Capítulo 25 #3
Por fin una persona... Por fin una se disculpa conmigo.
Era todo lo que quería.
—¡Suéltala! —exclama Namin desde la entrada de la casa, baja las escaleras y corre hasta nosotros para separarnos—. ¡Que la sueltes dije!
Ömer me aleja de ella, tomándome por la cintura y atrayéndome en forma de protección.
—¿Quién te crees para decirme qué hacer? Ya estoy muy grandecito como para que me órdenes qué hacer, Namin.
Los ojos de la mencionada se abren, su rostro está irreconocible. Es la segunda persona que no le hace caso en el día. Yusuf se pone en mi otro lado, tocando mi hombro.
—No le hagas nada a Melissa —pide con valentía, sé muy bien que él la ha visto como una madre todos estos años por ser el menor de todos.
Pero en este momento, tampoco le está haciendo caso.
—Estamos contigo, Melis. —El apoyo que me están dando me hace querer perdonar y dejar un poco el rencor hacia ellos. Tal vez no sean todos, pero al menos son dos personas de mi familia que se ponen de mi lado por primera vez. Y eso me hace realmente feliz.
Namin se inmuta, retrocede enojada y entra a la casa echando fuego por su boca. Esta vez gané yo, Namin. Tú también irás al infierno por muy samaritana que te hagas.
Noto que mis hermanas ya no están tampoco, se han ido con ella. Escondiéndose del qué dirán de los vecinos, de Namin y mi padre. Pueden tener más edad, pero nunca han tenido independencia. Me duele ver que no pueden decidir por ellas mismas, ni siquiera opinar.
Menos mal que aprendí a decir lo que me gusta y lo que no, a ser independiente y no necesitar la ayuda de nadie. Todo eso fue para mi propio bien, y estoy agradecida por haberlo hecho.
Eso me hizo la mujer que soy actualmente.
—Melissa —me llama Akın, como dándome la señal para irnos ya. Lo miro y asiento.
Es momento de irme, de dejar ya todo atrás y continuar con mi vida.
—¿Ya te vas? —pregunta Ömer, mirando a Akın—. ¿Es tu novio? ¿Y Ferit?
—Sí, es mi novio, se llama Akın. Me divorcié de Ferit el año pasado —le digo de forma rápida.
—Dame tu número de teléfono, Melis. Esta no debe ser la última vez que nos veamos, por favor —ruega Yusuf con un mohín en sus labios.
¿Quiero continuar en contacto con él? Lo miro por unos segundos, pero en sus ojos, solo veo anhelo. Él realmente me extraña. Así como yo lo extraño a él.
Miro a Akın en busca de ayuda o de aprobación de que lo que pueda hacer, no sea algo descabellado.
Él da un asentimiento, extiende su teléfono para dármelo, sabiendo que he dejado el mío en el auto.
—Tamam —le digo, tomando el móvil y buscando mi número telefónico. Se lo doy, Ömer dice que también me llamará—. No se lo den a más nadie, por favor.
Ellos menean sus cabezas.
—Tranquila, hermana —responde Ömer—. ¿Viste a papá?
—Sí, él si no se emocionó por verme —cuento con una mueca ladeada—. Pero ya me despedí de él.
—Lamento mucho no haberte ayudado hace años, Melis —me dice Yusuf con tristeza.
Acaricio su rostro con mi mano.
—Eras solo un niño, no te iban a hacer caso. No te lamentes por eso, ahora me importa es este momento, el presente, en el que se emocionan por verme. Eso me llena más.
Él vuelve a abrazarme, esta vez sí se lo regreso. Cuando me separo, miro a Ömer.
—Tú también has envejecido un poco, kardeşim.
Ömer se ríe.
—Un poco —dice, tocando su barba.
Le doy una sonrisa sincera.
—Te perdono, Ömer. Gracias por hacer esto.
Él niega.
—Me he arrepentido por años. Quería hablar contigo, pero desapareciste y no te encontraba ni por redes sociales.
Recuerdo que no había tenido una cuenta hasta que decidí abrirme una en Instagram hace unos meses. Solo porque no quería tener contacto con ninguno de ellos.
—Tengo Instagram —digo riéndome por lo bajo—. Puedes seguirme por allí.
También se ríe.
—Te buscaré.
Vuelvo a sonreír hacia ellos, quienes también me sonríen.
Esta visita fue agridulce, pero se siente como un buen cierre a ese capítulo doloroso de mi vida.
Miro hacia la casa de nuevo y, suspiro. Todo el rencor, la nostalgia, las pesadillas, el miedo y los malos ratos se quedan allí. Ya no estarán conmigo nunca más.
Me desligo del dolor, de la tristeza y de la opresión que llevé por años.
Veo a mis hermanos y me doy cuenta, que se puede tener una segunda oportunidad; para perdonar y poder avanzar.
Porque la vida se trata de un constante cambio, de perdonar, de saber cuándo dar las oportunidades perfectas y cuando no. Está llena de esos momentos en los que debes cruzar barreras, decir lo que sientes y cerrar la puerta para no volver.
Y eso hice hoy, finalmente me expresé, dije todo lo que quería y lo que tanto deseé para mi libertad plena.
A partir de este momento, soy otra Melissa, una más fuerte, que está llena de experiencias vividas, situaciones amargas, pero que también aprendió a vivir a su manera, a continuar el camino sin importar las adversidades.
Este es el comienzo de un nuevo capítulo, uno donde lo escribiré con mi letra, lo llenaré de buenos momentos; de mucho amor, nuevas oportunidades y aprendizaje.
Estoy lista para seguir el camino que llamamos vida.