Dulce deseo Capítulo 18
59%

Capítulo 18

Akin

Melissa está mirando por la ventana del hotel hacia afuera, ella no ha notado que llegué, porque tiene música turca puesta en su teléfono. Me aproximo a dónde está y la abrazo por detrás, ella se asusta, pero al voltear, me sonríe.

—Buenas tardes, canım.

—Has llegado, aşkım. ¿Qué tal tu día?

—50 y 50, buenas y malas noticias.

Desde que le conté sobre los hermanos Erdem, ella ha sido receptiva con todo. Por lo que decidí no mentirle más u ocultarle lo que sucede. Ella tiene razón, somos una pareja y no puedo ir por la vida ocultándole cosas importantes que ocurren a nuestro alrededor.

—¿Por qué? —pregunta, colocando sus brazos alrededor de mi cuerpo en una especie de abrazo.

—Los Erdem no están en la ciudad —respondo, frunciendo mi ceño—. Hasta que no lleguen, no vamos a tener una reunión.

Escucho como suspira.

—¿Se tardarán mucho en volver?

—Bilmiyorum. —No lo sé.

Ella se queda en silencio, lo que me preocupa porque sé que esto la agobia. A veces pienso en que no debí meterla en este problema, pero luego la veo cada noche a mi lado, que hace que todo eso desaparezca de mi mente.

—Melis... ¿En qué piensas?

—En que este viaje no luce corto. Que vamos a estar aquí por un tiempo. —Siento cómo se separa de mi cuerpo y se aleja, empezando a caminar por la habitación.

—Yo sé que no tengo trabajo, pero no puedo andar por la vida viviendo a tu costilla. Además, Ferit no contesta mis llamadas ni mensajes. No puedo estar mucho tiempo aquí, Akın.

Ahí está de nuevo el problema, ese que está continuamente saliendo.

—¿No puedes simplemente existir como las demás que les gustaba el dinero y ya? ¿Tienes que complicarlo todo?

Cuando termino de decir mis palabras me arrepiento, joder, no debí haber dicho eso.

—¿Disculpa? ¿Tú me estás comparando con tus aventuras pasadas? ¡¿Así es como me ves?!

Intento acercarme.

—No, no, Melis... No quise decir eso. Yo...

—Ya lo dijiste, Akın. —Su rostro está tan enseriado que nunca lo había visto así antes—. Así que me ves como una más de tu cuenta de mujeres. Güzel, çok güzel.

Ella menea su cabeza en negación y camina hasta la habitación.

—Melissa. —La llamo muchas veces, pero ella no voltea. Llegamos al lugar—. Sabes que no te veo así, solo que siempre sacas a relucir el tema del dinero, ¡A mí no me importa gastarlo en ti!

—No soy una de esas mujeres —recalca con firmeza—. Estás muy equivocado si me voy a comportar como ellas. A mí sí me importa el dinero que gasto, sé el esfuerzo que debo hacer por obtenerlo, y no me gusta molestar a alguien con que me pague algo cuando perfectamente yo lo pueda hacer por mí misma.

—Entiendo tu punto, Melissa. Solo que déjame costear todo aquí, además, estamos en mi hotel. Puedo darte dinero para que salgas por la ciudad. ¡No me importa dártelo!

—No quiero.

—Deja lo terca, acepta lo que digo. Sé que eres orgullosa con tu independencia, pero eso no te quita ni un ápice de ella.

Ella coloca sus brazos entrelazados y no deja de fruncir su ceño y labios.

—No entiendo por qué discutimos tanto, sé que estamos llenos de estrés, pero ¡Demonios! No quiero esto para nuestra relación, güzelim.

Veo como toma aire y exhala, sube su mirada y luego me mira.

—No sé qué me sucede, me siento sensible, todo esto está pasando tan de pronto que no sé cómo reaccionar.

—Hace una pausa porque se le escapa un mohín, pero no me deja acercarme a ella—.

No me gustó tu comentario, sabes bien que no me gusta usar tu dinero, y entiendo que tú no tienes malas intenciones, pero soy así.

Me es difícil aceptar algo de alguien más.

—Me lo dijiste hace un tiempo. —Concuerdo, bajando mis paredes y siento empático con ella. Melissa está pasando por tantas cosas al mismo tiempo, que es cierto lo que dice, todo tan de pronto, yo tampoco sabría cómo reaccionar.

—No estás sola, Melis. Estoy contigo, sabes muy bien que no tengo ningún problema en gastar dinero, ayudarte o simplemente escuchar quejarte de la vida. Estoy para ti cada vez que me necesites.

Ella niega con su cabeza.

—Todo ha cambiado, Akın.

—Lo sé, amor. Pero tenemos que seguir y hacerle frente a la vida, para que no nos joda más.

—Ni sé qué hacer aquí, ya no siento esta ciudad como mía. Soy una turista en mi propio país natal. ¡Eso es tan triste!

Veo frustración mezclada con indecisión en su mirada, lágrimas comienzan a descender de sus mejillas y se tira al suelo, sentándose y ocultado su rostro con su mano.

Quito nuestra distancia y me acerco a ella, la abrazo, tratando de consolarla.

Esto ha sido el modo operandi desde que ocurrió el incidente en el museo.

Melis está dolida, traumada y triste por eso.

Yo sé que ella me puede sonreír, pero por dentro se siente mal.

Es que no es para menos, su vida cambió en un abrir y cerrar de ojos.

