Dulce deseo Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Estamos en el museo Turco e Islámico que Akın mencionó hace unos días; nunca había venido. Ni cuando vivía aquí. En ese entonces no me llamaba tanto el arte, hasta que decidí que la historia ligada al arte sí me gustaba, y no era difícil de estudiarla.

Miro a mi alrededor y no puedo estar más que fascinada. Hay tantas piezas que estudié en la universidad, pero que no las había visto en persona. ¡Son bellísimas! Bien restauradas, cuidadas al pie de la letra, organizadas de la mejor manera. Todo es bellísimo.

Me siento como pez en el agua.

Tan a gusto.

—Esa obra fue traída hace un año, pero no estaba en ese lugar —dice alguien a mi lado.

Dirijo mi mirada hacia donde proviene la voz; es una mujer muy embarazada que me está dando una sonrisa.

La quedo mirando, pero ella no se inmuta y sigue hablando.

—Aquel Corán es de la era de Safavid —cuenta con orgullo.

—Sí, del siglo XVI —añado a su explicación—. Pertenece a la dinastía iraní.

Ella se sorprende por mi comentario.

—Sabes de historia...

Emito una pequeña risa.

—Un poco, trabajo... Trabajaba en un museo.

—¿De aquí? —pregunta la mujer, quien toca reiteradas veces su abultado abdomen. Frunzo mi ceño cuando veo que su rostro cambia a una expresión de dolor.

— Sen iyiyisin? —¿Estás bien?

Ella niega con su cabeza, sigue quejándose. De pronto un líquido comienza a deslizarse por sus piernas, se ve perfectamente porque lleva un vestido muy bonito de flores junto con un suéter de color negro.

—¡Oh por Allah! —exclamo estupefacta a lo que ocurre.

Miro a mi alrededor y visualizo a los guardaespaldas, ellos se acercan inmediatamente y me dicen que ya llamaron a una ambulancia.

La mano de la castaña se aferra a mi brazo, estrujando con fuerza. La miro atónita por su confianza hacia mi persona, pero entiendo todo cuando grita por el dolor.

—Un hospital... —ruega arrastrando sus palabras.

Los paramédicos llegan de inmediato, la suben a una camilla y corremos con ella hasta la ambulancia.

—Ven conmigo, por favor —pide en medio de otro grito por las contracciones que está sintiendo.

Uno de los paramédicos anunció que está en trabajo de parto. Ella me mira con anhelo, por lo que me subo a la ambulancia, tomo su mano y la ayudo a que haga ejercicios de respiración en todo el camino mientras llegamos a un hospital cercano.

—Voy a matar a mi esposo cuando lo vea, esto... Esto... Me duele. ¡Demonios!

La ambulancia se detiene, las puertas se abren y de una vez comienzan a atender a Seyrat, quien ha dicho su nombre en el camino.

Seyrat me mira por última vez, sus ojos están llenos de lágrimas, pero sonríe al final.

—Gracias —gesticula al despedirse.

No puedo irme así, dejarla aquí sin un familiar. Ni siquiera nos dio oportunidad de llamar a su esposo. Por lo que prefiero quedarme hasta que su bebé haya nacido y ella esté completamente bien. No me perdonaría dejarla aquí sola y le pasara algo.

Las horas pasan y se está haciendo de noche, los guardaespaldas de Akın están a una distancia considerable a donde estoy.

Me han traído agua, jugos y bocadillos que pueda engullir mientras esperamos.

Me disculpé con ellos por hacerles esperar conmigo, pero ellos entendieron y dijeron que era su trabajo acompañarme.

—Melissa. —Escucho decir mi nombre, por lo que subo mi mirada y veo a Akın acercarse a donde estoy sentada—. ¿Qué pasó? No me contestabas el teléfono, llamé a Barış y me dijo que estaban aquí. ¿Estás bien?

—Lo estoy, amor. Solo que ayudé a una embarazada que estaba hablando conmigo en el museo al que fui.

No quise decirle cuál, para que no toquemos ese tema de nuevo, no hasta que yo me sienta lista para hablarlo.

—¿Aún no han dicho nada de ella?

Niego. Le digo el nombre de la mujer y él dice—: Iré a preguntar.

Akın va hasta donde está una enfermera leyendo un portafolio. Veo como hablan y luego él vuelve a mi lugar.

—El bebé ya nació, Seyrat está en observación, en un rato pasará a una habitación. ¿Su esposo no ha llegado?

—Ella dijo que estaba de viaje de trabajo.

—Joder, me enojaría y me pondría triste no estar presente en el nacimiento de mi hijo.

Un hijo de Akın...

—Son cosas que suceden, mi amor.

Él asiente dándome la razón.

Esperamos hasta que finalmente Seyrat está en su habitación con su bebé a un lado y esperando por su esposo. Akın no entra a la habitación, le dije que solo pasaría a saludar y así podríamos irnos.

—¡Qué bueno verte!

—Iyi ki varsınız, Melissa. —Qué bueno es tenerte. En la ambulancia tuve que decirle mi nombre, porque se frustraba el no saber cómo me llamaba y así no podía quejarse con gusto—. Sin ti, todo hubiese sido un desastre.

Le doy una sonrisa mientras meneo mi cabeza.

—El destino nos juntó hoy —digo así sin más explicación—. ¿Cómo te sientes?

—Adolorida —responde, haciendo una mueca, pero sonriendo—. Muchas gracias por ayudarme.

—No hay de qué, Seyrat.

—Debemos vernos pronto, dame tu número, salgamos o ve a mi casa por una cena de agradecimiento. No lo sé, esto no puede terminar aquí.

—Puedo dejarte mi número escrito en papel —sugiero, ella asiente con entusiasmo—. Buscaré donde hacerlo, ya vuelvo.

Salgo de la habitación en busca de papel y lápiz, cuando una enfermera me ayuda, regreso a la habitación y se lo doy a mi nueva amiga turca.

El bebé aún está en observación, por lo que escuché, pronto se lo traerán a su mamá.

—Ya debo irme, mi novio me espera afuera... Fue un gusto conocerte, Seyrat.

—Has sido un ángel que estuvo en el camino cuando más necesitaba de una ayuda. Debo agradecértelo, nos veremos pronto.

Me rio por su insistencia, pero acepto su invitación. Nos despedimos y salgo de la habitación; sin saber si esta será la última vez que nos veamos.

Me cayó tan bien. Ansiaba ver a su bebé, una lástima que no estuviera a tiempo en la habitación también.