Dulce deseo Capítulo 18 #3
62%

Capítulo 18 #3

—Me siento feliz de estar aquí —confiesa—. Hay veces que no recuerdo las palabras, pero se siente bonito volver a hablarlo con fluidez.

Esbozo una sonrisa de felicidad, porque se nota mucho que ella está disfrutando la estancia en esta casa.

—Más tarde te tengo una sorpresa —le digo antes de que mi hermana aparezca de nuevo y nos interrumpa.

—¿Qué es? —inquiere con curiosidad.

—Ya verás, deja lo curiosa —le digo, tocando su nariz con mi dedo índice, ella se ríe.

Me encanta verla así.

◆◆◆

La cena estuvo llena de anécdotas familiares, de cuando era más joven y cómo Demet debía estar conmigo todo el tiempo cuidándome porque nuestros padres siempre trabajaban y nunca estaban en casa.

Creo que por eso es que la relación con mi hermana es de esta forma, tan unida.

Una vez que comimos el postre, seguimos hablando en la sala de estar, pero cuando vi que los ojos de Melis se empezaron a poner más pequeños por cansancio, decidí que era hora de irnos. Nos despedimos de mi hermana, prometiendo volver.

—Tu hermana es hermosa e increíble, me encantó conocerla —me dice Melis desde su asiento en el auto, quien va comentando todo el tiempo que pasamos con mi hermana.

—Me alegra mucho que se hayan llevado bien, Demet es todo para mí, y que la conocieras y se llevarán bien, es importante para mí.

—Me cayó muy bien —sentencia Melis, sonriendo—. Podemos volver uno de estos días.

Vuelvo a sonreír.

—Me encantaría, cariño.

◆◆◆

Todo lo ocurrido ayer me hace sonreír. El rostro de Melissa, su felicidad de navegar en un yate, su sonrisa al hablar a gusto con mi hermana y el hecho de que se sentía bien consigo misma por estar hablando turco, me pareció que fue una excelente velada.

Melissa anoche se quería ir a dormir y pidió que la llevara al hotel. No tuve oportunidad de decirle que fuéramos a mi casa, estaba muy cansada. Entendía perfectamente cómo estaba, no quería agobiarla con algo así.

El timbre de la habitación suena, camino hasta allí y le abro a Conrad, quien trae un sobre en sus manos.

—¿Trabajo? —pregunto de una vez.

Él hace una mueca, negando que se trata de eso.

Por lo que lo siguiente que a mi mente llega son los hermanos Erdem, con sus bigotes, ceños fruncidos, obesos y llenos de tatuajes.

Conrad no confirma de qué se trata, ni asiente. Me lo da y espera a que lo abra.

Lo hago sin distracciones, bromeo con Conrad y abro el sobre para poder saber qué hay dentro. Cuando introduzco la mano en el interior del sobre, lo primero que siento y veo son fotos y luego una nota.

Son ellos de nuevo.

Alzo la vista hacia mi asistente. Él está sin hablar, con su rostro enseriado y expectante.

Bajo la mirada hacia las fotos, son solo cinco. Cierro los ojos, sintiendo la ira recorrer mi cuerpo.

Estuvieron ayer merodeando la casa de Demet. Nos vieron. Vieron a Melissa.

Maldita sea.

Una de las fotos es de Melis besándome en el yate, otra con nuestras manos entrelazadas en el momento de entrar a la casa cuando llegamos, otra es con Demet y una de mí solo.

La última foto que reviso es donde sale Melissa sonriendo.

Esto me inquieta, porque ellos la tienen en la mira, así como ocurrió en Seattle.

—¿Y la nota, señor? —inquiere Conrad, recordándome la nota que viene con el sobre.

La desdoblo y leo:

“Así que los tortolitos han vuelto a Turquía, qué hermoso.

Supimos que quieres vernos, ¿Para qué? ¿Aceptarás nuestra propuesta? No te hagas el astuto, Bozkurt.

Es sí o sí.

PD: Si te sales de la línea, sabes perfectamente quien llevará las consecuencias de ello. Tiene una sonrisa dulce y contagiosa, sería una lástima que la perdiera de pronto.”

Maldita sea con estos desgraciados.

Es que todo este juego es a su antojo y disposición. ¿En qué momento perdí el control de mi vida? ¿Cuándo terminé en esto?

Miedo, tengo miedo de que le puedan hacer daño a mi Melis. Estamos en la boca del lobo, tentándolo; pensando que podía atraerlo a mí, pero no, siempre ha sido hacia ellos y así es muy difícil de salir de este problemón.

Tomo varias bocanadas de aire para no seguir maldiciendo cómo lo estoy haciendo.

—Busca un apartamento en el que solo estemos Melissa y yo, la dirección solo la sabrás tú y cambiaremos de auto cada vez que nos vayamos.

—Señor, eso está complicado porque el único apartamento disponible...

—¡Me importa una mierda, Conrad! ¡Busca uno y ya está! Es una orden.

Él se calla, no sigue opinando. Solo necesito que haga su maldito trabajo y no ande respondiendo a mis órdenes.

—En otro informe, el señor Ferit cooperó y, al frente de mis hombres, le hizo la transacción del dinero que le debía a la señorita Deniz.

Es un problema menos. Así Melissa se sentirá mejor al saber que el imbécil de su exesposo le devolvió su dinero. Es algo que la preocupa mucho, pero finalmente se hizo justicia.

—Muchas gracias, Conrad. No sé qué haría sin tu ayuda.

—Estamos para servirle, Akın bey.

Ahora queda el problema más grande. Aunque no estén la ciudad, ellos siguen merodeando. Siguen queriendo llegar al gobierno con mi esfuerzo.

Eso sí que no.

Cómo me llamo Akın Bozkurt que no se saldrán con la suya.

Esto termina en Turquía porque sí... más temprano de lo que canta un gallo.