Capítulo 17
Akin
No he podido dormir en lo que va de vuelo, ni siquiera es por mi problema con la altura y los aviones, no, es por el hecho de que estamos yendo a Turquía. Después de casi seis meses de haberme exiliado, vuelvo para terminar con todo este asunto.
Hace dos días me llegaron fotos de que los secuaces de los hermanos Erdem estaban merodeando la casa de mi hermana Demet de nuevo.
Eso fue la gota que rebasó el vaso; ya no iba a permitir más este amedrentamiento contra mi familia y mi persona, estoy harto de estar escondiéndome, teniendo miedo de que puedan hacerle daño a la gente que amo.
Por lo que decidí ir a Turquía para dejarles claro que no haré negocios con ellos, y que deben entenderlo, porque no puedo pasar mi vida así.
Se lo dije a Melissa para que me acompañara. No podía dejarla sola en Seattle, han pasado tantas cosas desde hace una semana con todo lo que ocurrió con su compañero de trabajo. Algo que me puso los nervios de punta, porque él la iba a matar, y yo no sé qué haría si me quitarán a mi Melis.
Esa mujer se ha adherido a mi corazón para no despegarse más nunca.
Sin embargo, ella tiene un pasado muy triste que no la dejaba dar el paso de volver a su país; luego de que me contara que ocurrió, ella decidió viajar.
Admiro su valentía y coraje por querer superar su pasado para siempre.
Pero me duele tanto lo que me contó, ella no merecería todo eso, ni mucho menos que le hicieran daño a tal punto de perder un bebé.
Me frustró, me llenó de ira, pero no podía expresarlo, ella solo necesitaba apoyo y se lo iba a dar.
Tuve que darle el empujoncito que le faltaba, pero debo ser un apoyo incondicional para ella en este viaje, así como inconscientemente lo será para mí, no es fácil enfrentar lo que una vez te hizo tanto daño, y ambos estamos en una encrucijada de resolver nuestras vidas y poder seguir viviendo plenamente.
Giro mi cabeza para verla a mi lado, está durmiendo desde hace un rato. Aún faltan muchas horas de vuelo, pero tenerla junto a mí, me hace sentir tranquilo.
Más temprano a Melek se le salió contarle sobre lo ocurrido en Italia, algo que estaba prohibido, y aun así, se lo contó. Ella dijo que pensó que Melissa sabía, que como era mi novia debía saberlo ya. Me enojé con mi asistente por lo imprudente que fue.
Ahora, la castaña está molesta conmigo por habérselo ocultado, pero ¿cómo hago para que no se entere que hay gente que quiere matarme si no hago negocios con ellos?
Ella llegó a mi vida en el momento menos indicado, pero agradezco que lo haya hecho. Me hace tanto bien, que ya no me veo viviendo mi vida sin ella.
Por eso me preocupa, por eso es que bajo mi guardia y trato de que estemos bien, pero sé que ella no lo dejará pasar y querrá saber lo que está pasando.
Cierro mis ojos para poder conciliar el sueño, Melis se mueve en su asiento, abre los ojos un poco y me mira.
—Duerme un rato, amor.
Le doy una suave sonrisa.
—Eso haré, descansa tú también.
◆◆◆
Cuando vuelvo a despertar, ya la aeromoza nos está informando que debemos abrocharnos el cinturón porque ya vamos a aterrizar. Melissa, aún somnolienta, se acomoda en su asiento. Arregla su cabello y se frota los ojos con sus manos, me rio al ver que su maquillaje se ha corrido un poco.
—Podría decir que ahora me gustan los mapaches —siseo para hacerle una broma. Ella abre sus ojos en sorpresa y se toca de nuevo la cara.
—¿Se me corrió el rímel? ¡Demonios! ¡Sí que debo lucir como un mapache!
Me vuelvo a reír, negando con mi cabeza y pasando mis pulgares por debajo de sus ojos para ayudarla a mejorar su aspecto dormido.
—Mucho mejor —le digo, dándole un beso en los labios—. Igual sigues siendo hermosa.
Ella pone los ojos en blanco, niega y sonríe mirándome. Luego voltea y abre la ventana.
—Estoy nerviosa —confiesa, mirando Estambul por la ventanilla—. No sé qué me espera aquí.
Tomo su mano y le doy un apretón.
—Todo estará bien, mientras nos apoyemos mutuamente, todo estará en calma. ¿Te parece?
Veo como suspira y asiente.
—Igual tenemos una conversación pendiente —me recuerda, enarcando una ceja y luego entrecierra sus ojos.
Yo solo doy dos asentimientos con mi cabeza.
El avión hace su aterrizaje sin problemas, nos bajamos de él y un auto ya nos estaba esperando a las afueras del aeropuerto.
Mis empleados se subieron en otro auto y van rumbo a mi hotel.
En cambio, nosotros iremos a comer antes de ir hasta allá, porque aquí ya es mediodía y morimos de hambre.
No fue suficiente la comida que nos dieron en el vuelo.
Así puedo pasar el tiempo con Melissa y podremos hablar.
Llegamos a un restaurante cerca del Bósforo, tenemos el puente detrás de nosotros, lo que nos da una hermosa vista.
Melis luce como una turista que nunca había venido a Turquía, no deja de mirar a todos lados y sorprenderse de algunas cosas nuevas que tiene Estambul.
—Todo luce hermoso, Akın —me dice, sentándose en su silla y mirando hacia el puente—. Me siento como si estuviera viendo todo por primera vez, cuando claramente ya lo había hecho antes.
