Capítulo 21 #2
Él comienza a dar su opinión, las estrategias que podría usar y las únicas opciones que tengo. Sin embargo, no creo que sea posible alguna de ellas. Involucrar a la policía sería lo último en hacer, y tal vez, hasta empeorarían todo.
Terminamos de hablar cuando Seyrat anuncia que se va. Mis asistentes se despiden hasta mañana y nos dejan solos.
—Cuídala mucho, Akın. Ella necesita toneladas de amor en estos momentos.
—¿Se puso mal de nuevo? —le pregunto, mirando hacia la habitación.
Ella niega.
—No es eso, se ve confundida, cansada y triste. Se le nota en su cara.
Doy un asentimiento, sé de qué habla. También lo he notado.
—Gracias, Sey, por venir.
Ella me da dos besos en las mejillas.
—Siempre estaré agradecida con Melissa. Se ha convertido en una buena amiga. —Me da una sonrisa—. Me voy, mi hijo me espera.
Nos despedimos, luego ella se retira.
Camino hasta la habitación y veo a Melis durmiendo. Sonrío al verla.
Me acomodo para poder acostarme a su lado. Ella se mueve asustada.
—Tranquila, soy yo —susurro en su oído, dándole un beso a su frente y atrayéndola para un abrazo.
Esto es paz, tranquilidad y calma.
Así es como quisiera estar siempre.
◆◆◆
—Señor, han aceptado. Ya están en la ciudad —anuncia Conrad al entrar a mi oficina—. La reunión será mañana por la tarde.
Siento que no les entra aire a mis pulmones, me he quedado estático y el miedo empieza a recorrer mi cuerpo. Trago saliva con dificultad, tomo una respiración profunda y doy un asentimiento hacia mi asistente.
—Tamam, mañana será el día. —Conrad sacude su cabeza en afirmación—. Arregla todo, organiza una cena en un sitio público y esperemos a que acepten.
—Akin bey —dice para retirarse de la oficina.
Por fin se dará la fulana reunión que tanto he pedido en semanas; ya con esto se acabará toda esta pesadilla. Esto terminará mañana, es todo lo que espero.
Marco el número de Melis, ella tarda en responder, pero cuando lo hace, le cuento lo de la reunión.
—¿Todo saldrá bien, Akın?
Su tono de voz suena con preocupación.
—Eso espero, cariño. Ya mañana terminamos con esto.
—Que así sea, mi amor.
◆◆◆
No he dejado de mover mi pierna desde que llegamos; estoy esperando dentro del auto hasta que sea la hora para entrar al restaurante que Conrad organizó. Misteriosamente aceptaron, porque según ellos, vamos a hablar sobre mi afirmativa a su acuerdo.
Son las dos de la tarde, es hora de hacer mi entrada. Ellos no han llegado aún. Supongo que no serán tan puntuales, sino que se darán el postín de hacerse esperar.
Esta mañana me despedí de Melissa, sin saber si esa será la última vez que nos veamos. Hoy puede pasar cualquier cosa, por lo que tuve que darle un largo beso y abrazo, para poder recordar eso antes de morir, si eso llegara a pasar.
Ella estaba a punto de llorar, pero le rogué que no lo hiciera. No quería que, si fuera la última vez en verla, fuera de esa manera. Más bien intenté hacerle sonreír. Porque amo verla sonriente y feliz, aunque detrás de esa sonrisa estuviera preocupada y angustiada por mí.
—Por favor, no llores, güzelim. Déjame irme con la hermosa imagen de ti sonriendo —le digo, acariciando sus mejillas con mis pulgares. Ver sus lindos ojos castaños me hacen enamorarme más de ella.
—Vuelve sano y completo, ¿sí? —me pregunta, dándome un abrazo que podría asfixiarme, pero no me importa, afianzo el abrazo, atrayéndola más a mi cuerpo. Sentir su calor y su serenidad es un bálsamo para mí.
No puedo negar que me siento asustado. Hay dos polos, uno en el que todo puede salir bien, como el otro en el que puedo salir muerto de esa reunión.
Dos posibilidades.
Dos destinos.
Un solo veredicto.
Tengo miedo, miedo de no volver a ver a esta mujer. De no volver a besarla, ni tenerla así tan cerca. Miedo de no ver crecer a mis sobrinos, ni poder tener mi propia familia con Melissa. A que todo se pierda en un abrir y cerrar de ojos.
—Cuando vuelva y todo esto termine daremos un viaje a Bodrum o Antalya, ¿te parece? O si quieres, podemos ir a Italia. Todo lo que tú desees, güzelim.
Ella sonríe.
Amo verla sonreír.
—A dónde tú me quieras llevar, Akın Bozkurt. Porque estaré dispuesta a ir hasta el fin del mundo contigo.
Sonrío feliz por tenerla.
—Eso era todo lo que quería en esta vida, a alguien que me acompañara en las buenas y en las malas. —Comienzo a darle besos por todo su rostro—. Sen çok seviyorum, güzelim. Çok, çok, çok.
Hacerle cosquillas siempre ha sido mi venganza en situaciones estresantes, pero ahora quiero verla feliz, por lo que le hago un poco y ella no puede evitar reírse y moverse a mi lado.
—Ya, ya, Akın —dice riéndose.
—Así te quiero ver, Melis. Feliz y alegre.
Ella se pone seria de pronto, como si se hubiese acordado de lo que está a punto de suceder en unas horas.
—Ten cuidado, amor. Estaré esperando por ti, siempre lo haré.
Vuelvo a darle una sonrisa, tratando de hacerle entender que todo estará bien. Al menos para que no esté tan angustiada.
—Ven acá, mujer hermosa.
La envuelvo en mis brazos, acercándola para poder darle un beso largo, que le administre tranquilidad, la llene de amor y cariño. Un beso que le haga saber que la amo, que es todo para mí y que volveré.
Volveré para hacerla mi esposa, la madre de mis hijos y mi pareja por siempre.
Porque hay tantas cosas que quisiera vivir con ella, y esas son una de ellas.
—Te amo —decimos al unísono, una vez que nos alejamos luego de besarnos.
Melek también habló conmigo antes de venir, ella también tenía miedo de todo esto.
—No vayas, Akın. Mejor deja eso, ¿Y si te matan? —Melek intenta a que no asista a la reunión, algo que sucederá ante todo pronóstico.
—Señor, tenga mucho cuidado. Ellos van a jugar con usted.