Dulce deseo Capítulo 22 #3
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Capítulo 22 #3

No sé cuántas veces Akın y yo hemos dicho eso en este mes; pero ahora más que nunca deseo que se vuelvan realidad nuestras palabras.

Nos merecemos ser felices.

Ya hemos vivido demasiados males en los últimos meses. Estoy harta y cansada de que todo nos ocurra a nosotros.

¿Qué hicimos en otra vida para estar sufriendo de esta manera? ¿Será posible que todo se termine ya?

Solo quiero estar con él en un ambiente sano, en dónde nadie nos haga daño.

Suspiro al ver que el auto se estaciona al frente de donde estoy, pregunta mi nombre y una vez que confirmo que es el taxi que pedí, subo rumbo a la estación policial.

Llego al recinto, le pago al conductor y bajo del auto. Tomando una respiración profunda y armándome de valor para enfrentar otro día, llena de incertidumbre y angustia.

Camino pensando en que espero a que acepten la ropa de Akın, para que se pueda cambiar. También le he traído desayuno y manzanas.

Miro hacia la bolsa, viendo si no se ha dañado nada, cuando tropiezo con alguien sin querer. Me comienzo a disculpar, cuando subo mi mirada veo a mi tío Öger, el hermano menor de mi padre.

Él me mira como lo hizo mi hermana la vez pasada, como si estuviera viendo a un fantasma. Supongo que yo le estoy mirando de la misma manera.

—¿Sobrina? —inquiere mi tío, mirándome confundido—. ¿Melissa?

—Merhaba, tío Öger.

—¿Qué haces aquí?

—Estoy bien, gracias por preguntar luego de años —respondo sarcásticamente, poniendo mis ojos en blanco.

—No, no, lo siento. Es que... estoy asombrado. Realmente eres tú. ¡Tantos años!

Me siento incómoda.

Sé que esto podía pasar, claramente estoy en la estación de policías de Estambul, mi tío trabaja aquí desde hace tanto tiempo. Pero nunca se me pasó por la mente encontrármelo. No tenía mi mente en eso.

Ahora está al frente de mí, sonriéndome, me mira con nostalgia y asombro. De un momento a otro, me abraza. No me muevo.

—Qué bueno es verte, Melis.

Mi tío Öger era mi tío favorito. El más genial de todos, el que te contaba las historias más divertidas que cualquiera.

Siempre nos llevaba algún dulce y nos hacía reír todo el tiempo.

Luego de irme y no tener contacto con nadie, tampoco lo hice con él.

A pesar de que nunca se portó mal conmigo.

Fui yo quien puso distancia entre nosotros.

La última vez que nos vimos, me dolió mucho ignorarlo. Aunque él haya intentado hablar conmigo, yo no quería hablar con nadie. Recuerdo ese día en el aeropuerto, el día en que me iba de Turquía a Estados Unidos.

Ya es la hora de irme.

La hora en que ya no hay vuelta atrás a mi decisión de irme de este país. Todo ese maltrato físico y psicológico de parte de mi familia, no lo merezco. De paso, perder a mi bebé ha sido lo peor que me ha pasado. Me duele, me duele tanto. Solo quiero irme de aquí.

Irme ya, para siempre. No volver más nunca a pisar estas tierras.

Ferit está a un lado de mí, él también está nervioso por hacer esto. Pero me apoya. También quiere olvidar todo lo que pasó. Además, su familia tampoco lo acepta.

—Melissa —gritan de algún lado—. ¡Melissa! ¡Sobrina!

Miro hasta donde son los gritos y me sorprendo cuando veo a mi tío a lo lejos, ya no puede estar cerca de la zona de embarque. Él me hace señas. Me grita. Pero yo no respondo.

Querido tío Öger. Nunca fuiste malo. Eres el único aquí.

Lo miro, lo miro tanto, que mis ojos se llenan de lágrimas.

Los altavoces ya anuncian nuestro embarque. Es el momento definitivo.

—Sobrina —veo que gesticula mi tío.

Le doy el último vistazo, las lágrimas se desbordan por mis mejillas, pero no lo saludo de vuelta. Ni me despido de él. Me doy la vuelta y camino sin mirar atrás.

Lo siento tío.

Sí, me hace sentir incómoda su presencia, pero también me hace feliz verle de nuevo. Me embarga el sentimiento, haciendo que levante mis brazos y pueda responderle el abrazo. Que no dura mucho, porque recuerdo dónde estoy y qué está pasando con Akın.

—Es bueno verte, tío —le digo con sinceridad—. Pero debo irme... tengo que ver a mi novio.

Su ceño se frunce.

—¿Novio? ¿Tú no estás casada con Ferit?

Niego.

—No, ya no. Nos divorciamos.

—Oh, ese muchacho no me gustaba mucho para ti. Pero todo ocurrió tan rápido esa vez...

—Sí, no recordemos eso —sentencio, dándole fin a esa conversación.

—¿Cómo se llama tu novio?

No sé si decirle. No confío en él, perfectamente puede decirle a mi familia.

—No le diré a nadie, si no quieres —dice al verme dudosa.

Lamo mis labios, suspirando.

—Akın —respondo—. Akın Bozkurt.

Los ojos de mi tío se han vuelto dos grandes esferas. Así de grande los ha abierto del asombro.

—No puede ser —murmura—. El empresario que está preso aquí.

—Debo irme, tío.

—Hablemos más tarde, por favor. —Sus últimas palabras sonaron a ruego.

Sigo viéndolo con duda, verle me hace tener sentimientos encontrados.

—¿De qué hablaremos, tío? No tengo cabeza para otra cosa que no sea para Akın en estos momentos.

—Sobre tu padre.

Mi cuerpo se tensa al escuchar eso.

No, no, no.

—Está moribundo desde hace unos meses... creo que debería verte. —Me mira, hace una mueca ladeada y dice—: Aunque sea por última vez, Melissa.

¿Mi padre se está muriendo? ¡Por Allah!