—Quizás ahora estás viendo todo con otra perspectiva. ¿Es bueno?
Ella asiente.
—Lo es. Çok güzel...
Sonrío al ver que está volviendo a hablar en turco, algo que no hace seguido. Siempre habla en inglés y cuando le hablo en turco, ella no me responde de vuelta en ese idioma.
Un garson nos atiende, hablando completamente en nuestro idioma, me sorprendo cuando Melis pide su plato en turco, ella me mira un poco tímida, pero le doy un guiño, haciéndole saber que está muy bien que lo haga.
Que vuelva a sentir sus raíces.
Por mi lado, ver mi ciudad y respirar este aire me hace sentir cómodo. Finalmente he vuelto, y no quiero volver a irme. Aunque, tal vez, Seattle se haya vuelto un lugar especial en mi vida, no puedo compararlo con esta sensación de plenitud al estar aquí.
Sin importar las preocupaciones ni los problemas, me siento en casa.
Melissa me mira, como si estuviera esperando que le hable. Le hago señas con mis cejas y ella se ríe.
—Tengo emociones encontradas —dice, ladeando una sonrisa y entrelazando sus manos sobre la mesa—. Se siente tan extraño haber vuelto.
—Yo también me siento así.
—Realmente, ¿por qué has vuelto? —pregunta, poniéndose seria.
Trago saliva, miro hacia otro lado y respiro hondo.
—Tengo unos asuntos que resolver aquí. —Fue mi respuesta, sin tantos detalles.
—¿Trabajo?
—Evet, es de trabajo. Además, extraño a mi hermana Demet, mañana iré a verla. Bueno, iremos, porque te la presentaré.
—Está bien —Ella hace una pausa—, la verdad no sé qué haré aquí, ¿cuánto tiempo nos quedaremos? —Baja su mirada con pesar—. Es tan extraño no pensar en el trabajo... Me enoja tanto que me hayan despedido. ¿Ahora qué haré? Empezar de nuevo es tan difícil.
Tenso mi mandíbula, enojándome también. Fue muy injusto su despido, porque ella no tuvo que ver con lo ocurrido, fue una víctima más.
Le ofrecí abogados, pero ella no quería caer en disputa, dijo que no tiene dinero para estar haciendo todo un escándalo por eso.
No sé cómo ayudarla, puedo ofrecerle dinero o un trabajo en mi empresa, pero no sé si acepte volver a vivir en Turquía, y sé que el dinero no lo aceptará. Eso me preocupa.
—Melis... ¿Quieres trabajar en Yıldız? Puedo buscar la manera de conseguirte un buen puesto, o hablar con contactos y ofrecerte otro lugar...
—Akın, no —me interrumpe—. Una cosa es volver por varios días, que volver a vivir aquí. No quiero.
Y ahí hay un problema.
Ella no cederá a vivir en Estambul, y yo me quiero regresar cuanto antes, luego de haber resuelto el asunto con los Erdem.
Nos mantenemos callados hasta que el mesero viene con nuestro almuerzo. No sé qué más ofrecerle, porque sé que ama mucho el contar la historia de sus obras de arte en un museo. Ha hecho eso por varios años.
—¿No quieres trabajar en el museo de arte turco e islámico? Sería una buena oportunidad, es uno de los más importantes del país. Tengo contactos allí.
—Akın, yo tengo mi vida hecha en Seattle, que ahora esté pasando por un bache, no quiere decir que no ame vivir allá. —Suelta un suspiro—. Me gusta esa ciudad. Haré todo lo posible por conseguir algo bueno...
—Solo quiero ayudarte, Melissa.
—Lo sé, pero... No quiero volver a vivir aquí.
—Tamam.
Luego de unos minutos en silencio mientras comemos, ella vuelve a hablar.
—¿Tú... volverás? —inquiere mirándome.
—Eso quiero, yo tengo mi vida aquí, mis empresas, mi familia. Extraño todo esto.
Veo como su rostro cambia a uno nostálgico, pero lo intenta disimular bebiendo agua.
—Entiendo. —Es lo único que dice.
Es difícil todo lo que nos separa como pareja, algo que debemos hablar si queremos un futuro juntos. Buscar una solución y ver si es factible para ambos.
Realmente quiero estar con ella.
Terminamos de almorzar y nos dirigimos al hotel Yıldız, uno de los más populares y con historia en Estambul. Mis padres, abuelos y tíos hicieron un buen trabajo en posicionarlo en el lugar de los más visitados por empresarios y gobernantes de otros países.
Es por eso que el gobierno turco nos agradece cada vez que un presidente se queda en nuestras instalaciones. A pesar de todo, tengo buenas relaciones con el presidente de este país.
Todos nos dan la bienvenida, nos tratan tan bien, que veo que Melis se abruma un poco. La presento como mi novia; a algunos se le nota el asombro en el rostro. Creo que es la primera vez que traigo a alguien como mi pareja, y no una acompañante de eventos.
—Esto es abrumador, Akın... Es demasiada atención —me susurra en el oído cuando vamos en el ascensor. Dos empleadas de recepción nos acompañan a la suite presidencial que siempre tienen preparada para cuando yo vengo.
—Es lo que hacen con un jefe —le digo, ladeando una mueca—. Ya te acostumbrarás, güzelim.
Una vez ya instalados en la habitación, Melissa toma un baño, se arregla y acomoda su ropa en los percheros del clóset mientras yo la miro desde la cama; cuando ella termine, acomodo lo mío.