Dulce No Venganza 03 LIAM
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03 LIAM

Me es imposible no notar el movimiento que hace del otro lado de la barra.

Podría jurar que está apretando una pierna contra la otra, intentando contener lo que sea que mi mirada le provoca ahí dentro.

Creí que vestía de forma más discreta, considerando su tipo de cuerpo, pero ha sido una grata equivocación de mi parte.

Lleva una falda a cuadros, blanco y negro, tan ajustada que parece una segunda piel; por el frente le cubre la mitad de los muslos, pero por detrás.

.. Apenas logra contener ese tamaño de trasero, generoso y firme.

Una blusa negra sencilla completa el conjunto de esta noche; el escote en V expone el tamaño, forma y firmeza de sus pechos. Todo en ella es abundante.

Me pregunto si esa boca con labios regordetes también será lo suficientemente capaz para mí. Mierda, voy a disfrutar rompiendo cada parte de ella ... cada maldita fibra de su alma y de su cuerpo.

Arya regresa a la barra y no intento ocultar que he estado devorando sus curvas mientras prepara mi bebida.

Sus mejillas, que apenas habían recuperado su color natural, vuelven a teñirse de un increíble tono rosado.

Sabe que me la estoy comiendo con la mirada.

Se muerde ligeramente el labio inferior y, maldita sea, ese pequeño gesto va directo a mi entrepierna.

—Espero que te guste —dice con un toque de timidez cuando coloca la colorida bebida delante de mí.

Solo tengo que estirar mi mano un poco para alcanzar el vaso antes de que ella lo suelte.

Mis dedos rozan los suyos y lo que sale de su boca solo podría clasificarse como un jadeo.

Demasiado pronto, aleja su mano de la mía, como si mi tacto la quemara.

O como si no estuviera acostumbrada al contacto con el sexo opuesto.

Apostaré por lo segundo.

Suelto una risita mirando la bebida y dejo que se aleje, pero no demasiado. Porque cuando me llevo el vaso a la boca, me aseguro de que sus ojos estén clavados en los míos.

Sí, justo así, cariño.

Tomo un trago largo y, con toda la intención, dejo que una gota escape por la comisura. La recupero lentamente con la punta de la lengua, recorriendo mi labio inferior y saboreándola.

Los labios de Arya se separan para su siguiente respiración, pero el acto se convierte en un suspiro entrecortado casi imperceptible que logro escuchar a pesar del ruido en el bar. No parece capaz de ocultar su deseo por mí, y eso es una sorpresa deliciosa.

—Dulce... fuerte... picante... y, también, deliciosa.

—¿Perdona? —pregunta casi sin aliento, con las cejas levantadas e inclinándose hacia delante.

Percibo su perfume. No es floral ni frutal; es algo diferente, dulce y fresco, como aire puro después de la lluvia.

—La bebida, dulzura. —Decido ser bueno y la saco de su trance—. Es deliciosa.

—Me alegro mucho —responde con una nueva sonrisa y se aleja un poco—. Si necesitas algo más, estaré por allá.

Señala su espacio en la barra y empieza a caminar. Lo que no sabe es que estoy lejos de terminar con ella.

—Espera, dulzura. —Se detiene en seco. Por su postura, creo que se maldice a sí misma por responder con tanta facilidad al nuevo apodo. Honestamente, le queda perfecto .

—¿Sí? —Intenta parecer casual, pero le falta experiencia en la mentira. Si fuera más inteligente, saldría corriendo de mi lado.

—Tal vez necesite algo de compañía. ¿Qué dices? ¿Te gustaría conversar un minuto con un extraño aburrido ? —Intento relajar el ambiente. Tampoco quiero hacerla implosionar con nuestra primera interacción.

—No eres aburrido —suelta, y abre mucho los ojos al darse cuenta de que ha pensado en voz alta. Con el rostro y el cuello enrojecidos de vergüenza, se aclara la garganta—. Quiero decir que... mírate, pareces un hombre que sabe perfectamente cómo pasarla bien.

Es tan tierna justo ahora que me río con ganas, tanto que tengo que llevarme una mano al estómago. Arya se cubre la cara con ambas manos al notar que cada palabra que sale de su boca solo empeora su situación.

—¿Eso es un sí? —Me enderezo y le pregunto con una sonrisa ladeada, con mis ojos fijos solo en ella.

Veo la duda en su mirada, pero finalmente deja caer los hombros, como si su instinto intentara advertirle que no debería confiar, pero su deseo pudiera más.

—Estoy trabajando, lo siento. —Se encoge de hombros, resignada. No me conoce si cree que la voy a dejar ir.

Con el índice, le hago una seña para que se acerque. Da un paso vacilante, pero al final lo hace. Siempre lo hacen . Con ambos cuerpos inclinados en la barra, me acerco lo más que puedo a su oído.

