04 ARYA
Me aclaro la garganta y me las arreglo para responder de la manera más controlada e inteligente posible.
—Quisiera decir lo mismo... pero no me has dicho tu nombre —respondo. Mi audacia parece impresionarlo; o al menos eso creo ver en sus ojos, que ahora sé, son de un azul oscuro, como el océano más profundo y peligroso.
Él se inclina aún más sobre la barra, a pesar de que ya nos separa muy poco de oxígeno. No me muevo, respondo a su magnetismo, como una polilla que se deja atraer por el fuego.
—Las presentaciones oficiales las haremos el lunes por la mañana, en mi oficina. —Saca una tarjeta del bolsillo de su chaleco y, sin perder el contacto con mis ojos, la coloca en mi mano.
No me suelta de inmediato. Espera siete segundos exactos que cuento en mi mente, antes de guiñarme un ojo y por fin dejarme tomar aire en mis pulmones.
¿Quién demonios es este hombre?
¿Tenía que ser tan malditamente sexi?
—A las diez de la mañana, Arya. No tolero la impuntualidad —sentencia con tono firme. De esos que no te dan margen a discusión.
Y así, dejándome totalmente aturdida y envuelta en el rastro de su perfume masculino... desaparece. Me toma unos segundos bastante largos reaccionar. Lo sigo con la mirada hasta que atraviesa la puerta del bar.
Cuando siento que todo ha vuelto a la normalidad dentro de mí, levanto la tarjeta que quema en la palma de mi mano y mis ojos se topan con un rectángulo de papel grueso, elegante al tacto, con letras grabadas en oro, que forman la palabra BLAKE en el centro, rodeada por un elegante relieve que me da cosquillas en los dedos.
—¡Santa mierda! —grito.
Si antes mis rodillas estaban a punto de flaquear por el hombre que acaba de salir, esto termina de vencerlas. Me dejo caer en el primer asiento que encuentro y me llevo una mano al pecho. Mi corazón late acelerado. Tanto que temo no llegar viva al lunes.
—Tengo una entrevista en BLAKE —susurro para convencerme de que esto es malditamente real—. ¡TENGO UNA ENTREVISTA EN BLAKE!
El resto de la noche pasa en una nube borrosa de la que no logro recordar nada.
Ni siquiera la conversación en donde Su me habla del chico con el que se besó en los baños.
Al llegar a casa, la adrenalina dentro de mi cuerpo no disminuye.
Al contrario, estoy tan sobre estimulada que salto sobre mi cama hasta cansarme.
Me mudé de la casa de mi padre en cuanto terminé la universidad; él insistió en pagar el primer año de renta de mi departamento, y no tuve más remedio que aceptar. Le aseguré que sería lo último que le dejaba pagar por mí.
Ahora tengo veinticinco años y solo quiero ser capaz de conseguir todo por mí misma.No contaba con que el mundo laboral fuera un campo de minas para alguien con mis curvas… Hasta ahora.
Recuerdo la suerte que tuve esta noche. El mismísimo dueño de BLAKE, quiere verme.
Es solo una entrevista, lo sé, pero estoy segura de que aceptaré cualquier puesto con tal de demostrar que mi cerebro vale tanto como el de cualquier otra persona en este rubro.
La cuestión más importante ahora que estoy en la oscuridad de mi habitación es... ¿debería darme placer con la imagen de mi posible futuro jefe en la mente?
—A la mierda, ¡claro que sí!
Lunes por la mañana.
Apenas puedo creer que logré dormir algo estos días.
Susan desapareció —vaya a saber con quién terminó enredada este fin de semana— Apenas me llamó hace una hora para decir que está viva y bien atendida .
A veces creo que se expone demasiado; no solo es su salud lo que arriesga, sino también su vida.
¿Cómo saber si no se topará con un hombre con las peores intenciones?
Un escalofrío me recorre el cuerpo. Tendré que hablar seriamente con ella.
Le hablé sobre la entrevista, aunque omití el lugar y quien fue él que me la dio. En cuanto tenga una respuesta, ella será la primera en saberlo.
Ahora mismo, estoy dando vueltas frente a mi guardarropa.
Los nervios me están traicionando tanto que no logro pensar con claridad.
Si fuera por mí, usaría mi falda roja con botas de terciopelo hasta las rodillas, pero es demasiado informal para el imperio que es BLAKE.
Además de que esa falda dice todo menos profesionalismo.
Tampoco es que pueda ir con los conjuntos deportivos con los que suelo salir a la calle.
