Dulce deseo Capítulo 24 #3
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Capítulo 24 #3

Ya he buscado mis cosas, camino hasta la salida del lugar, a lo lejos veo a Melis hablando con un señor que podría ser su padre, él le da un abrazo y se despide. ¿Quién es? Con ceño fruncido y con curiosidad me acerco a ellos, pero el hombre ya se había ido cuando llego a donde Melissa.

—¿Quién era? —pregunto sin titubeo.

Melissa se asusta, pero voltea.

—Mi tío Öger —responde. La miro sin entender—. Es el jefe a cargo, estaba hablando con él.

—¿Jefe? ¡Vaya! —Miro por donde se fue—. Me lo hubieses presentado.

Ella niega.

—Mejor no, Akın. En otro momento tal vez.

No digo nada, porque el tema familiar para ella es complicado. Voy a sus tiempos, siempre lo he hecho, y ahora no será la excepción.

—¿Nos vamos? —inquiero, rodeando su cintura y mirando hacia la salida.

Pero la vista se estropea cuando al frente de nosotros está Conrad, vestido de policía. Canalla.

Melis me toma de la mano y me jala para caminar hasta donde está él. Puedo jurar que mi rostro está enseriado, ni siquiera lo miro.

—Conrad —lo saluda Melissa.

No entiendo por qué nos ha acercado a él. Es el traidor, no un amigo.

—Melissa.

—Supe que ayudaste a conseguir la última prueba, es una pena que Melek estuviera metida en todo eso —cuenta Melis. Eso no lo sabía. ¿Nos ayudó?

Escucho lo que hablan, más no me incluyo.

—Sí, recordé que ella había mencionado algo de la cuenta de su mamá y un dinero que estaba retenido allí. No sé por qué dudé, pero menos mal lo hice. Fue el último empujón.

—¿Escuchas, Akın? —pregunta Melis a mi lado, dándome un apretón en la mano—. Conrad nos ayudó.

—Hola, Akın —me saluda mi ex asistente.

No lo miro.

—Pido perdón por no habértelo dicho, pero estaba haciendo mi trabajo. Hice un juramento cuando me gradué y lo debía cumplir. Aun así, no puedo ser malagradecido contigo, fuiste una buena persona para mí y mi familia cuando necesitaba una ayuda.

—La deslealtad no se borra tan fácil; quema, duele y se adhiere a tu cuerpo para hacerte recordar que una vez te traicionaron —digo mirándolo—. No sé si nuestra amistad fue parte de tu trabajo también o fue real, pero yo sí valoraba lo que teníamos. Confiaba en ti.

—Fue real, señor Akın.

—Eso lo dictará el tiempo y el destino, si volvemos a cruzarnos en el camino. —Sacudo la mano de Melissa, la miro—. Vamos.

Veo como Melis ladea una sonrisa torcida hacia él, se despide.

—Ten una buena vida, Conrad.

—Ustedes también —agrega mirándome, antes de dar la vuelta y caminar en dirección contraria a nosotros.

Salimos de la estación sin hablar, tomados de la mano, respirando aliviados porque ya todo esto terminó. Puede que las investigaciones continúen, pero ya no me salpicarán.

Puedo caminar feliz con mi novia por las calles de Estambul sin tener temor por los Erdem. Por lo que pude preguntar antes de buscar mis pertenencias es que también los enjuiciaron, a ellos y a su banda. Que a pesar de que estaban escondidos, ya descubrieron la casa donde vivían todos.

Subimos a un taxi, el poco sol que ha salido me sigue encandilando, luego de estar cinco días sin ver la luz solar, es normal que la claridad me moleste.

—¿Estás bien? —Melis me mira expectante—. No quería que te enojaras por hablar con Conrad. Es que... le pedí ayuda.

Me quedo callado, con mis labios en una línea fina.

—También le pedí ayuda a mi tío. Busqué ayuda en todos lados para poder sacarte de allí —me cuenta con su rostro nostálgico—. Necesitaba verte libre.

Sé que no ha sido fácil para ella, pero cada día fue a la estación, me llevo comida y ropa, estuvo ahí todo el día esperando verme. Fue mi más grande apoyo.

—Gracias, Melis —le agradezco con toda la sinceridad que siento—. Sé lo que hiciste por mí, no te preocupes, querías lo mejor para mí, no puedo regañarte por eso. Hiciste bien.

Ella me abraza de lado, porque vamos en el taxi rumbo a nuestra casa.

—¿Tu tío como ayudó?

—También movió algunas fichas dentro de la policía, al menos me dejaban verte seguido. Pero... —Hace silencio, como si estuviera pensando qué decir.

—¿Qué ocurre?

La castaña me da una mirada con pena, como si no le gustara lo que dirá a continuación.

—Hice un trato con él.

Frunzo mi ceño.

—¿Qué tipo de trato?

—Uno en el que involucra ir a ver a mi padre.

Me sorprendo. No pregunto, dejo que ella me cuente.

—Mi padre está enfermo... debo ir a verlo.

—¿Ir a verlo no te hace mal?

Ella suspira asintiendo.

—Pero será por última vez... para cerrar esa etapa de mi vida de una buena vez por todas, ¿No crees?

Esto es un paso tan grande, que me cuesta hasta a mí darlo. Este momento es importante para ella. Melissa me mira como buscando aprobación.

—Estaré contigo en cada momento. —Es lo único que le digo, porque sé que ella ya ha tomado la decisión de ir. Lo que puedo hacer es apoyarla y estar ahí con ella, ir a conocer a mi suegro y ayudar a mi mujer en que pueda cerrar ese capítulo tan triste para ella.

—Vamos, mi amor. Todo estará bien. Estoy contigo.

Melis da una pequeña sonrisa, me da un beso en los labios y me abraza.

—Gracias por tu apoyo incondicional, Akın.

—Gracias a ti por darme el tuyo, hermosa.

No hay nada más, solo la quiero a ella en mi vida.