Capítulo 24
Akin
La vida puede cambiar en cualquier momento; por un segundo puedes estar creyendo que estás mejorándola, saliendo del lado oscuro, pero en otro segundo, puede empeorar, tu vida cambia sin aviso.
Eso lo estoy viviendo en estos momentos.
Ciertamente pensé que todo terminaría con los hermanos Erdem, que el problema con ellos acabaría, pero no que, de un momento a otro, tú también serías arrestado por la policía.
Algo descabellado, porque en ningún momento los había llamado.
Todo fue confuso, cuando miré a Conrad, para buscar una respuesta, más bien me sorprendí por lo que había visto.
Mi asistente de años, quien era mi mano derecha, que lo quería como un hermano por su apoyo constante, estaba del lado de la policía. A él no lo estaban esposando, ni mucho menos anunciándole sus derechos o haciéndole un reclamo.
Cuando hacía mi camino hacia la patrulla, gire mi cabeza para ver a los Erdem, quienes estaban siendo arrastrados, porque ellos no querían subirse al auto. Más bien, yo estaba cooperando. Me miraron con odio, pero en sus caras se veía que tampoco entendían mi arresto.
Mi último vistazo fue a Conrad, le di la peor mirada que alguna vez pude haberle dado.
No quería creer lo que estaba viendo, estaba siendo traicionado. Siempre he recalcado el valor de la lealtad, pero ya veo que él nunca aprendió de ello.
Bajé mi cabeza para entrar al auto, llegué a la comisaría y todo empezó a empeorar mucho más.
El policía encargado sobre el supuesto cargo que tenía, empezó a hacerme preguntas, a recitar todo lo indebido que yo había hecho desde que se hizo una obra pública hace unos años. Conrad estaba a su lado.
Mis manos aún están esposadas, por lo que juego con mis dedos, esperando a ver qué dicen estos policías de pacotilla. Subo la mirada y veo a mi asistente, quien está viendo al suelo. No tiene la valentía para verme a la cara. Es un sinvergüenza.
—Señor Akın Bozkurt, presidente encargado de la empresa Yıldız, tan conocido y apreciado por el gremio empresarial; temido y envidiado por otros.
Pero qué honor tenerlo aquí con nosotros.
—Su tono es sarcástico. La sonrisa del oficial de policía es irónica, engreída, como si fuera todo un logro tenerme aquí.
—No puedo decir que es un gusto conocerle, oficial. Porque ni siquiera sé quién es usted. Por lo que veo, no es reconocido entre su gente.
Su rostro cambia, la sonrisa se le ha quitado.
—Soy el Coronel İzmir, tengo treinta años trabajando para la policía.
—Se nota, le han pasado un poco los años —digo, señalando su pelo blanquecino.
El hombre suspira frustrado.
—Malversación de fondos públicos —declara, se acaricia el bigote grisáceo y sonríe—. ¿Es muy fácil robarle a la gente, señor Bozkurt? ¿Ser todo un estafador?
Frunzo mi ceño, alzando una de mis cejas.
—Según la ley, una persona que difama a otra, puede ir preso. Así que cuide de sus palabras. —Hago un gesto con mi dedo índice sobre la mesa—. Ustedes me están acusando de algo que no he hecho.
—¡No te creas listo, Bozkurt! —exclama, golpeando la mesa—. ¿Por qué estabas reunido con los hermanos Erdem?
Me rio de forma sarcástica.
—Que se lo diga el traicionero del año. —Señalo a Conrad, quien tensa su mandíbula con fuerza y se pone inquieto—. Ya que estuvo conmigo por unos cuantos años, él perfectamente puede declarar y contarles.
El oficial İzmir mira a Conrad, pero no dice nada. Vuelve su mirada hacia mí.
—Conteste usted —insiste.
—¿Qué quiere que le diga? ¿Que estaba siendo chantajeado por ellos? Querían llegar al gobierno por mí. Por supuesto que no los iba a dejar. Yo no hago tratos con mafiosos.
—¿Está confesando que ellos son de la mafia?
Me vuelvo a reír.
—Ustedes saben más de eso que yo. Les leyeron unos cuantos cargos en el restaurante donde estábamos. Más bien, denme las gracias porque pudieron atraparlos.
Miro de nuevo a Conrad, quien no ha emitido ni una palabra. Me acuerdo del día que me sugirió hacer partícipe a la policía para cuando fuéramos al encuentro con los Erdem, inmediatamente le dije que no. No quería empeorar la situación. Sin embargo, aquí estoy, siendo interrogado por la policía.
No precisamente por los Erdem.
Siguieron preguntándome cosas, pero yo les respondía lo que sabía. Mi abogado llegó a los minutos, allí pudieron hacerme el interrogatorio oficial.
De igual forma, siento que lo que diga, no servirá. Ellos querrán hundirme a toda costa.
Al principio ni entendía de lo que me hablaban, hasta que recordé el trabajo que habíamos hecho hace un tiempo.
Por mi cabeza solo pasaba el nombre de Melissa. Las horas transcurrían y yo seguía allí. Sin avisarle, ni decirle lo que estaba pasando conmigo.
Llegó la noche, finalmente pude verla, pero cuando los minutos se agotaron y se tuvo que ir, todo se sintió más pesado.
