Capítulo 21
Akin
No sé cuántos pasos he dado en círculo desde que llegamos al hospital luego de que un auto atropellara a Melissa en frente de mi empresa. No sé cuántos minutos han pasado, si ya llegamos a una hora, pero Melis aún no reacciona del todo.
Según los doctores ha tenido una conmoción cerebral y debemos esperar a ver cómo evoluciona.
Mis manos sudan, mi respiración es diferente desde que la vi tendida en el suelo con sangre en su cabeza y raspones en su cuerpo.
Me estoy volviendo loco de los nervios. Esto es mi culpa, yo la obligué a venir, no debí haberlo hecho. Ahora está en una cama de hospital, sin despertar y sin saber cómo va a estar luego de esto.
Estoy cabreado con todo lo que sucede.
¿Pudieron haber sido ellos? ¿Fue una casualidad? Me estoy volviendo loco.
Alguien me toca el hombro, volteo para darme cuenta que es Conrad.
—Akın bey, no tenemos ninguna información. Barış no pudo identificar la placa del auto.
—Maldita sea, ¿nada?
Él niega.
—Tamam.
—¿Cómo está la señorita Deniz? —pregunta mi asistente, con su rostro afligido—. Discúlpeme por no haber visto el auto, señor. Me distraje un momento y cuando subí la mirada, la señorita Melissa estaba en el suelo. Perdóneme.
Suelto un suspiro, negando y dándole un apretón en su hombro derecho.
—Sé que tú haces un buen trabajo, Conrad. Esto es culpa de alguien más, esa persona la pagará.
—¿Akın? —Escucho detrás de mí, la voz débil de Melissa me hace moverme de mi sitio y llegar hasta ella—. ¿Un hospital?
—Güzelim, por fin despiertas. —La tomo de las mejillas y le doy un beso—. Estaba tan asustado. Estamos en un hospital, alguien te atropelló cuando estabas cruzando la calle.
—Pensé que había sido un mal sueño —dice en voz baja, pestañeando varias veces para poder despertarse por completo—. ¿Estoy bien? Me duele mucho el cuerpo y la cabeza.
—Tienes algunos raspones, pero estarás bien. Estarás en observación un par de días.
Melissa baja su mirada y suspira.
—No me di cuenta —comienza a decir, mientras lágrimas empiezan a acumularse en sus ojos y derramarse por sus mejillas.
—Sakin ol, aşkım. —Tranquila, mi amor.
—Te he dicho que este país no es bueno... Yo no...
Sus palabras me duelen, porque ella tiene razón. Yo la obligué a venir.
—Lo siento por traerte, perdóname por insistir —digo en sollozo—. Esto es mi culpa.
—Akin, no, no digas eso. Yo vine porque tenía que venir, no es tu culpa.
—Yo te obligué a venir —vuelvo a insistir.
—No, no digas eso. —Ella llora más. Esto no es bueno para su condición—. No es tu culpa, cariño.
Un doctor junto a una enfermera entra a la habitación y nos ven, de una vez me piden que salga porque deben revisar a Melissa, además, llorar no es bueno para ella.
La castaña se queja, pero al ver que no tiene decisión, me deja ir.
¡Arggg! Todo se está escapando de mis manos, necesito resolver esto. Ella no quiere estar aquí, no puedo retenerla más en un lugar donde no quiere estar. Se intentó, lo intentamos, pero no quiero que sufra más.
No es mi intención. No es lo que quiero.
Minutos más tarde finalmente puedo entrar de nuevo a la habitación, pero Melis está durmiendo. Me pregunto si le administraron un sedante. Me siento a su lado, tomando su mano y acariciándola.
—No quiero que sufras más, Melis. Si te quieres ir a América, me dolerá, pero lo entenderé. Aún no puedo irme... Tengo que terminar este asunto con los Erdem... Pero no quiero dejarte.
No puedo aguantar llorar, me duele tanto la posibilidad de terminar mi relación con ella. Quisiera hacer todo lo posible por cuidarla y protegerla, pero hoy ni eso pude hacerlo.
Al menos dejarla ir, sería mejor para ella, no tener que lidiar con gente a su alrededor que quiera hacerle daño.
Si ella decide irse, la ayudaría con los gastos, no podría dejarla viviendo en la calle ni mucho menos sin un trabajo.
Me volvería loco con saber que la está pasando mal allá en Seattle. No lo soportaría.
Dejo que duerma un rato más, para que descanse y se sienta mejor.
Al cabo de una hora, Melissa se vuelve a despertar, un poco más calmada y con hambre. Le ayudo a sentarse sobre la cama y nos quedamos mirando, esperando que alguno entable una conversación.
—¿Por qué estás tan callado? —me pregunta, la miro y luego bajo mi mirada. No quiero que vea las interrogantes en mis ojos.
Ella palmea un lado de su cama y me dice que me acerque.
—No creo que se pueda —contesto, mirando el sitio.
—Ven, por favor, Akın.
Suelto un suspiro de resignación y me acerco a ella, me siento dónde dijo y la miro.
—Ya te dije que no es tu culpa, no estés de esta manera, que ni siquiera puedes mirarme a los ojos. ¿Qué ocurre?
No sé si decirle lo que pienso, si eso la angustiará y empeorará su situación. No quiero hacerle daño.
—Estaba pensando... Creo que lo mejor es que regreses a Estados Unidos, Melissa.
Ella se sorprende, me mira sin entender y, de una vez, sus ojos se humedecen.
—¿Qué dices? —Hace una pausa para tragar saliva. Su mirada se ve confundida—. ¿Nos iremos?
