Dulce deseo Capítulo 19
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Capítulo 19

Melissa

Estoy perpleja escuchando la nota de voz que Ferit me ha enviado. Me acabo de levantar y lo primero que reviso es mi teléfono, Akın no está a mi lado por lo que probablemente es que se haya ido a hacer ejercicio.

Ferit está vociferando, quejándose, diciendo que alguien lo secuestró y que lo obligó a que me enviara el dinero.

—No sé con quién demonios estás saliendo, Melissa Deniz, pero ese tipo no es de fiar.

¿Te gustó enviar a sus hombres para amenazarme?

Es que ni siquiera tenía que enviarte el dinero, por lo que veo ya ni lo necesitas.

Pero ahí lo tienes, no tengo ningún lazo contigo de ahora en adelante.

Si te metes en problemas por ese tipejo, no me importa.

Ni me hables, porque no voy a tener contacto con la mujer de un mafioso.

¿Disculpa? ¿Pero qué le hicieron?

Reviso mi cuenta bancaria y ahí está el dinero que me tocaba por la venta del apartamento. El muy caradura lo había vendido hace unas semanas y no me había enviado mi parte. No tuve de otra que decirle a Akın, estaba furiosa, hasta que él sugirió hacerle una visita y hacer que me pagara.

Ya veo que hizo efecto, solo que espero no se haya pasado de la raya; porque Ferit está muy indignado por lo que ocurrió.

No le respondo su mensaje, es mejor no caer en tentaciones ni arrebatos, es mejor que las cosas entre nosotros terminen de esta manera. Finalmente no tenemos ningún lazo, porque desde que él traicionó mi confianza, nada es igual. Ni los sentimientos que pude haber tenido por él hace años.

Suspiro al notar que es otro día en Estambul, desde que llegamos he estado maravillada con la ciudad.

Se ve muy diferente a hace cinco años. Ayer fuimos a la casa de mi cuñada Demet, una persona muy amable y buena onda.

Me gustó su hospitalidad, nos llevó de paseo por el Bósforo en un yate.

Estaba enamorada de la vista, de estar ahí disfrutando el momento con Akın, escuchando las historias de Demet y finalmente hablando en turco con fluidez.

Ayer me sentí diferente, como si hubiese extrañado hablar mi idioma natal. Algo que me movió los sentimientos y los recuerdos, pero intenté mucho no pensar en ello para no dañar el momento y disfrutar con las personas que tenía a mi alrededor.

Pasamos todo el día con Demet, hablamos mucho y acordamos volver a vernos.

Hoy no sé qué haré, ya me estoy cansando de estar en la habitación del hotel; aunque me siento más turista que local, puedo recordar algunas calles.

Aún estoy renuente de estar aquí, pero poco a poco me he ido dejando llevar. Disfrutar de la ciudad y vivir el momento.

Pero algo me hizo ruido hace dos días cuando salí a cenar con Akın.

Él me habló de volver, de hacer mi vida de nuevo en Estambul, le dije un rotundo no.

A veces me siento mal por haber estado a la defensiva y sentirme evasiva con ese tema.

Pero es que el venir para acá no quiere decir que volveré definitivamente.

Estoy tratando de dar un paso, de reconciliarme con mis orígenes, pero no decidiendo volver.

Istemiyorum... No quiero.

Suelto un suspiro, no me había dado cuenta que había dejado de respirar con normalidad al pensar en esa situación.

Me levanto de la cama para poder comenzar el día, hoy quiero salir a dar una vuelta por la ciudad. No quiero seguir encerrada en estas cuatro paredes.

Yo puedo... Solo debo dar un respiro profundo e intentar ver todo con buenos ojos.

◆◆◆

Al salir de la habitación veo a Akın parado en la sala con un sobre en las manos, Conrad está a su lado. Ellos no se dan cuenta de mi presencia, el hombre mayor se despide de mi novio y veo cómo él se queda pensativo. ¿Sucedió algo?

Camino un poco más y él siente mi presencia, alza su vista y me mira. De una vez intenta guardar los papeles en el sobre.

—¿Pasó algo? —inquiero al acercarme.

Él se queda en silencio, pero su actitud me confirma que oculta algo. Pero termina suspirando y abrazándome. Eso me pone en alerta, porque puede que los hombres que están detrás de él hayan dado luz verde a su reunión.

—Te quiero tanto, güzelim —susurra en mi oído, su abrazo es fuerte.

—También te quiero, Akın. ¿Pero pasó algo? ¿Ellos te escribieron?

Akın no responde, posa su cabeza sobre mi cuello, intentando aferrarse a mi cuerpo.

—Sí, están muy cerca de nosotros. No sé qué hacer, Melis.

Su voz se ha escuchado muy ronca, llena de miedo y preocupación. Sé que él está haciendo todo lo posible por no involucrarse tanto con ellos, pero es tan difícil. Lo rebasa y siento su miedo en este abrazo.

—Oh, Akın. Estoy contigo, amor. No estás solo. Sé que podremos salir de esto pronto.

—No quiero que te hagan daño, ni a Demet, o que vuelvan a intentar matarme. —El tono ronco de su voz me quiebra, me pone triste que él lo esté—. ¿Y si simplemente acepto y que lleguen a donde quieran? ¿Traiciono mucho mis ideales y valores?

—Estarías traicionándote, Akın. Tú no eres así, no puedes complacerlos. Debe haber un modo, una salida. ¿No podemos llamar a la policía?

