Capítulo final
Melissa
La vida está llena de altibajos, de momentos en los que no sabes qué hacer y en otros dónde eres plenamente feliz. De eso se trata la vida: de vivir. Sean momentos malos, buenos, agridulces o llenos de incertidumbre, la manera de salir adelante es seguir sin detenerse.
Viendo en retrospectiva, mi vida cambió mucho en los últimos meses, la Melissa que soy hoy, no es la misma de hace seis meses. Esa Melis que existía antes de que Akın llegara a su vida, ya no existe del todo.
En tan poco tiempo, Akın Bozkurt se convirtió en el apoyo que tanto deseé, que me acompañara en los momentos de tristeza y felicidad; que fuera un sostén que me sostuviera para poder seguir con mi vida.
También aprendí que puedo hacerlo todo sola, pero en el camino también necesitamos un apoyo a nuestro lado, porque hay situaciones en las que estar sola no es tan bueno como parece.
Observo a Akın parado a un lado de la baranda del Yate que alquiló para que pudiéramos cenar solo él y yo. Está viendo la ciudad, estamos esperando a que esté todo listo para sentarnos. Contrató personal para nuestra velada, alguien que manejara el yate y otras personas para el servicio de la cena.
Mi novio voltea en mi dirección, sonríe cuando me encuentra. Se acerca hasta donde estoy y toma mi mano derecha, la acaricia y se la lleva a los labios para darle un beso.
—Tomé la mejor decisión cuando decidí irte a buscar a tu apartamento.
Me rio mirándolo.
—Así que no fue una casualidad...
—No podía esperar a que el destino me llevara a ti. Tenía que ir yo —me explica, dándome una sonrisa ladeada—. Ha sido la mejor decisión.
Me atrae a él para darme un abrazo.
—Eres lo más bonito que tengo en la vida, Melissa. Estoy feliz de tenerte conmigo.
Sus palabras hacen que mi corazón se derrita de amor.
—No, amor, tú eres lo mejor que me ha pasado a mí. Has sido un gran apoyo, me brindas tu amor de una forma sincera y bonita. Estoy feliz de tenerte en mi vida.
Él sonríe. Se acerca para unir sus labios con los míos en un cálido beso. Siento su amor y cariño, lo que me hace sonreír en medio del mismo. Lo vuelvo a abrazar, atrayéndolo más. Pero somos interrumpidos por uno de los meseros de esta noche.
—Akın bey.
El pelinegro se ríe entre mis labios, pero se separa y mira al hombre detrás de nosotros. Le hace un asentimiento para que siga hablando.
—Ya está todo listo.
Supongo que está hablando de la cena. Miramos a dónde pusieron la mesa con velas, flores, platos y cubiertos. Todo luce hermoso.
Akın me da su mano para tomarla, caminamos juntos hasta allí; él me ayuda a sentarme, le doy las gracias y veo que él se sienta enfrente de mí.
Posiciona su mano por encima de la mesa para estrecharla con la mía. Mientras esperamos a que empiecen a servir la comida.
—¿Te gusta? —pregunta sonriendo.
—Todo está bellísimo. —Señalo la ciudad, el Bósforo, el puente y los ferry turísticos que pasan a nuestro alrededor—. Es una vista estupenda. Una muy linda cita, mi amor.
—Lo mejor para ti, Güzelim.
Sonrío a más no poder, él siempre quiere lo mejor para mí; me trata como una reina, está al pendiente de mí y hace todo lo posible para pasar tiempo conmigo.
Intenta llegar temprano a casa, vamos a restaurantes, me lleva flores y uno que otro regalo. Aprecio cada uno de sus detalles. Su atención hacia mí me nubla, pero me hace sentir amada y querida por él.
Akın deja besos por todo mi cuerpo, hace un recorrido con su boca desde mis muslos hasta mis pechos.
Toca, acaricia, lame y succiona cada uno de ellos; haciéndome retorcer de placer.
Sigue su camino, yendo hasta mi cuello, para darme besos apasionados y dejar que su lengua haga estragos en mi cuerpo.
Me vuelve loca, me hace sentir deseada, amada y llena de lujuria por él. De un momento a otro, hago que esté debajo de mí, para así dejarle saber que también le deseo y que puedo darle todo el amor que merece.
—Siempre has sido un dulce deseo, Melis —susurra jadeante, cuando desciendo por su cuerpo llenándolo de besos—. El más dulce.
Mi mano acaricia su miembro con suavidad, sintiendo cómo se pone erecto por el toque.
—No todas las manzanas serán tan dulces como tú, pero sí serán tan pecadoras como el deseo que siento por ti —le digo cuando me detengo para subir mi mirada hacia él.
Lamo, succiono y dejo un beso antes de subirme para llegar a su boca, besarlo como si no hubiese un mañana. Como si solo existiera el ahora entre nosotros.
—Te amo, Akın… te amo mucho.
—No tanto como yo a ti, Güzelim.
Esa noche hicimos el amor con fiereza, ternura y pasión. Tuvimos una noche llena de mucho amor por el otro.
—¿Por qué estás tan sonriente?
Me rio por lo bajo, me ha atrapado en mi ensoñación.
—Solo recordé la otra noche...
Él también sonríe con picardía.
—Podemos repetirla cuando quieras —dice, insinuando con su mirada que podemos ir a la habitación que está en el yate.
—Más tarde podríamos —contesto aceptando.
Nos miramos con complicidad, sintiendo el deseo que nos tenemos. Ese dulce deseo que hizo que nos acercáramos más.