Ya era muy tarde, estaba lleno de frustración, decepción y angustia. El canalla de Conrad me estaba acusando de algo que ni he hecho. ¿Qué quería? ¿Dinero? ¿Lujos? Era un maldito policía que me había vendido a sus jefes.
No dejaba de moverme de un lado para otro, si seguía así, iba a abrirle un hueco al suelo. La noche fue interminable, no pude conciliar el sueño.
Estaba en una maldita celda, culpado por algo que no hice y preocupado por mi novia. El rostro de Melis estaba afligido, estaba preocupada por mí. Ya ella tenía mucho en su vida como para lidiar con esto también.
Estaba cansado de que fuera un problema tras otro.
Al día siguiente, mi equipo de abogados habló conmigo, pudimos hacer acuerdos para que pudieran pasarme ropa y comida; les exigí que buscaran hasta debajo de las piedras esos documentos, las cuentas bancarias y a la persona que me quería culpar por ello.
Melis volvió con ropa limpia y comida, algo que estaba agradeciendo muchísimo porque lo necesitaba. Más tarde vi a mi hermana Demet; la pobre lloró al verme, pero luego se repuso y dijo que haría todo lo posible por sacarme de aquí.
La ayuda de las dos mujeres más importantes en mi vida me estaba dando la fuerza para soportar el mal trago.
Supe por Melis que también arrestaron a Melek, lo cual me pareció de mal gusto que lo hicieran, ella es solo mi asistente.
La segunda noche fue peor que la anterior, era otro día completo en esa celda mugrienta y sin tanto aire.
En la tarde pude tomar una ducha helada, pero al menos me dejaron hacer eso.
Vi a Melis hace una hora, ella también tenía ojeras y lucía como si hubiese envejecido un poco en dos días, además parecía más delgada.
No sé lo que ocurre afuera, pero sé que todos están en movimiento.
Demet está pendiente de mis abogados, de la información de los policías.
Y Melissa está cuidándome de manera en que me trae comida, ropa y, cuando me visita, me da un suave beso que agradezco y que se siente como un bálsamo para sobrellevar todo esto.
Es un nuevo día, el tercero en esta celda, estoy cansado, adolorido y sin dormir. Otro día en el que seguiré con esta zozobra, sin saber qué ocurre o cómo está yendo todo con los abogados.
No quiero imaginar cómo está Melek, ella que es tan pulcra y preocupada por su imagen, debe estar muy cansada y harta de esta situación. La compadezco, tampoco debería de estar aquí.
No sé qué hora es, pero sé que es de día. Ningún policía ha venido a chequear si sigo vivo. Resoplo cuando apoyo mi espalda sobre la pared, cierro mis ojos, pensando en que pudiera estar viajando con Melissa por el mundo y no encerrado en esta pocilga.
Una hora después escucho como la puerta de la entrada suena, entra un poco más de luz y se oyen voces. Me levanto, pensando que es Melissa quien ha venido a verme, pero no, son mis abogados.
Me informan que siguen haciendo su trabajo, Demet les dio autorización para investigar en la empresa. Que buscaran los asientos contables, los documentos firmados y más. Sé que ella les ordenó que hicieran cualquier cosa para poder encontrar información.
Pregunté por Melek, y me contaron que ella también está en investigación, que no me preocupara.
—Estamos haciendo nuestro trabajo, señor. Ya verá, que vamos a ganar esto y usted será libre —dice uno de ellos, quien va bien vestido con camisa y corbata.
—Hemos encontrado los documentos, hay algunas firmas de usted, y es cierto, no concuerdan con lo pedido por el gobierno. En las cuentas de la empresa, hay dos transacciones que no corresponden a la asociación gubernamental.
Pongo toda mi atención en lo que dice.
—¿Cómo es eso?
—Que alguien envió los fondos a otra cuenta.
—Sí, pero entonces lo que ocurre no es conmigo. Hay alguien de la empresa detrás de todo esto.
Él asiente.
—Así es, señor Bozkurt. Seguimos investigando para poder dar con el dueño de las cuentas. Estamos cerca.
—¿Cuánto tardarán? ¿Más días?
El hombre ladea su cabeza y hace una mueca.
—Un par de días más, señor.
Intento respirar hondo, para así calmarme y no estrangular a uno de ellos.
—La señorita Özdemir va a declarar hoy, por lo que vamos a ir a su interrogatorio.
—¿Por qué se han tardado con ella?
—No lo sabemos, señor. La dejaron para hoy.
—Por favor, averigüen lo necesario para salir de aquí.
Ambos asienten con sus cabezas, se despiden y van a hacer su trabajo. Mi vida depende de esos dos hombres. Realmente espero que puedan encontrar la información que necesitamos.
◆◆◆
Ya son cinco días que llevo arrestado, finalmente, hoy nos hacen el juicio a Melek y a mí.
Hoy no me permitieron ver a mis abogados, a mi familia ni a Melissa.
Ningún policía dice algo. Solo sé que me llevan esposado en una patrulla hacia el tribunal.
Más temprano me dieron la ropa que Melis me trajo para el juicio.
Deseo tanto verla. Extraño abrazarla, besarla y tenerla en mis brazos mientras dormimos juntos en la misma cama.
Espero que todo esto termine hoy, ya no aguanto un día más encerrado. Necesito que la verdad sea liberada hoy, que me escuchen y que las pruebas de mi inocencia estén allí para el veredicto final.