Capítulo final #3
Discutimos un poco más sobre el trabajo, el cargo de Expositora de arte para comenzar no está mal. Estoy joven, haciendo un excelente trabajo y con más experiencia puedo llegar más lejos.
Seguimos caminando por el muelle, Akın me cuenta que esta semana contrató a dos nuevos asistentes. Que se siente un poco incómodo y extraño con todo, pero que no hay de otra que aceptar lo sucedido y que ya nada será como antes.
Me contó que esta vez investigó muy bien a los nuevos trabajadores, y que ambos están limpios. Algo que agradece porque no quiere pasar de nuevo por lo mismo.
—Esta vez no mezclaré asuntos personales con el trabajo, no quiero encariñarme con ellos —me dice cuando termina de contarme.
—Es lo mejor, amor.
Caminamos un poco más hasta que vamos llegando a un local al final del muelle; este está decorado con luces, flores y hay un conjunto musical tocando mientras canta una hermosa mujer. Miro a Akın, mostrándole el lugar, él sonríe, acercándonos hasta allí.
A nuestro alrededor poco a poco van saliendo nuestros conocidos, la familia de Akın, Seyrat junto a su familia, Leyla, Ömer, Yusuf, también está mi tío Öger. ¿Qué hacen todos aquí?
Los miro a todos sin entender, me rio al verlos. Estoy un poco nerviosa.
Miro a mi hermano menor preguntando con mi mirada qué sucede, pero él solo me lanza besos al aire.
Dirijo mi vista a Akın, quien me sonríe con picardía. Se acerca y extiende su mano para que la tome y me acerque a él.
—¿Qué es todo esto, Akın? —le pregunto mirando a los invitados.
—¡Sorpresa! —exclama riéndose.
—Estás loco, cariño.
—Loco por ti desde el día en que te vi en aquel pub turco de Seattle. —Voy quedándome boquiabierta cuando él va poniéndose de rodillas mientras me mira—. Cuando estuve parado en la lluvia esperando a que llegaras a tu casa y así poder verte.
Trago saliva quedándome sin respiración cuando veo que saca una cajita aterciopelada de color rojo. La abre y dentro hay un anillo de diamantes. ¡Es precioso!
—Quiero estar loco por ti toda la vida, Güzelim. Formar nuestra propia familia, amarte hasta ser viejitos y recorrer el mundo a tu lado.
—Akın...
—¿Quieres casarte conmigo, Melissa?
Mis ojos están llenos de lágrimas de felicidad.
—¡¡¡¡Evet!!!! —respondo asintiendo, llorando y dándole muchos besos en sus labios—. ¡Por supuesto que me quiero casar contigo, Akın!
¡Estamos comprometidos!
Él se levanta, acaricia mi rostro y me vuelve a besar. Nos abrazamos y sonreímos.
—Yo también estoy loquita por ti —le digo en un susurro muy cerca de su oído—. Mi dulce deseo.
Akın me sonríe de nuevo, dándome un beso en la mejilla.
—¡Felicidades! —exclaman todos aplaudiendo.
Cada uno nos felicita por nuestro compromiso, nos abrazan y desean lo mejor.
—¡Esperen! Les falta algo... —dice mi tío, llevando una bandeja de plata con unos anillos y lazos sobre ella—. ¡No se olviden de nuestra tradición!
Miro a Akın y él se ríe, obviamente tenía todo preparado.
La tradición turca es que la familia del novio pida la mano de la novia a sus padres y, una vez, que ellos aceptan, cada uno tendrá un anillo en su dedo índice entrelazado con una cinta roja, expresando la unión de ambos.
Luego el padre o la madre de la novia, corta el lazo y finalmente están comprometidos.
Toda esa tradición se hace, en vez de mis padres, está mi tío Öger, y por parte de Akın está Demet. Intentamos ser lo más serios posibles, pero todos reímos cuando termina Demet de pedir mi mano. El tío Öger acepta, al igual que mis hermanos. Nos ponen nuestros anillos y cortan la cinta.
—Ahora sí están completamente comprometidos —anuncia mi tío, aplaudiendo y felicitándonos.
La vida puede dar muchas vueltas, estar llena de altibajos, malas relaciones, situaciones bochornosas, pero al mismo tiempo, también están los momentos felices, los de estar orgullosos, de celebrar y vivir.
Siempre recordaré este momento, cuando nos comprometimos; porque aquí están las personas que amamos, que nos quieren también y que celebran nuestra unión.
Veo a Akın y me doy cuenta que el destino nos trajo hasta aquí, ese que mi prometido me hizo creer y confiar. El que no dejó que nos viniéramos abajo, ni dejó que nos separáramos, porque siempre nos mantuvo unidos.
Doy gracias por creer, por dejar que las cosas fluyeran para que nos trajeran a dónde estamos ahora.
Ese pelinegro de hoyuelos matadores, sonrisa simpática y carisma arrolladora hizo que mi corazón, que estaba muy herido, cicatrizara, se volviera más fuerte y le diera una nueva oportunidad al amor.
—Akın —lo llama Ömer—. Te falta beber el café con sal.
Él abre sus ojos como si estuviera asustado, pero se termina riendo.
—¡Tráiganlo! ¡Que por esta mujer hago lo que sea! —Sus palabras me sorprenden, me hacen reír y abrazarlo una vez más.
Esta historia no hubiese sido nada sin Akın, sin su paciencia, su insistencia y su amor por mí. Estoy segura que tendremos un futuro prometedor, mientras estemos juntos, todo irá mejor.
Porque el amor fortalece, nos hace creer, nos llena la vida de placer y felicidad.
Solo hay que dejar que el destino te lleve hasta él, porque siempre te guía a un mejor lugar.
Hasta donde tu corazón debe estar.
Fin…