—Dime, Arya, ¿trabajar en este bar es tu verdadero sueño? —suelto lo único que sé que en este momento la desestabilizará. Miré las decenas de entrevistas que tuvo en el rubro que busca. Ninguna pasó más allá de la primera impresión.

Al tenerla tan cerca, incluso con la luz tenue del bar, noto que sus ojos no son simplemente verdes.

El iris es de un tono verde intenso, pero cerca de la pupila, destellos marrones y dorados se mezclan en una explosión de oro.

Una obra de arte que disfrutaré el día que la tenga de rodillas, llorando mientras le lleno la garganta.

Su mirada se vuelve tímida, casi avergonzada, así que decido presionar el botón de la empatía.

—Si es así, no es mi intención ofenderte, dulzura. Solo busco un tema de conversación para hacer que te quedes.

Quisiera extender la mano y tomarla del mentón para obligarla a mirarme, pero me contengo. Igual consigo lo que quiero: sus ojos regresan a los míos.

—No te preocupes. —Inspira tan profundo que siento que me roba mi propio oxígeno—.

Tienes razón. —Se encoge de hombros con una suave sonrisa—.

Soy licenciada en Economía, solo que no ha sido tan fácil encontrar un buen trabajo para mí —dice lo último con un cansancio evidente mientras señala su cuerpo.

Ya lo sabía, pero no tenía idea de que esa fuera la razón. En fin, solo un punto más a mi favor.

—Ni lo menciones, dulzura. Sé exactamente cómo se siente —miento, acercándome más a ella con los codos a cada lado de los suyos sobre la barra—. He trabajado toda mi vida para levantar mi empresa y apenas ahora empiezo a sentir que estoy logrando algo.

La conversación fluye naturalmente, parece que disfruta realmente de lo que estudió. Su seguridad crece con cada pregunta que le hago, hasta que la rubia de hace un momento aparece de nuevo para lanzarme todos sus atributos a la cara.

Es el momento perfecto. Arya agacha la cabeza y, asumiendo que su amiga tiene interés en mí, decide retirarse. Es claro que se siente intimidada por ella. Disfruto de esa inseguridad; dejaré que se cocine en ella por un rato.

Le ofrezco un trago a la rubia y ella lo acepta encantada, volviéndose más atrevida.

Al principio es divertido, pero pronto se vuelve tedioso.

Me doy cuenta de que, aunque parece perfecta, no despierta ni un solo gramo de deseo en mí.

Me digo que no tengo tiempo para esto, ni siquiera para pensar en usar alguno de sus agujeros al final de la noche.

Es tiempo de volver a lo único que ahora me importa: Arya.

—Oye, bonita. —Rodeo la nuca de la rubia y la atraigo hacia mí, susurrándole al oído mientras mis ojos se clavan en la decepción de Arya—. Hazme un favor y llama para mí a tu amiga, la dulce Arya.

Me separo lentamente y le guiño un ojo a la rubia, asegurándome de que Arya lo vea.

Funciona. Mi chica me da la espalda por completo y finge que hace cualquier cosa en la barra.

La rubia, con un puchero de derrota, se despide de mí, camina del otro lado de la barra hasta llegar con Arya y decirle algo al oído.

Arya mira sus propios pies, apretando el vaso de cristal que tiene en la mano. Se toma su tiempo para controlar lo que parece rabia y decepción antes de volver a mí. No me mira cuando lo hace; lo he hecho excepcionalmente bien.

—Supongo que necesitas la cuenta —dice con voz fría y profesional.

—Sí, si eres tan amable, dulzura. —Le extiendo mi tarjeta de crédito—. Y carga el cien por ciento de propina para ti, Arya.

Sus ojos suben a los míos de golpe. No voy a negarlo: su mirada me impacta como una ola verde y dorada golpeando la costa en plena marea alta. Me digo que ese impacto es solo la adrenalina por la caza y no otra cosa.

—No puedo aceptar eso —replica, dando un paso hacia atrás.

—Sí puedes. Ya se lo pregunté a tu amiga —miento.

Me mira con un sentimiento que no entiendo, tal vez piensa que le estoy dando caridad después de hablarme de cómo no puede encontrar un buen trabajo.

Termina tomando la tarjeta y camina hacia la caja.

Cuando regresa, intenta dejarla en la barra, pero atrapo su mano antes de que pueda volver a huir .

Es pequeña y suave bajo la mía, mucho más áspera y dura. Tiro de ella hacia mí, forzando el poco espacio entre nosotros, hasta que su respiración se mezcla con la mía. El caos verde y dorado en sus ojos me golpea de nuevo.

—Fue un verdadero placer conocerte, Arya.

Bajo la mirada a sus labios, creyendo que será un lugar más seguro que ver sus ojos, pero me equivoco, porque también veo cómo se queda sin aire al sentir mi mirada. Su pecho sube y baja en un intento fallido por respirar con normalidad.

Entonces me maldigo por querer saber a qué saben esos labios.