Dulce deseo Capítulo 23
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Capítulo 23

Melissa

Akın está cabizbajo cuando llego a visitarlo, sigue con la misma ropa de ayer. No le han entregado la que le traje. Se ve ojeroso y desaliñado. Me da pesar verlo así.

Él escucha mis pasos, sube su cabeza, y a pesar de su estado actual, me da una sonrisa. Su rostro se ha iluminado al verme.

Él realmente me ama.

—Melis —exclama al verme.

Me acerco a las rejas de la celda, tomo su rostro como ayer. Acercándolo para poder estar cerca. Cerramos nuestros ojos y solo se escucha nuestra respiración.

Una vez pasado un minuto, subimos la cara y nos vemos. Intentando descifrar todo lo que siente Akın en este momento.

—¿Cómo has estado? ¿Pudiste comer? Te traje algunas cosas, pero veo que no te han dado nada.

Él niega.

—No, no ha venido nadie. Muero de hambre. Nunca me imaginé estar en un sitio como este, Melis.

—No mereces estar aquí. No he visto a tu abogado, pero supongo que debe estar trabajando en tu salida.

—No sé cuánto tiempo puede tardar todo esto. ¿Días? ¿Meses?

—Me niego a que pases más días aquí. Ya veremos qué hacer, mi amor.

Akın no dice más nada, se ve cansado y sin fuerzas. Me preocupa verlo de esta manera. Han sido dos días de mierda, él necesitar ser libre de una buena vez por todas.

Él pregunta cómo estoy, no le cuento sobre el encuentro con mi tío Öger. Prefiero decírselo luego. No necesita más preocupaciones, y sé que si se lo digo, va a estar pensativo con eso.

Se escucha que abren la puerta, el guardia dice que los minutos se han acabado. Odio que sea tan poco tiempo para hablar.

—Espero que me dejen verte más tarde, estoy afuera, Akın. Estoy contigo. —Le doy un pequeño beso en sus labios fruncidos—. Pronto saldrás de aquí.

—Gracias por ser tú, Melissa.

Suelto un suspiro nostálgico, le doy una suave sonrisa y me despido de él.

Ahora es momento de ir a hablar con mi tío. Necesito respuestas y las tendré ahora mismo.

Camino por la estación de policías, en busca de que alguien me pueda dar información sobre Öger Deniz.

Pido la dirección de su oficina y me quedo perpleja cuando veo que es el jefe a cargo. ¿Disculpa?

Toco la puerta, alguien de adentro dice que pase. Entro y veo a mi tío sentado detrás de un escritorio, estaba hablando con un señor de mediana edad.

—¡Melissa! —dice animado al verme—. Coronel, ella es mi sobrina, Melissa Deniz.

Me señala y yo solo asiento.

—Mucho gusto. —Es lo único que digo al estrechar mi mano con la del coronel İzmir, quien se ha presentado de esa manera.

—Qué joven y hermosa es tu sobrina, qué placer conocerla.

Ellos hablan entre sí, no puedo sentirme más que incómoda. Doy un rápido vistazo por el lugar, sobrio y sin un ápice de decoración. Lo único que hay de diferente es un portarretrato que tiene mi tío sobre su mesa. Pero desde este ángulo, no puedo ver de qué es la foto.

—Después seguimos hablando, Öger. Debo ir a ver cómo va el caso Bozkurt.

Al oír el apellido de mi novio volteo hacia ellos, poniéndome en alerta. Mi tío gira su mirada hacia mí, pero luego habla con el coronel.

—Disculpe, ¿ese es el caso del empresario estafador? —Me asquea llamarle así, pero es una manera de buscar información. El rostro de mi tío se endurece.

Sé que me estoy metiendo mi nariz en dónde no debo, porque es su trabajo; sin embargo, de quién hablan es con quién tengo una relación muy formal y seria.

Necesito saber.

—Sí, señorita. Por fin lo hemos podido detener, nos hizo un gran favor con los hermanos Erdem, eso sí. Pero debe pagar por su delito.

—¿Pero tienen muchas pruebas para juzgarlo?

El hombre mira por un momento a mi tío, este le da una señal de que termine de hablar y salga.

—Se hará lo que la ley dicte —finaliza sus comentarios, se despide y sale de la oficina.

Solo quedamos mi tío y yo.

—No vuelvas a preguntar nada sobre ese caso, Melissa —me amonesta Öger—. Sé que es tu novio, algo que me parece descabellado para serte sincero, pero no te metas en este asunto.

—¡¿Por qué no?! ¡Tengo derechos de preguntar y ayudar! —Mi temperamento ha cambiado, nadie me dice qué no hacer—. Ese hombre es todo para mí. Me ha ayudado tanto, que no puedo simplemente dejarle a la deriva. Estoy con él en las buenas y en las malas.

El ceño de mi tío Öger se frunce, luce confundido.

—¿Por qué dices que te ha ayudado?

—Porque lo ha hecho, en muchos aspectos. Entonces haré todo lo posible porque él salga de allí.

—¿Dinero? —inquiere insistente.

—No me importa su dinero —contesto un poco molesta.

—¿Entonces por qué lo defiendes tanto?

—¡Porque lo amo, tío! Ese hombre me enamoró hasta lo más profundo de mi ser, ha estado para mí en momentos tan difíciles como ver morir a un amigo en frente de mí.

Me ha dado un lugar en donde vivir cuando me quedé en la calle por culpa de Ferit.

Me ayuda a seguir con mi vida que muchos de aquí me la destruyeron hace años.

Él me mira atónito.

—Por eso lo defiendo, porque él vale mucho la pena. Y no voy a dejarlo solo.

Lo escucho suspirar, no sé si es un suspiro de resignación o frustración.

—Vaya, sí que es toda una joyita el Bozkurt.