Dios, me estoy volviendo loca.
Me decido por un pantalón de vestir color ladrillo que, inevitablemente, se ajusta a mis caderas y trasero.
Lo combino con una camisa de seda blanca con mangas largas, perfectamente planchada.
Siento que el botón a la altura de mi pecho está un poco al límite, pero espero que resista un par de horas.
No tengo el tiempo suficiente para arreglarlo.
Perdí demasiados minutos dando vueltas por mi vestidor y ahora voy a contrarreloj.
«No tolero la impuntualidad» , me advirtió.
Quiero llorar cuando me bajo del taxi frente al imponente edificio de cristal de BLAKE y veo que faltan solo dos minutos para las diez. Estoy a punto de arruinar la oportunidad de mi vida de la manera más humillante posible.
Rogándole a mi madre en el cielo que me empuje, obligo a mis pies a moverse. Llego a la recepción y, con el rostro lleno de vergüenza, entrego la tarjeta.
—Buenos días, tengo una cita a las diez. Mi nombre es Arya Foster. —No me tiembla la voz por puro milagro.
La recepcionista me mira de pies a cabeza después de mirar la tarjeta. Yo hago lo mismo. Es hermosa, parece sacada de una revista de moda. Ella me mira de esa forma que ya conozco: juzgándome por mi tamaño antes de otra cosa.
Parece que va a echarme del lugar sin siquiera darme una oportunidad, pero alguien allá arriba me ayuda, porque una llamada la interrumpe.
—¿Señor?... Sí... Tarde... Muy bien. —Deja el teléfono y su silencio me permite tener esperanza por un breve minuto—. Pent-house —suelta de mala gana, señalando el ascensor de cristal al final del piso.
—Muchas gracias. —Le sonrío, agradecida y camino hacia el elevador, fingiendo que sé exactamente lo que hago.
Mientras subo hasta el piso veintiséis, los nervios dentro de mí se multiplican, así que me concentro en ver cómo la ciudad de Los Ángeles se hace pequeña bajo mis pies.
—No esperes nada de esto, Arya. No estás lista para un puesto grande, pero puedes aprender y crecer desde abajo —le susurro a mi reflejo, sintiendo que por fin estoy lista.
Las puertas del ascensor se abren y me recibe un silencio místico. Hay un pequeño escritorio de recepción y, al fondo, una oficina con paredes de cristal que supongo, solo funciona para ver de adentro hacia afuera. Imagino que debe tener una vista nocturna impresionante.
—Disculpa —detengo a la mujer que sale de allí. Noto que intenta acomodarse la blusa y tiene el labial rojo ligeramente corrido—. Tengo una entrevista, el señor Blake me espera.
Una punzada me recorre el pecho, y brevemente me pregunto si el hombre tan hermoso a la vista y del cual aún no sé más que su apellido, es del tipo que… se relaciona de esa sucia manera con sus empleadas.
No sería el primer hombre rico en hacerlo, pero sí sería completamente decepcionante.
«Calla, si tú te diste placer pensando en él, sabiendo que podía convertirse en tu jefe»
Lo hice, porque es de lo único de lo que vivo, de fantasías con hombres inalcanzables. Que se vuelva una realidad no es precisamente ético.
Dejo la conversación interna para después, la rubia frente a mí, se detiene para mirarme exactamente igual que la mujer de la recepción del primer piso. La sonrisa que dibuja en sus labios aún manchados no es de simpatía; es de esa superioridad que he enfrentado toda mi vida.
—Sí, claro... —dice con un toque de desprecio que me molesta más de lo que debería.
Hasta ahora, las dos mujeres que he visto parecen modelos sacadas de una pasarela de Victoria Secret. Espero que sus cerebros sean igual de impresionantes, porque, aunque no pueda competir en pasarelas, sé que mi intelecto puede llevarme a donde quiera.
Si me dan la oportunidad de demostrarlo.
—Supongo que esa es su oficina. ¿Me anuncias o simplemente entro? —Mi tono la sorprende. Seguramente esperaba a una gatita asustada e insegura por mi apariencia. No lo soy.
—Sígueme —dice, caminando de regreso a la oficina de la que acaba de salir—. ¿Nombre?
—Arya Foster.
Entra sin tocar. Yo la sigo un paso por detrás. Y ahí está él. Exactamente como lo recordaba, y mi cuerpo reacciona con la misma intensidad eléctrica que la primera vez.
«Esto va a ser un problema si no puedo controlar la reacción que mi cuerpo tiene con solo verlo»