Dulce deseo Capítulo final #2
96%

Capítulo final #2

—Cuando perdí a mi bebé, no quería saber nada más sobre ese asunto —le explico, posiciono mis manos sobre su pecho—. Pero... he visto como eres con tus sobrinos, con el bebé de Seyrat... y, pensé, quiero tener hijos con él. Contigo, Akın.

Meneo mi cabeza.

—¿Es muy pronto para hablar de eso? —pregunto con pena.

Akın no emite palabras, pero sus ojos brillan. Lentamente va formando esa sonrisa con hoyuelos que tanto me encanta. Muestra sus dientes y lame uno de sus labios.

—No es pronto para hablar de nuestro futuro, Güzelim —toma mis mejillas con ambas manos—. Menos cuando quiero todo contigo. ¿Hijos? ¡Por supuesto! ¿Cinco?

Me carcajeo.

—¡Estás loco! Tampoco haremos un equipo de baloncesto.

—¿Tres? —inquiere con ilusión.

Me acerco para darle un beso.

—Tres me parecen bien, aşkım.

Él sacude su cabeza negando, riendo y dándome besos por todo mi rostro.

—Si me hubiesen dicho que ese hombre que me ayudó a llegar a casa cuando estaba ebria un viernes por la noche, iba a estar así de enamorado por mí y que quisiera tener hijos conmigo, le hubiese dicho que estaba loco.

—¿Te arrepientes ahora?

—¡Para nada! —Ahora soy yo quien toma su rostro para besarlo—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Akın Bozkurt.

Está feliz igual que yo, sé que esta felicidad será la misma o más cuando vayamos a tener ese bebé. Porque quiero formar una familia con él.

De eso, estoy muy segura.

◆◆◆

Akın se fue a trabajar, es martes y hoy tengo una reunión importante con el esposo de Seyrat, el señor Sinan Mehmet.

Después de pensarlo varios días, decidí establecerme en Turquía por un tiempo.

Luego de lo ocurrido en el Museo de Seattle, no creo que pueda conseguir algo parecido a lo que hacía; además, la propuesta de Sinan me pareció la mejor opción.

La única en realidad.

Dentro de unos minutos iré a una cafetería para reunirme con él. Seyrat sabe de este encuentro, gracias a ella fue que obtuve su teléfono y así poder hablar con su esposo.

Espero que todo sea para bien, y que esta nueva oportunidad se dé de la mejor manera.

◆◆◆

Es viernes, son las siete y media de la noche, Akın me ha invitado a cenar afuera, pero no me ha dicho a donde iremos.

Me dejó una caja con un vestido y zapatos nuevos sobre la cama.

Una vez más lo regañé, pero como siempre, acepté su regalo que lo hace con tanto cariño.

Me vestí, arreglé mi cabello en ondas y me maquillé.

Ahora espero a que él llegue a casa para que podamos irnos.

Cuando entra a nuestro hogar, se queda con la boca abierta, silba y aplaude.

—¡Mi mujer es muy hermosa! Çok güzel, canım.

Me comienzo a reír, me siento un poco nerviosa, no sé por qué.

Él se acerca, me toma de la mano para darme una vuelta y un beso en los labios.

—Te manché un poco —le digo, quitándole el labial sobre su boca—. Ya está.

—Eso demuestra tu marcación de territorio, cariño —dice él bromeando, me rio con él—. ¿Estás lista?

—Sí, ¿Tú te arreglarás?

Él asiente.

—Lo hago rápido y nos vamos.

—Tamam. —Le vuelvo a dar otro beso.

—¡Marca tu territorio, mujer! ¡Dile al mundo que soy tuyo! —Grita por toda la casa mientras se echa a reír. Yo también lo hago.

Amo a ese hombre. Siempre me saca una sonrisa.

—¡Eres mío! —grito también, riéndonos a carcajadas.

Deseo que toda nuestra vida juntos esté llena de risas. Es todo lo que pido.

◆◆◆

Akın nos trajo al restaurante más lujoso de Estambul, cerca del Bósforo.

Estamos al aire libre y detrás de nosotros se encuentra el puente haciendo su mejor presencia.

La luna está en menguante, pero aun así destaca en el cielo.

Miro en derredor y todo luce maravilloso.

Mi acompañante me mira con felicidad en sus ojos.

No deja de sonreírme y decirme lo hermosa que estoy.

Él también está bellísimo, se ha puesto una americana de color vinotinto, resalta entre todos los hombres del lugar.

Bebemos algunos cócteles, comemos y bailamos un poco. Ha sido una noche fenomenal. Él siempre es el mejor anfitrión.

—Caminemos un rato, Güzelim —propone Akın, extendiendo su mano para que la entrelace con la mía.

Mientras caminamos por el muelle, hablamos de Estambul, de lo bonito que ha crecido en turismo y la llegada de muchos habitantes de otras provincias.

Me acurruco en el brazo de Akın, deben ser las nueve de la noche, hace un poco de frío, pero no le pido su chaqueta. Puedo soportarlo.

—Akin, tengo algo que decirte —comienzo a decir, él baja su cabeza para mirarme.

—¿Qué pasa?

—Hoy tuve una reunión de trabajo.

Él se sorprende.

—¿En serio? ¿Con quién?

—Con Sinan Mehmet, el esposo de Seyrat.

—Allah, Allah, ¿el Museo Turco e Islámico? —Confirmo sacudiendo mi cabeza—. ¿Y qué tal?

Me detengo para que hablemos con calma.

—Hablamos por una hora sobre el contrato de trabajo... Y acepté —le digo con una sonrisa—. Voy a trabajar en el Museo Turco e Islámico de Estambul.

Su sonrisa pudiera iluminar toda la ciudad ahora mismo. Me abraza con felicidad.

—¡Felicidades, Melis! —Él se detiene cuando no celebro con él—. Espera, ¿esto lo haces por mí?

—En parte sí, pero no. Debo darme una oportunidad, no está mal volver a nuestras raíces. Intentarlo una vez y ver cómo nos va —me explico, miro hacia la ciudad y luego a él—. Estambul fue mi casa una vez, puede serlo de nuevo. Aquí estás tú también, no voy a separarme de ti, Akın.

—Verás que te irá muy bien, hermosa. Eres talentosa, apasionada por el arte y por tu trabajo.

Me abraza una vez más.

—Harás un excelente trabajo, cariño.

—Gracias por siempre apoyarme.

—¿Estás emocionada?

—¡Lo estoy! —exclamo con entusiasmo—. No será el mismo cargo, pero por algo se empieza, ¿cierto?

—Así es, por lo pequeño hasta llegar a lo más grande.