Le doy una mala mirada, él alza sus manos al aire en rendición.

—Tengo muchos años sin verte como para discutir, toma asiento —dice, señalándome el puesto donde estaba su compañero de trabajo.

Un poco regañadientes, me siento dónde dijo. Me le quedo mirando.

—¿Pudiste ver a tu novio?

—Sí.

—¿Y qué tal?

—¿En serio quieres hacerte el tío y preguntar por mi novio?

—Demonios, tú sí que estás salvaje ahora. Vaya, vaya. Solo quiero conocerte de nuevo. No sé cuánto has cambiado en cinco años.

—No es necesario, tío. Yo solo quiero que Akın salga de aquí y ya.

—No creo que sea posible. Tenemos años intentando detenerlo con todas las pruebas. Hasta le pusimos un encubierto, como para dejarlo libre, así como así.

—Cayeron muy bajo —le digo con molestia—. Hacer que Akın confiara a ciegas en Conrad, para que lo traicionara de esta manera. Inaceptable.

—Así trabajamos, sobrina. Llegamos siempre a la verdad de todo, así sea con este tipo de métodos.

Meneo mi cabeza en negativa.

—¡Pero su arresto es injusto! —exclamo con frustración—. Él dijo que ni siquiera estuvo pendiente de ese negocio. Estuvo de viaje cuando se realizó, él solo firmaba lo que le pedían y ya.

La cara que tiene mi tío me enoja mucho más, es de indiferencia. Como si no le importara.

Ya caigo en cuenta.

Él es el jefe.

Él es quien se ganaría todos los honores, tendría fama con la prensa. Ahora todo tiene sentido.

—A ti no te importa lo que yo diga, ¿cierto? Tú solo quieres llevarte el crédito por atrapar a la gallina de huevos de oro.

Öger Deniz no emite ni una palabra.

—Eso es todo. Ya entiendo, tío.

—Este es mi último año para que me reelijan cómo jefe al mando, no puedo perder la oportunidad.

—¡Los hermanos Erdem son peores! ¡Y ahí los tienes! —El enojo y la desesperación sobresalen en mi voz—. ¡Ese sí es tu comodín, son los mafiosos que querían llegar al gobierno!

—No es la misma fama, Melis.

—¡No me jodas, Öger!

—Respeta, Melis. Muy americanizada puedes estar, pero sigo siendo tu tío. Estamos en Turquía, así que respeta a tus mayores.

—A ti ni te importa tu sobrina, tu propia familia. Porque perfectamente podrías ayudarme.

—No puedo hacerlo —declara.

—¡Claro que sí puedes! No me vengas con ese cuento barato de una lira turca.

El rostro de mi tío se va poniendo rojo mientras esta conversación sigue subiendo de tono. Pero él se comienza a reír de forma sarcástica.

—Ahora sí hablas de familia, cuando ni te importé en el momento en que fui al aeropuerto y no te despediste de mí.

Sus palabras me hacen callar...

Él tiene razón, simplemente lo ignoré esa vez.

—Eso dolió mucho, Melissa. Porque cuando te fuiste de la casa, te defendí ante tu padre. Ese hombre testarudo que ha hecho todas nuestras vidas imposibles. Te entendía, te comprendía y te quería como mi hija.

Muerdo mi labio interno, tratando de no hacer un mohín en mi boca. No voy a llorar.

—Pero, ¿qué hiciste tú con la única persona que confiaba en ti y te quería? La ignoraste. La humillaste con tu mirada de indiferencia. Te fuiste sin mirar atrás.

—No quería saber nada de nadie, simplemente me quería ir de aquí —explico con un hilo de voz, me es imposible no llorar—. A mí también me dolió verte allí, pero no podía volver. Debía irme, no quería más dolor.

Los dos nos quedamos en silencio.

—Quería tanto abrazarte y consolarte por lo sucedido con tu bebé —dice mi tío con su voz ronca, y sus lágrimas al borde del colapso—. Eras como la hija que nunca tuve... Sentía mucho tu pérdida.

Recordar que este hombre se comportó mucho mejor como un padre que quien me engendró y crio, me hace llorar más. Me duele ver lo quebrada que está mi familia, lo quebrada que aún sigo estando, y todas las uniones que una vez tuve ya no están.

Duele, escoce tanto que quiero llorar a mares.

Mi tío me ve, niega y se acerca a mí. Dándome un fuerte abrazo. Lloramos juntos por algunos minutos. Finalmente tomo una bocanada de aire para poder reponerme. Me separo de él, limpio mis lágrimas y me quedo mirándole.

Aunque titubee, hago la pregunta que quería hacerle.

—¿Qué tiene mi padre?

Él no responde al tiro, se toma su tiempo. Como si sopesara qué decir.

—La diabetes acabó con sus riñones, la insuficiencia renal lo está matando.

No sé cómo sentirme, pero es una mezcla de tristeza y asombro. Un hombre que se creyó muy sano desde siempre, que comía de todo y que no le importaba nada. Porque Allah lo había curado hace tiempo, y solo él podía quitarle la vida.

Sé que ni él se creía sus palabras, pero de algo debía aferrarse, y esa fue la única opción que tuvo para vivir con entera confianza.

—¿Y mis hermanos?

—Algunos ayudan, otros no. Quien está a cargo de él sigue siendo su esposa.

Doy un asentimiento.

—Ya veo.

—¿Irás a verlo? Tal vez si hablan...

—¿Qué? ¿Le perdonaré? No.

—¿Por última vez?

—No, tío. Por su culpa perdí a mi bebé, me golpeó a su antojo y me hizo daño psicológicamente. ¿Tú crees que quiero verlo? ¡Un gran NO!

Él se queda mirándome, vuelve a su fruncir su ceño.