Dulce deseo Capítulo 18 #2
61%

Capítulo 18 #2

Sonrío al escucharla hablar. Sé que ella se reconciliará con Turquía; puede que con su familia no lo haga, pero al menos con la ciudad que la vio crecer sí, para que así se sienta orgullosa y plena de haber nacido aquí.

Con el tiempo y la circunstancias, perdió su nacionalidad, su sentido de pertenencia, que sé que sigue con ella, pero no lo expresa.

Porque sus recetas de cocina están inspiradas en la comida turca, su amor por el arte otomano, que escuche nuestra música mientras está en casa.

Todo eso me hace saber que ella extraña Turquía, solo que no lo expresa.

Pero sé que al final de nuestro viaje, ella se sentirá mejor.

Estambul es preciosa y hará que se enamore de ella otra vez.

Melissa necesita darle una nueva oportunidad, quien quita y... Quiera volver definitivamente.

—Mi yate está allí, si gustan, podemos dar un paseo —ofrece Demet, sonriéndole a Melissa.

Mi novia me mira como si necesitara mi aprobación, por lo que le digo—: Si tú quieres, podemos hacerlo.

Ella me sonríe con emoción. Finalmente se siente feliz de hacer algo aquí. Así que no le voy a quitar esa emoción tan bonita que se le ve en sus ojos.

Tiene un brillo hermoso.

Las chicas se adelantan hacia el yate, Demet da instrucciones a sus empleados y de una vez comienzan todos a moverse para nuestro rato en el yate.

Veo cómo pasan canastas, manteles, vinos, agua y demás de un lado a otro.

Dentro hay dos hombres listos para zarpar.

Melissa mira todo con asombro, me mira de vez en cuando y le sonríe a mi hermana.

Hablan entre ellas. Mientras veo cómo se van conociendo, admiro la vista.

Respiro hondo y trato de relajarme con las dos mujeres que amo en esta vida.

Intento olvidar el problema que me agobia, y solo me dejo llevar por la felicidad del momento. Me siento bien estando aquí.

—Akın, aşkım. —Escucho que me llama Melissa a dos metros de distancia, volteo a su dirección—. Está todo listo, ¡Ven!

¿En qué momento la mujer que durmió entre mis brazos anoche y despertó dándome besos esta mañana es la misma con cara angelical, juvenil y risueña de este momento? ¡Luce bellísima, irradia luz!

Me tiene a sus pies y, si quiere que vaya a la luna por ella, lo haría. ¡Demonios! ¡Qué hermosa!

Camino hasta el embarcadero para subir al yate junto a ellas, ayudo a Melis y una vez dentro, el capitán empieza su viaje por el mar que separa dos continentes y hace tan especial a nuestra querida Estambul.

Mi Güzelim se sienta a mi lado en uno de los asientos de cuero que tiene el barco, rodeo sus hombros con mi brazo acercándola más a mí.

—Cuéntame, Melissa, ¿en qué trabajas? —La pregunta de mi hermana no fue la indicada para este momento. Sé que es una pregunta tan trivial de cuando conoces a tu cuñada, pero no es el momento adecuado para mi novia. La miro y veo como su mirada se entristece.

—Melis es historiadora de arte, conoce la historia turca de pies a cabeza a través de obras artísticas de hace muchos años. Sabe bastante y es muy apasionada en lo que hace. —Le doy una sonrisa y un guiño, dejándole saber que cubriré su espalda ante esa pregunta.

—Así como dijo Akın, trabajo en un museo en Seattle —contesta, mintiendo sobre su estado laboral. Intento seguir el cuento, pero le doy una mirada y ella simplemente se encoje de hombros.

Demet empieza una retahíla sobre los museos que ha visitado alrededor del mundo y que tiene una amiga que es esposa del director de un museo aquí en Estambul. Un dato que me ha interesado bastante.

Las preguntas van y vienen, el tiempo pasa mientras hablamos; Melissa se ve a gusto con mi hermana, y viceversa. Demet está encantada con mi novia. Lo que me encanta de todo es que Melissa ha hablado en turco desde que llegamos a la puerta de la casa.

Conecta, güzelim, conecta con tus raíces.

Melis se disculpa porque quiere ir al baño, se le indica dónde está y ella se aleja de nosotros. En ese momento, Demet aprovecha para acercarse y sentarse a mi lado.

—Me encanta, ¡es tan inteligente y amable! Sabe mucho sobre arte y cualquier cosa que le pueda preguntar. —Ella se ríe—. Has encontrado a una buena mujer, hermanito.

—La mejor, no sabes lo increíble que es. Me quiere de verdad, se preocupa por mí y no me quiere por mi dinero. Sabes que tenía mucho tiempo sin sentir algo así...

Mi hermana esboza una pequeña sonrisa, me da un apretón sobre el hombro izquierdo y asiente con su cabeza.

—Lo sé, cariño. Y estoy tan feliz de que así sea; necesitas una compañera de vida y me alegra tanto que la hayas encontrado.

Ladeo una sonrisa.

—¿Ella sabe sobre el problema? —Habla en voz baja.

—Sí, se enteró sobre lo ocurrido en Italia. Lo hablamos y me apoya en que intente terminar con todo esto. Aunque... Me da miedo que le hagan daño.

Mi hermana no dice nada, se mantiene pensativa, frunciendo su boca y resoplando.

—Estoy tan cansada de esta persecución, ¿qué harás? —inquiere Demet, mirándome directamente a los ojos. Está expectante, pero cuando voy a decir algo, Melissa se acerca y ella hace como si nada importante estuviera sucediendo. Le ofrece dar una vuelta por el yate y Melissa encantada la acompaña.

—¿Todo bien? —Pregunta gesticulando y señalando mi entrecejo. Alivio la tensión allí y niego, dándole una sonrisa que intente tranquilizarla.

—Iyiyim. —Es lo único que digo: Estoy bien.

El recorrido por el Bósforo llega a su fin para devolvernos a la casa y cenar en la comodidad del impecable y gran comedor que Demet tiene.

—¿Tu hermana está casada? —cuestiona Melis cuando estamos solos.

—Estuvo, enviudó hace tres años.

Ella abre sus ojos un poco más.

—Oh, menos mal no le pregunté.

—Está bien, ella está tranquila ahora. Sale con chicos de vez en cuando.

—No me esperaba eso.

Me rio por su cara de asombro.

—Mi hermana solo tiene cuarenta años, güzelim. Pero se casó muy joven con un empresario, al final, heredó todo —le cuento, abriendo mis brazos y señalando todo a mi alrededor.

Seguimos hablando de cómo se siente conociendo a mi hermana, el paseo y que está hablando más turco de lo normal.