—Sería peor —contesta, separándose de mi cuerpo para mirarme, tiene sus ojos enrojecidos—. Ya hemos visto que pueden hacer cualquier cosa a su antojo.

Miro a otro lado buscando una respuesta, pero nada viene a mi mente. Vuelvo a verle, Akın me mira ladeando una mueca.

—Vamos a estar bien, aşkım. —Tomo sus manos y les doy un apretón—. Encontraremos la manera, ya verás.

Él asiente dando un suspiro.

Me acerco para darle un beso en sus labios, el pelinegro rodea mi cintura con uno de sus brazos, atrayéndome a su cuerpo.

Afianzo el beso para que sienta que estoy para él, porque así es.

Siento muchas cosas por este hombre, por eso es que cuando habla de futuro y me incluye en sus planes en este país, me tambalea el mundo.

No quiero perderle, no quiero que nada cambie entre nosotros para mal.

Me encanta tanto que me da miedo que le pase algo por la codicia de esos hermanos que están detrás de él.

—¿Podemos hacerlo? —me pregunta jadeante, él también ha comenzado a dar caricias y a usar su lengua en unos besos apasionados que me llenan de deseo.

Un dulce deseo.

Doy asentimientos para no hablar y dejar de besarle. Los brazos de Akın me cargan hasta la habitación, poco a poco va quitándome la ropa, tocando en todas partes de mi cuerpo y dando besos que me nublan el juicio.

Me hace jadear, gemir y rogar por tenerle más cerca, que nuestras pieles se toquen y que finalmente seamos uno.

—No sabes lo feliz que soy por tenerte, Melissa —dice en voz baja mientras me mira con ojos brillosos.

—Siento tantas cosas por ti, Akın... —Lo miro directamente a sus ojos, con todo el amor y el cariño que tengo por él—. Nunca imaginé que sentiría algo tan fuerte por alguien. Y aquí estás tú, haciéndome sentir tan querida.

—Es todo lo que mereces, hermosa.

Sonrío hacia él, porque sé que es sincero, siempre lo ha sido.

—Hazme el amor, Akın... Hazme sentir tuya en cuerpo y alma. —Los besos lentos que me está dando, me están volviendo loca. Los susurros salen de mi boca, pero el deseo por tenerle dentro es mucho más grande.

—Eres mía desde que te vi en aquel pub, Melissa Deniz.

—Tú también eres mío, Akın Bozkurt.

—Oh, güzelim, desde que me dijiste que fuéramos por ese pastel de manzana.

Nos reímos, pero gimo fuerte cuando siento su miembro entrar en mi cuerpo con suavidad, pero con firmeza. Él me ayuda a acostumbrarme, pero cuando todo se vuelve intenso, los gemidos y jadeos que salen de mi boca no me dejan hablar correctamente.

Sin embargo, el «Sen çok seviyorum» que le dije, resonó en nuestra habitación.

—Bende çok seviyorum, güzelim.

También te amo, hermosa mía.

Él me deja estar encima, nos ponemos en una posición en dónde estamos sentados sobre la cama, unidos, sintiendo nuestros cuerpos.

Nos miramos, besamos y empezamos un baile en sincronía, pero cuando mis movimientos son firmes y rápidos, le escucho musitar una maldición, pero no deja de besarme con necesidad, toca mis pechos y cada vez las sensaciones se sienten más fuertes.

—¡Voy a llegar, Akın! —exclamo jadeante.

—Siéntelo, cariño —me dice, dejando besos en mi hombro y moviendo a la par de mi ritmo.

De pronto, ambos dejamos de movernos, porque las sensaciones de nuestros cuerpos nos avisan que hemos llegado al mismo tiempo.

—Eso fue... —Empieza a decir.

—Increíble —finalizo su oración. Dándole una gran sonrisa, llenando su rostro con besos y caricias—. El sexo nunca es lineal, pero demonios, no tengo palabras para describir lo que acaba de ocurrir.

—Te quiero, te quiero, te quiero —recita mientras toma mi rostro y me besa.

No dejo de sonreír. Estoy tan enamorada de este hombre que me llena el corazón de mucho amor.

—Te quiero más, amor mío.

◆◆◆

Las calles de Estambul están llenas de personas vendiendo, caminando y otras se toman fotos en cada lugar por el que pasan.

Con los años, Turquía se ha vuelto un sitio muy turístico por los europeos y americanos, quizás por la cultura o por las novelas hechas aquí, que llaman mucho la atención en otros países.

Miro a mi alrededor y me maravillo con cada colina que debo caminar, en dónde a sus alrededores está llena de locales nuevos, miro los edificios modernos que han construido y el patriotismo marcado que tienen aquí por nuestro querido Atatürk, el padre de Turquía.

Por un momento me siento en casa cuando escucho la música turca en algunos locales o casas por las que paso, el olor a especias o a Kebab y la amabilidad de mi gente, me hacen sentir que encajo en este lugar.

Tenía tanto tiempo sin sentirme así, porque en Seattle soy una extranjera más adoptando nuevas actitudes y culturas de esa ciudad o de Estados Unidos en general.

En cambio, aquí siento que pertenezco.

Si tan solo pudiera olvidar...

Los guardaespaldas que Akın me ha asignado me miran desde dos metros de distancia. Les tuve que decir que se alejaran, me sofocaban tenerlos tan cerca de mí. Además, la gente me miraba mal cuando veía a dos hombres de casi metro noventa a mis espaldas yendo conmigo a todos lados.