?
Cuando se queda muda, decido salir de mi silla, me tomo mi tiempo para abrochar el botón de mi saco antes de rodear el escritorio y caminar hacia ella.
Cuando lo hago, la tomo de la mano y la ayudo a salir de su propia silla, sigue en estado de shock.
Con una expresión de felicidad tan pura que no creo haber visto en nadie antes.
—Por favor, pellízcame —susurra sin aire cuando estamos frente a frente, a escasos centímetros de distancia—. Necesito saber si esto es real o solo el mejor sueño de mi vida... ¡Ay! —Se queja cuando siente mi pellizco en la curva de su cuello.
Sus ojos se abren con indignación, pero después estalla en una carcajada tan genuina que me arranca una risa a mí también. No recuerdo la última vez que me reí así por algo tan trivial.
—¿Entonces? —pregunto, dando un paso atrás para tener el espacio suficiente para extenderle mi mano.
—Estoy dentro —confirma, sellando el trato con un apretón. Su agarre es suave, el mío es una trampa—. Gracias, señor Blake.
—Dime Liam. Mi asistente personal tiene ese privilegio.
Sus ojos brillan, húmedos por la risa o tal vez por la emoción, por un segundo me pierdo en ese destello dorado. Es la mirada de alguien que cree haber alcanzado el cielo.
Lástima que mi único objetivo sea arrastrarla conmigo al infierno.