Capítulo 19 #3
Me siento feliz de haberla ayudado. Ese bebé es afortunado de tener una mamá guerrera y que sabe mucho de arte también.
Ha sido un día un poco extenuante.
◆◆◆
Es de noche, Akın me ha invitado a dar una vuelta por el distrito Beykoz; la luna nos ilumina en todo su esplendor.
Las luces de la ciudad hacen ver a una Estambul llena de vida.
Aunque no es la capital de Turquía, se siente como tal.
Todo ocurre aquí, desde los grandes negocios como hasta las grabaciones de las telenovelas.
La mano de Akın está tomando la mía, su pulgar acaricia mi dorso. Hablamos de todo un poco, de mi paseo por la ciudad hasta el momento en el que la chica del museo comenzó a tener contracciones.
—Has sido una heroína hoy, canım.
Suelto una risotada.
—¡Fue algo tan inesperado!
—Lo has hecho estupendo —me elogia, abrazándome de forma ladeada, por último, me da un beso en la sien.
—¿Tú no me tenías una sorpresa? —pregunto, acordándome que cuando estábamos en casa de Demet me tenía una sorpresa.
Él se asombra ante mi pregunta, pero sonríe con ojos entrecerrados.
—Qué curiosa eres —expresa riéndose—. Esta noche te la mostraré.
Lo miro con recelo, quiero saber qué tiene planeado.
Recuerdo el mensaje de esta mañana de Ferit, dejo de caminar y me paro al frente de Akın. Él me mira sin entender.
—¿Qué le hiciste a Ferit?
—Affedersin?
—Sí, el caradura me envió un audio esta mañana diciendo que eras todo un mafioso por mandarlo a amenazar. Y que no hablaría más nunca conmigo y si me pasaba algo no le iba a importar.
El pelinegro enarca una de sus cejas y me mira con seriedad.
—¿Él dijo eso?
Asiento.
—¿Qué le hicieron? —Vuelvo a preguntar.
—Solo le hicieron una visita, quizás una amenaza por aquí, un golpecito por otro lado... Nada de qué preocuparse, lo bueno es que ya te pagó.
—¡¿Lo golpearon?! Te dije que no le hicieran daño.
—Hay veces en las que no quieren cooperar de inmediato. ¿Te preocupa que le hayamos hecho un rasguño luego de todo lo que te hizo?
Suspiro con frustración.
—La verdad no me importa, bien merecido se lo tenía. Pero podría presentar una demanda.
Él niega.
—No te preocupes por eso, no sucederá. Por eso también fue amenazado.
Me comienzo a reír por la forma en la que lo dijo, tan prepotente y dominante. Él sabe el poder que tiene, y lo usa cuando es necesario.
Te voy conociendo, Akın.
—Vale, al menos me dio el dinero.
La conversación sobre Ferit se termina allí, luego nos detenemos a tomar un helado.
Me parecen tan divertidas y extrañas las maniobras que muchos de los heladeros hacen para llamar la atención de los turistas. Se han vuelto tan populares que en Seattle una vez me preguntaron por eso.
Akın come su helado, mientras yo elijo el mío. Una vez que ambos tenemos nuestras barquillas, seguimos caminando por las calles de Beykoz, admirando las hermosas casas y los locales que están abiertos a esta hora.
De vez en cuando le doy pequeñas miradas a Akın, él sonríe con esos hoyuelos tan bonitos cuando me atrapa mirándole.
¡Es tan hermoso! No hay día en el que no agradezca tenerle, pero también hay días en el que pienso: ¿Cómo conseguí a este hombre tan maravilloso?
Ni en mis más locos sueños lo hubiese creado.
Pero aquí está, a mi lado, dándome un guiño y acercándose para darme un beso con sabor a helado.
—Eres muy hermosa.
Él siempre con sus comentarios inesperados.
—¿Te sientes a gusto con Estambul? —me pregunta antes de comer la galleta de su helado.
Su interrogante me hace pensar, porque sí, sí me siento a gusto. Me gusta estar aquí, no puedo mentir.
—Sí, la verdad es que sí.
No doy más explicaciones, no hago un ensayo del por qué me gusta estar aquí, pero mi novio sonríe. Sé que se preocupa por mí, así como mi estadía en esta ciudad. No ha sido fácil lidiar con mis cambios de humor últimamente.
Pero es que todo ha cambiado en mi vida; antes tenía un trabajo estable, un amigo en el trabajo con el que me reía mucho y un lugar donde vivir; ahora no tengo nada de eso.
Porque sería un abuso de mi parte decir que tengo donde vivir, no tengo nada propio, simplemente vivo con mi actual novio en su apartamento.
Si terminamos, me quedaría en la calle, con un depósito para un cuarto en algún edificio, pero sin empleo para costearlo mensualmente.
Mi vida ha cambiado, pero soy afortunada de tener a Akın, quien me ayuda, se preocupa por mí y me ama.
Sin embargo, necesito estabilidad en mi vida. Pero no puedo negar que ahora mismo me siento feliz por estar en Estambul con el hombre que amo, que me comprende y que me apoya incondicionalmente.
—Estoy feliz de que así sea, amor.
Le devuelvo la sonrisa que me está dando.
Yo también estoy feliz.
Akın dice algo muy divertido que me hace reír a carcajadas mientras caminamos, pero mi sonrisa se borra por completo cuando veo a una de mis hermanas mayores mirándome con los ojos muy abiertos. Atónita, así como si estuviera viendo un fantasma.
—¿Melissa?
Mi cuerpo comienza a sentirse débil, todo se vuelve oscuro en un segundo.