Todo lo que había construido en su carrera se vio manchado por el tiroteo.

Por un momento eras la coordinadora de un área importante, para luego pasar a desempleada. Entiendo cómo se siente, me duele verla así.

—Estoy aquí contigo, mi amor —digo en un susurro muy cerca de su oído, le doy pequeños besos en su cabeza y acaricio su cabello.

—Lo siento —susurra, pero escucho lo que dice—. Soy un desastre.

—No lo eres, no digas eso. —La abrazo más para mí—. Te quiero, güzelim, estoy contigo. Si quieres llorar, hazlo. Drena lo que sientes, pero mañana saldremos de estas cuatro paredes, ¿tamam mı?

Asiente.

—Peki. —Vale.

◆◆◆

Luego de que pudiéramos hablar con calma, Melissa aceptó a regañadientes que le pueda dar dinero para costear su estadía en Turquía.

Pedimos comida al restaurante del hotel y comimos en la habitación, lo bueno de que sea la presidencial es que es como un apartamento, todo es comodidad y lujo. Extrañaba estar aquí.

Sin embargo, luego de visitar a mi hermana Demet, la llevaré a mi casa. Quiero que conozca dónde vivo. Porque a pesar de que estamos alojándonos en el hotel por seguridad y trabajo, también tengo mi casa y uno que otro apartamento en varias zonas de Estambul y del país.

—¿Estás lista? —Asomo mi cabeza por el arco de la puerta de nuestra habitación, Melissa está maquillándose desde hace un rato y me ha hecho esperar por media hora a que termine—. ¿Te falta aún?

Ella se ríe.

—No me tienes paciencia —dice entre risas—. Sí, termino con esto y nos vamos.

Se ha puesto un vestido de color salmón que se le ve muy bien, me encanta cuando acepta mis regalos y los usa.

Ese y muchos más se los regalé esta mañana cuando una de mis asistentes le trajo todo un guardarropa para que luzca en Estambul.

Es enero y el frío se siente en la ciudad, sé que usará algo más para cubrirse.

—Estoy lista, cariño. —Me mira, me da un guiño y un beso al aire—. Luces muy guapo. ¿Tienes mucho tiempo sin ver a tu hermana?

—Sí, desde que me fui de aquí.

—Se te nota la confianza y la felicidad de haber vuelto, Akın. —Esboza una sonrisa, pero luego la ladea—. Me hace sentir culpable porque yo no me siento así del todo.

Tenso mi mandíbula.

—Salgamos, ya te enamorarás de la ciudad de nuevo. —Trato de obviar su comentario, dejándole saber que eso puede cambiar—. Se hace tarde, Demet se enoja cuando llego tarde.

Ella se ríe.

—Impuntual en reuniones familiares, interesante de saber, señor Bozkurt.

Le sonrío, porque amo tenerla conmigo, estoy ansioso de que Demet la conozca.

◆◆◆

La casa de mi hermana se encuentra muy cerca del Bósforo, ella puede navegar fácilmente por él porque la parte trasera conduce al mar. Tiene una vista estupenda desde allí.

Melis se baja del auto, se ve un poco nerviosa, pero me sonríe cuando me toma la mano para dirigirnos a dónde Demet.

Tocamos el timbre y uno de sus empleados nos da la bienvenida. Saludos a todos con cordialidad, Melissa también lo hace.

La voz de mi hermana mayor hablando en un turco firme y sereno, baja las escaleras del segundo piso y pega un grito de emoción al vernos.

—¡Hoşgeldiniz! —Termina de llegar hasta nosotros, dándome un abrazo y dos besos en la mejilla—. ¡Hermano querido, has vuelto! Qué felicidad.

Recibo su abrazo con todo el amor y el cariño que tengo por ella. Es mi única hermana, mi pariente más cercano.

—¡Demet Abla! —exclamo, dándole ambos besos en sus mejillas—. Te extrañé.

—Yo también, canım. —Me mira y sonríe, está muy feliz de que yo esté aquí. Luego dirige su mirada hacia Melissa, quien es nuestra espectadora—. Tú eres la novia de mi hermano, mucho gusto.

Melissa le da un beso en la mano a la tradición turca luego de presentarse, no sé si ella está cómoda en hacer eso, pero sé que está haciendo todo lo posible por encajar de nuevo en esta sociedad y costumbres.

Demet acepta el gesto, pero niega al final, atrayéndola a un abrazo.

—¡Eres americana también, ven acá! —dice así sin más, la miro y le hago señas con mis ojos, pero ella se ríe y menea su cabeza—. Quiero que te sientas bienvenida con toda la calidez posible. Es la primera vez que mi hermano trae una novia a mi casa. ¡Es un placer tenerte aquí, Melissa!

Ella se sonroja, sonríe y da un asentimiento.

—Muchas gracias por la hospitalidad, eres muy amable, Demet.

Para mí también es un placer conocerte. —Melis abre sus ojos al darse cuenta que le ha hablado informal y se corrige, pero Demet le quita importancia, diciéndole que no tiene problema con la globalización y que no es obligatorio seguir las costumbres turcas tan seguido.

Nos terminamos riendo. Con la mano de Melis entrelazada a la mía, seguimos nuestro camino a la parte trasera de la casa, dónde mi hermana tiene una terraza y la hermosa vista del Bósforo, de la ciudad y el mar.

—¡Vaya! —expresa Melissa, admirada por la vista—. Qué hermoso se ve Estambul, no lo recordaba de esta manera.