Capítulo 17 #3
Contesto la llamada, sabiendo que es Melissa quien llama.
—Ho...
—¿Puedes que creer que el muy sinvergüenza de Ferit vendió el apartamento hace dos semanas y el muy malnacido no me había dicho? —Melissa está muy enojada, su voz es diferente cuando lo está. Lo que me sorprende más es que está hablando en turco.
—¿No te envió tu parte? —Intento preguntar, pero ella sigue hablando.
—No me envió ni un centavo, Akın. ¡Qué descarado! ¿Y ahora? Yo estoy aquí, no puedo ir a reclamarle.
—¿Dónde vive?
—¿Por qué preguntas?
—¿Dónde vive o trabaja? —Vuelvo a preguntar, pero en inglés.
Ella dice su dirección.
—Ya sabrá que ocurre cuando no se cumplen los acuerdos.
—¿Akın?
—¿Evet?
—¿Qué harás?
—Solo le daremos un susto para que te entregue tu dinero.
—¿No te meterás en problemas? ¿Quién eres?
—Un hombre que no soporta que incumplan acuerdos, canım.
—Sin hacerle daño, por favor.
—¿Te preocupa? —pregunto risueño.
—Para nada, ya no me interesa ese sinvergüenza, que apuesto a que se gastó el dinero con esa universitaria. ¡Joder, estoy tan enojada! ¡Yo necesito ese dinero!
—Sakin ol, canım[19], ya tendrás tu dinero. Confía en mí.
—Sin crear problemas, por favor. —Vuelve a pedirme.
Me divierte que no le moleste que le dé un susto a su exesposo. Obviamente no soy un mal tipo, pero si tengo este poder de mandar gente a hacerle una visita a alguien por incumplir promesas, no está mal hacerlo. Menos para que no molesten a mi novia.
Si Melissa necesita de mi ayuda, allí estaré para ella. Hasta en este tipo de situaciones.
—¿Ya vendrás? —inquiere, cambiando de tema.
—Sí, en una hora estoy contigo, arréglate para que vayamos a dar un paseo por las mezquitas.
—¿Turcos haciendo turismo? —Ella se ríe.
—Tengo a una turca muy americanizada de novia, debo llevarla a conocer nuevos sitios de Estambul, ¿Y si después se pierde? Sería todo un desastre turco, hasta las tías de los barrios te empezarían a buscar.
La risa de Melis me hace enamorar, tiene un tono fino y alegre. Ella se carcajea de una manera que también me hace reír a mí. Es muy contagiosa.
Cuando finalizo la llamada, escucho toques en la puerta, le digo que pase a quien quiera que sea y veo que Conrad entra a la oficina.
No trae buena cara.
—¿Qué ocurre? —interrogo de una vez.
—No aceptaron reunirse con nosotros, señor.
Mi ceño se frunce de inmediato.
—¡¿Qué carajos?! —Me levanto de mi asiento.
—No están en Estambul, y no regresarán hasta dentro de unos días.
—¡Maldita sea!
Mi respiración es acelerada, me hierve la sangre. Ahora es cuando ellos les dé la gana de reunirse. ¿Hasta cuándo Allah? Estoy harto de esto, de ellos, de esta zozobra.
Gruño frustrado.
—¿Ahora hay que esperar a que se dignen a reunirse con nosotros? ¿Mientras qué? ¿Esperamos tomando té? Sin saber si esto es cierto y no hacen otra locura sabiendo que estamos en Turquía.
Llevo mis manos hacia mi cabello, rascando mi cabeza y luego las pongo sobre el escritorio.
—Insiste, Conrad, debemos verlos cuanto antes.
Mi asistente me mira, asiente y dice—: Sí, señor.
El teléfono vuelve a sonar, lo busco pensando que podría ser Melissa, pero no es ella, es Demet.
Le hago una seña a Conrad de que salga y él se despide con un asentimiento, pero antes de que lo haga, le digo lo de Melissa y su exesposo, sobre la dirección y lo que deben hacer. Él dice que más tarde me da un informe de Seattle. Le agradezco y se va.
Acepto la llamada cuando vuelve a sonar el móvil y trato de relajarme para no preocupar a mi hermana.
—Demet Abla!
—Kardeşim —responde «mi hermano» con su tono suave y encantador—. He oído por allí que has regresado al país, ¿Por qué yo no lo sabía?
—Se suponía que sería una sorpresa, pero ya sabes cómo es la prensa.
—¡Por supuesto! Si me he enterado que tengo una cuñada y todo. ¿Cuándo se suponía que también iba a saber eso, Akın?
—Pronto, hermana —respondo riéndome, me siento como un niño atrapado por su hermana mayor haciendo una travesura—. En realidad, le dije a Melissa que iremos a visitarte hoy o mañana.
—¡Sí, vengan! ¡Haré lo que te gusta comer! Será toda una celebración.
—Sin tanto alboroto, lütfen.
—Calla, es la primera vez que traerás a una novia a mi casa, debo celebrarlo.
—Demet —digo interrumpiéndola—. ¿Ha estado todo bien? ¿No ves nada raro a tu alrededor?
—¿Lo dices por...?
—Sí. ¿Han estado por allí últimamente?
Oigo que suspira.
—Estuvieron hace una semana por aquí, pero mi equipo de seguridad de una vez los interrogó y alejó de mi casa. No quise decirte.
—Debiste hacerlo, ya sabía que estuvieron allí, pero necesitaba que me confirmaras.
—Akın, ¿cuándo vamos a vivir tranquilos?
—Estoy intentándolo, hermana. Solo que, como siempre, todo es un problema. Pero pronto se acabará todo esto.
—Tamam, ahora enfoquémonos en conocer a esa novia que has traído a Estambul. ¿Es americana?
Me rio porque ese cambio ha sido tan radical, agradezco que no nos enfrasquemos tanto en lo que ocurre.
—Es turca, Demet. Pero vive en Seattle.
—Harika, kardeşim! —¡Maravilloso, hermano!
—Nos vemos mañana, Demet.
—Görüşürüz! —Nos vemos.