Nos hizo dar el paso para decidir a estar juntos.
No pudimos evitarlo, siempre estuvo presente.
Era una llama que no se apagaba nunca, que quería estar encendida cada vez que él estaba cerca.
Actualmente sigue sucediendo, solo que ahora no me reprimo, sino que voy por él para que la apague con todo su placer.
Ha sido una semana llena de buenos momentos, puede decirse que ahora disfruto más de la ciudad.
Me di cuenta que no puedo tenerle rencor, que ella también merece darle otra oportunidad.
Después de visitar a mi familia la semana pasada, tomo las cosas más ligero, disfruto y aprecio cada día.
Ya no tengo ese peso que llevaba cargando por años.
Akın también lo ha notado, me lo dijo cuando le ofrecí dar una vuelta por la torre Galata hace dos días.
Recorrimos el lugar como si fuéramos dos turistas conociéndola por primera vez.
Le dije que hasta habláramos en inglés para así vivir toda la aventura turística.
Nos reímos mucho, él no pudo evitar hablar en turco de vez en cuando, por lo que también le contestaba de esa forma.
Hemos paseado, comido, bailado, reído y más. Estamos viviendo la vida, eso es lo que importa ahora mismo. Estamos felices de que somos realmente libres, que ya nada nos atormenta.
—Hoy debemos celebrar por nuestra libertad —le digo a Akın, mientras alzo mi copa de vino—. Porque estamos juntos y somos felices.
—También por nuestro futuro juntos... —Él hace una pausa—. Sé que aún no hemos entablado esa conversación, pero quiero decirte que dónde tú decidas estar, ahí estaré contigo.
—He estado pensando... Tengo varias opciones —le cuento, dándole una pequeña sonrisa de labios cerrados.
—¿Una de esas opciones es Turquía? —pregunta con ilusión.
Asiento para él.
Veo como sonríe, pero luego intenta ponerse serio de nuevo. Eso me hace reír.
—Con que haya una opción, me hace sentir esperanza.
Suelto una carcajada.
—¡Tú como siempre!
Akın también se ríe. Me da un guiño y choca su copa con la mía para brindar.
—¡Salud por nosotros! —exclama.
—¡Salud!
Ya estamos comiendo nuestro postre, toda la comida estuvo deliciosa. El chef que contrató Akın hizo un muy buen trabajo. En estos momentos, degustamos un trozo de baklava que está riquísimo. Mi novio sabe que es mi favorito, por lo que le sonreí cuando vi que nos habían traído eso para comer.
—Esta mañana, Yusuf me envió un mensaje —le cuento a Akın, él me mira expectante—. Quiere que salgamos a dar un paseo por la ciudad la próxima semana.
—Me alegra que quiera pasar tiempo contigo. Se ve un buen chico.
—Sí, quiero salir con él, Ömer creo que también vendrá. —Tomo un bocado de la tarta—. Estoy feliz, Akın. A pesar de que no es toda la familia, al menos son los que me importan.
—Unas por otras, amor.
Asiento varias veces.
—Así es.
Hablamos de sus sobrinos, de Demet, Seyrat y su familia. Todas aquellas personas que nos han ayudado y con quiénes hemos entablado amistad. No quise mencionar a Conrad, porque sé que a Akın aún le duele todo lo que sucedió. Así como dijo él, el destino dictará si se vuelven a reunir.
Una chica viene por nuestros platos, ya hemos terminado de comer. Cuando los lleva y vuelve, pregunta—: ¿Quieren algo más para beber? —Subo mi mirada porque su voz me suena parecida a alguien.
Cuando la castaña me mira, ambas nos quedamos pasmadas.
No puede ser cierto.
—¿Leyla? —pregunto incrédula.
—Melissa —susurra boquiabierta.
Mis ojos se llenan de lágrimas, me levanto de mi asiento y corro para abrazarla. Ella recibe mi abrazo con emoción. Esto sale de todo protocolo que pudiera estar llevando, pero no me voy a disculpar por eso. Después de años, estoy viendo a mi mejor amiga de la infancia.
—¡No lo puedo creer! ¡Eres tú! —dice ella sonriendo. Se separa, mira a Akın y luego a mí—. ¡Wow, Melis!
Me rio por lo que acaba de hacer.
—¿Cómo has estado? ¡Te he extrañado tanto! —le pregunto mientras nos separamos y solo nos miramos, Akın carraspea, levantándose de su puesto—. Ups, perdona. Él es Akın, es mi novio.
—Sé quién es, he trabajado para su empresa por años. Selam, Akın bey. Soy Leyla Yener.
Akın asiente.
—Mucho gusto. —Estrechan manos—. Veo que se conocen.
—Sí, ella es mi amiga de la infancia. Tenía mucho tiempo sin verte, Leyla.
Ella me sonríe.
—Es bueno ver qué estás bien, Melis.
—Igual digo, Leyla.
Mi amiga se disculpa, porque tiene que seguir trabajando. Le doy su espacio, pidiéndole ponernos al día más tarde. Nos despedimos, para continuar con mi velada junto a Akın.
Estamos viendo la ciudad, mi espalda está apoyada junto a su pecho, él me abraza por detrás. De vez en cuando me da besos en la mejilla, nuca y hombro.
Es un ambiente muy lindo.
—Akın, ¿te acuerdas el día que te pregunté si querías tener hijos?
—Evet —responde con suspicacia.
—En un futuro... ¿Quieres tenerlos conmigo?
Mi pregunta lo toma desprevenido, volteo para verlo de frente, él me mira sin entender.