Capítulo 23 #3
El mesero trae nuestro postre, hemos hablado mucho en una hora de comida.
Pregunto por sus hijos, ella dice que los cuida su niñera.
También hago la pregunta de si tienen más familiares, pero ella dice que un par de tíos y primos.
Pero qué ninguno es tan cercano como para preocuparse por Akın, al menos que quieran dinero a cambio.
Media hora más pasa hasta volver a la estación de policías. Me siento en las sillas disponibles para la espera, por el tiempo que nos dejen estar aquí.
Pienso en todo lo hablado con mi tío más temprano.
Con tan solo imaginarme entrando de nuevo a esa casa, la ansiedad que sentía al soñar con los golpes de mi padre, me da de nuevo.
La sensación de opresión en el pecho, el no poder respirar con normalidad, el sentir que en cualquier momento todo pudiera ser golpes, gritos y sangre.
Me da miedo, eso es.
Me aterra volver; sentirme de esa misma manera, en la que no pueda dar mi opinión, ni sentirme libre. Sé que está moribundo, pero aún existe su esposa, mis hermanos, mis otros parientes, que estarán cerca y me harán sentir pequeñita.
No quiero hacerlo, no me siento capaz.
Pero luego pienso en Akın, no quiero que esté aquí encerrado. Y tal vez, esta sea un voto de fe a nuestra relación. El amor que nos tenemos, el que podría hacer cualquiera por verle bien, sano y tranquilo a mi lado.
Desde que llegamos a Estambul, se ve inquieto, aunque feliz por estar en sus tierras, no está bien del todo. Y ahora está aquí, viéndose así, detrás de unas rejas sin poder dormir ni comer bien.
Es injusto.
Las horas pasan lento, no dejo de ver el reloj de pared que hay en la recepción.
Las personas entran y salen, se escuchan las sirenas de las patrullas, el murmullo de la gente al pasar, los que están a mi alrededor.
Es un ambiente tenso, uno en el que no se sabe si esto será por un día más o por semanas.
Demet se fue hace una hora, son las siete de la noche y aún no me llaman para verlo. Sigo viendo hacia el pasillo, esperando que alguien me diga que puedo entrar.
Cuando veo caminar a Conrad hasta la salida de la estación, me levanto de mi puesto y voy tras él.
Creo que ya se va a su casa.
Le llamo, él se detiene, da la vuelta y me ve.
—Señorita Deniz.
—Conrad, por fin nos topamos de nuevo.
—Pues, no creo que esto sea una casualidad, sino más bien una emboscada.
Señala el entorno en el que estamos, un callejón por dónde se pasa para cruzar a otra calle. Está iluminado, pero no hay muchos transeúntes.
—Solo quería hablar contigo.
—Soy un oficial, podías pedir una cita conmigo. Ya que estás puro en la recepción.
—Así que sabes de mí.
Él se queda callado.
—Akın es inocente, tú lo sabes muy bien —le digo de frente—. ¿No pudiste conocerlo realmente en todo este tiempo?
—Simplemente hice mi trabajo, Melissa.
—Tantos viajes, tantos lujos a tu alrededor, la confianza que se te dio, el cariño que te tenía Akın. ¿Eso no valió para ti? ¡Hasta Melek confiaba en ti!
—Eso no significa que no pueda hacer mi trabajo correctamente. Iba por el objetivo y lo obtuve. Dos pájaros de un solo tiro.
—¿Qué quieres con esto? ¿Reconocimiento?
—Hago mi trabajo —insiste con seriedad—. Akın se metió en esto él solo.
—Akın... ¿Ves que si le tienes cariño también? Estos años no fueron en vano para ti. —Hago una pausa para acomodarme la bufanda—. Es tu obligación, lo entiendo, pero sabes que no fue Akın quien hizo todo esto.
Conrad se queda pensativo, me mira, mira a todos lados, pero no dice más nada.
—Señorita Deniz... Melissa, trabajé mucho por este momento, las pruebas están allí, sé que él es buena persona...—Suelta un suspiro con pesar—. Pero existen pruebas de su malversación de fondos. Muchas personas pueden tener varias caras.
—Ya me confirmaste lo que quería, Conrad.
—¿Sobre qué? —replica con su ceño muy fruncido.
—Que Akın es alguien que confía en la lealtad de las personas y en la de sí mismo. Una persona que sabe lo que hace, confía en su trabajo y en su alrededor, ese tipo de persona honesta no va por la vida robando dinero que no necesita.
—¿De qué hablas?
—Akın es inocente, y tú estás consciente de eso, pero por tu trabajo, por quedar bien ante todos y no confesar que le tomaste cariño a quien debías investigar, dirás hasta morir que es culpable. Cuando ni tú mismo estás seguro de lo que ocurre realmente.
Él no responde.
—Haz el bien, Conrad. Ayuda a Akın. En los ojos de Allah, siempre estará la verdad.
—Sino los pecadores morirán —agrega él.
Le doy una sonrisa lineal, un asentimiento y me despido con la mano. Cuando comienzo a caminar, le digo—: Sé qué harás lo correcto, porque tú también eres una buena persona. Lo sé a pesar de que habláramos poco.
Sigo mi camino para volver a la estación de policías, pero me detengo cuando escucho gritar a Conrad.
—Siempre me caíste bien, aunque me obstaculizaras mi trabajo.
Me volteo para darle un último vistazo, él sonríe y levanta su mano.
Sonrío también.
Sé que la verdad saldrá, todos creen en Akın. Ahora solo hay que dejar que el destino lo haga de nuevo.
Haga su magia, una vez más.