Capítulo 21 #3
—Los dos estén tranquilos, no aumenten mi ansiedad y mi miedo. Más bien, sean un apoyo como siempre. Todos sabíamos que esto ocurriría en algún momento. Pero hoy se termina. Seamos positivos, por favor.
—Nos preocupamos por ti —dice Melek, me mira con un mohín.
—Lo sé, gracias por todo su apoyo y buen trabajo. —Les agradezco con una sonrisa—. Ahora, vayámonos, acabemos con esto de una buena vez por todas.
Melek podrá ser invasiva, malcriada y grosera a veces, pero es una buena persona, sé que su preocupación por mí es real. Por lo que, al pasar a su lado, le doy un abrazo.
—Gracias por tu lealtad, Melo.
—Por favor, cuídate.
Me separo de ella, le doy un asentimiento y salgo de mi oficina junto a Conrad al frente. Solo nosotros dos iremos al encuentro con los hermanos Erdem.
Y aquí estamos, entrando al restaurante, el cual tiene una vista muy bonita al Bósforo. Los barcos y yates se ven desde aquí. Nos dan la bienvenida y nos sientan al fondo del restaurante. Conrad está a mi lado, muy serio y a la expectativa.
Pasan diez minutos hasta que los dos hermanos Erdem llegan al recinto, un mesero los acerca hasta donde estamos. Respiro hondo y pongo mi mejor cara para darles la bienvenida.
Ellos vienen tan bien vestidos, que cualquiera pudiera pensar que son gente de dinero, pero en ningún momento les pasara por la mente que son una cuerda de mafiosos y asesinos.
—Hoşgeldiniz, merhabalar. —Bienvenidos, hola a todos.
—Akın bey! Cuánto tiempo sin verlo —dice Orkhan Erdem, el hermano mayor—. La última vez que nos vimos lucías hasta más joven. ¿Qué te ha sucedido?
Su cinismo me altera.
Completo imbécil.
—Mucho trabajo estos meses —le respondo, con la peor sonrisa falsa que puedo crear en mis labios—. Tomen asiento, tenemos tanto de qué hablar.
—Más bien esto será rápido, señor Bozkurt. Usted nos dará la confirmación a nuestro acuerdo y estaremos listo. —Quien habla esta vez es Fuat Erdem. Un hombre muy parecido a su hermano, pero que es el menor por varios años.
—¿Pero por qué tanta prisa? ¿Ya almorzaron? Aquí hacen un cordero delicioso, no pueden perdérselo.
Ellos se miran, se hacen señas y le dicen a sus hombres que los dejen solos. Conrad a mi lado ni se mueve.
—¿Y quién es este? —preguntan por mi asistente.
—Conrad, mi asistente. ¿Hay algún problema?
—Que se vaya, esto es entre nosotros. No hay necesidad de tenerle aquí.
Miro a mi asistente, él asiente y se levanta de la mesa. Se despide con cordialidad y se sienta una mesa más atrás de nosotros.
El mesero le dice algo, pero luego acepta que él esté allí.
Los hermanos me miran, sus sonrisas torcidas y llenas de cinismo no dejan de molestarme. Me dan urticaria sus actitudes.
—Esperamos que no le haya dicho a la policía ni a nadie que estamos contigo —dice Orkhan.
—No, nadie sabe. Solo vine con mi asistente. Yo quiero terminar con esto y ya.
Ellos se ríen.
Se ríen de mí.
Idiotas.
—Corderito Bozkurt, ¿Quieres decirnos algo? —La manera en la que me ha nombrado me cabrea aún más.
—Estoy harto de ustedes, de su persecución, su amedrentamiento y de su cinismo.
—Te faltó mencionar nuestro último regalo.
Los miro sin entender. Fuat vuelve a sonreír con arrogancia.
—¿Cómo se encuentra tu mujercita? ¿Nuestro hombre falló y no le hizo tanto daño como queríamos?
Mi mano tiembla en el momento en el que formo un puño con ella. Comienzo a hiperventilar por el enojo.
Fueron ellos.
Estos desgraciados fueron quien atropellaron a mi novia. ¡Lo sabía! ¡Maldita sea! ¿Hasta dónde puede llegar su maldad? ¿Su deseo de poder?
—Desgraciados —siseo entre dientes. Ellos se empiezan a reír.
—Te dijimos que haríamos cualquier cosa por tu decisión, allá tú, quien no coopera con nosotros. Lástima que nuestro querido Barış no pudo hacer el trabajo completo, porque siempre ha estado a tu lado y tú ni pendiente.
¿Barış? ¿Mi guardaespaldas? ¿Qué carajos? Él era el soplón, el que les avisaba dónde estábamos.
Por eso ocurrió aquel incidente en Italia. Ahora todo tiene sentido.
¡Joder!
Estoy cabreado hasta los tuétanos. ¿Con qué más pueden salir estos dos? ¿No les bastó que casi me mataran en Italia? De su lindo sustico.
—No les daré lo que quieren, no me voy a asociar con ustedes. ¿Creen que me voy a ensuciar por elevarlos a ustedes para que lleguen al gobierno? Están muy equivocados.
Fuat saca su pistola y la coloca por encima de la mesa.
—Dices una palabra más, en vez de decir «Acepto» y te mato yo mismo.
Trago en seco. Veo por el rabillo del ojo a Conrad sacar su pistola también, pero cuando voy a decir algo, un alboroto se escucha a los alrededores.
Todo se llena de policías, gritos y sirenas policiales. Los hermanos intentan escaparse, pero les fue imposible.
—Fuat Erdem, Orkhan Erdem, la policía de Turquía los arresta por asesinato, evasión de impuestos, extorsión, lavado de dinero, importación de armas y más cargos.
Me quedo perplejo por lo que está ocurriendo. Esta no fue mi idea. Ni siquiera llamé a la policía.
—Señor Bozkurt, usted también está arrestado por malversación de fondos públicos.
¿Qué demonios? ¿Qué es todo esto?