Capítulo 24 #2
Llegamos al tribunal, Melis y Demet me están mirando a lo lejos, no las dejan acercarse. Veo como mi castaña hermosa sube la mano y me da un pequeño saludo con ella; veo que lanza besos y me da una sonrisa.
En sus labios gesticula un «Todo va a estar bien». Ella no sabe cuánto la amo, cuánto añoro casarme con ella y que tengamos los hijos más hermosos juntos.
Ya no veo mi vida sin ella.
Entramos a la sala, el juez está sentado en el centro del estrado.
Por un lado, del lugar veo a Melek, un poco alejado de ella, estoy yo.
Nuestros abogados están a nuestro lado. Doy un vistazo hacia el público, veo a mi familia, también veo a Conrad.
No puedo ni siquiera mirarle por más de dos segundos, la decepción y el dolor por su deslealtad sigue latente.
El juicio comienza, han sido pocos días, pero la policía tenía las pruebas y eso hizo que se efectuara más rápido. Sin embargo, mi equipo de abogados también hizo su tarea. Les pregunto si encontraron información, ellos dicen que sí, pero que no son tan favorecedoras.
Eso no me deja tranquilo, por lo que la siguiente media hora, la paso angustiado.
Veo a Melek, ella luce más preocupada que yo. Los nervios la tienen mal, sus manos tiemblan y sus ojos están brillantes desde que comenzó el juicio.
Los abogados de parte y parte hablan, exponen todo. Muestran sus pruebas, los documentos con mi firma, las cuentas clandestinas y, al final, dicen el nombre de los dueños de las mismas.
Mi boca se abre asombrado, giro en su dirección y no puedo creer lo que mis oídos están escuchando.
—Las cuentas fantasmas que se encuentran en el servidor y archivos de la empresa Yıldız corresponden a Agatha Özdemir, quien es la madre de la señorita Melek Özdemir, asistente personal del señor Bozkurt.
—¿Melek? —inquiero mirándola—. ¿Es eso verdad?
—Señor Bozkurt, haga silencio —dicta el juez hacia mí—. Pase al estrado, señorita Özdemir. Ante la acusación que han hecho, movimientos de sus cuentas y las cuentas de su madre, explique ante todos y jurando decir la verdad, confiese su hecho.
No dejo de mirarla, niego con mi cabeza y entremeto mis dedos sobre mi cabello. No puedo creer esto. Mi alrededor estaba lleno de ratas traicioneras y sinvergüenzas. Uno me investigaba y la otra me robaba dinero.
Esto tiene que ser una broma.
Tanto que me cuido de las personas extrañas, de sus malas intenciones y oportunistas, termino traicionado por mis propios asistentes.
Melek intenta justificarse, llora desconsoladamente, ve hacia el público y le pide perdón a alguien, cuando veo, su mamá está sentada del otro lado de la sala. También llora y niega con su cabeza. Algunos policías se acercan a ella, la esposan y la sacan de la sala.
Alzo mi mirada y me doy cuenta que Melek ya está sentada en el estrado. De un momento a otro, deja de llorar.
—Dé su testimonio, señorita Özdemir. ¿Por qué comenzó a robarle dinero al señor Bozkurt?
Ella se ríe.
—Porque es una maldita escoria que no me miró más allá del sexo. Que hizo conmigo lo que quiso, pero no me dio el puesto que me merecía.
Cierro mis ojos, ella hablará de nuestra relación no convencional.
—¿Está diciendo que tenía una relación amorosa con él? —pregunta el abogado contrario.
Ella da un resoplido.
—Él solo quería sexo. Y mientras él me hacía caso, le decía que firmara los documentos y listo.
—¿Es decir que está confesando que usted le hizo firmar un documento al señor Bozkurt para tomar más dinero del fondo público turco? —Ahora quien pregunta es el juez.
Ella se queda en silencio. Sabe que, si acepta, todo está perdido. De igual forma, ya está hundida.
Pasa un minuto y ella no contesta.
—¡Di la verdad, Melek! —le grito para que ya todo esto termine.
—Señorita Özdemir, conteste.
—¡Sí, sí lo hice! —exclama alterada—. Yıldırım me ayudó.
¿También? ¡Joder!
—Es mi antigüo Gerente de negocios —explico para el juez.
—Estará en investigación —responde él—. Ya que tenemos una declaración, podemos dar el veredicto final.
Tomo una bocanada de aire, trago saliva y paso mis manos por mi cara.
Vuelven a sentar a Melek en su puesto, su rostro ha cambiado, tiene su ceño fruncido y no mira a nadie.
Todos esperamos que el juez comience con el veredicto. Sé que será a mi favor. Por fin esto terminará.
—Sabiendo que el señor Akın Bozkurt fue embaucado por su asistente Melek Özdemir, para firmar documentos alterados para el beneficio de la señorita, queda absuelto de la demanda.
Suspiro aliviado.
—En cuanto a la señorita Özdemir, se le ha imputado los cargos de Malversación de fondos públicos, robo, falsificación de identidad. Pasará diez años en la cárcel de mujeres; seguirán las investigaciones junto con ella, su madre y el señor Yıldırım.
El juicio termina, me quitan las esposas y me dejan ir junto a mi familia. Abrazo a mi hermana y a Melissa al mismo tiempo, ellas se ríen, me abrazan también. Veo sus sonrisas y lágrimas en los ojos.
—Eres libre, hermano.
Nos separamos del abrazo. Le doy un asentimiento a mi hermana. Ella hace una seña de dejarle espacio a Melis, para que la pueda saludar.
—Ven acá, güzelim —le digo atrayéndola. Ella sonríe, acercándose para darme un abrazo—. No sabes cuánto te amo, amor.
—Dios mío, por fin estás en libertad. —Ella comienza a llorar—. Estaba tan preocupada por ti.
—Lo sé, pero ya se acabó todo, cariño. Los Erdem, este problema, ya somos libres.
Melis ladea una sonrisa, entiendo su cara. Aún falta algo. Y sé que es sobre su familia.
—Lo haremos juntos —le aseguro, ella asiente y me vuelve a abrazar.
Su abrazo es todo lo que quería.
◆◆◆
Estoy en la estación policial buscando mis pertenencias, a Melek la llevaron directamente al penitenciario. Tantos años conociéndola para que me traicionara también. ¿Pero qué he hecho para merecer gente tan desleal a mi lado? Es tan insólito.