—No, solo tú.
—¿Estás terminando conmigo, Akın? —cuestiona de forma directa, mirándome fijamente a los ojos y tocando mi mejilla—. ¿Hablas en serio? ¿Estás dejando todo por lo que ocurrió?
Me quedo en silencio. No quiero responder. No quiero dar una afirmación, porque me duele todo esto. No quiero dejarla, no quiero que todo termine.
—Akın...
—Tal vez sea lo mejor para ti, hoy no pude protegerte... Me da miedo que te vuelvan a hacer más daño. Es mi culpa que hayas venido, y mira dónde estás.
—Hey, pero, ¿fueron los tipos esos que están detrás de ti? —inquiere con temor—. ¿Fueron ellos?
—No lo sé —respondo con sinceridad.
—Entonces, ¿por qué estás diciendo todas estas tonterías?
¿No somos una pareja que vamos a estar en las buenas y en las malas?
—Su voz se quiebra—. ¿No se supone que debemos estar el uno para el otro?
No voy a abandonarte aquí, Akın. Si me voy a Seattle, es contigo a mi lado. No nos hagas esto, por favor.
Veo como mis ojos se empañan de lágrimas.
Ella vuelve a acariciar mi mejilla, llamando mi atención.
—¿En serio, quieres que me vaya?
El silencio sepulcral que se hace presente en la habitación me quema por completo.
—Haría todo lo posible porque no te fueras, Melis. Te quiero en mi vida. —Bajo mi cabeza, una lágrima se desborda por mi mejilla—. Solo... No quiero que te pase algo peor. No puedo soportar la idea de perderte.
Vuelvo a subir mi mirada hacia ella.
—No me vas a perder, Akın. Estoy contigo... Prometo ser más cuidadosa con nuestro alrededor. Pero... No termines lo que tenemos. Lütfen.
Un mohín se me escapa, me acerco a su rostro, posicionando mi frente junto a la suya, nuestras narices se tocan. Melissa cierra sus ojos, al igual que yo. Ambos sintiendo el dolor y temor a terminar. Ninguno de los dos quiere eso.
—Te amo, Akın. No puedo dejarte... No quiero.
—Te amo tanto, que daría mi vida por ti, Melis.
—Estemos juntos, por favor.
No puedo dejarla, por lo que digo—: Estaremos juntos, mi amor.
Quito la distancia que hay en ambos y la beso, de forma suave y lenta; se siente como un energizante para nuestras vidas. Besarla me hace sentir vivo, me hace querer luchar y no dejar que nadie la toque ni le haga daño.
No puedo dejarla, no puedo terminar lo que tenemos. No podría vivir correctamente sabiendo que no la tengo a mi lado.
Pueden llamarme egoísta, pero ella es todo lo que quiero.
Nunca había deseado tanto algo.
Quiero vivir mi vida con Melissa Deniz, y haré todo lo posible porque así sea.
◆◆◆
Han pasado dos días desde que Melissa está en el hospital, ha ido evolucionando bien. El doctor le dio el alta, vamos camino a casa. Finalmente podemos descansar con tranquilidad.
Los hermanos Erdem no se han pronunciado, pero mañana les volveré a insistir por la reunión. Estoy harto de esperar, de este amedrentamiento psicológico que me tienen.
Esto acabará pronto.
Sea cual sea el resultado.
El recorrido hasta mi apartamento ha sido silencioso, Melis no ha hablado mucho desde entonces.
—¿Te sientes bien? —le pregunto cuando entramos al estacionamiento subterráneo del edificio.
—Sí, amor. Estoy bien. Solo un poco abrumada.
—¿Por qué?
—Han pasado tantas cosas en el último mes... —Ella menea su cabeza—. Estoy cansada.
Toco su mano y le doy un apretón.
—Todo mejorará, güzelim. Pronto seremos felices sin tantas cosas sucediendo a nuestro alrededor. Estaremos en una playa o en un velero disfrutando, sin preocupaciones, amándonos y estando bien. Ya verás.
Ella me da una pequeña sonrisa.
—Inşallah. —Dios lo quiera.
Le sonrío también.
—Ya estás adaptándote —le digo en broma. Ella se ríe.
—Un poco.
◆◆◆
Seyrat llamó esta mañana a mi teléfono, preguntando por Melissa. Había visto las noticias y se enteró del accidente con mi novia. Estaba realmente preocupada, por lo que vino a casa a visitarla.
Ellas hablan en la habitación, mientras yo estoy en mi despacho agendando reuniones. Melek ha venido a hacer el papeleo. Necesitamos mover piezas y así los Erdem puedan reunirse con nosotros pronto.
Conrad entra a la habitación, trayéndonos un par de tés y algunas galletas. Son las tres de la tarde, hemos estado trabajando desde que llegamos.
Quería descansar con Melissa, pero como Seyrat llegó y aún no se ha ido, he aprovechado el tiempo.
—Conrad, vuelve a llamar al contacto de los Erdem. Pregunta por ellos, que cuando llegan. Necesitamos reunirnos lo más pronto posible.
—Señor, ¿Qué hará cuando se pueda reunir con ellos? ¿Qué les dirá? Necesita un as bajo la manga, no puede ir como un cordero al matadero.
Me quedo pensativo, no sé qué responderle. Ellos son más poderosos, él tiene razón.
—Para serte sincero, Conrad, no tengo idea. Por eso quisiera que la reunión fuera en un sitio público, si es que es posible. Para evitar cualquier situación adversa.
—No lo creo, Akin Bey.
—Entonces, ¿qué puedo hacer, Conrad abi?